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sábado, 8 de mayo de 2010

Un "Estado feliz" de control, corrupción y aborregamiento.

Ya en 1932, Aldous Huxley, en la introducción de Un mundo feliz, señalaba:”A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación a aumentar. Y el dictador hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino”. Nunca unas palabras habían sonado tan proféticas. Michael Foucault, gurú entre los gurús de los estudiosos del sexo, anunciaba en su Historia de la sexualidad: “Poder y placer no se anulan; no se vuelven el uno contra el otro: se persiguen, se encabalgan y reactivan”.

La tesis de Foucault, mal interpretada por muchos de sus más entusiastas seguidores, es que en la modernidad, a partir del siglo XVIII, se inicia el verdadero control de la sexualidad por parte del Poder. Este control no es por represión sino por reglamentación, por categorización, por intromisión del Poder en los asuntos sexuales bajo capa de salud pública. Ya no hay sexo, sino sexualidades, patologías, consejos y educaciones sexuales. El Estado se convierte en el médico curativo y en el legitimador, a la vez que garante, de las sexualidades, todo ello como instrumento de dominación. La represión sexual, paradójicamente, se lleva a cabo desde la explicitación pública del discurso sexual. El Poder domina a los individuos en la medida que es capaz de “categorizar” la sexualidad…”

Javier Barraycoa. Los mitos actuales al descubierto. Libros Libres

La única conciencia del mundo.

domingo, 18 de abril de 2010

30 GIORNI y la democracia cristiana en su intento de apuntalar el "mundo moderno", contra la Tradición Católica.

Gulio Andreotti, otrora lider de la Democracia Cristiana (DC) que pilotó tras la II Guerra Mundial el proceso de secularización de Italia, y edificó un sistema político corrupto, dirige la revista internacional 30 Dias cercana al movimiento eclesial de Comunión y Liberación conocidos en España por pedir oficialmente el voto para el Partido Popular. En el nº 1 de 2010 de esta conocida revista, se publica un artículo bajo el título: El Concilio Vaticano II . La Tradición y las instancias modernas, firmado por el Cardenal Georges Cottier O.P, teólogo emérito de la Casa pontificia. Todo el artículo bebe de las tesis de Jacques Maritain, uno de los padres ideológicos de la "rendición ante el mundo moderno" que pretendió este catolicismo liberal que tanto ha contribuido a la ruina de la Civilización Cristiana.

Encontramos afirmaciones como la que sigue y que merece algún comentario:

"Contradecir apriorísticamente los contextos políticos y culturales dados no pertenece a la Tradición de la Iglesia. Es más bien una connotación repetida en las herejías de raíz gnóstica, que por prejuicios impulsan al cristianismo a una posición dialéctica respecto a los ordenamientos mundanos, e interpretan la Iglesia como un contrapoder respecto a los poderes, a las instituciones y a los contextos culturales constituidos en el mundo. Es una característica común a todas la corrientes de raíz gnóstica la de considerar el mundo como un mal, y por tanto también los Estados y los ordenamientos mundanos como estructuras que hay que subvertir. En las relaciones entre Iglesia y el mundo moderno aflora a veces esta tentación: el impulso de concebir la Iglesia como fuerza antagonista de ese orden político y cultural que después de la Revolución francesa ya no se presenta como un orden cristiano"

La tesis del Cardenal viene a ser que los Papas del XIX se precipitaron al condenar el liberalismo, que lo hicieron "apriori" y influidos por la situación histórica, por lo que toda su doctrina no pertenece a la Tradición por ser coyuntural y que la resistencia católica posterior (el tradicionalismo) no es más que una "ideología" y no la defensa de la misma Tradición. No existiría tampoco una "Tesis política católica". En el fondo subyace una valoración positiva de los principios del mundo moderno con su secularización (que no deja de ser una opción ideológica por su parte) o una completa resignación a los mismos, así como una ceguera total a los efectos de esos principios: el indiferentismo y en última etapa, el nihilismo de esta postmodernidad perversa.

El Card Cottier olvida que ese Orden Cristiano fue destruido violentamente y contruido el nuevo "orden burgués" sobre el dinero, la herejía y la sangre de muchos mártires y con la oposición directa de los Vicarios de Cristo. El único argumento del señor Cardenal, "es que los tiempos han cambiado" que "hay un nuevo contexto",el señor Cardenal sacraliza el "mito del progreso". Pretende que sea el contexto el que configure la doctrina católica y no lo contrario (postura correcta católica) donde son la doctrina, la verdad y el bien los que configuran los tiempos y las realidades. Cristo debe reinar en todo tiempo y lugar.

¿Cabe mayor conformismo, sumisión a los poderes dominantes? ¿cabe mayor intento por mundanizar el cristianismo y a la Iglesia sometiéndola a la mentalidad dominante en cada coyuntura? ¿cabe mayor intento por reducir el cristianismo a la privacidad y a la conciencia individual como prentende el individualismo moderno? ¿cabe mayor intento para que la Iglesia renuncie a su papel histórico?...¿cabe mayor intento de GNOSTICISMO?

Si, porque lo que es verdaderamente gnosticismo es este dualismo que pretende colarnos el Card. Cottiner como fruto del Concilio Vaticano II. Porque lo realmente gnóstico es pretender negar a la Iglesia y a la religión ese derecho de juzgar, criticar y contradecir los contextos políticos y culturales. El gnosticismo con su desprecio y negación del orden de la creación, desconoce la existencia de un orden político natural que se deriva de la correlación: derecho positivo humano, derecho natural, ley natural y ley eterna. El cristianismo no contradice todos los contextos políticos y culturales, sino los revolucionarios, los que destruyen ese Orden natural que la Iglesia esta llamada a fundamentar ¿habrá leído el Cardenal la encíclica "Quas Primas" de Pío XI?. La Iglesia debe ser "antagónica" y "contradecir" a la REVOLUCIÓN que es la destrucción del Orden natural-católico. Orden que es una exigencia de la propia dinámica de la Encarnación, que es una exigencia doctrinal y que ha sido una realidad histórica, destruida por las turbias luces de la Ilustración y las filosofías modernas que surgieron al amparo de la ruptura religiosa del luteranismo.

Lo que pretende hacer el señor Cardenal tiene un nombre: HERMENÉUTICA DE LA RUPTURA, la reiteradamente denunciada por el Santo Padre Benedicto XVI, enmendando la plana a toda la Tradición de la Iglesia por los prejuicios (estos si reales) liberales del Card. Cottier y su sometimiento intelectural al pensamiento débil reinante. Idolatrando el momento presente del proceso histórico.

La opinión al respecto del Cardenal Newman (aquí) que será beatificado el próximo día 19 de septiembre en ceremonia presidida personalmente por el Santo Padre Benedicto XVI, es radicalmente opuesta a la expuesta por el Card Cottier en su desdichado artículo.

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El mito del progreso, rendición ante el mundo moderno: un hombre nefasto Jacques Maritain.
La aceptación del mundo moderno: la utopía de la "laicidad" y la "secularidad"
Los límites de la barbarie y la ficción del catolicismo

martes, 23 de marzo de 2010

Hilaire Belloc: El "mundo moderno" construído sobre el dinero y la herejía.

De conformidad con Cobbett (al que raramente citó y quién aparentemente tuvo poca influencia sobre él a pesar de que ambos convergen en sus puntos de vista en cuestiones de historia) Belloc veía la Reforma Protestante como “una sublevación de los ricos contra los pobres” y puso en evidencia una tras otra, las sucesivas capas de mentiras de la historia oficial hasta que quedó al descubierto su fundamento último: la Gran Mentira. En realidad lo que había ocurrido es que el celo religioso de un puñado de herejes fue puesto al servicio de la viejas clases terratenientes y mercantiles de Inglaterra, que, con la ayuda de la lujuria de Enrique VIII, se empeñaron en abolir el viejo orden católico. Si Belloc tuvo alguna vez enemigos en serio, estos eran los “Whigs”, los del Partido Liberal. Sobre el Marqués de Shaftesbury escribió que “probablemente esté en el infierno”. A Guillermo de Orange lo llamó “el pequeño perverso” y, claro está, ¡el hombre era exactamente eso! Aunque Belloc nunca citó el famoro diktat de Samuel Johnson “El diablo fue el primer Whig” el peso entero de sus escritos históricos conducen a esa conclusión. Y aunque Belloc odiaba a los Whigs tenía poco en común con los Tories. Católico populista y radical, un audaz republicano cuando promediaba su vida, pero luego obligado realista, habría salido a pelear en Escocia con el Príncipe Carlos Eduardo en el ’45.

No tengo espacio aquí para elaborar en detalle la cosa, pero lo cierto es que Belloc revolucionó los estudios históricos en Inglaterra. Baste con señalar y digo esto formalmente, mido mis palabras y no hay en la aseveración retórica alguna que un solo hombre, Hilaire Belloc, un solo revisionista, obligó a reexaminar por completo la Historia de Inglaterra. En efecto, a partir de Belloc, nadie puede salirse con la suya diciendo que la Reforma fue obra de almas generosas y bienintencionadas que sólo pretendían libertad y democracia, almas nobles que liberaron a Inglaterra de las tenebrosas supersticiones católicas y el oscurantismo medieval. Otros glosaron la obra de Belloc y se aprovecharon de su visión. E hicieron bien, pero la visión era de él tanto como la conspiración del silencio que se tejió en torno suyo y que acompañó toda su obra.

Si por los frutos los conoceremos, entonces los frutos de la Revuelta contra Roma han sido suficientemente documentados; más aún, conocer estos hechos tan sólidamente acreditados produce un íntimo dolor que nos ha convertido en rebeldes contra la Rebelión. Los hombres fueron rebajados en su dignidad. Los justificados eran unos pocos que sojuzgaban a la mayoría postrada calvinísticamente ante un Dios implacable y cruel que los condenaba al infierno por toda la eternidad. La majestad y belleza, incluso la languidez del antiguo orden de cosas cedió frente a nuevos modos y estilos severos y tétricos que ahogaban la natural respuesta del hombre ante la belleza de la Creación. Mas para Belloc eso era inaceptable y exhibió el fraude. Detrás de los fanáticos salmistas reposa el peso de aquello que llamó el Poder del Dinero, el nuevo Capitalismo y el Sistema Bancario que en su avaricia esclavizó a Europa. Belloc detalló minuciosamente el proceso en libro tras libro hacia el final de sus días se repetía a sí mismo. Si su prosa nunca aburrió, sus argumentos frecuentemente sí. El mundo moderno, construído sobre el dinero y la herejía tuvo y tiene como principal enemigo a la Iglesia Católica y al Orden que creó. Claramente, al Sr. Belloc, como se lo conocía cuando viejo, no le gustaba el mundo moderno gris, anónimo, desprovisto de belleza, una construcción innoble, un mundo indigno. Y sin embargo, como ya he notado, probablemente la Inglaterra de su tiempo fuera el único lugar del mundo en que él podría haber florecido como lo hizo. Ya viejo, cuando las bombas azotaban a Londres, Winston Churchill le ofreció en nombre del Rey un título de alta dignidad. Belloc cortésmente declinó el ofrecimiento.

Frederick D. Wilhelmsen. Hilaire Belloc: Defensor de la Fe

EL LIBERALISMO PROTESTANTE EN LA GÉNESIS DE LAS PLUTOCRACIAS ACTUALES.

jueves, 18 de marzo de 2010

La rendición ante el "mundo moderno" exige el falseamiento de la historia.


Falsificación de la historia cristiana

El paso del Evangelio a la Ilustración, de la fe a la mera razón, se cumple en los incrédulos calumniando los tiempos anteriores de Cristiandad. En efecto, los que pretenden hacer sin Cristo un mundo nuevo, lógicamente necesitan desacreditar el mundo que venía realizándose con Cristo: «Ahora es cuando pasamos del oscurantismo al siglo de las luces»... Y también los católicos mundanizados, poco a poco, interiorizan ese mismo planteamiento universal. Esto ha exigido, por supuesto, una enorme y sistemática falsificación de la historia cristiana.

Pues bien, aquí nos interesa especialmente conocer la actitud de estos católicos mundanos, que se suman con fervor de neófitos a esa siniestra descalificación de la Cristiandad.

La condena del pasado (del pasado cristiano)

«Cualquier tiempo pasado fue peor». El cristiano mundanizado, que ve la paja en el ojo del cristianismo antiguo y no ve la viga del actual, deseoso de integrarse a fondo en el mundo moderno, está constreñido a la necesidad de repudiar el pasado, de cortar, en todo lo que venga exigido, con la tradición de la Iglesia. Y en el mejor de los casos, decide simplemente ignorar, o si se quiere, olvidar la miserable historia del pueblo cristiano, desentendiéndose de ella. Borrón y cuenta nueva. No tenemos por qué cargar con la vergonzosa historia de la Iglesia. Vivamos el cristianismo, pero sin lastres de tradición, partiendo de un Evangelio entendido a la luz del mundo moderno, no de los Padres antiguos, y menos aún del Magisterio apostólico.

Se da en esto una paradoja muy curiosa. Muchos que prestan apasionado interés a la historia sagrada de Israel, y ven continuamente en ella las intervenciones del «fuerte brazo de Yavé», consideran, por el contrario, con una visión secularizada la historia sagrada de la Iglesia, dirigida continuamente por el Cristo glorioso, Señor de la historia, a quien ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Es decir, no quieren en modo alguno entender la historia de la Iglesia como historia de Cristo, porque ello les enfrentaría con el mundo. Y, por lo demás, suelen mostrarse convencidos de que, si queremos proceder seriamente, debemos prescindir de toda intervención histórica de la Providencia divina, y explicarlo todo en términos culturales, ideológicos o economicistas. En pocas palabras: «debe negarse toda acción de Dios sobre los hombres y sobre el mundo» (Pío IX, 1864, Syllabus 2).

La condena del pasado -la condena, se entiende, del pasado cristiano-: éste es el pasaporte que a los cristianos hoy se les exige para circular libremente por el mundo. Sin él quedan hundidos en la masa irrecuperable de los retrógrados, es decir, de los nostálgicos del pasado. Por tanto, para adquirirlo están dispuestos a pasar por todos los trámites que se les exijan. He aquí algunos:
-Ignorar o devaluar la obra de Cristo en la historia de los pueblos de Occidente. Ésta es una exigencia sistemática de los modernos incrédulos, que con fervor asumen los cristianos mundanizados -liberales, socialistas, liberacionistas, etc.-. Y así, por ejemplo, podemos ver cómo hacen éstos la historia de España o de Europa o de Hispanoamérica, bajo la secreta censura de aquella exigencia sistemática. Siendo la verdad que en esa historia todo lo mejor viene directamente de la Iglesia, prescinden de ésta, o le dedican un capítulo aparte, bastante hostil. Resulta patético, pues la verdad es que escribir así la historia de esos pueblos viene a ser como escribir la biografía de Beethoven olvidando decir que era músico, o diciéndolo en una nota a pie de página. Es un fraude, es una falsificación total. Eso explica, por ejemplo, que haya autores sinceramente católicos que al propugnar hoy la unidad de los países de Iberoamérica se remiten no a los tres siglos confesionales hispánicos, XVI, XVII y XVIII, en que estuvo efectivamente unida en un sólo espíritu católico, ¡sino a los sueños del general Bolívar, el que con otros partió el mapa de América en más de veinte trozos!...

-No es bastante, sin embargo, ignorar o devaluar el pasado histórico cristiano, es preciso pisotearlo, calumniarlo. He aquí un ejemplo. Un periodista católico, corresponsal en Roma de un gran diario nacional, dando la noticia de una venganza odiosa sucedida en Palermo, se despacha así sobre la Edad Media: «Un gesto de bárbaros. Algo indigno de una sociedad civilizada. Un acto medieval, propio de cierta cultura retrógrada, basada en conceptos absurdos... Una cosa medieval, salvaje, cruel» (17-11-1992). El milenio europeo cristiano -el de las catedrales y las Summas, el del ideal caballeresco, el que eliminó la esclavitud y suavizó las costumbres de romanos y bárbaros, el que produjo la unidad europea en una fe, una lengua y una cultura- es un tiempo oscuro y bárbaro, indigno y cruel, salvaje y basado en fundamentos absurdos...

JOSE MARIA IRABURU De Cristo o del mundo

viernes, 19 de febrero de 2010

Tiempo Muerto: el final del "mito del progreso" y la consagración del nihilismo.

La concepción moderna de la historia tuvo su origen en la secularización de la concepción cristiana de la misma, mediante la eliminación de la relación existente entre transcendencia e historia, creándose la ilusión de una meta inmanente de la historia humana. De forma pareja se forjó el mito del progreso indefinido. Se concebía la historia como una totalidad cerrada que encuentra sentido y explicación en si misma, todo era descifrable y explicable desde la pura razón. El mundo al cerrarse sobre si mismo abría el camino a la “ideología”, que se define como una recreación “ideal” de la realidad en base a criterios “racionalistas”. Es la aplicación del “principio de inmanencia” de la filosofía moderna producto de la concepción racionalista del universo.

El progreso es entendido por Kant, por ejemplo, como un desarrollo natural en el que la libertad humana no opera: se puede considerar la historia de la especie humana como la ejecución de un plan oculto de la Naturaleza para llevar a cabo una constitución interior y a tal fin, exteriormente perfecta, como el único estado en el que puede desarrollar plenamente sus disposiciones. Aceptada esta divinización de la historia, toda idea de resistencia es irrisoria. El dictado descalificador para cualquier posición no se cifra en su maldad o en su falsedad, sino en su carácter “reaccionario” .

Exacerbación de la línea del progreso que se observa nítidamente en el idealismo absoluto de Hegel (1770-1831), en la ley de los tres estadios de Compte (1818-1883), o en el materialismo dialéctico de Marx (1818-1883).

La modernidad sólo pudo autodefinirse desde este historicismo. La modernidad era un tiempo nuevo, culminación lógica de las etapas racionalizables e inevitables del acontecer humano; etapas que adquirían su sentido al realizarse el fin al que tendían: la propia modernidad. Pero en cuanto que secularización de una realidad histórico-vital, la modernidad no podría sobrevivir a la muerte del occidente cristiano. El optimismo moderno en las fuerzas humanas, en los proyectos ideológicos, en las utopías científicas y en la racionalidad ha dado paso al pesimismo en la naturaleza del hombre, la desconfianza en la ciencia, el desencanto de las ideologías y la incertidumbre sobre el futuro. Consecuencias todas ellas de la realidad trágica del siglo XX y sus acontecimientos político-sociales. Las ideologías chocaron con su gran enemigo: la realidad.

El fracaso, regado de sangre, de todas las ideologías modernas de diverso signo, pero coincidentes en la común matriz inmanentista, ha dado como resultado un rechazo global a todo intento de fundamentación de la realidad. Si el racionalismo pretendía explicarlo todo, teniendo una concepción total y cerrada (ideológica) de la realidad…su derrumbe conlleva ahora el rechazo de toda explicación. El universo, la historia…no tienen ningún sentido: Los principios políticos, comunitarios, e históricos se trasformaran en la exaltación del individualismo, del apoliticismo y de la “construcción subjetiva del yo”.

Negando cualquier estructura objetiva de la humanidad para la posmodernidad el hombre se auto-construye “desconstruyendo” toda estructura social y cultural. Estamos en el nihilismo, entendido como la situación en la que el hombre reconoce explícitamente la ausencia de fundamento como constitutiva de su propia condición.

Si el racionalismo moderno sirvió para desencantar los orígenes del hombre y el sentido trascendente de su existencia, en la posmodernidad negada la estructura histórica, teleológica y evolutiva, la condición humana se verá relegada a auto-constituirse desde la subjetividad y sin el apoyo en una tradición cultural heredada.

La pos-modernidad es el desvanecimiento de la modernidad y de sus puntos referenciales y puede ser entendida como aquel momento en que rechazando la historia, se absolutizará el presente.

El hombre posmoderno se ha liberado de lo eterno para someterse a lo efímero, sin sentido ni coherencia. El individuo, encerrado en ese guetto se enfrentará a su condición mortal sin ningún apoyo trascendente: “lo que realmente rebela contra el dolor, no es el dolor en si, sino el sin sentido del dolor” (decía Nietzsche).

Libro recomendado:

"Tiempo Muerto. Tribalismo, civilización y neotribalismo en la construcción cultural del tiempo". Javier Barraycoa. Ediciones Scire-Balmes. Barcelona 2005

miércoles, 17 de febrero de 2010

El mito del progreso; rendición ante el "mundo moderno": Un hombre nefasto, Jacques Maritain.

Frente al secular proceso del mundo moderno, o mejor, de la Revolución Moderna, caben diversas actitudes.

Algunos se contentan con ser meros espectadores de los hechos, pensando que la historia tiene un curso poco menos que ineluctable, y que si se quiere ser «moderno» hay que aceptar el devenir de la historia, o dejarse llevar por lo que De Gaulle diera en llamar «le vent de l’histoire». Cosa evidentemente nefasta, y que pareciera presuponer la idea de que la historia es una especie de engranaje que se mueve por sí mismo, independientemente de los hombres, cuando en realidad la historia es algo humano, la hacemos los hombres, y su curso depende de la libertad humana, presupuesta, claro está, la Providencia de Dios.

Otros piensan que hay que aceptar las grandes ideas del mundo moderno, si bien complementándolas con elementos de la espiritualidad cristiana. Tal sería, en líneas generales, por supuesto, el proyecto de la «Nueva Cristiandad» esbozado por J. Maritain. Resumamos su posición, que ha tenido gran influjo en amplios sectores de la Iglesia.

Para Maritain la civilización cristiana medieval fue una verdadera civilización cristiana, concebida, dice, sobre «el mito de la fuerza al servicio de Dios»; la futura que él imagina, también es verdadera civilización cristiana, pero en base al «mito de la realización de la libertad». La Cristiandad que él sueña no brotará tanto del encuentro armonioso de la autoridad espiritual y del poder temporal, jerárquicamente asociados, sino de un futuro Estado laico o profano, al que la Iglesia hace llegar algunas influencias. Aquella unión, la del Medioevo, es para Maritain algo meramente teórico, irrealizable en la historia, una doctrina que vale como principio especulativo pero no práctico, no factible en la realidad. Ha expuesto tales ideas principalmente en sus obras «Réligion et Culture», «Du Régime Temporel», «Humanisme Intégral», «Primauté du Spirituel».

La tesis propugnada por Maritain se basa en un presupuesto fundamental, a saber, la valoración positiva de la Revolución moderna. Para el filósofo francés, el gran proceso histórico que va del Renacimiento al Marxismo implica un auténtico progreso en una dirección determinada, y si bien dicho progreso no es automático y necesario, en cuanto que puede ser contrariado momentáneamente, lo es en cuanto que hay que creer, si no se quiere virar hacia la barbarie, en la marcha hacia adelante de la Humanidad...

Huelga decir que no podemos compartir la posición de Maritain. A nuestro juicio, el gran proceso de la Revolución Moderna, que más allá de sus distintos jalones constituye una unidad, una sola gran Revolución, en diversas y sucesivas etapas, debe ser considerado en su conjunto como un proceso de decadencia, no de maduración. No se trata de un proceso dialéctico de negaciones sucesivas, sino de un desarrollo progresivo y sustancialmente en la misma dirección.

Desde mediados del siglo XVIII la Iglesia ha venido condenando las sucesivas manifestaciones de la Revolución. Una y otra vez el Magisterio ha reiterado su juicio sobre lo que dio en llamar «el mundo moderno», entendido, como es obvio, no en sentido cronológico –siempre el mundo es moderno– sino axiológico. Podríamos alinear encíclicas, documentos, alocuciones de los Papas en el mismo sentido...

(Padre Alfredo SÁENZ, S. J. La Cristiandad, una realidad histórica)


Para una refutación completa de los errores funestos de Maritain, recomendamos:

-De Lamennais a Maritain

-Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana

de Julio Meinvielle

miércoles, 3 de febrero de 2010

lunes, 30 de noviembre de 2009

La Europa materialista y plutocrática: la ruina de la civilización (II)

Estas son las causas de esta "expansión de las naciones protestantes", en las que "rapidamente hizo aparición una clase bien considerada: la de los empresarios" y negociantes de dinero. Paulatinamente esta expansión irá dando a las naciones protestantes el dominio financiero, industrial y político del mundo...Como hemos visto, el objetivo religioso del protestantismo conlleva desde el origen una grave desviación social, que también es libre examen. De la elección religiosa puramente individual, que niega toda objetividad y, en cierto modo, las servidumbres de la tradición eclesial, se pasó muy pronto a la apropiación puramente privada, que rechaza la objetividad y las servidumbres de las viejas comunidades sociales de inspiración eclesial. Este pollo estaba en el huevo y, claro, en seguida rompió el cascarón. Fue la neo-servidumbre luterana en Alemania, la neo-servidumbre puritana en Escocia, los enclosures anglicano-puritanos. Las víctimas serán aquellas que, totalmente desprovistas de toda protección comunitaria católica, caigan en manos de los fabricantes de la famosa "expansión" protestante y a los que podían explotar, como nunca jamás lo fueron los antiguos esclavos. Y todo porque la flecha tiene que seguir su recorrido.

Luego la flecha avanzó un poco más. Se buscó y encontró al responsable de esta tremenda desgracia: era la religión, simple cobertura hipócrita de una vergonzosa mecánica social. Visto desde Alemania e Inglaterra, ciertamente no había equivocación: el pollo había salido del huevo. Pero una vez denunciada la religión, era preciso encontrar, a través de un nuevo libre examen, una mecánica capaz de animar una sociedad que fuera justa. Y se la encontró: fue la mecánica materialista marxista, que denuncia a la religión hasta en sus fundamentos, y que esclaviza al hombre posiblemente mucho más que la misma religión del libre examen: en la materia no palpita ningún corazón, ninguna caridad...

Pero, el mal nacido de la Reforma no es sólo eso. El libre examen protestante, en su inagotable fecundidad de herejía fundamental, o, si se prefiere, de libertad de espíritu que se engaña a sí mismo, ha disparado una flecha más mortal todavía, si ello es posible...Esta flecha ha surgido de una reacción definida por Henri Hauser como "el fariseísmo con frecuencia repugnante de las sociedades puritanas", calvinistas. Esta flecha ha surgido también de esa masa luterana, de la que Lucien Febvre dice que estaba "sometida a las coacciones, sufriendo sus rigores saludables, poseyendo también ella, en teoría, su libertad interior, pero incapaz de usarla" y que paralelamente poseía "su moralismo farisaico y timorato".

Esta flecha sigue siendo el libre examen, pero se ríe de sí misma. Un libre examen que se ha vuelto loco, que toma como objetivo no la Palabra ded Dios, sino a Sodoma y Gomorra. Que hace del sexo o de la droga su templo, y de la muerte su comunión. Y todo ello como compensación a aquella otra, que nacida del peso abrumador del conformismo teocrático, había lanzado la primera flecha salida del libre examen: la del dinero, que, por lo demás todavía sigue bien viva. Y en una liturgia dialéctica que aliena al hombre con un crecimiento acelerado de todos los "desmoronamientos" morales, también ellos "dioses creados".

Esta flecha también ha partido del frío. De las "sociedades de confianza", las más "avanzadas", integral o mayoritariamente protestantes. Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos. El antidogmatismo y el anticatolicismo están en auge por todo el mundo, generosamente financiados y animados por los más típicos grupos de presión del dinero y del movimiento cultural en poder de las sociedades protestantes.

El viento de locura que resulta de todo ello hace que se exalte por todos sitios el divorcio, la pornografía, la contracepción, el aborto, el "desmonoramiento" moral a causa de la droga y del erotismo. En una auténtica autodestrucción de las sociedades occidentales, infinitamente satisfechas de sí mismas y que reivindican brutalmente su legitimidad. El rechazo a la vida o su destrucción hacen de todo Occidente su reino. En todo Occidente la demografía ha caído por debajo de la tasa de la renovación de las generaciones. Así es en Suecia y en Inglaterra, en Francia y en Italia. Alemania ha caído incluso muy por debajo del "umbral de supervivencia", con una tasa de renovación de la población de un 0,6.

Pero las tímidas objeciones a las triunfantes Sodoma y Gomorra son barridas con un violento manotazo, como si se tratara de una agresión intolerable. El mapa religioso ya no es lo que habitualmente se cree: todos los países de Europa y de América del Norte pertenecen a la Reforma; esa Reforma que es la irrisión de sí misma y que tiene su propia muerte asegurada.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La aceptación del mundo moderno: la utopía de la "laicidad" y la "secularidad".

"Surge asimismo el cansancio de una permanente actitud de oposición y lucha...La tentación es entonces demasiado fuerte y a ella responde por entero el hoy dominante progresismo católico, obra cumbre del juglar de las ideas. Todo el problema se reduce para él a un retraso de la Iglesia católica, que no ha evolucionado según el ritmo de los tiempos y ha dejado de responder a las exigencias de la Historia. Se reconoce entonces en el progreso del "mundo moderno" (en la obra de la Revolución y del maquinismo, en la tecnocracia y el socialismo) realizaciones criptocristianas, y se pide perdón a ese mundo moderno por la secular incomprensión de la Iglesia...Es el momento para el progresismo de un arreglo de pesas y medidas con el "mundo moderno" para que una Iglesia debidamente evolucionada vuelva a dialogar con ese mundo y ocupe un puesto de poder no ya rector, pero sí respetado y nunca más en situación de lucha y condenación de ese mundo. La labor consistirá en miminizar la fe y la moral reduciendola ( a través de las "pendientes naturales") a lo que convenga estimar como "esencial", en renegar de la propia tradición de la Iglesia y de la civilización que ella creó considerándolas como "adherencias" o "alienaciones", en limar cuantas aristas rocen la mentalidad y formas de vida modernas, para demostrar al mundo de hoy que ser católico viene a ser lo mismo que no serlo, y que tal profesión en nada choca con las exigencias de la vida actual y del "humanismo". Consistirá asimismo en reducir la vida religiosa al interior de las conciencias, abandonando toda pretensión comunitaria-histórica de que la fe informe jurídicamente o políticamente la vida de los pueblos...

Consecuencia para los hombres es que la Ciudad humana, falta de su asiento religioso permanente, no otorga ya sentido a sus vidas, expuestas desde ahora a la incoherncia del relativismo y a la corrupción que de él emana...En el término de este proceso se encuentra el hombre que se sirve sólo a sí mismo, que a nada sirve, porque carece de sobre-ti y de "principios". Es el momento del culto al Hombre, esa "idolatría de los últimos tiempos" en la que el hombre se adora a sí mismo en la vacuidad de un humanismo sin sentido ni contenido."

Rafael Gambra Ciudad. El Silencio de Dios. Ed Ciudadela.
(libro de lectura imprescindible)

sábado, 26 de septiembre de 2009

La única conciencia del mundo

El fenómeno de la aparición de la opinión pública sólo puede ser entendido desde el hundimiento de un orden simbólico anterior. La desaparición de una sociedad artículada y jerarquizada, deja libres las "auto-representaciones" del mundo. Desaparacen las autoridades tradicionales y su vacío es ocupado por un conjunto de opiniones sobre la realidad. Sorokin propone como origen del reino de la opnión pública el hundimiento de una estructura social capaz, por sí misma, de elaborar un consenso sobre la interpretación del mundo. La aparición de la opinión pública coincide con la relativización del sistema de valores de una sociedad, entonces: "Con todos los valores atomizados, cualquier genuina, autorizada y vinculante "opinión pública" y "conciencia del mundo", tendrá que desaparecer. Su puesto ha de ser ocupado por una multitud de contradictorias "opiniones" de facciones carentes de escrúpulos y por las "pseudo conciencias" de los grupos de presión"...

La opinión pública no deja de ser un mecanismo de control social y valorativo que acaba matando el propio espíritu democrático. Spengler, al respecto anuncia que: "El sufragio universal no contiene ningún derecho real, ni siquiera el de elegir entre los partidos; porque los poderes alimentados por el sufragio dominan, merced al dinero, todos los medios espirituales de la palabra y de la prensa, y de esta suerte desvían a su gusto la opinión del individuo sobre los partidos, mientras que, por otra parte, disponiendo de los cargos, la influencia y las leyes, educan un plantel de partidarios incondicionales que elimina a los restantes y los reduce a un cansancio electoral que ni en las grandes crisis puede ya ser superado".

La opinión pública es la configuradora de la verdad del momento, una verdad efímera que se fundamenta en la capacidad re-interpretadora de los medios. Pero es mucho más, tiende al configurar el sistema educativo y las codificaciones simbólicas primarias. Así se confirma que la democracia es un estado de conciencia, donde la conciencia de los individuos se va modulando, articulando y configurando en torno a una representación del mundo homogénea y políticamente correcta...

Hoy la política de reflexión y de participación ha sido sustituida por la política espectacular, donde el ciudadano no aspira a participar en el gobierno de la vida pública sino a refrendar a los profesionales de la política en función de los sentimientos e impresiones causados por las campañas electorales... Con los media-política, los ciudadanos se han infantilizado, y ya no se comprometen en la vida pública y son alienados y manipulados a través de artilugios e imágenes; la democracia se ha desnaturalizado y pervertido...

La dominación mediática al servicio de la estructura de poder lleva no sólo a la apolitización, sino la aniquilación de todo símbolo de identificación colectiva e histórica...La ausencia de criterios históricos, morales y sociales verdaderamente comunes consolida el individualismo. La participación política se reduce a una incidental y breve participación electoral cada cuatro años de individuos modulados en el sentimentalismo, en cuanto que afectividad regulable, y no por la racionalidad o la experiencia histórica...

El mundo feliz de Huxley es mucho más real hoy que cuando lo soñó su autor. Es un mundo feliz fundado en la disolución de lo social y en la consagración del individualismo; fundado en la despreocupación de los hombres por su propio destino colectivo y capaz de arrojarse en brazos de un abstracto universalismo. El triunfo de un democratismo universal está apunto de realizarse sin la participación del hombre concreto. En un mundo donde el ocio sustituye a la política, donde efímeras satisfacciones nieblan nuestra percepción de la realidad; donde la razón ha sido sustituida por el sentimiento; donde la afectividad está siendo modulada mediáticamente; donde lo concreto es sustituido por lo abstracto; donde la educación , en su sentido tradicional, ha fracasado y donde la política ha muerto.

Javier Barraycoa. Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad ed Scire

sábado, 8 de agosto de 2009

El liberalismo protestante en la génesis de las plutocracias actuales

“En Inglaterra, en cambio, el poder fue a parar a una oligarquía de comerciantes whigs que desplazaron a los terratenientes tories. Estos comerciantes se habían enriquecido con las compañías de Indias orientales y occidentales. Tras el Tratado de sucesión de 1715, se enriquecieron durante décadas obteniendo el monopolio de la compra de esclavos en Guinea y la venta en las costas de Savannah, en el sur de los Estados Unidos, o en Cartagena de Indias. Los ingleses monopolizaron la trata de negros hasta que se les ocurrió prohibirla. Paradójicamente obtubieron la fama de combatir el comercio de esclavos negros (¡).

Este enriquecimiento fundado en la trata de negros y en el comercio a través de las compañías de Indias, les permitió a los terratenientes cercar sus fincas con un sistema que en realidad era un robo legal contra el derecho consuetudinario: la enclouse (la cerca). Por derecho consuetudinario, las tierras no cultivadas, sino de pasto, podían ser pastoreadas por cualquier rebaño vecino, de modo que los campesinos pobres llevaban sus ovejas a los prados de los lores. Esto era así, además, porque los rebaños del lord no consumían todo el pasto. Había pasto suficiente para sus rebaños y para el de los vecinos más pobres. Los ricos cercaron sus fincas y abocaron a la miseria a los propietarios pobres, que tuvieron que malvender sus fincas. Así crecieron las tierras de los whigs , aquellos liberales protestantes enriquecidos con el mercado de los esclavos y el comercio de Indias. Esta oligarquía whig fue la que construyó aquellos palacios del siglo XVIII de ladrillo rojo y que ostentaba criados, caballos y carrozas. Se habían enriquecido “vendiendo cuerpos y almas de hombres”, como dice el Apocalipsis hablando de Babilonia (Ap.18,13); y como anuncia el profeta Isaías: “agregando campo a campo…hasta quedaros como únicos dueños del país” (Is.5,8). Los land lords, señores de la tierra, llegaron a serlo porque ahogaron con sus cercas a los campesinos pequeños. Inglaterra llegó a ser un país latifundista, creado por una oligarquía whig liberal que arruinó a la gentry tory (la pequeña nobleza campesina). Por eso la Cámara de los Lores era liberal, y sólo quedaban conservadores en la Cámara de los Comunes…

Por eso muchos historiadores afirman-entre ellos nuestro Donoso Cortés- que Inglaterra no era una monarquía, sino una oligarquía representada monárquicamente y que, por ello mismo, fue el señuelo de todas las monarquías constitucionales…En Inglaterra después de la revolución de 1688, el poder del dinero se reviste de forma monárquica. La oligarquía liberal está representada en forma de monarquía con su Iglesia establecida, como “defensora de la fe”. Inglaterra es, a finales del XVII, un país definitivamente protestante que tiene como dirigentes de apariencia nobiliaria a los ricos negociantes que están comerciando en toda la Tierra.

Está es la tesis de Sombart en Lujo y capitalismo, tesis que confirman todas las historias económicas al constatar la importancia del comercio suntuario, el sustento inicial que el colonialismo da a la revolución industrial en Inglaterra, que no habría sido posible sin esta financiación previa.

Todo esto tiene mucho que ver con la descripción que hace San Juan en el Apocalipsis sobre Babilonia. Más aún me parece pasmosamente literal de tal descripción. Me inclino a reconocer que es lícito tomar el término Babilonia en sentido espiritual, siempre que no divaguemos y veamos cómo este orgullo de la riqueza y la soberbia mundana funciona por los cauces por donde lo hacen normalmente la soberbia de este mundo y el poder político. Estos cauces son el comercio, el lujo, la ostentación, la compra de conciencias y la corrupción que subsigue a la exhibición ostentosa de la riqueza y del lujo, fuente de toda corrupción, según nos dice san Ignacio y según demuestra la historia.”

(Francisco Canals Vidal. “Mundo histórico y Reino de Dios”. Ed Scire)