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lunes, 8 de agosto de 2011

Colección De Regno: EL ESTADO EN SU LABERINTO

Barcelona, julio 2011. Colección De Regno número 8: EL ESTADO EN SU LABERINTO. Las transformaciones de la política contemporánea, del que es autor el profesor Miguel Ayuso.

El índice sigue así:
  • Capítulo 1. La identidad nacional y sus equívocos
  • Capítulo 2. Constitución y nación
  • Capítulo 3. Política y "valores"
  • Capítulo 4. Del Estado al club (pasando por la sociedad civil)
  • Capítulo 5. La "gobernanza", entre el gobierno y el Estado
  • Capítulo 6. Democracia, consenso y comunidad política
  • Índice onomástico
Ayuso, Miguel, El Estado en su laberinto. Las transformaciones de la política contemporánea. Colección De Regno, 8. Ediciones Scire, S.L., Barcelona 2011. Rústica, 20 x 13 cm. 156 páginas. ISBN 978-84-935085-3-1. Depósito Legal SE-4876-201

EDICIONES SCIRE

Colección De Regno

jueves, 5 de mayo de 2011

Crisis y esperanza del Carlismo

“(...) solamente a la crisis de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX no ha podido resistir el carlismo, porque no le afecta sólo accidentalmente, sino que toca esencialmente a su soporte, que es la cosmovisión de la cristiandad. La vocación del carlismo de servir a la Iglesia se ha encontrado con que ésta, de pronto, no quiere ser servida como secularmente. Providencialmente, este rechazo de lo esencial del tradicionalismo no se ha producido desde lo esencial de la Iglesia –el dogma-, sino desde una accidentalísima concepción coyuntural de sus relaciones con el Estado y con las religiones falsas (...)

Despues de 1966, perdida la unidad católica –que fue pilar fundamental tanto de la civilización española como del ideario político del carlismo-, se produce un declinar no remontado ni por aquella ni por éste. Esto explicaría la ausencia notoria de un tradicionalismo vigoroso y operante en el posfranquismo. Y abona la hipótesis de un resurgimiento del carlismo coincidiendo con un saneamiento de la Iglesia”

domingo, 20 de febrero de 2011

¿Es legítimo el régimen actual? por Miguel Ayuso. Conferencia de la A.E.T en Salamanca

Invitado por la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas, el miércoles veintitrés de febrero, a las siete y media de la tarde, en el Aula Francisco de Vitoria de las Escuelas Mayores (Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca), pronunciará una conferencia bajo el título "¿Es legítimo el régimen actual? Un análisis de derecho positivo" el profesor Miguel Ayuso Torres. La entrada es libre.

Miguel Ayuso Torres nació en Madrid en 1961. Es Profesor Ordinario (catedrático) de Derecho Constitucional en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y ha dictado cursos y participado en proyectos de investigación en numerosas universidades europeas y americanas. Pertenece también al Cuerpo Jurídico Militar, donde ingresó por oposición en 1984. Ha sido Letrado del Tribunal Supremo (1993-2000). En la actualidad es Presidente de la Unión Internacional de Juristas Católicos, con sede en el Vaticano.

Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde es coordinador del Seminario de Derecho Natural y Filosofía del Derecho. Director científico del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II. Secretario del patronato de la Fundación Francisco Elías de Tejada. Miembro del comité directivo de la sección española de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA). Presidente de la Confederación Española de Juristas Católicos "San Raimundo de Peñafort". Vicepresidente del Institut International d’Études Européennes "Antonio Rosmini" (Bolzano). Pertenece también al Instituto de Estudios Hispánicos (Las Palmas de Gran Canaria) y al Eric Voegelin’s Institute de la Universidad del Estado de Luisiana (Baton Rouge). Presidente del Grupo Sectorial en Ciencias Políticas de la Federación Internacional de Universidades Católicas.

Secretario de redacción de la revista Verbo y director de Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada, pertenece al consejo de dirección de Razón Española (Madrid), Synalagma (Oporto), Instaurare (Údine), Revista Internacional de Filosofía Práctica (Buenos Aires), Ius Publicum (Santiago de Chile), Fuego y Raya (Córdoba, Argentina), etc.

Autor de numerosos libros (varios de ellos traducidos al portugués, italiano, francés, inglés, alemán y polaco) y centenares de artículos, tanto en revistas especializadas como en prensa diaria (ABC, El Pensamiento Navarro, El Mercurio de Chile, La Nación de Buenos Aires, La Razón de Lima, etc.). De sus libros destacaremos, en el campo de la historia del pensamiento político, sus estudios sobre Francisco Elías de Tejada (1994) o Rafael Gambra (1998), así como --en lo que concierne a la teoría jurídico-política y al derecho público-- sus monografías sobre la crisis del Estado, ¿Después del Leviatán? (1996) y ¿Ocaso o eclipse del Estado? Las transformaciones del derecho público en la era de la globalización (2005); sobre el problema de la Constitución, El ágora y la pirámide (2000); sobre las transformaciones del poder, La cabeza de la Gorgona. De la hybris del poder al totalitarismo moderno (2001) y sobre el binomio legalidad-legitimidad, De la ley a la ley (2001). Asimismo Las murallas de la Ciudad. Temas de pensamiento tradicional hispánico (Buenos Aires, 2001); El derecho natural hispánico: pasado y presente (Córdoba, 2001); Chesterton, caballero andante (Buenos Aires, 2001); Qué es el carlismo. Una introducción al tradicionalismo hispánico (Buenos Aires, 2005); Dalla geometria legale-statualistica alla riscoperta del diritto e della politica (Madrid, 2006); La política, oficio del alma (Buenos Aires, 2007); Carlismo para hispanoamericanos. Fundamentos de la unidad política de los pueblos hispánicos (Buenos Aires, 2007); La constitución cristiana de los estados (Barcelona, 2008).

Sobradamente conocido en medios académicos, jurídicos y eclesiásticos, Miguel Ayuso ha saltado recientemente a la fama entre el gran público por sus intervenciones en los debates del programa de Intereconomía TV "Lágrimas en la lluvia". Conferenciante muy celebrado por su claridad y brillantez, hace tres años estuvo en esta Universidad para hablar sobre "La Hispanidad como contraglobalización".

Salamanca tradicional...¡POR DON SIXTO ENRIQUE DE BORBÓN!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Libros que hay que leer

Madrid, 9 noviembre 2010, festividad de Ntra. Sra. de la Almudena. "Pocos esfuerzos --escribe José Francisco Serrano Oceja en su reseña de este libro-- hay tan evidentes por un orden de ideas en el ámbito de la filosofía del Derecho tan importantes como el que está llevando a cabo el profesor Miguel Ayuso". Se refiere en este caso al volumen Estado, ley y conciencia, aparecido hace escasos meses (Marcial Pons, Madrid 2010), cuya edición ha estado al cuidado del citado profesor Miguel Ayuso Torres, en su calidad de presidente de la Unión Internacional de Juristas Católicos, que reúne los textos del Congreso internacional "Estado y conciencia", que la UIJC --como en su momento informó FARO-- celebró en Madrid en noviembre de 2009, junto con algunos del congreso "Estado, ley y conciencia" de la Asociación Colombiana de Juristas Católicos, que tuvo lugar en Santafé de Bogotá en febrero último.

Denso volumen de 224 páginas, pero bien organizado (con dos espléndidos índices, sumario y onomástico) y de lectura indispensable para nuestros días, se publica en la colección Prudentia iuris (número 20, serie media), con el patrocinio de la Fundación Francisco Elías de Tejada y del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II; ha contado también con el sostén de la Fundación Speiro.

Ayuso, Miguel (ed.), Estado, ley y conciencia. Marcial Pons Ediciones Jurídicas y Sociales S.A., Madrid 2010. Cartoné, 22 x 16 cm. 224 páginas. ISBN 978-84-9768-805-5. Depósito Legal M-35862-2010. PVP 24,00

Albacete, octubre 2010, mes del Santo Rosario. Desde hace unos meses está disponible en las librerías de Albacete, Murcia y Alicante el trabajo La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia, de la catedrática de Lengua y Literatura castellana María Jesús Ortiz López, natural de Fuente Álamo (Albacete). La autora es una prolífica investigadora de temas etnológicos e históricos, sobre todo de la zona de las comarcas de La Mancha de Montearagón, el Corredor Ibérico (zonas del antiguo Marquesado de Villena) y los Reinos de Valencia y Murcia.

Ramón García Montes, Roche, responde a un arquetipo relativamente común en el mundo hispano convulsionado por el asentamiento de las estructuras institucionales liberales y revolucionarias, lo que hace que muchos combatientes tradicionalistas, ante la lejanía de la frontera, opten por mantenerse en el interior de España pero al margen de las autoridades de la usurpación revolucionaria. Allí esperarán el momento adecuado para volver nuevamente al alzamiento general. Con el único ánimo de subsistir practicaron excepcionalmente algún acto de pillaje, pero jamás hicieron de ello su modus vivendi. Lo que contrastaba con otros bandidos que han pasado a la posteridad por sus actividades puramente criminales, no pocas de ellas a sueldo de los liberales, como el caso del Chato de Enguera. Ese arquetipo, desfigurado en cierto modo por la confusión que el romanticismo emanó por su idealización del bandolerismo, es el encarnado por Roche en las sierras de La Mancha de Montearagón (en la actual provincia de Albacete), como fue encarnado también por Tomás Peñarrocha, El Groc, en el Maestrazgo o Gregorión en La Montaña. Y que fue novelado magníficamente por Marià Vayreda en La Punyalada. Sus nombres han pasado a la Historia y a la intrahistoria con la etiqueta de "bandidos", lanzada por sus enemigos, al igual que en el Reino de Nápoles así se llamó a los que defendían la Tradición frente a la unificación garibaldina. Adjetivación esta que no les hace justicia.

Con este libro se pone al personaje en su verdadera dimensión. En contra de lo que podría deducirse del título del libro nos encontramos ante la verdadera historia de Roche, con el estudio más detallado y riguroso que hasta la fecha se ha hecho de su figura. Y así lo pone de manifiesto en el prólogo don Victoriano Polo García, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia y biznieto de Roche: "El resultado de la investigación es admirable, objetivo y bien centrado. El protagonista perfila su figura poco a poco, apoyado en los datos de la documentación abundante y bien discernida, proyectado su primer plano en el fondo ambiental de la época y la zona que conoció sus aventuras y andanzas. [...] Los familiares del coronel carlista D. Ramón García Montes recibimos con agradable sorpresa el fruto intelectual y erudito, del minucioso y brillante trabajo de la profesora Ortiz".

El libro menciona entre sus fuentes documentales el artículo del carlista albaceteño Javier Verdejo publicado en el desaparecido cuaderno de bitácora Albacete Carlista, del Círculo Marqués de Villores, "Ramón Roche, carlista irreductible de la sierra de Liétor", así como otras fuentes manejadas en el citado artículo. Además es destacable la labor de recopilación de la riquísima tradición oral (debidamente separado el mito de la realidad) emanada de los pueblos en que actuó Roche, la documentación de los expedientes civiles (de cómo las autoridades liberales se empeñaban en indagar sobre las ideas de las gentes, pese a consagrar teóricamente la libertad de pensamiento) y militares de Roche. Estos últimos tienen una gran importancia, pues los propios enemigos reconocen el enorme valor y las virtudes militares de Roche. Por último es igualmente reseñable el destacable archivo gráfico de fotografías familiares y lugares. La introducción que se hace sobre la historia del Carlismo es además bastante aceptable, con abundante documentación gráfica sobre los Reyes carlistas.

Se puede solicitar el libro a través de la web http://lopezmegias.com/

Ortiz López, Mª Jesús, La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia. Prólogo de Victorino Polo García. Imprime: Diego Moreno. La Alberca (Murcia), 2010. ISBN 978-84-613-6751-1. Depósito Legal MU-246-2010. PVP 12,00 â¬

jueves, 29 de abril de 2010

La política, oficio del alma: Una llamada al sacrificio, una llamada a la acción.

La POLÍTICA que merezca verdaderamente el nombre, ha de fundarse en una doctrina. La auténtica llamada política no tiene que ver con la ironizada por Gustave Thibon al presentar a unos hombres que se destrozan mutuamente para decidir si la casa ha de pintarse de azul, de verde o de rojo, sin advertir que está a punto de desplomarse. No se trata de un brillante barniz o un alicatado de color. Al contrario, es un cimiento, una roca.

Pero, indispensable la doctrina, no basta. Sin el quehacer de unos servidores en que se encarne y encuentre su puesta en ejercicio, queda inoperante.

A estos hombres se dirige la llamada de este libro. Que es apremiante. Pues los acontecimientos se esfuerzan, día tras día, en confirmar con usura que no basta cuidar los pulmones cuando es la atmósfera la que está envenenada: no hay islas a las que no llegue la resaca del "mundanal ruido", ni refugios que permitan la "vida descansada". La atmósfera que circunda a nuestro mundo padece tanto de contaminación física como la moral. De manera que el signo de nuestro tiempo es la revelación de la vanidad de las resoluciones tomadas a medias, de las medidas de compromiso.

Y la pregunta, lacerante, sigue brotando de los corazones que no han terminado por perder el gusto de la sensibilidad: "¿Qué hay que decir a los hombres?".

La respuesta consoladora, en la que reside toda nuestra esperanza, es la demostración-evocada una vez más por Chesterton-de que los planes del economista distinguido son modificados a cada instante por el soldado que da su vida, por el labrador que ama a su tierra, por el fiel que observa los dictados de la religión. Gentes todas que no toman aliento de cálculos matemáticos, sino que se inspiran en una visión interior.

Si la política vuelve a alimentarse de ella, dejará de ser labor de técnicos o negocio de mercaderes. Y recuperará su modesto y eterno rostro de "oficio del alma".

Miguel Ayuso Torres. La política oficio del alma.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Por un rearme doctrinal para la acción política católica.

El comité organizador del Congreso Internacional «Estado y Conciencia», de la Unión Internacional de Juristas Católicos ha facilitado estas importantes conclusiones de su congreso celebrado en Madrid. (Agencia Faro, Madrid, 14 noviembre 2009):

1. Hemos elegido el tema «Estado y conciencia» como tema central del congreso internacional de la Unión Internacional de Juristas Católicos, en primer lugar, porque se trata de un tema central de la filosofía práctica, esto es, moral, jurídica y política. Nunca está de más, por lo tanto, contribuir a esclarecer conceptos tan importantes, tanto en sí mismos como en su interrelación, para los profesionales católicos del derecho. Pero no puede ocultarse que, en segundo lugar, la experiencia contemporánea hace más urgente esa reflexión, en cuanto exige el enjuiciamiento de múltiples cuestiones delicadas en las que está implicada la relación del Estado y de su ordenamiento jurídico con la conciencia.

2. En efecto, es cierto que nuestros días puede hacerse más evidente la potencial conflictividad de la relación entre el Estado y la conciencia. Hay que tener presente que el Estado moderno nació basado en la afirmación de la libertad de conciencia, que ha conducido finalmente a constituir al poder político como fuente única de moralidad. Esto se ve con claridad en la vida interna de los Estados y en la de las organizaciones internacionales. Así, los criterios con que se pretende evitar el contagio del SIDA o regular la natalidad presuponen la exclusión de cualquier normatividad moral de origen religioso. Al mismo tiempo, el Estado separado de la Iglesia también tiende a negar la presencia de la fe en la educación o en la vida social. He ahí el dinamismo por el que el liberalismo descristianiza, como se hace patente en un mundo en el que los paradigmas de la modernidad fuerte se disuelven en un discurso de matriz nihilista.

3. Hay que distinguir, con la recta filosofía y la doctrina católica, entre libertad «de» conciencia y libertad «de la» conciencia. La segunda, que la Iglesia defiende, no es sino el reflejo de la ley moral objetiva inscrita en la conciencia, en todas las conciencias. La primera, en cambio, que es la de la cultura moderna, y la que se ha impuesto, supone la reclamación de una autonomía moral subjetiva.

4. Las consecuencias políticas de la distinción no son pequeñas. Porque la libertad «de» conciencia lleva al individualismo exasperado, que se resuelve en una visión del derecho positivo como pura fuerza, y que presupone el concepto de libertad negativa, esto es, la libertad sin regla. Pero afirmar que todas las concepciones morales y religiosas tienen derecho de ciudadanía, con el único límite de que los actos que provengan de las mismas no dañen a otros, implica sostener que cada uno puede, en la esfera privada, hacer lo que le plazca. El hecho de drogarse, rechazar transfusiones de sangre necesarias, tener varias mujeres o evadir capitales al extranjero, por poner casos de distinta densidad, se convierten en problemas insolubles.

5. Hoy adquiere un protagonismo sin precedentes limitar y, en su caso, resistir las injerencias estatales en la conciencia. Una primera solución conduce hacia los terrenos de la objeción de conciencia. Conviene, sin embargo, trazar aquí una distinción paralela a la que acabamos de hacer sobre la libertad de conciencia. Hay también una objeción «de» conciencia y una objeción «de la» conciencia. E igual y lógicamente la primera resulta ajena y contraria a la cultura católica; mientras que la segunda no es sólo aceptable sino que puede resultar incluso obligatoria en función de las circunstancias. Por eso, en nuestros tiempos, se oye hablar mucho de objeción de conciencia. Y bien está en cuanto supone el rechazo de leyes esencialmente injustas. Aunque con frecuencia lleva consigo una cierta ambigüedad, por el contexto de afirmaciones políticas en que se formula, y que no siempre discierne con claridad la objeción «de la» conciencia respecto de la objeción «de» conciencia.

6. De ahí que la verdadera resistencia ante las injerencias de parte del Estado debe venir acompañada de la auténtica afirmación de la doctrina política católica. Ésta es la que sostiene que el Estado (o mejor, la comunidad política) es un instrumento del orden que se funda sobre una invariante moral, de modo que cuando se prescinde de ella no sólo se rechaza el que podríamos llamar «Estado católico», sino que es el propio «Estado» el que desaparece. No es frecuente, sin embargo, escuchar este tipo de afirmaciones en el mundo católico contemporáneo, quizá porque ha sido engullido (aun inconscientemente) por la cultura liberal.

El nuevo presidente de la Unión internacional de Juristas Católicos es Miguel Ayuso Torres, Profesor Ordinario (catedrático) de Derecho Constitucional de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid), Presidente de la Confederación Española de Juristas Católicos y Director Científico del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, entre otros cargos.

Desde El Matiner trasmitimos nuestra enorabuena al profesor Ayuso por este importante nombramiento.

martes, 6 de octubre de 2009

La necesaria revisión de la secesión americana en vísperas del bicentenario

(Bandera carlista con el águila bicéfala, símbolo hispánico que representa el poder de la Monarquía sobre el nuevo y el viejo mundo. Cuando en España no se ponía el sol...)

[…] Es cierto, lo acabamos de apuntar, que también en la península ibérica los primeros pasos de la revolución liberal coincidieron, desde luego de otro modo, con la “cuestión nacional”, mejor también aquí la de la “independencia”, que así se llama la guerra suscitada por la resistencia ante la invasión napoleónica. Subrayo lo de antinapoleónica, pues –pese a una distorsionadora historiografía dominante– no se trató tanto de una guerra contra el francés como contra el hereje, ya que los franceses que venían con Napoleón eran –así rezaba un catecismo patriótico de la época– “modernos herejes pero nietos de antiguos cristianos”. Por lo mismo que los franceses que llegaron con el Duque de Angulema apenas unos pocos años después, a reponer en 1823 al Rey y a liquidar al tiempo el régimen liberal, fueron recibidos con entusiasmo popular. Otra cosa es el comportamiento decepcionante del Rey Fernando tanto en 1814, derrotados los franceses (liberales), como en 1823, derrotados los liberales por los franceses (católicos). Como otra también la habilidad de los liberales para sacar tajada en todo momento, desde 1812, aprobando una constitución hechura de las ideas que el pueblo estaba combatiendo en los campos de batalla, hasta 1833, aupándose al poder con la sucesión femenina. Ello conduciría a relativizar la importancia del factor nacional, o más bien, a ponerlo en su sitio, pues los liberales que estaban en la Península lograron –cuadratura del círculo– establecer el liberalismo al tiempo que combatían a los heraldos del mismo.

No muy diferente es lo realmente ocurrido en América. Donde al inicio encontramos Juntas que protestan defender al Rey y a la Familia Real, secuestrados por Napoleón, mientras rechazan al hermano de éste. O donde también se vitorea al Rey y se rechaza en cambio el mal gobierno. Luego llegarán las justificaciones pseudo-escolásticas ampliamente estudiadas por Carlos Stoetzer. O la retórica nacional. En puridad, debajo del gran torrente de los acontecimientos, está la fuente de las ideas liberales, de los intereses económicos y de las potencias extranjeras.

Por eso, no es desacertada la visión que encuentra la raíz de la secesión no, desde luego, en la resistencia a una opresión trisecular, sino en la contienda fratricida prendida con ocasión de la mentada invasión napoleónica y que escinde tanto a unos españoles que viven en la vieja península ibérica de otros trasplantados a América, pero también a éstos entre sí, como a aquéllos entre sí. Contienda en la que se dieron toda suerte de confusiones y en la que en ocasiones fue dado, sí, ver a “realistas” masones y liberales junto con “criollos” católicos y tradicionales. Pero en la que lo común fue encontrar al pueblo sosteniendo la causa del Rey frente a unos libertadores de los que no esperaban conservaran la libertad cristiana sino instauraran la opresión liberal.

Los testimonios son múltiples y se hallan por doquier. Evoco tan sólo el del general Joaquín Posada Gutiérrez, tan próximo de Bolívar: “He dicho poblaciones hostiles [a la liberación independentista], porque es preciso que se sepa que la Independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes; que las clases elevadas fueron las que hicieron la revolución; que los ejércitos españoles se componían de cuatro quintas partes de hijos del país; que los indios en general fueron tenaces defensores del gobierno del Reino, como que pretendían que como tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República”. Sólo olvida mencionar a los negros, casi unánimemente realistas, como ha demostrado en un estudio original el historiador boyacense Luis Corsi Otálora. Por eso, Ilustración liberal, masonería (sobre todo) inglesa e intereses de la plutocracia son los elementos principales de los procesos de secesión. El presidente colombiano López Michelsen, por no salir del ámbito de la Nueva Granada, habló por lo mismo en un ensayo notable de “la estirpe calvinista” de las instituciones republicanas.

No sería difícil extender, con los matices pertinentes, el juicio a toda América. La Corona, durante tres siglos, había sido el garante –ha dicho en un notable texto Ricardo Fraga– de la continuidad institucional, la unidad política y la totalidad territorial. Por eso la inacción e incomprensión fatales del rey Fernando VII ante lo que ocurría permitió el desbordamiento centrífugo de los gérmenes disgregadores de variado orden represados sin un solo soldado hasta entonces por la Corona. A partir de las que Marius André, en libro famoso prologado por Maurras y en la versión castellana por mi maestro Eugenio Vegas Latapie, llamó “las guerras civiles de la revolución” no sólo se tornó inviable el retorno de la monarquía y con ella de la continuidad, sino que naturalmente se inició (aunque no apareciera en los programas iniciales) “la secesión de la secesión”. Lo escribió el nicaragüense Julio Ycaza Tigerino: “La Independencia hispanoamericana no es solamente la separación de España, es un desmoronamiento total, como el desgranarse de una mazorca de pueblos. No es un movimiento de las provincias americanas contra la metrópoli, sino muchos movimientos. Ni una sola gran independencia sino muchas pequeñas independencias. Y todavía después de 1821 el proceso de desmoronamiento seguirá dentro de las mismas patrias independientes. Todas quieren ser independientes unas de otras, y en Centroamérica se llega hasta el ridículo de dividir la ya pequeña patria, recién separada de Méjico, en cinco minúsculas repúblicas.

Y es que la Independencia no fue otra cosa que el estallar del individualismo español, perdida la fuerza centrípeta del ideal hispánico que unificaba aquel inmenso Imperio. Por eso el proceso de la independencia no terminó con la separación de España. Siguió más allá en América con la separación entre sí de las provincias que formaban el Imperio mejicano, la gran Colombia y el antiguo Virreinato del Río de la Plata, y es el mismo que en España alienta aún bajo el separatismo vasco y catalán”.

(De Miguel Ayuso, Carlismo para hispanoamericanos. Fundamentos de la unidad política de los pueblos hispánicos, Ediciones de la Academia, Buenos Aires, 2007).

Libros recomendados: Bolívar: la fuerza del desarraigo ;

lunes, 31 de agosto de 2009

Acto carlista en Buenos Aires




Buenos Aires, 28 agosto 2009. Cerca de un centenar de personas ha seguido con gran entusiasmo en el Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas el desarrollo del acto "Un caudillo de las Españas: Carlos VII, Duque de Madrid". Organizado por la Hermandad Tradicionalista Carlos VII y por el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, contó con las intervenciones de Ricardo Fraga, Bernardo Lozier Almazán y Miguel Ayuso.

Las primeras fotos ya están disponibles: Fotos en abierto.

Más fotos del carlismo argentino

Texto recomendado: Carlismo para hispanoamericanos

jueves, 20 de agosto de 2009

Contra el laicismo: Estado Católico

LA AMBIVALENCIA DE LA LAICIDAD Y LA PERMANENCIA DEL LAICISMO: LA NECESIDAD DE RECONSTITUIR EL DERECHO PÚBLICO CRISTIANO

MIGUEL AYUSO

1. De nominibus non est disputandum? o Res denominatur a potiori?

Laicismo y laicidad. Dos términos emparentados. Con significados, por lo mismo, entrelazados. El primero, lo denota el sufijo “ismo”, ligado a una ideología. Una ideología, la liberal, basada en la marginación de la Iglesia de las realidades humanas y sociales. En efecto, el naturalismo racionalista puesto por obra en la Revolución liberal, y condenado por el magisterio de la Iglesia, recibió entre otros el nombre de laicismo. El segundo, relacionado en su inicio con una situación generada por esa ideología en la Francia del último tercio del ochocientos. Así pues, laicismo y laicidad como términos que expresan un mismo concepto.Hoy, en cambio, parece que hay sectores interesados en contraponerlos. Principalmente el “clericalismo” (tomando el término en el sentido que le daba Augusto del Noce , esto es, la subordinación del discurso político e intelectual católico al dominante en cada momento) y la democracia cristiana. El laicismo agresivo se diferenciaría, así, de la laicidad respetuosa, y la pareja “laicismo y laicidad” se interpretaría disyuntivamente como “laicismo o laicidad”. Pero, ¿resulta fundada una tal oposición? ¿O más bien es dado hallar en la misma un simple matiz entre dos versiones de una misma ideología? Un indicio, entre muchos, y de singular relevancia, nos conduce hacia esta segunda posibilidad: la protesta que hacen los secuaces de la laicidad de respetar la “separación” entre la Iglesia y el Estado, con el consiguiente rechazo de la tesis del Estado católico. Ahora bien, la Iglesia no puede (sin traicionar su misión) dejar de afirmar que hay una ley moral natural, que Ella custodia, y a la que los poderes públicos deben someterse . Esto es, el núcleo del Estado (que no es el Estado moderno sino la comunidad política clásica) católico, de lo que se llama con terminología de origen protestante la “confesionalidad del Estado”, y –con denominación tradicional que presupone una mayoría sociológica– “unidad católica” .Cuando se afirma que “ninguna confesión (religiosa) tendrá carácter estatal” –según hace, por ejemplo, el artículo 16 de la Constitución española– podría pensarse que no se ha salido del ámbito de esa tesis tradicional, ya que el Estado católico lejos de estatalizar la religión, se somete a su invariante moral del orden político . En la práctica, sin embargo, lo que se está postulando es el agnosticismo político, que no puede sino concluir exigiendo la sumisión de la Iglesia (previo olvido de su misión de garante de esa ortodoxia pública) al Estado: la “laicidad del Estado” siempre termina en la “laicidad de la Iglesia” , esto es, en la pretensión de que ésta renuncie a su misión y se limite a ofertar su “producto” (pura opción) dentro del respeto de las reglas del “mercado”. Esta ha sido siempre la lógica de la laicidad, pero que ahora –pasado el momento fuerte de las “religiones civiles”– se evidencia con toda claridad. Por lo mismo, ante la falsa oposición entre laicismo y laicidad debe proclamarse que “ni laicismo ni laicidad”.

2. Al principio... Non est potestas nisi a Deo.

Sin embargo, no siempre se produjo la confusión de hoy. No es del caso trazar la historia de las relaciones entre religión y política . Pero quizá sí lo sea recordar la constante de su vinculación recíproca y también el carácter moral de las instituciones y del poder político. Éste no es simple fuerza, sino que viene modalizado por su dimensión humana y moral . Tanto en su origen, pues no hay poder que no venga de Dios, como en su ejercicio, ya que se orienta al fin de –disciplinando las relaciones entre los hombres en sociedad– permitir que éstos sean más plenamente hombres. De ahí se deduce la exigencia (moral y aun religiosa) de obedecer los dictados del poder, cualquiera que sea el gobernante, pero también la posibilidad de desautorizarlo (en principio en cuanto a actos singulares, pudiendo llegar incluso a la resistencia y, en la escuela española, al tiranicidio) cuando deja de orientarse a su finalidad .Igualmente, ese fundamento religioso del origen y ejercicio del poder no elimina su autonomía. En puridad esto ha ocurrido siempre, en el seno de cualquier civilización, pues la teocracia (por lo demás desconocida en el mundo cristiano pero no en otros universos culturales) no deja de ser un doble “truco” para disimular que en realidad Dios no gobierna directamente el mundo, sino por medio de causas segundas, y que hacer del gobernante el oráculo de Dios destruye la acción humana como libre y responsable, presidida por la virtud de la prudencia . Sin embargo, aunque la autonomía del poder temporal respecto del espiritual se pueda encontrar en el fondo de cualquier civilización, cuando se acierta a destapar –como se ha visto– el truco mendaz de la teocracia, su articulación más plena pertenece sólo al cristianismo. Éste conoce cosas de Dios y cosas del César. Éste exige también la Iglesia, distinta –a lo largo del tiempo– del Imperio, de los reinos y del Estado, constituida en autoridad que limita las potestades temporales. Así pertenece en exclusiva al cristianismo la existencia de un ámbito profano, laico, “distinto” pero no “separado” del ámbito religioso . Lo que se conoce como el régimen de Cristiandad articula esa dualidad, armónica y convergente más que polémica, aunque no exenta de conflictos, causados de sólito por la pretensión del poder temporal de arrogarse el derecho de definir la verdad (propio de la autoridad) o, en otras ocasiones, por el envilecimiento de ésta al conducirse como un poder. El cuadro de la Cristiandad, con sus luces y sus sombras, es de –en la famosa descripción leonina– la dichosa edad aquella en que la filosofía cristiana gobernaba las comunidades .

3. El Estado moderno y sus transformaciones: la puesta en plural del pecado original y la doctrina social de la Iglesia como contestación cristiana del mundo moderno.

Esta autonomía de lo temporal, tras el surgimiento del Estado, sufrirá una inflexión. El Estado, que es un orden territorial cerrado, nació para poner fin a las guerras de religión, de las que el mundo hispánico se vio libre por su unidad católica, de modo que se asentó como instancia de neutralización, indiferente ante las religiones. Pero, por otra parte, la Reforma protestante puso en marcha un proceso de secularización cuyas fases se han ido apurando hasta llegar a la situación presente . Primero independizando el orden humano del divino y dejando la religión como puro elemento político: cuius regio, eius et religio. Después poniendo el fundamento de la comunidad de los hombres en la voluntad humana, verdadera puesta en plural del pecado original . Más adelante, separando las distintas formas de la sociabilidad humana del influjo religioso, alcanzando –finalmente– hasta la propia familia en tal empeño .La cuestión teológica y moral se hace política, social y familiar. De ahí el surgimiento de la doctrina social y política de la Iglesia stricto sensu(lato sensu es muy anterior), pues conforme la herejía se va tornando política y social, la respuesta a la misma ha de desenvolverse en ese orden: por eso el magisterio eclesiástico haya tenido en la edad contemporánea el carácter diferencial de ocuparse, de un modo inusitado en siglos anteriores, de cuestiones de orden político, cultural, económico-social etc. La doctrina social de la Iglesia aparece, por lo mismo, vinculada a la teología, y más concretamente a la teología moral, lo que la separa tajantemente de ideologías y programas políticos. Brota de formular cuidadosamente los resultados de la reflexión sobre la vida del hombre en sociedad a la luz de la fe y busca orientar la conducta cristiana desde un ángulo práctico-práctico o pastoral, por lo que no puede desgajarse de la realidad que los signos de los tiempos imponen y que exige una constante actualización del “carisma profético” que pertenece a la Iglesia. En consecuencia, concierne directamente a la misión evangelizadora de la Iglesia, ofreciéndonos todo un cuerpo de doctrina centrado en la proclamación del Reino de Cristo sobre las sociedades humanas como condición única de su ordenación justa y de su vida progresiva y pacífica.En puridad tal doctrina no es meramente reactiva, sino afirmativa, aunque incorpore elementos de rechazo del mundo moderno, por lo que converge con la doctrina y las acciones denominadas contrarrevolucionarias, esto es, opuestas a la Revolución, entendida ésta como acción descristianizadora sistemática por medio del influjo de las ideas e instituciones . De consuno, pues, la filosofía política contrarrevolucionaria y la doctrina social de la Iglesia han consistido en una suerte de “contestación cristiana del mundo moderno”. Hoy, no sé hasta qué punto su sentido histórico –el de ambas, aunque de modo distinto– está en trance de difuminarse, pero en su raíz no significó sino la comprensión de que los métodos intelectuales y, por ende, sus consecuencias prácticas y políticas, del mundo moderno, de la revolución, eran ajenos y contrarios al orden sobrenatural, y no en el mero sentido de un orden natural que desconoce la gracia, mas en el radical de que son tan extraños a la naturaleza como a la gracia.

4. La ruina espiritual de un pueblo por efecto de una política.

De ahí que se pueda afirmar como moralmente cierta, sin caer en confusión de planos o incurrir en una interpretación errónea de lo que pertenece al Evangelio y a la vida cristiana, la conexión entre los procesos políticos y la descristianización que se ha producido en los últimos siglos, especialmente en los últimos decenios, de modo singular en España: “Precisamente porque aquel lenguaje profético del Magisterio ilumina, con luz sobrenatural venida de Dios mismo, algo que resulta también patente a la experiencia social y al análisis filosófico de las corrientes e ideologías a las que atribuimos aquel intrínseco efecto descristianizador. Lo que el estudio y la docilidad al Magisterio pontificio ponen en claro, y dejan fuera de toda duda, es que los movimientos políticos y sociales que han caracterizado el curso de la humanidad contemporánea en los últimos siglos, no son sólo opciones de orden ideológico o de preferencia por tal o cual sistema de organización de la sociedad política o de la vida económica (...). Son la puesta en práctica en la vida colectiva, en la vida de la sociedad y de la política, del inmanentismo antropocéntrico y antiteístico" .Por eso se ha hablado de “la ruina espiritual de un pueblo por efecto de una política”. Sin embargo, no puede obviarse que tal política, en el caso español objeto de examen, y aun en una consideración más universal, fue no sólo avalada sino en algún modo incluso impulsada por el Vaticano, que estaría en el origen de esa política que habría producido la ruina espiritual de nuestro pueblo.La trayectoria histórica de España en relación con la presencia socialmente operante de la fe católica ha presentado, sin duda, caracteres especiales en la Edad moderna, ligados a la identificación de España con la Cristiandad decadente, a la que sucede tras la expansión americana en una suerte de christianitas minor que prolongó el primado de la Iglesia cuando en el “concierto europeo” comenzaba a imponerse el primado del Estado (moderno). En la Edad contemporánea, por su parte, la revolución liberal, tras la senda de la –entre nosotros– excepcional heterodoxia del dieciocho, introdujo una herida en esa cristiandad de residuo, dejando sólo una christianitas minima, la del pueblo tradicional en combate –bélico con frecuencia– contra la pretensión de fundar un “orden” neutro, coexistente, sin referencia a la comunidad de fe y prescindente de la unidad católica . Varias veces derrotada, pero nunca vencida definitivamente, rebrotará en el siglo XX en la ocasión singular de la guerra de 1936-1939 y sólo parecerá secarse con los cambios del desarrollismo tecnocrático de los sesenta y, sobre todo, tras el cambio constitucional que implicó un fugaz éxito de la aconfesionalidad, con la “nueva laicidad”, esto es, la que no se alza contra la Iglesia sino que la ha penetrado hasta el punto de asumir la “separación” del orden temporal y del religioso. La nueva laicidad no es otra que el viejo laicismo, en versión postmoderna, en el fondo radicalizada por su carga disolvente, y que ha invadido a la propia Iglesia. Así, el arbusto se ha convertido en un gran árbol cuya sombra llega a donde nunca se hubiera sospechado .

5. Las incoherencias de la predicación actual y la reedificación del derecho público cristiano.

Por ello, en la coyuntura presente el gran asunto es el que un gran obispo español acertó a cincelar en una frase no complaciente: “Iglesia y comunidad política: las incoherencias de la predicación actual descubren la necesidad de reedificar la doctrina de la Iglesia”.Juan Pablo II, en uno de los últimos actos de su pontificado, dirigió una carta a los obispos franceses en el centenario de la Ley francesa de separación de la Iglesia y el Estado, de 1905, condenada por san Pío X en Vehementer nos(1906). En la carta comienza afirmando, por el contrario, que “el principio de la laicidad, al que vuestro país se halla tan ligado, si se comprende bien, pertenece a la doctrina social de la Iglesia”. Frase equívoca, máxime si se tiene en cuenta que se dirige a los obispos de Francia en ocasión de una ley francesa. Pero la ambigüedad se prolonga acto seguido, a través del recordatorio “de la necesidad de una justa separación entre los poderes”. Pues, por vez primera, no es la “distinción” entre los poderes la que se reclama, sino la “separación”. Equívoco agravado por el hecho de que la ley de 1905 llevaba en su rúbrica precisamente el término “separación. Finalmente, la carta da un paso más, al establecer que “el principio de no-confesionalidad del Estado, que es una no-inmisión del poder civil en la vida de la Iglesia y de las diferentes religiones, como en la esfera de lo espiritual, permite que todos los componentes de la sociedad trabajen al servicio de todos y de la comunidad social”.Así pues, no salimos de la ambigüedad en ese terreno. Con graves consecuencias. Pues la Iglesia no acierta a reafirmar el derecho público cristiano.

CAMPAÑA CONTRA EL LAICISMO

domingo, 19 de julio de 2009

Objeciones a una Objeción


Rescato del magnífico blog EL BRIGANTE, dos iluminadores artículos sobre la objeción de conciencia en temas educativos. Un interesante debate, que marca la linea divisoria entre el catolicismo liberal-conservador y el tradicionalismo.

"La paradoja –me parece– es cruel: se pone entre paréntesis el Estado como comunidad política para maquillar la falta de crítica (“incorrecta”) del Estado liberal. Los espantajos, más que estandartes, del estatismo y la “objeción de conciencia” sirven a la perfección a tal operación de contrabando intelectual. En resumen: la salvación de la democracia y los derechos humanos para el mundo católico exige demoler la filosofía clásica de la política y abrazarse en cambio a la antifilosofía política liberal, normalmente –así todo es ganancia– en clave comunitarista estadounidense. La libertad religiosa y el olvido (rectius: rechazo) del “Estado católico” está en la base del desastre. Como de casi todos."
(Miguel Ayuso)

"Creo que la objeción de conciencia conlleva, en sí, “la falta de crítica del Estado liberal” o, lo que es lo mismo, su tácita aceptación (no es “una desobediencia a la Ley” afirma el “observatorio” para la ocepc). Lo único que pide quien objeta es que no se le aplique la ley, pero que se siga aplicando a los demás… si no la objetan. O sea, el concepto mismo de ley se vuelve incomprensible. No debe escandalizar que a eso se le llame “antipoliticismo”, o negación de la doctrina social cristiana"
(José Antonio Ullate)

http://www.elbrigante.com/2009/03/objeciones-una-objecion.html

http://www.elbrigante.com/2009/04/la-quimera-de-la-epc.html

domingo, 12 de julio de 2009

LA CONSTITUCIÓN CRISTIANA DE LOS ESTADOS

LA CONSTITUCIÓN CRISTIANA DE LOS ESTADOS de Miguel Ayuso

-Introducción.

-CAPITULO 1: Religión y sociedad..Introducción..Cristianismo y política a través de la historia..Un escolio sobre el designio revolucionario..La constestación cristiana al mundo moderno.

-CAPITULO 2: ¿Existe una doctrina política católica?..Introducción..Doctrina social y doctrina política..La doctrina política de la Iglesia..El orden político cristiano.

-CAPITULO 3: ¿Ha variado la doctrina política católica?..Introducción..La cuestión nace con el siglo..La crisis postconciliar..¿Una nueva doctrina además de una nueva estrategia?.

-CAPITULO 4: El problema del Estado Católico..Introducción..Razón humana y cultura histórica..Las razones del Estado Católico..Conclusión.

-CAPITULO 5: Iglesia-Estado en España: la singularidad del caso español..Presentación..La "singularidad" de la experiencia española en el siglo XIX..La permanencia de la "singularidad" en el siglo XX..Hacia la desaparición de la "singularidad".

-CONCLUSION: Del laicismo a la laicidad.

final del capítulo 3:

"Pero es que, mas allá, cabe preguntarse la licitud de una imposición de tales táctica y estrategia. Con referencia al comunismo lo escribió un autor que nos viene acompañando a lo largo de estas páginas. Y no se ve porqué no podría ser igualmente aplicado a la resistencia a la democracia liberal: ....."Por ejemplo, se puede, eventualmente, en cierto momento, formular el pronóstico de que el comunismo tiene todas las probabilidades de ganar en un país o en un grupo de países. Ante este pronóstico, los hombres de Iglesia toman todas las disposiciones o precauciones apostólicas que creen deben tomar. Quedan a su juicio, y son responsables ante Dios. Pero si en función de ese pronóstico, los hombres de Iglesia se dedican además a persuadir al conjunto de los católicos de que deben desolidarizarse de todo anticomunismo temporal, entonces esos hombres de Iglesia aseguran así, positivamente, la victoria del comunismo, al desmovilizar, dispersar o paralizar la resistencia. Es precisamente cuando el comunismo tiene probabilidades objetivas de ganar en un país, cuando tiene la máxima importancia combatir esas posibilidades y derribar ese pronóstico fundado especulativamente, y hacer la historia en lugar de padecerla" (Jean Madiran).

COLECCIÓN DE REGNO