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lunes, 16 de mayo de 2016

Montejurra 76 en el contexto de la transición. En respuesta a la instrumentalización por ETA/BILDU

MONTEJURRA 76 EN EL CONTEXTO DE LA TRANSICIÓN. EN RESPUESTA A LA INSTRUMENTALIZACIÓN POR ETA/BILDU.

Al igual que hace cuarenta años quien más partido pretende sacar de los actos del Montejurra desnaturalizado por la escisión huguista no son los propios huguistas, sino la extrema izquierda separatista y terrorista.

Los actos de los huguistas han convocado a menos gente que nunca. Menos de 30 personas llegaron a las faldas de Montejurra. La edad no perdona y es imposible pensar en la ascensión. Pese a eso la prensa de la oligarquía liberal navarra y anticarlista por excelencia, el Diario de Navarra, hablaba de 200 asistentes. Quien conozca mínimamente la historia de Navarra sabe como este periódico siempre reducía la cifra de los asistentes a los actos carlistas hasta límites entre indecentes y descacharrante. Con esta nueva desinformación también indecente y descacharrante siguen fieles a la consigna de atacar al Carlismo.
Vista general de la asistencia al Montejurra 2016, del residual "partido carlista"

Sin embargo actos paralelos, el más llamativo organizado por el brazo político de ETA, han intentado hacer una lectura mitificadora de los mismos hechos en un contexto revolucionario y separatista. A ese efecto convocaron un acto el pasado 12 de mayo en Estella. Para el mundo etarra, además, Estella ha sido una de sus grandes obsesiones, pues ha sido la capital del carlismo, el movimiento político vasconavarro popular por excelencia y ellos siempre han sido en Estella minoritarios. Por eso allí impulsaron, junto con su colaborador de siempre, el PNV, aquel infame “Pacto de Estella/Lizarra” de 1998. Vale la pena recordar además que por aquel entonces el PNV apoyaba al PP de Aznar en el gobierno central. Sólo la Comunión Tradicionalista Carlista, reunida su Consejo Nacional en Estella el mismo día que era tomada por miles de forasteros separatistas, emitió una contundente nota desautorizando la manipulación que de la Corte de SMC Carlos VII se pretendía hacer y realizó una campaña pública de protesta.
Estella, capital del carlismo histórico

Hoy, en 2016, el mundo etarra quiere dar una nueva vuelta de tuerca a los sucesos de hace cuarenta años. No es de extrañar, pues fueron los principales beneficiarios de la instrumentalización de la escisión ideológica huguista. Esta bitácora ya se ocupó de aquellos sucesos en una entrada anterior, contextualizándolos adecuadamente. Se podría aún hacer una contextualización más general.

La monarquía liberal patrocinó y promovió el nacionalismo (anti)vasco desde sus inicios con la intención de reducir los espacios políticos del carlismo. Eran dos formas de liberalismo que podían perfectamente coexistir. Y ambos tenían un obstáculo común para poder asentarse: el carlismo. Tras el golpe de Estado de Sagunto y la inauguración del régimen caciquil los nacionalistas fueron encumbrados a ayuntamientos y Diputaciones; todo se tramaba desde los gobiernos civiles. Alfonso (XIII) llegó a rendir honores militares a la ikurriña en Begoña en 1908. Por aquel entonces esa bandera no tenía ni siquiera carácter institucional, era la bandera del nacionalismo, aunque en origen no era más que la bandera del PNV de Vizcaya. Por oponerse a la institucionalización de la misma para todo el pueblo vasco los carlistas ofrecieron un sacrificio martirial durante la II República, la campaña bélica de la Cruzada y los años de la transición. Los nacionalistas en todo momento reconocieron como “Señores de Vizcaya” a los monarcas de la dinastía liberal y se deshacían en halagos hacia ellos. El principal financiador del PNV, el castellano Ramón de la Sota, además de impulsar la integración de los liberales vascongados (la sociedad euskalerriaca) en el PNV compartía negocios con la monarquía liberal y con la corona británica. Con el sucesor de Franco el PNV mantiene contactos desde los 60 y apuesta en todo momento por él. En 1974, aún en vida de Franco, se reúne semioficialmente con Jordi Pujol y con una delegación del PNV.

Cuando Carlos Hugo es apartado de la sucesión de Franco y comienza su viraje ideológico con la intención de acercarse a la llamada oposición democrática se encuentra con la tradicional opción alfonsina del PNV, con lo que sin ningún pudor comienza sus contactos con la izquierda separatista, que ve una excelente oportunidad para usar la relativa tolerancia de las autoridades franquistas con los actos y algunas estructuras carlistas para instrumentalizarlos. Desde 1972 la ilegal ikurriña empieza a hacerse presente en Montejurra ante la indignación del pueblo carlista. ETA ya había empezado a matar. Y mucho tiempo antes a acosar a los carlistas, con una estrategia muy determinada de limpieza ideológica para forzar a los vascos no separatistas, y más particularmente a los carlistas, a abandonar sus localidades natales. Recordemos que el primer intento de acto terrorista fue hacer descarrilar un tren que llevaba desde Vizcaya a San Sebastián a voluntarios del Requeté que iban a conmemorar el 18 de julio en 1961. Amenazas, ataques a posesiones, agresiones armadas, etc. En los primeros setenta se empezaban a apreciar los primeros zarpazos de esa estrategia inexorable y los carlistas se encontraban sin organización y con sus actos usurpados. Una de las obsesiones del franquismo, a decir del historiador Manuel de Santa Cruz, era controlar que los carlistas no tuviesen armas. Esta situación dificultaba extraordinariamente la organización de una estrategia de defensa frente a la agresión terrorista. El Requeté mantenía una organización muy precaria, y el acceso a las armas quedaba bastante restringido, básicamente a quienes habían hecho carrera militar tras el fin de la Cruzada.
El carlismo se enfrentó a la subversión de la entrega de Montejurra al separatismo y al marxismo

Las relaciones entre los seguidores de Carlos Hugo y ETA fueron muy intensas, sobre todo con los G.A.C (Grupos de Acción Carlista), ya también desnaturalizados por el huguismo en los años 70. Queda todo ello documento en el libro del exfalangista, hoy trasvestido en militante del residual partido carlista, Javier Onrubia Rebuelta, La resistencia carlista a la dictadura de Franco: los Grupos de Acción Carlista. Según el propio José María Porro, dirigente de EKA, los GAC recibieron cursillos de explosivos en 1969 en el Colegio de los jesuitas de Indauchu (Bilbao) por parte de militantes de ETA Eduardo Uriarte y Mikel Etxebarria. Lo mismo afirma José Carlos Clemente, historiador oficial del partido de Carlos Hugo, “los GAC llegaron a contactar con los activistas de ETA, algunas de cuyas acciones fueron supuestamente realizadas en equipo”. Jon Querejeta, miembro de los GAC también afirma: "Tuvimos relación con ella desde el primer momento" y otro militante de los GAC, Carlos Catalán, también confirma esas relaciones y el intercambio de armas entre ambos grupos. Y lo mismo Jon Juaristi en su El bucle melancólico habla de esas relaciones. Los GAG huguistas, no lo olvidemos, realizaron un atentado terrorista contra el periódico carlista El Pensamiento Navarro, el 23 de agosto de 1970, ETA se atribuyó como algo propio, en un boletín interno de 2006, el atentado contra El Pensamiento Navarro de 1970. Todo ello confirma las estrechas conexiones entre ETA y el entorno del llamado partido carlista. A nivel político el grito impulsado en el partido carlista por el propio Carlos Hugo de “Nafarroa, Euskadi da” (Navarra es Euskadi), servía a esa misma táctica de acercamiento político al mundo etarra.

El contexto político general llegados a Montejurra 1976 era de una gran tensión social y política en las calles, acompañada de una sensación general de inseguridad pública y de falta de autoridad. En el ámbito concreto de Vascongadas y Navarra se ponía de manifiesto una ofensiva terrorista brutal con la intención de controlar el cambio político en curso. Y la piedra de toque esencial del nacionalismo era, una vez más, Navarra. El nacionalismo no se iba a conformar -no se conforma- con un Estatuto que une por primera vez en un ente político a las tres provincias Vascongadas. Sólo con Navarra es viable su proyecto. Y qué más simbólico que Estella como demostración de la fuerza de ese nacionalismo. El trágico desenlace de aquel año no puede dejar de ser visto en torno a esa lucha del nacionalismo contra la Tradición. Quienes querían defender la cima de Montejurra, aquellos jóvenes requetés cuya hondura espiritual admiró al sacerdote que los confesó el día anterior como cuenta Ramón María Rodón en su tesis doctoral, no se oponían solamente a una infame escisión ideológica que infamaba el honor del carlismo. Se oponían también, por primera vez en aquellos años, al totalitarismo nacionalista que imponía en las calles de Euscalerria su perversa ideología y estrangular la libertad e identidad foral de Navarra. Y así seguimos aún hoy en día.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Don Francisco Javier de Borbón y Montejurra 1976


El apoyo de Don Francisco Javier de Borbón y de Doña Magdalena, últimos reyes legítimos del carlismo y de España, al Príncipe Sixto Enrique de Borbón, en los sucesos de Montejurra 1976 y en su intento de salvar al carlismo de la traición y devastación al que le había llevado la política de Carlos Hugo, tiene sus fuentes documentales, que dejan el hecho fuera de toda duda. En esta entrevista a  don José Arturo Márquez de Prado, antiguo Delegado Nacional de Requetés, nombrado por el mismo Don Javier de Borbón Parma en el año 1960, se detalla ese apoyo explícito de Don Javier al Príncipe Sixto Enrique. El contacto y colaboración, entre don José Arturo y el Infante Sixto, en vistas a la reorganización de la Comunión Tradicionalista, se produjo a instancias del propio Don Javier, que veía con honda preocupación la deriva demagógica de Carlos Hugo, que conllevaría finalmente a los sucesos de Montejurra 1976.

Documentos escritos y gráficos evidencian la falsedad de los que pretenden, contra toda lógica, ensuciar la memoria del viejo Rey de los carlistas, al presentarlo como colaborador de los desmanes de Carlos Hugo, en el intento de convertir el carlismo en un partido de ultraizquierda y de desnaturalizar Montejurra, despojándolo de su connotación reciamente española, católica y tradicionalista, para entregarlo, al nacionalismo y a la extrema izquierda.
En la fotografía de 1977, de izquierda a derecha: de pie, S.A.S. el Príncipe Eduardo de Lobkowicz y S.A.R. el Infante Don Sixto Enrique de Borbón; sentados, SS.MM.CC. los Reyes Doña Magdalena y Don Francisco Javier de Borbón

Foto de 1977, posterior, por tanto, a los sucesos de Montejurra 1976, que habla por sí sola.

(Fuente: La Actualidad Española, Número 1312, 21 – 27 de Febrero de 1977, Páginas 20 -25. Texto de Santiago Peláez y foto de Rogelio Leal)

“Luego (Don Sixto Enrique) nos invita a sentarnos para conversar, pero cuando estamos a punto de hacerlo se abre la puerta y aparecen ante nuestra sorpresa don Javier de Borbón y su esposa. Desean saludarnos amablemente y hablar de España. Además, parece previsto que quieren posar junto a su hijo don Sixto para nuestra revista. ¿Se trata de una fotografía histórica? Todo parece indicar que tiene un contenido especial, un significado claro, concreto. ¿Se pretende mostrar a través de esta fotografía lo que no estaría nunca dispuesto a declarar el jefe de la familia Borbón-Parma? ¿Acaso se halla don Javier, contra las opiniones que se han vertido en el tema, mucho más cerca de su hijo don Sixto que de su hijo don Carlos Hugo? ¿Son ciertos los rumores que se han producido respecto a una profunda escisión ideológica, aunque no familiar, en el seno de los Borbón-Parma? ¿Tal vez hay que pensar que no es don Sixto, sino más bien don Carlos Hugo, quien se halla verdaderamente marginado en estos momentos de la familia? Todo parece indicar que así es…”
El Rey Javier escribió en 1976, una carta a su hermana Doña Enriqueta, a propósito de los sucesos de Montejurra 1976 y afirma en ella: "que una vez más, como en 1936, los carlistas se enfrentaron con los revolucionarios". Los carlistas, estaba claro, eran los partidarios de Sixto Enrique; los revolucionarios los de Carlos Hugo

En marzo de 1977, Carlos Hugo denunció en la prensa española y europea, la infamia de que Don Sixto Enrique había secuestrado a su padre, Don Javier. El fin perseguido, de forma desesperada, era desacreditar el apoyo que Don Javier mostraba a la postura política del Infante Don Sixto Enrique, que culminó con la firma el 4 de marzo de una declaración política que reafirmaba los principios tradicionalistas del carlismo. Al respecto escribe el escritor Juan Balansó:

"En marzo de 1977 la prensa europea anunció que Sixto había secuestrado a su padre, según acusaba Carlos. No era cierto, y estoy en situación de afirmarlo. Lejos de mí querer tomar partido por una de las líneas beligerantes, pero lo que se puede demostrar, deber ser consignado. Cuando estudié esta página triste de la dinastía, se me ocurrió que lo más útil sería consultar la correspondencia de la princesa Enriqueta. Esta señora, hay que recordarlo, era la última hija del duque Roberto I; es decir, la hermana menor de don Javier. Un aya la dejó caer contra el suelo un salón de Piánore cuando sólo tenía unos meses, a consecuencia de lo cual, roto el oído, creció sordomuda. Javier quería mucho a esta hermana y, puesto que no podía comunicarse con ella por teléfono, solía escribirle a menudo dándole cuenta de sus peripecias. ¿Habría consignado Javier por escrito algo sobre su presunto secuestro? Ciertamente (...)

“8 de marzo. Te escribo estas líneas desde el Hospital Americano de París (...) Estuve en Solesmes a ver a las hermanas. Francisca está bien, aunque relativamente sorda. María Antonia, en cambio, muy cambiada. Esta visita mía a Solesmes ha creado gran confusión en los periódicos, que han contado que yo había desaparecido, secuestrado y encerrado quién sabe dónde. Cuando la verdad es que me había quedado en Solesmes con las hermanas. Estos periodistas, esparciendo noticias falsas, estropean la vida. Si los diarios italianos se hicieran eco de todo eso, ten en cuenta que es un montaje contra mí, a causa de los asuntos españoles. Es una historia inventada.” Archivo Borbónico de Parma, 248. (Fuente: “La familia rival”. Juan Balansó. Páginas 224-226)
En la imágen (1984), el féretro de Doña Magdalena sale del castillo de Lignières, acompañado por Don Sixto Enrique y su hermana Doña Francisca. En sus últimas voluntades Doña Magdalena prohibió la asistencia al sepelio y la entrada al castillo de Lignières, de Carlos Hugo y sus hijas María de las Nieves, María Teresa y María Cecilia, por su traición a la causa carlista. Tuvieron que permanecer, como muestra la foto, fuera de las verjas del castillo

El auténtico manipulador y secuestrador del Rey Javier de Borbón, no fue otro que el propio Carlos Hugo, en su intento de utilizar el prestigio de su padre entre los carlistas e intentar apuntalar su traición doctrinal. Lo denunció con toda rotundidad Doña Magdalena:

"Quiero expresar mi indignación por el hecho de que mi hijo Carlos Hugo haya sido capaz de acusar a su hermano Sixto Enrique de haber secuestrado a su padre, cuando precisamente esta mañana a las 7:30 horas y en contra de las consignas más estrictas de los médicos, nuestra hija Cecilia, de acuerdo con su hermano Carlos Hugo, se llevó a mi esposo fuera del Hospital Americano, centro en el que estaba hospitalizado desde hace ocho días, y donde yo he permanecido junto a él todo este tiempo, con el pretexto de acompañarlo a Misa. Quiero decir que además es imperdonable que Carlos Hugo no haya vacilado en arriesgarse a hacer salir del Hospital a su padre, sin ningún respeto a su edad ni a su estado de salud, para llevarle ante un notario desconocido a fin de obligar a mi esposo a hacer una declaración a favor de Carlos Hugo y contraria al auténtico Tradicionalismo.

Para conseguir que mi esposo firmara esa declaración, Carlos Hugo no ha dudado en emplear los chantajes y presiones más innobles, llegándole a decir que la vida de su hermano Sixto Enrique se vería amenazada si no firmaba esa declaración, sin haberle permitido regresar más que después de firmar ese texto. A última hora pudo llegar mi esposo al hospital, visiblemente afectado y trastornado por el hecho de haber sido obligado por su hijo a firmar un texto difundido en su nombre y tan contrario a sus ideas.

Hago constar que a partir de ahora estoy decidida a adoptar todos los recursos jurídicos que estén a mi alcance para preservar la salud de mi marido y el honor de mi familia"

S.A.R. la Duquesa de Parma. Declaración de Doña Magdalena de Borbón, 8 de Marzo de 1977 (reproducida en diversos periódicos franceses y españoles)
En mayo de 1978, ya fallecido, hacía un año, Don Javier, el diario El Alcazar, en su edición de 4 de mayo, daba cuenta de la prohibición por parte de la Reina viuda Doña Magdalena de Borbón de asistir a los actos de Montejurra convocados por el falso "Partido Carlista" para el 7 de mayo de 1978 en Montejurra, por ser contrarios al ideario del carlismo y resultar un "ultraje a la memoria de don Javier". El diario El País, titulaba su crónica, en su edición del 9 de mayo, “Reducida participación en el Montejurra-78” y reseñaba “Entre los participantes en el vía crucis se observó abundancia de ikurriñas” “Carlos Hugo fue recibido con gritos de Carlos Hugo, autogestión, y Nafarroa, Euskadi da (Navarra es Euskadi)” “Carlos Hugo inició su intervención pidiendo a los concentrados que gritasen Nafarroa Euskadi da". Todo ello, en las antípodas del pensamiento político consignado por S.M.C Don Francisco Javier.
DECLARACIÓN DE S.M.C. DON JAVIER DE BORBÓN (París, 4 de marzo de 1977)
Documento firmado ante notario y con la presencia de periodistas españoles, como Ignacio Amestoy, de la revista La Actualidad Española

Ante ciertos rumores relacionados con pretendidas declaraciones políticas que se me atribuyen, quiero, en este día, dar a conocer una declaración mía para disipar toda confusión o malentendido en cuanto a mi posición y forma de pensar, en lo que al Carlismo se refiere, en su permanente línea ideológica derivada de los grandes principios que la informan y constituyen su razón de ser. Debo, por tanto, afirmar, ante todo, que si siempre me he esforzado por mantener la unidad en el seno de mi familia, no puedo consentir que se utilice mi nombre, pese a lo que se intentó hacerme decir para justificar un gravísimo error doctrinal dentro del Carlismo, haciéndolo aparecer ante la opinión pública como partido socialista o aliado del marxismo o del separatismo, que son incompatibles con su propia naturaleza y contra los cuales el Carlismo ha luchado siempre con la mayor energía; de la misma manera que también ha luchado contra el capitalismo liberal materialista, que todavía trata de imponerse en nuestra patria como ya trató de hacerlo en el pasado.

Así, toda concomitancia de aquellos que se llaman a sí mismos carlistas con el separatismo o el socialismo, constituye una provocación evidente y una clara voluntad de engaño. No puede haber por tanto carlistas ni carlismo fuera de la plena aceptación de los principios fundamentales que son, quiero recordarlo:

La confesionalidad católica; es decir, la afirmación de nuestra condición católica como primera razón de nuestra causa: Dios.

El mantenimiento del principio indiscutible de la unidad nacional y del conjunto de tradiciones específicas de la naturaleza de la España de siempre y que dan su pleno sentido al concepto de Patria.

La defensa de los fueros, fórmula que no está en modo alguno en contradicción con el principio anterior, sino que lo complementa. Además de constituir unos derechos históricos indiscutibles, representan la libre y original evolución de cada región de España, y de los cuerpos intermedios, evitando así los graves inconvenientes del centralismo absorbente y paralizador.

La afirmación de la necesidad de la Monarquía para España que se basa en nuestra convicción de que es herencia permanente de autoridad, responsabilidad, independencia y continuidad.

Todo esto, lo sé, puede parecer una exposición de verdades elementales, pero creo que es oportuno recordarlas para terminar con ciertos falsos razonamientos que pretenden hacer que se puede ser carlista sin ser católico ni monárquico, patente traición a las convicciones de todos aquellos que, obedeciendo las órdenes que tuve el honor de firmar en nombre de mi augusto tío el Rey Don Alfonso Carlos, lucharon con valor y murieron gloriosamente por la religión y por la Patria.

Pido a Dios que el Carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y la Cristiandad.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Montejurra 1976, los hechos y su contexto

MONTEJURRA 1976, LOS HECHOS Y SU CONTEXTO.

Existe una obsesión casi enfermiza de algunos sectores por los sucesos de Montejurra 1976 y sus desgraciadas y lamentables víctimas, que todos lamentamos. Pero los hechos tienen que ser sometidos a la verdad en un análisis de contexto y no convertirse en una bandera partidista.

El carlismo, el de siempre, ha tenido cientos de muertos en enfrentamientos con las izquierdas, con los  lerrouxistas, con los nacionalistas etc. a lo largo de toda su historia fuera de los conflictos bélicos clásicos, y eso no impidió a la escisión ideológica huguista acercarse a esos sectores, llegar a pactos e incluso invitarlos oficialmente a sus Montejurras desnaturalizados. Lo que esconde en realidad esa obsesión por Montejurra 76, es enmascarar el fracaso total de esa escisión ideológica que en realidad no fue hacia el socialismo (en un sentido clásico y estricto se podría decir que el carlismo tuvo elementos de socialismo blanco antimarxista) sino hacia un progresismo izquierdista con tintes nacionalistas. Esa deriva ideológica le llevó a pedir la libertad de los criminales etarras y a mostrarse partidario del divorcio y del aborto[1].

Montejurra 1976 no supuso el declive del carlismo, ni siquiera del partido de Carlos Hugo. El único responsable de este declive es el propio Carlos Hugo y su política enloquecida; la prueba empírica de ello es que hasta el fracaso de 1979 esa obsesión por los sucesos de 1976 no estaban presentes con tal magnitud en sus filas.

En un llamado Informe para militantes del partido carlista, de uso interno de 1976, los huguistas reconocen su impresión de que los sucesos de Montejurra 1976 han sido positivos para su imagen y su estrategia, se decía textualmente:

"Desde el comienzo de la apertura de la prensa hasta hoy, la imagen del partido en la opinión pública ha sufrido una transformación extraordinaria. De la ignorancia total y absoluta en la prensa general, salvo excepciones, a una valoración positiva. Han sido dos los sucesos fundamentales de este salto de aparición pública del partido, el intento de retorno de Don Carlos en marzo de 1976 y los sangrientos sucesos de Montejurra. Estos dos sucesos y la actividad política del partido han sido el pasaporte para entrar a ser considerados como partido socialista, con una realidad. A partir de esto la presencia del partido en la opinión pública ha sido importante, pero no suficiente"

De hecho en 1977, el EKA utilizó la marca Montejurra para presentarse a las elecciones en Navarra, pensando que los sucesos de 1976 les daría un rédito electoral, publicidad y credibilidad democrática. Sin embargo la formación Montejurra-Federalismo-Autogestión que promovieron los seguidores de Carlos Hugo fue la opción menos votada en Navarra, con un 3,2% de los votos. En cambio la opción que mayoritariamente apoyaron los carlistas[2], Alianza Foral Navarra, quedó en cuarto lugar de un total de nueve formaciones con 22.349 votos, un 8,47% de los votos. Todos los informes internos del partido de Carlos Hugo tras los fracasos electorales de 1977 y 1979, fracasos estrepitosos y totales, no hacen referencia como causa a Montejurra 76, como el Informe sobre las elecciones legislativas del 15/6/1977 del partido carlista elaborado por Miguel Alvarez Bonald responsable de la Comisión Federal electoral. En este texto se dice textualmente:

“Es preciso resaltar que un descalabro electoral no es consecuencia directa o exclusiva de una campaña electoral o de la existencia de serios condicionamientos provenientes del exterior, sino que sus causas arrancan de atrás. Las elecciones sólo hacen que emerjan todas las contradicciones que el partido lleva implícitas en su organización. No querer aceptarlo así, es muestra de una soberbia o miopía de tal magnitud y trascendencia, que sofocarían inexorablemente a la extinción del partido, allí donde existieran.”

Luego de detallar causas externas, se centra en las causas internas y más importantes donde cita explícitamente el desconcierto del pueblo carlista por las alianzas con los comunistas y maoístas en estas elecciones. Continua el informe.

"Ha habido regiones en las que hemos acudido en alianzas dentro de candidaturas independientes con la O.I.C, L.C.R y O.P.I (después P.C.T), mientras en otras el termino "comunista" despierta en nuestra gente auténtica animadversión. Ha habido pueblos donde se nos ha preguntado qué quedaba de nuestro tradicional cuatrilema (...) se manifiestan también en el seno de los propios militantes tendencias encontradas. Desde los que proclaman que nuestra linea debe de estar en la más pura ortodoxia marxista, y que el partido es el único que en España puede llevar a cabo lo que Mao realizó en China, hasta los que -sin haber entendido casi nada- siguen por una devoción ciega"

Lo cierto es que el pueblo carlista había abandonado en masa la estructura política de Carlos Hugo.  El causante directo y real era la escisión ideológica de Carlos Hugo, con su traición a los principios tradicionalistas y carlistas. Luego vendría la aceptación de la constitución de 1978 y otras  derivas y bandazos similares, para terminar con la huida del propio Carlos Hugo de su engendro político en 1980, que remataría su liquidación.

El propio Julio Redondo, seguidor pucelano de Carlos Hugo reconoce en carta de 1976, lo siguiente:

“Si ahora resulta que nosotros monárquicos, me decían esos amigos: hemos estado haciendo el idiota toda la vida, y por supuesto tenían razón los del MOT, del GAC y los del FOS. Estos fueron los videntes. Los que decían que de monarquía nada y lo curioso es, que después de expulsar a unos y a otros por dimes y diretes, resulta que decimos, los altos dirigentes,  que tenían razón anticipada y lo decimos cuando se han marchado todos y no nos quedan obreros ni estudiantes y estamos en manos de un grupo de señoritos. (…) ¿Qué se pretende? Crear algo nuevo o ampararse en algún grupo que acepte a Don Carlos; creo sinceramente y así lo dicen todos, que para ser republicano-socialista, hay campo suficiente y un obrero está mejor en UGT que en el fallecido FOS (…) la verdad es que esto hace perder la confianza en la seriedad mental de los que manejan el cotarro”.

Ejemplos contundentes de la locura en que se había convertido ese partido de Carlos Hugo, abandonado de todos y en manos de facciones de lo más variopinto.

La obsesión por Montejurra 1976 esconde el intento de negación  del fracaso total del proyecto de Carlos Hugo, de trasvestir al carlismo y utilizarlo para sus fines personales. Hoy. esa obsesión, es el monotema recurrente de la residual escisión ideológica roja a la que los medios de comunicación del sistema demoliberal dan carta de legitimidad, una válvula de escape de la realidad y de justificación. Y esta, si que quiere servir al intento, por parte del sistema, de impedir la reorganización del verdadero carlismo tradicional desde la Comunión Tradicionalista.
Cuando Montejurra era Montejurra, y las banderas españolas poblaban el monte

Se intenta convencer que fue un intento de masacre general. Cualquiera que conozca Montejurra sabe que si alguien pretende una masacre, disparando directamente a una masa que sube apretada por la ladera, con niebla, y con armas automáticas, no produciría una o dos víctimas, sino cientos. Los hechos están por aclarar, porque la versión del partido huguista hace aguas por todos lados. Si desde la cima se ordena disparar a una masa que sube por el monte, puedo asegurar que las víctimas mortales se cuentan por centenares. En un enfrentamiento como hubo muchos otros, en la historia política, con lanzamiento de piedras y agresiones con palos,y heridos por ambas partes, pueden producirse victimas desgraciadas, máxime cuando se llevan armas para la propia protección, pero es ridículo afirmar que ese fue un plan determinado. Lo que sí está claro es el asesinato, planeado y luego justificado y este si con alevosía y predeterminación de al menos ocho personas por ETA por su presencia en Montejurra 76 con los tradicionalistas. ETA anteriormente ya había asesinado al menos a dos carlistas, Carlos Arguimberri Elorriaga y Víctor Legorburu Ibarreche, y al margen de los justificados por Montejurra 76 asesinaría posteriormente a decenas de carlistas más. El carlismo es la fuerza política que más asesinados tiene por el terrorismo separatista, pese a ello el partido de Carlos Hugo invitaba a ETA a sus actos.

El primero de esos atentados mortales “justificado” por Montejurra 76 tuvo lugar muy poco tiempo después, el 4 de octubre de 1976 y acabó con la vida de Juan María Araluce Villar y cuatro personas más. Araluce fue miembro de la juventud jaimista de Vizcaya durante la II República, Requeté durante la guerra de 1936-1939 licenciado con el grado de Teniente piloto, era miembro de la Hermandad de Antiguos Combatientes Requetés. Jurista de enorme prestigio fue fiel al principio católico y monárquico, pese a que en plena crisis del carlismo cambió sus lealtades dinásticas, e incansable defensor de la foralidad y la identidad de Guipúzcoa desde sus puestos de responsabilidad política[3]. Presidía la Diputación de Guipúzcoa desde 1966 y era consejero de la Unión de Asociaciones Familiares desde 1966, Presidente de la Asociación Local de Cabezas de Familia. Marcelino Oreja lo define como “un carlista nada falangista” [4]. Y pese a ocupar cargos públicos incide en que “nunca levantó el brazo ni se puso la camisa azul”. El diario El País, de tendencia izquierdista, se refería al asesinado como “regionalista y moderado”[5]. Casado con Teresa Letamendía tuvo nueve hijos, a los que inculcó el amor a la religión y a la Patria.
Gabriel Zubiaga, Koko Abeberry, Carlos Hugo, Mariano Zufía y Julen Madariaga. 23 de diciembre de 1977, encierro en la Iglesia de Sokoa (Lapurdi) en apoyo a los presos etarras.

Juan María de Araluce fue asesinado el 4 de octubre de 1976, cuando ocupaba la presidencia de la Diputación de Guipúzcoa, territorio histórico en que venía desarrollando su profesión de notario desde 1947, primero en Tolosa y posteriormente en Rentería. Asesinado a balazos en la puerta de su casa, prácticamente delante de su familia, en el atentado fallecieron también su chófer, José María Elícegui Díaz y tres policías de escolta: Agente Alfredo García González, Inspector Luis Francisco Sanz Flores y Subinspector Antonio Palomo Pérez.

José María Elícegui Díaz, conductor del vehículo oficial del presidente de la Diputación de Guipúzcoa, tenía 25 años. El día que lo asesinaron, era su último día de trabajo como chófer, puesto en el que llevaba un año como interino sustituyendo al anterior conductor cuando éste se jubiló. Sobrevivió unas horas al atentado, falleciendo a las once y veinte de la noche del mismo 4 de octubre tras ser sometido a varias transfusiones de sangre. Tenía pensado casarse en los próximos meses. Su funeral se celebró el 6 de octubre en Pasajes, localidad próxima a San Sebastián. “Muchas vecinas me dijeron que como la muerte había sido así, es decir, un atentado terrorista, tenían miedo y no podían ir al funeral (...) Después del atentado la gente cambió de actitud y comportamiento con la familia, no reaccionaban con normalidad”, contó Clementina Díaz, madre de José María (Cristina Cuesta, Contra el olvido, Temas de Hoy, 2000).

Alfredo García González, policía nacional, era el conductor del coche de escolta de Juan María Araluce. Natural de Lago de Babia (León), tenía 29 años y estaba soltero. Tras el funeral en León, más de cuatro mil personas se manifestaron en silencio por la ciudad.
Antonio Palomo Pérez, subinspector de Policía, era miembro de la escolta de Juan María Araluce. Natural de Osuna (Sevilla), tenía 24 años y estaba soltero. Fue enterrado en Madrid junto a su compañero, Luis Francisco Sanz Flores.
Luis Francisco Sanz Flores, policía nacional y escolta del presidente de la Diputación de Guipúzcoa, cumplía 25 años al día siguiente de ser asesinado. Natural de Madrid, se había casado con una donostiarra quince días antes del atentado que le costó la vida. Los responsables de este crimen se beneficiaron de la amnistía.
El segundo atentado mortal que ETA justificó por los sucesos de Montejurra 76 fue el del Comandante y jefe de la 65 Bandera Móvil de la Policía Armada Joaquín Imaz Martínez. De una ilustre familia de militares navarros[6] y carlistas. El Pensamiento Navarro del martes 29 de octubre de 1978 señala en su artículo de homenaje al Comandante Imaz “Por Dios, por Navarra, por España”, como su padre, Genaro Imaz Echeverri, fue uno de los fundadores de la Legión Española, muerto en la toma de Vargas (Toledo). Por vía materna “pertenecía a una familia que era la quintaesencia del patriotismo. Su abuelo materno José Martínez Morea era Procurador de los Tribunales. Era hombre de gran piedad y muy carlista. Cuando estalló la guerra cuatro de sus hijos, que habían cumplido los quince años, marcharon voluntarios. El mayor murió de requeté el 15 de agosto de 1936 en Robregordo. Otro estuvo en la VI Bandera como legionario, ascendió a sargento y murió en septiembre de 1938 en el Ebro. Otro estuvo de Requeté. Y otro más fue Requeté, luego alférez y terminó la guerra en la Legión. Luego hizo toda la campaña de Rusia en la División Española de Voluntarios. Pero aquellas bandas de comunistas armados que entraron en España en otoño de 1944 acabaron con su vida con un tiro en la cabeza”. Javier Nagore Yarnoz glosaba también en el artículo “El más firme querer” la figura del Comandante Imaz.

El 26 de noviembre de 1977 sobre las 22:15 miembros de la banda terrorista dispararon por la espalda nueve disparos al Comandante Imaz cuando se dirigía a recoger su coche aparcado cerca de la plaza de toros. Cuando yacía muerto en el suelo le remataron con un tiro en la sien. Dejaba viuda y huérfana a una niña de siete años. La banda terrorista ETA justificó su asesinato por lo que decían su responsabilidad en los incidentes de Montejurra 1976, una acusación demencial absolutamente fuera de la realidad, pero que otorga una idea clara de la manipulación que las fuerzas enemigas del carlismo venían haciendo del Vía Crucis. ETA se tomó la supuesta represión que pudo mandar el Comandante Imaz contra ella misma, lo que no puede mostrar más a las claras como la deriva huguista fue aprovechada, instrumentalizada y copada por fuerzas enemigas del carlismo.

El asesinato del militar navarro recibió una condena unánime de todos los partidos políticos, a excepción de los que hacían de brazo político de los terroristas. La primera nota de condena vino de la Comunión Tradicionalista, que pedía contundentemente contra la subversión separatista a las que se unieron, con tono más moderado, las de PNV, PSOE, UCD, ESEI, Alianza Foral Navarra, Partido Comunista de Euskadi, PSP y la maoísta ORT. La página ocho de El Pensamiento Navarro, 29 de noviembre 1979, recogía la condena de la Agrupación de Juventudes Tradicionalistas “El asesinato de don Joaquín Imaz es otra trágica manera de la suicida actitud de este Gobierno, único responsable que dispone a su libre albedrío de los servidores del orden público. Exigimos que se haga justicia y se afronten las consecuencias de la vergonzosa y criminal concesión de la amnistía y claudicación ante el marxismo”.
Jose María Arrizabalaga Arcocha, asesinado por ETA

El 27 de diciembre de 1978 ETA asesinaba al jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya, José María Arrizabalaga Arcocha. Miembro de una importante saga de tradicionalistas desde muy joven se implicó en el carlismo, en 1969 con sólo 18 años sufre su primera denuncia política por participar en una protesta contra la expulsión de la Familia Real en la Plaza de los Fueros de Estella[7]. La escisión ideológica de Carlos Hugo le hará poner su lealtad en S.A.R. Don Sixto, que en junio de 1975 levantó la bandera de la legitimidad. Desde hacía aproximadamente un año, José María estaba hospitalizado en un centro de rehabilitación en Archanda (Bilbao), debido a una lesión sufrida durante un salto en paracaídas que le ocasionó una fractura vertebral. José María se había visto así forzado a solicitar la baja laboral en la biblioteca de la Casa de Cultura de Ondárroa en la que trabajaba. Al acercarse la Navidad, el hospital le dio un permiso y así pudo pasar las fechas con su familia, por lo que el joven aprovechó para acercarse a la biblioteca e ir adelantando algo del trabajo que había ido acumulando desde su lesión. El día 27 de diciembre, en torno a las seis de la tarde, Arrizabalaga se encontraba en dicho lugar, en el primer piso de la Casa de la Cultura, en compañía únicamente de dos niños que estaban leyendo sendos libros. En ese momento dos individuos se acercaron hasta el mostrador tras el cual estaba sentado el joven y le obligaron a identificarse. Inmediatamente ambos sacaron una pistola y dispararon hasta vaciar sus cargadores. José María Arrizabalaga fue acribillado a balazos, recibiendo once disparos: cuatro en el pecho, cerca del corazón y el resto en la cara y las piernas. Un nuevo crimen cobarde con el agravante de encontrarse la víctima arrastrando una dura lesión que limitaba mucho sus movimientos. Los asesinos bajaron las escaleras y, una vez en la calle, se dieron a la fuga en el vehículo en el que habían llegado, en el que les esperaba al volante un tercer terrorista. Los dos niños, únicos testigos del crimen, salieron gritando de la biblioteca. Cuando los primeros adultos en llegar al lugar descubrieron el cuerpo de José María eran ya las siete y cuarto de la tarde. Anteriormente los carlistas del pueblo venían sufriendo el acoso y la presión de los terroristas, y tras el asesinato de José María y el asesinato frustrado de uno de sus correligionarios el clima de terror continuaría y muchas familias carlistas se vieron obligadas a abandonar la tierra de sus padres.
Presencia del partido carlohuguista en manifestaciones pro amnistía de los presos de ETA (1977)

El último asesinato que ETA justificó en relación a Montejurra 76 y por el que no se han practicado detenciones fue el de Alberto Toca Echeverría. De 54 años de edad, estaba casado y tenía siete hijos, con edades comprendidas entre los 11 y los 29 años. Natural de Estella, llevaba veinte años residiendo en Pamplona. Era delegado de Asepeyo desde 1962 y fue uno de los impulsores de ANFAS, Asociación Navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual, de la que llegó a ser presidente. Su hija mayor, discapacitada intelectual, recibía atención y realizaba terapia ocupacional en el centro San José de ANFAS en Burlada. Llevaba años apartado de toda actividad política.

Alberto Toca se encontraba el viernes 8 de octubre de 1982 en su despacho de la delegación de Asepeyo de la capital navarra, en la calle Castillo de Maya, acompañado por un médico de la mutua. Hacia las 13:00 horas, dos individuos entraron a cara descubierta en las oficinas y, dirigiéndose a una de las secretarias, preguntaron por Alberto. Tras indicarle cuál era el despacho, los terroristas se encaminaron hacia él y abrieron la puerta. Desde el umbral, preguntaron: “¿tú eres Alberto Toca?”, a lo que la víctima contestó que sí. Sin mediar palabra, los pistoleros efectuaron cuatro disparos contra Toca, que cayó sobre la mesa y después al suelo. Allí los terroristas lo remataron con un quinto disparo.

A estos ocho atentados mortales hay que unir también las amenazas sufridas por el hermano de Alberto, Ignacio Toca. Capitán de requetés del Tercio de Montejurra y siempre destacado militante carlista. Fue junto a Ignacio Ipiña y Pedro Echevarría el encargado de recoger a Carlos Hugo en Irún el 24 de noviembre de 1956, en su primera visita a España. Acompañó al ex príncipe en su periplo, resolviendo importantes problemas logísticos, participando en la elaboración de sus primeros documentos (muchos de los cuales se discutían en su propia oficina) y realizó importantes sacrificios económicos para la promoción de Carlos Hugo[8]. A principios de los sesenta es nombrado presidente de la Hermandad Penitencial del Vía Crucis de Montejurra, encargada de organizar el tradicional acto, que se convirtió en el más señero del carlismo y plataforma de lanzamiento de Carlos Hugo, con el que siguió colaborando estrechísimamente, con gran sacrificio personal (siguió proporcionándole apoyo económico y logístico y recibiendo multas del gobernador civil), hasta que este impuso su escisión ideológica. Pero lejos de ser presa del hastío siguió en la reorganización del carlismo.

Formó parte de la Junta (órgano ejecutivo) de la Comunión Tradicionalista tras la asamblea de reconstitución de 22 de febrero de 1977 junto a Juan Saenz-Díez, Ignacio Laviada, Juan Antonio de Olazábal, Raimundo de Miguel, Angel Onrubia, José Arturo Márquez de Prado, Domingo Fal Macias, Antonio Garzón, José Antonio Cabrero, Guillermo Padura, Cruz María Baleztena, Federico Ferrando, Salvador Ferrando Cabedo y José Abascal.

Por su inquebrantable y pública postura tradicionalista el entorno terrorista lo amenazó varias veces. En un determinado momento la policía se dirigió a su domicilio para indicarle que debía abandonar Bilbao, donde residía al estar casado con una vecina de Guernica. Se habían encontrado documentos de la banda terrorista donde controlaban muy de cerca sus movimientos y había sido seleccionado como objetivo. La perplejidad de Ignacio Toca fue total, reclamando a la policía que lo debía hacer era adoptar las medidas adecuadas para garantizar su seguridad sin verse obligado a abandonar su domicilio. La policía señalaba que no podía asegurarle medios de protección y que cumplía órdenes del gobernador civil. Con esa desconsoladora información le dejó. Así estaban las cosas en Vascongadas y Navarra para los carlistas. Sin tiempo de encomendarse a nadie abandonó su hogar. A los pocos días desde Alicante, donde había conseguido instalarse provisionalmente llamó a algunos amigos y correligionarios. Informó entre otros al doctor Alberto Ruiz de Galarreta, que  notó a Ignacio muy alterado y afectado. Quedó en arbitrar algunos medios para hacer su estancia lejos de su hogar menos dolorosa. Sugirió además que viniese a Madrid a pasar unos días tranquilo, rodeado de amigos y correligionarios. A los pocos días quiso Alberto ir a Alicante, sus conocimientos médicos permitirían ayudarle en la inevitable situación de shock nervioso en que se encontraba. Pero en ese breve periodo de pocos días Ignacio Toca moría de un ataque al corazón[9].
Montejurra 1976, sirvió para que el carlismo se enfrentara a la subversión y al intento del izquierdismo de instrumentalizar el Monte Sagrado. El conflicto que se planteaba en Montejurra era más amplio que el restringido entre el carlismo y sus escisiones hacia el progresismo, era un enfrentamiento entre la Tradición y la Revolución. Don Sixto y el carlismo tenían todo el derecho y el deber de no permitir la utilización del Monte donde se rendía homenaje a los mártires del carlismo por los enemigos seculares de lo que ha significado siempre el carlismo. Si su presencia ayudó a frenar ese intento de utilizar el prestigio del carlismo para la causa de la revolución, es de agradecer esa heroica acción de los carlistas. Don Sixto Enrique contó, en todo momento, con el respaldo de los Reyes Don Javier y doña Magdalena, para salvar al carlismo del pozo donde Carlos Hugo lo había llevado. De ello hay suficientes pruebas documentales.

El tradicional acto de Montejurra pertenecía, en todo derecho, al tradicionalismo.

"Porque, ¿a quién pertenece Montejurra? Sin duda a aquellos que yacen en sus trincheras o se conmemoran en sus cruces. Por ellos se va a aquel sitio, y ellos no mantuvieron, ciertamente, posturas confusas, traidoras ni vacilantes" (Rafael Gambra Ciudad. El Pensamiento Navarro 02/05/1971)

Recuerda don Ramón Mª Rodón Guinjoan en su tesis doctoral, Invierno, primavera y otoño del Carlismo (1939-1976), la opinión del carlista catalán Joaquim Roger Amat a los pocos días de los sucesos:

“Pese a todo Don Sixto, al recoger la bandera abandonada por su hermano, ha obrado congruentemente y esto, algún  día, se le reconocerá, Don Carlos Hugo había convertido una catedral (Montejurra) en un cabaret y esto no podía consentirse. Lo ocurrido, de una u otra forma tenía que suceder”

Otro aspecto fue la manipulación del Montejurra 76, por los intereses del Estado y sus cloacas, en un contexto político muy violento, pero el carlismo tradicional no participó de ninguna manera en esa operación. Aquel día las fuerzas de orden público actuaron pasivamente y no evitaron el enfrentamiento violento que se produjo. El Estado, ciertamente, se defendía de posibles adversarios políticos y en diversas operaciones fomentó, por ejemplo, el surgimiento del maoísmo para debilitar al PCE, o la estrategia de la tensión utilizando tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda. La propia génesis del partido de Carlos Hugo no es ajena a ese mundo y a una estrategia de impedir que el tradicionalismo pudiera ser una fuerza de oposición al nuevo régimen de Juan Carlos, de hecho para eso sirvió el llamado partido carlista, como reconoce Carlos Carnicero, su secretario de organización en aquellas fechas, en un artículo, a raíz de la muerte de Carlos Hugo.

"colaboró en la consolidación de la Constitución de 1.978 y se abstuvo de plantear en todo momento un pleito dinástico con el Rey Juan Carlos para facilitar una democracia parlamentaria sólida (...) un ejemplo de valentía intelectual para una transformación política tan arriesgada y profunda y una acción audaz que impidió que se consolidara en España una ultraderecha tradicionalista que hubiera sido un factor añadido de desestabilización de nuestra joven democracia"

La verdadera "operación contra el carlismo" fue la campaña orquestada posteriormente a los hechos, desde la prensa y los medios de comunicación, jaleada por toda la ultraizquierda del país, para intentar criminalizar a la Comunión Tradicionalista y desprestigiar al Infante Don Sixto Enrique, con el objetivo de evitar la reorganización del carlismo tras el fraude de Carlos Hugo.

El auténtico responsable de aquel fatídico día de Montejurra 1976, tiene un nombre propio: Carlos Hugo de Borbón Parma.

“Para concluir sólo una recomendación: sin carlosocialismo nunca hubiésemos hablado del Montejurra 76. Que nadie ignore la virtualidad del viejo adagio castellano: la causa de la causa es la causa del mal causado” (número 99 del Boletín "Reino de Valencia" de los círculos carlistas valencianos)

Da pena y asco ver como algunos quieran vivir de sacar provecho de la desgracia de aquel día. Y de como el sistema acepta esa versión. Pero sobre todo causa desolación la ignorancia de quienes deberían continuar manteniendo enhiesta la bandera de la Tradición y están enfeudados en esta misma versión de aquellos tristes hechos.


[1] http://elpais.com/diario/1978/10/31/sociedad/278636409_850215.html
[2] Algunos carlistas ilustres como José Ángel Zubiaur o Auxilio Goñi se decantaban por formar el Frente Navarro Independiente, que quedó por debajo de Alianza Foral Navarra pero muy por encima de los huguistas.
[3]  En una larga entrevista concedida a La Voz de España, pág. 22 (8/2/1976) manifestaba por ejemplo como: “(…) hay una tradición histórica dentro de nuestras provincias, que guste o no guste, está clara. Evidentemente, tenemos un claro concepto y una innegable vivencia de lo regional en lo cultural, lo lingüístico y hasta lo étnico. Pero su institucionalización o su definición política se ha confiado al buen oficio de relación entre las provincias, manteniendo alguna de éstas celosamente su propia autonomía: Navarra ha sido un reino, Vizcaya un señorío, Guipúzcoa, la provincia por antonomasia”.
[4] María Antonia Iglesias Memoria de Euskadi, pág. 157.
[5] http://elpais.com/diario/1976/10/05/espana/213318002_850215.html
[6] La saga se remontaba a su abuelo, coronel de Inválidos en la guerra de Cuba, y continuaba con sus cuatro hijos varones. Todos ellos lucharon en la guerra de África: el más pequeño murió. A él y a Gerardo, el padre de Joaquín, está dedicada la calle Hermanos Imaz, perpendicular a la Avenida del Ejército, en Pamplona.
[7] Nota del Archivo General de la Administración, 8-5-1969, citada por Francisco Javier Capistegui Gorasurreta en El naufragio de las ortodoxías. El carlismo 1962-1977, pág. 333.
[8] Manuel Martorell Carlos Hugo frente a Juan Carlos, pág. 78.
[9] Manuel de Santa Cruz. Los otros Mártires. Cartas al director. Revista Ahora información nº 27, pág. 24.

viernes, 2 de octubre de 2015

La verdad de Carlos Hugo...un hombre contra el carlismo (en diez breves puntos)


1. Durante su juventud estuvo totalmente apartado de la Causa carlista, hasta que vio en el Carlismo un movimiento popular que podía ser un buen vehículo para sus ambiciones personales. 

2. Cuando llegó al Carlismo desplazó a Fal Conde y a sus colaboradores de la jefatura delegado con el fin de acercar el Carlismo a Franco, pues tenía todas sus esperanzas en ser sucesor de Franco en oposición a Juan Carlos. Llegó incluso a ofrecer la jefatura delegada a Blas Piñar, que nunca fue miembro de la Comunión Tradicionalista y que representaba la línea más radical del franquismo. Por el expreso deseo de Carlos Hugo se inicia un periodo de colaboración con el Régimen y se abandona la recia intransigencia antifranquista del carlismo mantenida desde la posguerra. 

3. Su discurso de entonces era el de ser el "príncipe de la Cruzada", para lo cual las revistas sobre las que directamente influía el ex-príncipe Carlos Hugo eran prácticamente monográficos del esfuerzo de los requetés durante la Cruzada y vertían enormes críticas contra cualquier pequeño atisbo de libertad religiosa. Se llegaba a señalar que la libertad religiosa era "una traición a los muertos de la Cruzada y la pérdida de la unidad nacional".

4. Cuando Franco se decantó por Juan Carlos, Carlos Hugo comenzó a tantear otras posibilidades de actuación política, esta vez hacia la izquierda. Situación a la que coadyuvaba el cambio producido por el Concilio Vaticano II y la traición de muchos clérigos como el Padre Juncosa S.J, pasados al modernismo progresista de moda y que influyeron en el alocado y demagógico principe.

5. La situación fue usada por determinados elementos izquierdistas para aprovecharse de la relativa tolerancia con que en ocasiones operaba el Carlismo durante el franquismo para infiltrarse en el mismo. Estos coparon muchos puestos directivos, pero a pesar de estar bien entrenados en técnicas dialécticas y de propaganda a pocos carlistas convencieron. Comienza el declive, muchos carlistas sin dejar de serlo dejan de ir a las actividades políticas de la Comunión y los actos dejan de ser multitudinarios. Los cientos de miles de personas que aún movilizaba el Carlismo en los 60 apenas llegan a los tres millares a mediados de los setenta. Y la infiltración es cada vez más evidente: se empiezan a ver banderas nacionalistas y socialistas. Carlos Hugo expulsa a los jefes históricos de la Comunión y los reemplaza por jóvenes izquierdistas sin militancia previa carlista. Las concentraciones del Partido Carlista son la excusa para la reunión de maoístas, proetarras y nacionalistas de toda condición. El pueblo carlista se disvincula en masa de la estructura política de Carlos Hugo.

6. En los 70 también comienza la reinterpretación de la historia del Carlismo, introduciendo conceptos y términos ajenos a la recta razón para explicar el Carlismo. Una postura que rechaza unánimemente la comunidad científica y universitaria y todos los historiadores del Carlismo, tanto carlistas como liberales. Solo una pequeña minoría de periodistas, que no historiadores, publican en editoriales izquierdistas (lamentablemente de cierta difusión) una visión tan manipulada del Carlismo que mueve a carcajadas, utilizada con fines políticos sin ningún escrúpulo y seriedad. El carlismo es entregado a la mitología nacionalista y a la interpretación materialista histórica del marxismo.

7. En 1977 fracasan tanto las candidaturas impulsadas por el Partido Carlista junto a grupos maoístas (CUPS, FAA), como las que impulsan en solitario en Navarra, Castellón o Valladolid. Los resultados son paupérrimos en estas elecciones para el neocarlismo revolucionario de Carlos Hugo.

7. En 1978, el Partido Carlista solicita el SI a la constitución española  (atea, antiespañola, que consagra la monarquía liberal y el capitalismo), realizando campaña activa en este sentido. El propio Carlos Hugo mendiga la nacionalidad española al gobierno,  reconociendo de hecho a Juan Carlos como Rey de España. A pesar de todos esos esfuerzos, "Roma no paga traidores", y el sistema no deja instalarse al nuevo Partido Carlista en el marco partitocrático.

8. La última esperanza para vivir de la política de Carlos Hugo está en las elecciones de 1979, en las que el radicalismo de años anteriores ha quedado matizado, planteando una campaña electoral izquierdista pero no revolucionaria. Para ello Carlos Hugo intenta volver a contactar con muchos antiguos mandos y jefes carlistas a los que justifica su deriva aduciendo que "el Carlismo siempre fue un movimiento social y de masas y había que actualizar el lenguaje" pero unánimemente le manifiestan que siguen siendo carlistas, pero que a él no le pueden guardar fidelidad. Queda desamparado asimismo por sus compañeros de viaje de izquierdas que con la instauración de la democracia se van a sus propios partidos. En esta aventura electoral no obtiene representación, a pesar de gastarse en la aventura ochenta millones de pesetas. Los resultados son ridículos, incluso en zonas antaño de fuerte raigambre carlista. El Partido Carlista queda como un grupúsculo marginal en todo España, por la obra demoledora de Carlos Hugo.

9. Tras su fracaso electoral Carlos Hugo renuncia a la Presidencia del Partido Carlista quedando como "militante de base" (nótese su proceder antimonárquico) para en 1980 definitivamente abandonar su Partido Carlista dejando tras de si una enorme deuda electoral que deberán pagar sus traicionados seguidores durante años. Sin más explicaciones abandona toda labor política, se divorcia y se va a vivir a Estados Unidos, donde empieza a defender una serie de ideas enmarcables en lo que con razón se denomina pensamiento débil: democratismo, pseudoglobalización, etc...

10- Hoy día eso no fue más que un mal sueño, por más que subsista un minusculísimo "Partido Carlista" que no pasa de juntar apenas un centenar de nonagenarios junto a algún pobre alucinado una vez al año, en su celebración del antaño glorioso Montejurra. Efecto de una sola causa: Carlos Hugo de Borbón Parma.

jueves, 8 de marzo de 2012

La mezquindad de una traición: Carlos Hugo de Borbón o el intento de destruir el carlismo


DECLARACIÓN DE DOÑA MAGDALENA DE BORBÓN, ÚLTIMA REINA DEL CARLISMO
DE 8 DE MARZO DE 1977

Quiero expresar mi indignación por el hecho de que mi hijo Carlos Hugo haya sido capaz de acusar a su hermano Sixto Enrique de haber secuestrado a su padre, cuando precisamente esta mañana a las 7:30 horas y en contra de las consignas más estrictas de los médicos, nuestra hija Cecilia, de acuerdo con su hermano Carlos Hugo, se llevó a mi esposo fuera del Hospital Americano, centro en el que estaba hospitalizado desde hace ocho días, y donde yo he permanecido junto a él todo este tiempo, con el pretexto de acompañarlo a Misa. Quiero decir que además es imperdonable que Carlos Hugo no haya vacilado en arriesgarse a hacer salir del Hospital a su padre, sin ningún respeto a su edad ni a su estado de salud, para llevarle ante un notario desconocido a fin de obligar a mi esposo a hacer una declaración a favor de Carlos Hugo y contraria al auténtico Tradicionalismo.

Para conseguir que mi esposo firmara esa declaración, Carlos Hugo no ha dudado en emplear los chantajes y presiones más innobles, llegándole a decir que la vida de su hermano Sixto Enrique se vería amenazada si no firmaba esa declaración, sin haberle permitido regresar más que después de firmar ese texto. A última hora pudo llegar mi esposo al hospital, visiblemente afectado y trastornado por el hecho de haber sido obligado por su hijo a firmar un texto difundido en su nombre y tan contrario a sus ideas.

Hago constar que a partir de ahora estoy decidida a adoptar todos los recursos jurídicos que estén a mi alcance para preservar la salud de mi marido y el honor de mi familia.
Extractos de un artículo de Carlos Carnicero, ex-secretario de organización del grupo político de Carlos Hugo, escrito a raíz de la muerte de este: fuente aquí

"colaboró en la consolidación de la Constitución de 1.978 y se abstuvo de plantear en todo momento un pleito dinástico con el Rey Juan Carlos para facilitar una democracia parlamentaria sólida"

"...un ejemplo de valentía intelectual para una transformación política tan arriesgada y profunda y una acción audaz que impidió que se consolidara en España una ultraderecha tradicionalista que hubiera sido un factor añadido de desestabilización de nuestra joven democracia"

"Su sentido de la responsabilidad le llevó a permanecer lejos de España para no ser ni siquiera una sombra que amenazara la estabilidad constitucional y se marchó a ejercer la docencia en distintas universidades e instituciones norteamericanas, llevando siempre una vida discreta y respetuosa con la institucionalidad democrática española".

Es decir, el papel de Carlos Hugo fue el de impedir que el Carlismo pudiese oponerse a la consolidación del sistema liberal-capitalista en la "instauración franquista" de Juan Carlos y una vez conseguido su objetivo se retiró a vivir de las rentas… olvidando la lucha y resistencia secular del carlismo por las libertades populares y la Tradición de las Españas.