
sábado, 9 de julio de 2011
La potestad política antiteocrática y la quiebra del principio de autoridad

jueves, 16 de junio de 2011
El Crucifijo: Nada sin Dios
La civilización del OccidenteSe creó y se mantiene bajo un signo
Que en la Escuela Argentina hoy es presente
Y antaño fue cadalso indigno.
La Cruz- palo que fue en tiempos pasados
Signo de crimen y ludibrio cierto,
Dos maderos en ángulo enclavados
Y el cuerpo bárbaro de un muerto-
Hoy en los Tribunales se levanta
Sobre el hombre que juzga y Juez que enjuicia,
Tremenda voz que silenciosa canta
Un viejo error de la Justicia.
Hoy a las aulas íntimas regresa
De Hogar, Escuela y Universidad,
Coronada de espinas, la cabeza
Del que murió por la Verdad.
En el trono, en el templo y en el foro,
Sobre las cunas, sobre el ataúd,
Signo de honor, ya no signo de lloro,
Y de resurgimiento y de virtud,
Sobre la vida, nacimiento y muerte,
Y el trabajo del hombre y su pasión,
La Cruz canta con voz antigua y fuerte
Su canto de resurrección:
LAUS DEO
sábado, 26 de febrero de 2011
Fortaleza y coraje en el militante católico
Se dirá que el coraje, el valor o la fortaleza es una virtud moral que nada podrá desmedrar mientras inspire una actitud firme frente a los obstáculos que la variada suerte de cada hombre opone a sus proyectos. El burgués no es más cobarde que cualquier otro tipo humano y aunque su apego a los bienes terrenos no haga mucho por desarrollar en él un sentido heroico de la vida, su indudable disposición hacia el dominio de las cosas le lleva a enfrentar con decisión todas las dificultades que surgen en el camino del éxito. Esto es también fortaleza y aunque muy limitada a los peligros físicos y totalmente desprovista de aquella magnanimidad y magnificencia que da a la pasión de los héroes y los santos su proyección trascendente.Se ha dicho, con gran exactitud, que el objeto principal de la fortaleza es el más grande peligro que el hombre puede correr. Esto se ve claro frente a la posibilidad de la muerte. La fortaleza consiste en la aptitud para enfrentar tales peligros: "propter aliquod bonum consequendum" (A causa de algún bien que debe conseguirse) como afirma Santo Tomás. Para esto, añade el Santo Doctor, debemos prepararnos mediante una larga meditación previa, a sacrificar todos los bienes particulares y, en primer lugar, la propia vida, en orden a la consecución de un bien más noble(Summa Theologica II, IIae Q. 123).
En esta perspectiva teológica, la fortaleza no es solamente capacidad para enfrentar eventuales peligros, sino la lúcida aceptación del sacrificio supremo, en la serena integridad de quien ha elegido el bien mejor y esto no puede suceder si no va acompañado de un profundo saber sobre el sentido último de la vida. Un coraje sin sabiduría, propio del temperamento bravío, no es fortaleza en sentido estricto y la ignorancia de los fines convierte el coraje en su deformación más vil que es la violencia. Violencia y poltronería son los vicios que conforman el ánimo de la irascibilidad burguesa.
Rubén Calderón Bouchet. El espíritu del Capitalismo
La AUSTERIDAD virtud social y militante.
sábado, 5 de febrero de 2011
P. Leonardo Castellani: El Orden, la Iniquidad y la decadencia de Occidente.
Hay algo que ataja la manifestación y el triunfo (la gran Apostasía) del Anticristo; cuyo espíritu sin embargo ya entonces está en obra; como ya nota también San Juan: "muchos se han hecho ahora Anticristos". Ese algo San Pablo lo pone en neutro y en masculino, participio presente: Lo que Ataja y El Atajador. San Pablo había dicho a los cristianos de Tesalónica qué cosa era ese Obstáculo-Obtaculizante misterioso; "a ellos sí, pero no a nosotros", exclama San Agustín. Sin embargo él, como los demás antiguos padres, vieron el Obstáculo en el Imperio Romano, que con su organización política, su genio jurídico, su disciplinado ejército y su férrero orden externo, impedía la explosión de la Iniquidad siempre latente; y en el masculino participio presente, al Emperador.Tanta fue así que al periclitar y disgregarse el Imperio de Roma bajo las invasiones bárbaras, y al disminuir gradualmente la autoridad de los Emperadores, ante la asunción del poder absoluto por los reyezuelos comandantes del Ejército, en grandes fragmentos del Imperio, creyeron los cristianos cercano el Anticristo. Cuando la segunda invasión y saqueo de la Urbe por los vándalos, San Jerónimo desde Belén escribe a Ageruchia que probablemente están cercanos los tiempos novísimos y el Anticristo.
No se reveló el Anticristo. Y entonces la exégesis patrística rectificó su punto de mira sin abandonarlo: el Imperio Romano es el Obstáculo; pero no propiamente su Emperador personal, sino su estructura formal, el Orden Romano, que se conserva y aún se completa en la inmensa creación político-cultural llamada la Cristiandad europea. Newman admite que el Imperio ha durado hasta sus días, en los "diez Reinos" que de él brotaron; e incluso un "Emperador de los Romanos" ha habido siempre hasta la Revolución Francesa, nominal al menos y no sólo nominal en los más grandes dellos, Carlomagno y Carlos Quinto. Napoleón Bonaparte quitó su título y su poder al último Rey del Sacro Imperio Romano Germánico, Francisco II de Austria, creando en 1806 la Confederación del Rhin, preludio de la inminente hegemonía de Prusia. Santo Tomás en su Comm. ad Thess. II, después de preguntarse: "El Imperio Romano cayó y no se reveló el Anticristo..." responde tranquilamente: "El Imperio no ha desaparecido", y se remite al Sermón de Pascua de San Gregorio el Magno.
El orden más o menos imperfecto pero vigente desta que llaman hoy la Civilización Occidental atajó hasta hoy la inundación de la Iniquidad. Hoy vemos dos fuezas universales poderosísimas, Capitalismo y Comunismo, en la tarea de destruirla; aunque el Capitalismo diga que su intención es defenderla; pues tiene la insensata pretensión de conservar sus frutos destruyendo su raíz; o para hablar como el Evangelio: quiere primero la Añadidura y después el Reino de Dios; o sin el Reino de Dios.
Ésta es la interpretación más sólida y respaldada del Katéjon de San Pablo (...)
P. Leonardo Castellani. El Apokalypsis de San Juan.
sábado, 22 de enero de 2011
Demócrata-cristianos (II): ignorancia religiosa.
El demo-cristianismo (...) También rechaza la realidad del orden sobrenatural o sacramental en el orden político. Manifiesta una doble personalidad, que admitiría lo sobrenatural en lo religioso y que negaría la presencia de esto en la vida política de la comunidad. Por lo tanto, se contentan con predicar una "cristianización" de la sociedad política que no convertiría a ésta en un orden políticamente católico (...) El demo-cristianismo, entonces, niega una sacramentalización de la sociedad, su conversión en un orden públicamente cristiano y católico. Por lo tanto, rechaza el poder del hombre redimido de sacramentalizar el mundo y elevar a un nivel sobrenatural todas las cosas que Dios ha creado.Si un padre de familia puede bendecir el pan que comen sus hijos y así levantarlo a un orden nuevo; si un obrero puede ofrecer a Dios su trabajo diario y así hace que aquel trabajo participe en el misterio de la redención, también puede hacerlo el hombre en cuanto a sus instituciones políticas. Aunque los demo-cristianos no lo admitirían, su doctrina corresponde a la luterana, en cuanto a la gracia. Como ya hemos visto, Lutero negó que la gracia pudiera transformar la naturaleza humana. Según él, la gracia funciona como una capa que cubre los pecados del hombre. Ahora bien: los demo-cristianos predican una política capaz de ser cubierta por la fe de los hombres y capaz de ser dirigida por cristianos, pero no capaz de ser transfigurada y, por lo tanto, sacramentalizada. Las instituciones pueden cristianizarse, pero nunca pueden ser cristianas. Sugerimos que esta doctrina sea una contradicción y aun una contradicción ridícula y casí cómoda. ¡Es una contradicción porque una institución cristianizada ya ha llegado a ser cristiana! ¡Es una contradicción ridícula porque supone que un hombre pueda fingir que una institución cristiana no lo sea! ¡Es una comedia porque exige que el hombre no vea lo que ya ha visto, sin negar que lo que ha visto lo ha visto de verdad!
Aquí yace una clave enorme para entender la diferencia entre el demo-cristianismo y la tradición occidental cristiana. Para aquél, la Encarnación se aplica solamente a los hombres y nunca a sus instituciones, como si la estructura humana pudiera arrancarse de las relaciones sociales que le pertenecen íntegramente. Aquí tropezamos con una teología muy defectuosa de la Encarnación: una falta de verla en toda la grandeza de su marcha a través de la historia. La Encarnación- según San Pablo y toda la tradición católica- se aplica a toda la creación y esto incluye a la comunidad política también. Todas las cosas encuentran y participan en la Redención de Nuestro Señor. De una manera análoga, esta doctrina religiosa emparenta con la estructura psicológica del hombre que busca, como ya hemos dicho, una unión, una síntesis de toda la realidad, de todo lo que entra dentro del ritmo de la existencia humana. En conclusión, el demo-cristianismo, simplemente, no encaja dentro de lo que conocemos del hombre cristiano. Nunca diríamos que los demo-cristianos son herejes; tal juicio pertenece solamente a la Iglesia, y la caridad cristiana prohibe que una voz no autorizada acuse a otro católico de ser un hereje. Pero lo que sí decimos es que los demo-cristianos tienen una visión muy restringida y tímida de la economía de la Redención. Son hombres que, simplemente, no han experimentado interiormente la belleza y la gloria de nuestra herencia católica en cuanto al orden político-social. Son pusilánimes.
Federico D. Wilhelmsen. El problema de occidente y los cristianos
Democracia cristiana: Ignorancia política
martes, 14 de diciembre de 2010
¿Católicos o protestantes?
sábado, 23 de octubre de 2010
El liberalismo enemigo de España.
“El liberalismo...nació políticamente con la revolución francesa que inscribió como primer miembro de su triple lema: liberté; aunque sus raíces doctrinales se remontan por lo menos al protestantismo y al Renacimiento. El liberalismo es racionalista, es decir, proclama la autonomía de la razón, a la que convierte en diosa, negando de rechazo a todo otro Dios, en forma clara o sobreentendida. De la religión prescinde, considerándola a lo sumo, como cosa de sentimiento, es decir, como algo infrarracional e indigno del hombre, divertimiento inocuo de niños y mujeres. Respecto a la moral, cada uno debe forjarse la suya, según sus propias convicciones y las conveniencias sociales. En el orden político el liberalismo defiende que la misión del Estado es garantizar la libertad individual, evitantdo únicamente el choque violento de unas libertades con otras, con lo que se podría perturbar el orden público. Es la concepción llamada del Estado-gendarme. Por lo demás, el fuerte puede muy bien oprimir al débil; engañar al inocente el astuto; sorber al prójimo las entrañas el usurero; estrujar al pueblo por el terror el cacique; y llevar siempre, en una palabra, las de perder el hombre honrado y las de ganar el hombre sin ley y sin conciencia para el cual no hay arma prohibida. El liberalismo proclama naturalmente la libertad de pensamiento y de palabra y de conciencia y de cultos...La misma libertad para la verdad que para el error, porque para él no existen errores ni verdades, es escéptico; la misma para el bien que para el mal, porque para él ni el mal ni el bien absoluto existen. Y la libertad de contratación , porque ignora que exista un orden objetivo de justicia. En el orden económico, deshumaniza el trabajo, considerándole como una pura mercancía. Y el capital, al que rinde culto, como a su único dios. Y defiende el libre cambio, lo mismo entre individuos que entre naciones; libre cambio en que queda siempre aplastado el pobre y el débil, y más honrado y potente el rico y el poderoso. El liberalismo es pecado y fué siempre condenado por la Iglesia.”P. Maestro don Fray Albino González y Menéndez–Reigada, Obispo de Tenerife. “Los enemigos de España”. La Laguna -1939.
sábado, 18 de septiembre de 2010
El Beato John Henry Newman y la política.
(El Cardenal John Henry Newman, beatificado el Domingo 19 de septiembre, por el Santo Padre Benedicto XVI) "Hablando estrictamente, la Iglesia cristiana, como sociedad visible, es necesariamente una fuerza política o un partido. Podrá ser un partido victorioso o un partido perseguido, pero siempre será un partido, anterior en existencia a las instituciones civiles de las que está rodeado, formidable e influyente a causa de su divinidad latente hasta el final de los tiempos. La garantía de permanencia se concedió desde el principio no meramente a la doctrina del Evangelio, sino a la Sociedad misma construida sobre la base de la doctrina, prediciendo no sólo la indestructibilidad del cristianismo, sino también del medio a través del cual había de manifestarse ante el mundo. Así el Cuerpo de la Iglesia es un medio señalado por Dios hacia la realización de las grandes bendiciones evangélicas. Los cristianos se apartan de su deber, o se vuelven políticos en un sentido ofensivo no cuando actúan como miembros de una comunidad, sino cuando lo hacen por fines temporales o de manera ilegal; no cuando adoptan la actitud de un partido, sino cuando se disgregan en muchos. Si los creyentes de la Iglesia primitiva no interfirieron en los actos del gobierno civil, fue simplemente porque no disponían de derechos civiles que les permitiesen legalmente hacerlo. Pero donde tienen derechos la situación es distinta, y la existencia de un espíritu mundano debe descubrirse no en que se usen estos derechos, sino en que se usen para fines distintos para los que fueron concebidos. Sin duda pueden existir justamente diferencias de opinión al juzgar el modo de ejercerlos en un caso particular, pero el principio mismo, el deber de usar sus derechos civiles en servicio de la religión, es evidente. Y puesto que hay una idea popular falsa, según la cual los cristianos, en cuanto tales, y especialmente el clero, no les conciernen los asuntos temporales, es conveniente aprovechar cualquier oportunidad para desmentir formalmente esa posición y para reclamar su demostración. En realidad, la iglesia fue instituida con el propósito expreso de intervenir o (como diría un hombre irreligioso) entrometerse en el mundo. Es un deber evidente de sus miembros no sólo asociarse internamente, sino también desarrollar esa unión interna en una guerra externa contra el espíritu del mal, ya sea en las cortes de los reyes o entre la multitud mezclada. Y, si no pueden hacer otra cosa, al menos pueden padecer por la verdad, y recordárselo a los hombres, infligiéndoles la tarea de perseguirles."
(Cardenal John Henry Newman. Los arrianos del siglo IV. En Persuadido por la Verdad. Ed Encuentro)
Libro recomendado: La política, oficio del alma Miguel Ayuso, Ed Nueva Hispanidad
lunes, 7 de junio de 2010
PEREGRINACIÓN CHARTRES-PARIS: Frutos de Cristiandad, Tradición viva y tangible.
Don Sixto conversa con un grupo de carlistas participantes en la peregrinación (2008)
La bandera de las Juventudes Tradicionalistas en la Santa Misa (2008)
Don Sixto Enrique recibe a los peregrinos de las Españas. (año 2.000)
Las banderas con el Sagrado Corazón al viento (2008)Impresionante vídeo:
LA TRADICIÓN VIVA Y TANGIBLE: PEREGRINACIÓN CHARTRES-PARIS.
miércoles, 5 de mayo de 2010
El optimismo antropológico; utopía de funestas consecuencias.

El cardenal Cisneros conoció la Roma de la época, llena de corrupción moral y parodia del cristianismo en la que todos los cargos eran puestos a la venta. Cuando el cardenal reformador tomó posesión de la sede primada de Toledo encontró al clero ignorante y amancebado.
Paulo III encargó un informe de la situación: el Consilium de Emendenda Ecclesia. Fue pura dinamita: Ignorancia del clero, venta de privilegios, mala espiritualidad en los conventos, herejías en las universidades. Recomendaba abolir los monasterios salvo los de estricta observancia y salvar a los novicios antes de ser corrompidos. La fe era cuestionada por los protestantes y el error se extendía.
El Concilio definió las materias de fe y emprendió una Reforma que dió cuatro siglos de esplendor a la Iglesia.
Al empezar el C.Vaticano II el informe fue que nunca antes las órdenes religiosas y seminarios estuvieron tan llenos y con tanto rigor moral y espiritual.
La etapa posconciliar fue todo lo contrario de la tridentina: relajar las costumbres, tolerar los errores, desacralizar la liturgia. Se rechazaron los "profetas de calamidades" sin recordar que en la Biblia son estos los verdaderos frente a los que alaban al mundo. Se cayó en el error del optimismo antropológico o adamismo: el hombre en libertad "desnuda" se inclinará al bien y la verdad. Se olvidan las consecuencias del pecado original, la inclinación al mal. Y la existencia de poderes ideológicos corruptores. No se habla ya de los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne. Ni de la necesidad del Estado confesional.
Aprendamos de la historia: REFORMA CATÓLICA O MUERTE.
Para un estudio completo de las transformaciones en la Iglesia Católica del siglo XX: IOTA UNUM o Aquí
domingo, 18 de abril de 2010
30 GIORNI y la democracia cristiana en su intento de apuntalar el "mundo moderno", contra la Tradición Católica.
Gulio Andreotti, otrora lider de
"Contradecir apriorísticamente los contextos políticos y culturales dados no pertenece a
La tesis del Cardenal viene a ser que los Papas del XIX se precipitaron al condenar el liberalismo, que lo hicieron "apriori" y influidos por la situación histórica, por lo que toda su doctrina no pertenece a
El Card Cottier olvida que ese Orden Cristiano fue destruido violentamente y contruido el nuevo "orden burgués" sobre el dinero, la herejía y la sangre de muchos mártires y con la oposición directa de los Vicarios de Cristo. El único argumento del señor Cardenal, "es que los tiempos han cambiado" que "hay un nuevo contexto",el señor Cardenal sacraliza el "mito del progreso". Pretende que sea el contexto el que configure la doctrina católica y no lo contrario (postura correcta católica) donde son la doctrina, la verdad y el bien los que configuran los tiempos y las realidades. Cristo debe reinar en todo tiempo y lugar.
¿Cabe mayor conformismo, sumisión a los poderes dominantes? ¿cabe mayor intento por mundanizar el cristianismo y a la Iglesia sometiéndola a la mentalidad dominante en cada coyuntura? ¿cabe mayor intento por reducir el cristianismo a la privacidad y a la conciencia individual como prentende el individualismo moderno? ¿cabe mayor intento para que la Iglesia renuncie a su papel histórico?...¿cabe mayor intento de GNOSTICISMO?
Si, porque lo que es verdaderamente gnosticismo es este dualismo que pretende colarnos el Card. Cottiner como fruto del Concilio Vaticano II. Porque lo realmente gnóstico es pretender negar a la Iglesia y a la religión ese derecho de juzgar, criticar y contradecir los contextos políticos y culturales. El gnosticismo con su desprecio y negación del orden de la creación, desconoce la existencia de un orden político natural que se deriva de la correlación: derecho positivo humano, derecho natural, ley natural y ley eterna. El cristianismo no contradice todos los contextos políticos y culturales, sino los revolucionarios, los que destruyen ese Orden natural que la Iglesia esta llamada a fundamentar ¿habrá leído el Cardenal la encíclica "Quas Primas" de Pío XI?. La Iglesia debe ser "antagónica" y "contradecir" a la REVOLUCIÓN que es la destrucción del Orden natural-católico. Orden que es una exigencia de la propia dinámica de la Encarnación, que es una exigencia doctrinal y que ha sido una realidad histórica, destruida por las turbias luces de la Ilustración y las filosofías modernas que surgieron al amparo de la ruptura religiosa del luteranismo.
Lo que pretende hacer el señor Cardenal tiene un nombre: HERMENÉUTICA DE LA RUPTURA, la reiteradamente denunciada por el Santo Padre Benedicto XVI, enmendando la plana a toda la Tradición de la Iglesia por los prejuicios (estos si reales) liberales del Card. Cottier y su sometimiento intelectural al pensamiento débil reinante. Idolatrando el momento presente del proceso histórico.
La opinión al respecto del Cardenal Newman (aquí) que será beatificado el próximo día 19 de septiembre en ceremonia presidida personalmente por el Santo Padre Benedicto XVI, es radicalmente opuesta a la expuesta por el Card Cottier en su desdichado artículo.
Otras entradas relacionadas en El Matiner:
El mito del progreso, rendición ante el mundo moderno: un hombre nefasto Jacques Maritain.
La aceptación del mundo moderno: la utopía de la "laicidad" y la "secularidad"
Los límites de la barbarie y la ficción del catolicismo
jueves, 25 de marzo de 2010
La AUSTERIDAD virtud social y militante.
(…) Como quiera que la amenidad exagerada inclinaría a los hombres al apego de las delicias en detrimento de las virtudes ciudadanas, conviene que usen moderadamente de la amenidad. En primer lugar, porque se entorpece el ingenio de los hombres entregados a los deleites, pues la suavidad de los placeres sujeta el alma a los sentidos hasta el punto de incapacitar para juzgar libremente, pues, según sentencia de Aristóteles: el deleite corrompe la prudencia del juicio. En segundo lugar, los deleites superfluos apartan de la honestidad de la virtud, pues el deleite es la causa de todos los excesos que apartan por igual del justo medio que requiere la virtud. Esto se explica porque, siendo la naturaleza propensa al deleite, cuando se consigue dicho deleite aún moderado de alguna cosa honesta, pronto brota en el corazón el deseo de deleites torpes. Pues, como el deleite no sacia el apetito, agrava en el mismo la sed de nuevos placeres; y por este motivo la virtud exige de los hombres que se aparten de los deleites, aún los superfluos, para que, evitando los pequeños excesos, encuentren más fácilmente el término medio de la virtud; mientras que los pequeños excesos los colocan en la pendiente de suspirar solo por las cosas agradables, volviéndose flojos y pusilánimes para intentar empresas arduas y para afrontar trabajos sin temor a los peligros. (…) las delicias son también muy perjudiciales para los asuntos militares, pues según sentencia de Vegencio: teme menos la muerte el que ha tenido menos deleites en la vida. Finalmente, los hombres delicados acaban por ser perezosos, pues, absorbidos por sus deleites, descuidan los deberes que les imponen sus negocios, y una vez que han consumido lo que otros acumularon, no resignándose a vivir pobremente y a despojarse de sus vicios, acaban por caer en hurtos y robos con que saciar sus apetitos desordenados. Por lo tanto es perjudicial a las sociedades el brindar a sus habitantes deleites superfluos (…)
Extracto de la obra “de Regno” de Santo Tomás de Aquino libro II, c. 8
jueves, 18 de marzo de 2010
La rendición ante el "mundo moderno" exige el falseamiento de la historia.

El paso del Evangelio a la Ilustración, de la fe a la mera razón, se cumple en los incrédulos calumniando los tiempos anteriores de Cristiandad. En efecto, los que pretenden hacer sin Cristo un mundo nuevo, lógicamente necesitan desacreditar el mundo que venía realizándose con Cristo: «Ahora es cuando pasamos del oscurantismo al siglo de las luces»... Y también los católicos mundanizados, poco a poco, interiorizan ese mismo planteamiento universal. Esto ha exigido, por supuesto, una enorme y sistemática falsificación de la historia cristiana.
Pues bien, aquí nos interesa especialmente conocer la actitud de estos católicos mundanos, que se suman con fervor de neófitos a esa siniestra descalificación de la Cristiandad.
La condena del pasado (del pasado cristiano)
«Cualquier tiempo pasado fue peor». El cristiano mundanizado, que ve la paja en el ojo del cristianismo antiguo y no ve la viga del actual, deseoso de integrarse a fondo en el mundo moderno, está constreñido a la necesidad de repudiar el pasado, de cortar, en todo lo que venga exigido, con la tradición de la Iglesia. Y en el mejor de los casos, decide simplemente ignorar, o si se quiere, olvidar la miserable historia del pueblo cristiano, desentendiéndose de ella. Borrón y cuenta nueva. No tenemos por qué cargar con la vergonzosa historia de la Iglesia. Vivamos el cristianismo, pero sin lastres de tradición, partiendo de un Evangelio entendido a la luz del mundo moderno, no de los Padres antiguos, y menos aún del Magisterio apostólico.
Se da en esto una paradoja muy curiosa. Muchos que prestan apasionado interés a la historia sagrada de Israel, y ven continuamente en ella las intervenciones del «fuerte brazo de Yavé», consideran, por el contrario, con una visión secularizada la historia sagrada de la Iglesia, dirigida continuamente por el Cristo glorioso, Señor de la historia, a quien ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Es decir, no quieren en modo alguno entender la historia de la Iglesia como historia de Cristo, porque ello les enfrentaría con el mundo. Y, por lo demás, suelen mostrarse convencidos de que, si queremos proceder seriamente, debemos prescindir de toda intervención histórica de la Providencia divina, y explicarlo todo en términos culturales, ideológicos o economicistas. En pocas palabras: «debe negarse toda acción de Dios sobre los hombres y sobre el mundo» (Pío IX, 1864, Syllabus 2).
La condena del pasado -la condena, se entiende, del pasado cristiano-: éste es el pasaporte que a los cristianos hoy se les exige para circular libremente por el mundo. Sin él quedan hundidos en la masa irrecuperable de los retrógrados, es decir, de los nostálgicos del pasado. Por tanto, para adquirirlo están dispuestos a pasar por todos los trámites que se les exijan. He aquí algunos:
-Ignorar o devaluar la obra de Cristo en la historia de los pueblos de Occidente. Ésta es una exigencia sistemática de los modernos incrédulos, que con fervor asumen los cristianos mundanizados -liberales, socialistas, liberacionistas, etc.-. Y así, por ejemplo, podemos ver cómo hacen éstos la historia de España o de Europa o de Hispanoamérica, bajo la secreta censura de aquella exigencia sistemática. Siendo la verdad que en esa historia todo lo mejor viene directamente de la Iglesia, prescinden de ésta, o le dedican un capítulo aparte, bastante hostil. Resulta patético, pues la verdad es que escribir así la historia de esos pueblos viene a ser como escribir la biografía de Beethoven olvidando decir que era músico, o diciéndolo en una nota a pie de página. Es un fraude, es una falsificación total. Eso explica, por ejemplo, que haya autores sinceramente católicos que al propugnar hoy la unidad de los países de Iberoamérica se remiten no a los tres siglos confesionales hispánicos, XVI, XVII y XVIII, en que estuvo efectivamente unida en un sólo espíritu católico, ¡sino a los sueños del general Bolívar, el que con otros partió el mapa de América en más de veinte trozos!...
-No es bastante, sin embargo, ignorar o devaluar el pasado histórico cristiano, es preciso pisotearlo, calumniarlo. He aquí un ejemplo. Un periodista católico, corresponsal en Roma de un gran diario nacional, dando la noticia de una venganza odiosa sucedida en Palermo, se despacha así sobre la Edad Media: «Un gesto de bárbaros. Algo indigno de una sociedad civilizada. Un acto medieval, propio de cierta cultura retrógrada, basada en conceptos absurdos... Una cosa medieval, salvaje, cruel» (17-11-1992). El milenio europeo cristiano -el de las catedrales y las Summas, el del ideal caballeresco, el que eliminó la esclavitud y suavizó las costumbres de romanos y bárbaros, el que produjo la unidad europea en una fe, una lengua y una cultura- es un tiempo oscuro y bárbaro, indigno y cruel, salvaje y basado en fundamentos absurdos...
miércoles, 27 de enero de 2010
El Beato Josep Samsó: Otro carlista en los altares.
"...tanto el Párroco de Santa María como el Ecónomo de San José, a título meramente personal eran socios afiliados a la Comunión Tradicionalista de Mataró, tal como nos explica su antiguo directivo y hoy Párraco de Barcelona Dr. Antonio Llensa Borrás"(El Dr. José Samsó Elías. Párraco-Mártir de Sta. Mª de Mataró- Barcelona y su tiempo. de Mn. Salvador Nonell i Bru. Página 79)
Mossén Josep Samsó Elías, mártir de la persecución religiosa (1936)
jueves, 26 de noviembre de 2009
Catolicismo o el nihilismo...y su corrupción.
"Volved la espalda a la Iglesia Católica y ¿a quién os volveréis? Es vuestra única certeza de paz y seguridad en este mundo turbulento y cambiante. No hay nada entre ella y el escepticismo cuando el hombre ejerce su razón libremente. Los credos privados y las religiones estrafalarias pueden parecer llamativos e impresionantes para muchos en su día; las religiones nacionales pueden yacer imponentes e inermes, y ser un estorbo durante siglos, y distraer la atención o confundir el juicio de los entendidos; pero a la larga se descubrirá que o bien la religión católica es en verdad y de hecho la incursión del mundo invisible en este mundo nuestro, o no hay nada positivo, nada dogmático, nada real en ninguna de nuestras ideas en lo referente a nuestro origen y nuestro destino. Olvidad el catolicismo y os convertiréis en protestantes, unitarios, deístas, panteístas, escépticos, en una espantosa pero inevitable sucesión..."Card. John Henry Newman
miércoles, 21 de octubre de 2009
HILAIRE BELLOC: Atacado por los liberales "católicos"
En 2008 la editorial Rialp, ligada a una conocida obra de la Iglesia, publicaba un libro bajo el título de "Cristianos en la encrucijada. Los intelectuales cristianos en el período de entreguerras". Libro de Mariano Fazio, que según parece es Rector magnífico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. El libro pretende ser una síntesis de la obra y pensamiento de la intelectualidad católica del período de entreguerras; concretamente estudia a: Berdiaeff, E. Gilson, Mounier, Maritain, Chesterton ,Dawson, T.S Eliot y H. Belloc... y es con este último, con el gran historiador y pensador inglés cuando nos tropezamos con esta sorprendente conclusión valorativa:No nos engañemos, Mariano Fazio no critica tanto el pensamiento de Hilaire Belloc como a toda la Iglesia Católica anterior al Concilio Vaticano II de la cual Hilaire Belloc era un hijo fiel y leal. Es acusado por estos “nuevos católicos seculares” por defender la doctrina que le enseñó la Iglesia. Quizás lo explique la postura contraria a la usura y a las plutocracias que siempre mantuvo Belloc. Este "nuevo catolicismo secular" tiene muy buenas relaciones con la banca y con las oligarquías económico-políticas del liberalismo católico.
El ataque al pensamiento del escritor inglés es un ataque a la doctrina tradicional católica. Mario Fazio se sitúa de pleno en la llamada “teología de la secularidad” surgida en y tras el Concilio Vaticano II; teología que se caracteriza por su obsesión en calificar de “clerical” a la Iglesia pre-conciliar, a la Cristiandad y a cualquier posición tradicional. Teología profesada y difundida por numerosos de los llamados “nuevos movimientos eclesiales”. Esta teología se caracteriza por incurrir de lleno en lo que el Santo Padre Benedicto XVI ha llamado “la hermenéutica de la ruptura”; es decir creer que el Concilio Vaticano II ha producido una ruptura con la doctrina tradicional de la Iglesia. Estos grupos hayan esta ruptura especialmente en la doctrina social y política; sus críticas a la cristiandad histórica y al magisterio social y político pontificio del siglo XIX, especialmente, acusados de “épocas y doctrinas clericales”; los sitúan en esta postura errónea de creer que es el Vaticano II quien deber juzgar e interpretar a la Tradición y no a la inversa como debe producirse en todo caso.
Porque de existir tal ruptura, por una coherencia vital, el católico debería rechazar el Vaticano II por contrario a la Tradición. Porque el dogma y la doctrina de la Iglesia sólo pueden "progresar" en un mismo sentido, sin contradicción ni variación sustancial.
Sólo recordaremos al señor Fazio que Santo Tomás enseña que el don divino que es la Gracia, es ofrecido para comunicarse a la naturaleza, incluso caída, por lo mismo la naturaleza sólo en la Gracia puede obtener con la elevación misma al orden sobrenatural , también la restauración y sanación de sus propias heridas en el orden natural y alcanzar sus propias perfecciones naturales. Todas las realidades humanas pueden y deben ser ordenadas, por ello, al fin último sobrenatural. La teología católica ha insistido siempre, frente a todas las herejías, que lo redimido es la “naturaleza humana” que es sanada y elevada. Todas las dimensiones que pertenecen a lo humano como tal son llamadas a ser salvadas y también a ser puestas al servicio de la salvación misma.
Las corrientes antropocéntricas de la filosofía moderna, con sus redenciones inmanentistas desintegran todo lo natural y su orden, ese orden que la Gracia pre-exige y que esta destinada a elevar. De aquí la necesidad y la legitimidad de toda acción que por los medios humanos defienda a la sociedad contra tales agresiones. Y de aquí, que la Iglesia haya hablado siempre de distinción entre los ordenes natural y sobrenatural pero nunca de separación.
Este era el sentido del lema del papa San Pío X: “Instaurar todo en Cristo”. Y esto es precisamente lo que niega esa teología de la secularidad tan en boga hoy en día en los católicos conservadores, que mediante un prejuicio de corte gnóstico que induce a considerar el orden natural como malo, como no asumible por la Gracia, llegan a considerar contra todo el magisterio y tradición de la Iglesia la secularización de la sociedad como un bien o en no vibrar ante la auténtica esperanza cristiana del Reinado Social de Cristo.
Hilaire Belloc: Defensor de la Fe. Frederick D. Wilhelmsen
Las Grandes Herejías. Hilaire Belloc
martes, 22 de septiembre de 2009
Meterse en política (II)
En la actualidad, en ciertos ámbitos del catolicismo "conservador" reina un espíritu anti político donde se llega a considerar que "un cristianismo puro" es aquel que renuncia a su dimensión histórica para reducirse al ámbito de lo privado y de la conciencia (a lo sumo familiar). O a la acción asistencial y cultural. Renunciando, así, a su doctrina social y política, renunciando al papel de corazón de la comunidad política, de fundamento del poder y la civilización para consagrar, en cambio, ese pretendido cristianismo "desalienado"y "puro" que considera la política algo ajeno a la religión (lo más con unos tintes de moralina burguesa). Un catolicismo burgués, individualista y a-histórico."Hablando estrictamente, la Iglesia cristiana, como sociedad visible, es necesariamente una fuerza política o un partido. Podrá ser un partido victorioso o un partido perseguido, pero siempre será un partido, anterior en existencia a las instituciones civiles de las que está rodeado, formidable e influyente a causa de su divinidad latente hasta el final de los tiempos. La garantía de permanencia se concedió desde el principio no meramente a la doctrina del Evangelio, sino a la Sociedad misma construida sobre la base de la doctrina, prediciendo no sólo la indestructibilidad del cristianismo, sino también del medio a través del cual había de manifestarse ante el mundo. Así el Cuerpo de la Iglesia es un medio señalado por Dios hacia la realización de las grandes bendiciones evangélicas. Los cristianos se apartan de su deber, o se vuelven políticos en un sentido ofensivo no cuando actúan como miembros de una comunidad, sino cuando lo hacen por fines temporales o de manera ilegal; no cuando adoptan la actitud de un partido, sino cuando se disgregan en muchos. Si los creyentes de la Iglesia primitiva no interfirieron en los actos del gobierno civil, fue simplemente porque no disponían de derechos civiles que les permitiesen legalmente hacerlo. Pero donde tienen derechos la situación es distinta, y la existencia de un espíritu mundano debe descubrirse no en que se usen estos derechos, sino en que se usen para fines distintos para los que fueron concebidos. Sin duda pueden existir justamente diferencias de opinión al juzgar el modo de ejercerlos en un caso particular, pero el principio mismo, el deber de usar sus derechos civiles en servicio de la religión, es evidente. Y puesto que hay una idea popular falsa, según la cual los cristianos, en cuanto tales, y especialmente el clero, no les conciernen los asuntos temporales, es conveniente aprovechar cualquier oportunidad para desmentir formalmente esa posición y para reclamar su demostración. En realidad, la iglesia fue instituida con el propósito expreso de intervenir o (como diría un hombre irreligioso) entrometerse en el mundo. Es un deber evidente de sus miembros no sólo asociarse internamente, sino también desarrollar esa unión interna en una guerra externa contra el espíritu del mal, ya sea en las cortes de los reyes o entre la multitud mezclada. Y, si no pueden hacer otra cosa, al menos pueden padecer por la verdad, y recordárselo a los hombres, infligiéndoles la tarea de perseguirles."
(Cardenal John Henry Newman. Los arrianos del siglo IV. en Persuadido por la Verdad. Ed Encuentro)
METERSE EN POLÍTICA (I)
Libro recomendado: La política, oficio del alma Miguel Ayuso, Ed Nueva Hispanidad
lunes, 31 de agosto de 2009
Los límites a la barbarie y la ficción de catolicismo
“La concepción romana de contemplar en el poder una fuerza que va siendo limitada por el derecho a la medida en que éste la pone al servicio de los ideales de justicia que caracterizan a lo jurídico, es doctrina valedera en todos los tiempos y lugares. Es que la humanidad entera ha reducido su entera historia a la apasionante tarea de domesticar la fuerza bruta del poder con los instrumentos del derecho. No hay época, ni pueblo, ni civilización que escape a tal empeño, el mas noble y el más tenaz emprendido por los hombres. Más todavía: la nota que sirve para distinguir a las sociedades humanas de las sociedades animales, la que impide a las sociedades humanas caer en la tristeza socialista del enjambre o del hormiguero, es atenazar a la fuerza con la ley; es que la moral, que nos llega en la ley natural merced a la razón que es exclusiva del ser humano, domeñe las brutalidades del instinto…Es que el poder, fenómeno político anterior al derecho, se justifica cuando sirve al derecho”.(Francisco Elías de Tejada)
Este es el signo de toda la historia del occidente cristiano: la pugna del poder político y del poder económico por librarse de la tutela del poder espiritual, encarnado por la Iglesia. Y a la vez el esfuerzo de esta por limitar los excesos de uno y otro. Esta pugna es la clave de las vicisitudes de la cristiandad.
El poder espiritual, custodio de la ley natural, en armonía con el poder político engendró una civilización, síntesis magistral de fe y razón. Era el occidente cristiano.
Este equilibrio siempre inestable por las pretensiones de zafarse de los límites de la razón y la fe por las fuerzas puramente naturales, quiebra definitivamente con la reforma protestante. El luteranismo escinde naturaleza y gracia, dejando sueltas las fuerzas instintivas políticas y económicas. El luteranismo muestra su rostro disolvente al destruir todos los diques y frenos al poder político y económico ,mostrándose profundamente revolucionario como agente secularizador del occidente cristiano.
Será precisamente en la naciente Europa protestante donde se gesten las monarquías absolutas (poder político no limitado) y los gérmenes del capitalismo, hijo directo del calvinismo (fuerza económica sin límites). Y será precisamente en esa Europa secularizada por el protestantismo, donde se verá nacer las ideologías modernas.
Dice el P. Leonardo Castellani que la frase de Rousseau que es el núcleo de toda la doctrina liberal es. “!Déjeme en paz!”…y continua “Esa obsesión de la libertad propia de un loco vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas que en aquel tiempo se desataron; y al poder del Dinero y de la Usura, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre, la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre”.
Poder político y fuerzas económicas, siempre con la pretensión de que se “les deje en paz”, esa es la esencia del liberalismo, consagrada por la fractura teológica de la escisión entre naturaleza y gracia del luteranismo.
El mismo P. Castellani escribe: “El protestantismo fue arrojado de Austria, Italia, España y Francia en el siglo XVI gracias a los esfuerzos del Imperio Romano Germánico de Carlos V. Pero entró en esos países en el siglo XVIII y XIX disfrazado con el bello nombre de liberalismo…El liberalismo, con los falsos dogmas de sus falsas libertades, es un protestantismo larvado y un catolicismo adulterado. Eso es lo que ha debilitado política y socialmente a las naciones católicas de Europa: la ficción del catolicismo”
La ficción del catolicismo, es decir un catolicismo liberal, burgués que ha renunciado a su doctrina social, repetidamente enseñada por los Pontífices. Un catolicismo hueco, totalmente desnaturalizado y ajeno a su secular tradición. Un maridaje antinatural de catolicismo y liberalismo en el que muchos están empeñados, en su intento (condenado por los Papas) de reconciliar a la Iglesia con el mundo moderno.
El último episodio de este lamentable proceso es el llamado”modernismo católico”, que hoy infecta por todas partes a la Iglesia y a su teología. Intento de reducir al catolicismo a la esfera de lo privado, de la conciencia individual. Resultado final de la máxima liberal-católica “de una Iglesia libre en una sociedad libre”.
Una Iglesia, en suma, sin “lugar temporal” (como bien ha señalado Benedicto XVI en Spe Salvi ) renunciando a su secular misión de fecundar las sociedades, de limitar las fuerzas instintivas humanas, de crear civilización y de frenar la barbarie. Renunciando, en una palabra, a ser “poder espiritual”, para ser el mero “modulador del sentimiento religioso”.
Triste camino de esta “ficción de catolicismo”. De esta “herejía moderna” en palabras de Hilaire Belloc.
No estará de más recordar la doctrina tradicional católica sobre los límites morales a las fuerzas económicas, para poder evidenciar el patente contraste con ese catolicismo-liberal tan en boga en ciertos ambientes “sanamente conservadores” de aduladores y sostenedores de una derecha liberal-burguesa de “inspiración cristiana”:
En 1745 dice Benedicto XIV en su Encíclica Vix pervenit:
«El pecado llamado usura se comete cuando se hace un préstamo de dinero y con la sola base del préstamo el prestamista demanda del prestatario más de lo que le ha prestado. En la naturaleza de este caso la obligación de un hombre es devolver sólo lo que le fue prestado».
El Catecismo Romano del Concilio de Trento lo había expresado aún más sencillamente:
«Prestar con usura es vender dos veces la misma cosa, o más exactamente vender lo que no existe»
lunes, 10 de agosto de 2009
METERSE EN POLÍTICA.
Mensaje y doctrina de un Santo obispo para nuestros Obispos españoles actuales:
“¿Por qué ha de ser meterse en política condenar lo que los Papas han condenado como rebelión contra la voluntad de Dios en el orden religioso?. ¿Por qué ha de ser meterse en política enseñar lo que ellos enseñan? ¿Quién ha hecho a los liberales maestros del pueblo cristiano para que enseñen y decidan en esas cuestiones?. Con sólo saber y sólo fijarnos en que el liberalismo es una rebelión en el orden religioso tenemos lo bastante para condenarlo y gritar contra él, sin que se nos pueda decir la gran tontería, ya vieja y gastada, de que nos metemos en política…Obligados estamos a clamar contra el liberalismo, como lo estamos a clamar contra otra doctrina cualquiera condenada por la Santa Iglesia. Si a esto lo llaman meterse en política, hay que saber que nos tenemos que meter forzosamente, porque forzosamente tenemos que condenar lo que la Iglesia condena, so pena de faltar a nuestro deber y no cumplir con la misión que el cielo nos ha confiado”.
(San Ezequiel Moreno. Carta Pastoral, Pasto 28 agosto 1896)
“…!Viva Dios!, pues en las naciones, en los pueblos, en las familias, en los individuos, ¡Viva Dios! En los Gobiernos, en los Congresos, en los Tribunales de Justicia, en las Academias, Universidades, Colegios y Escuelas. ¡Viva Dios! En la legislación, en los usos, en las costumbres, en los templos, en las calles, en el campo, en el mar, en todo y en todas partes. ¡Viva Dios!...!Viva Dios!, podemos exclamar contra los que quieren hacerlo igual o de peor condición que a Mahoma o Confucio, proclamando la libertad de cultos en su más generosa amplitud, como se proclama en el Manifiesto del Partido Liberal de estas tierras. ¡Viva Dios!, pueden pronunciar nuestros labios contra todos los que quieren prescindir de El, creyendo que la solución del problema religioso es la separación de la Iglesia y el Estado, como lo creen los liberales que dieron y defienden el dicho Manifiesto. ¡Viva Dios!...”
(San Ezequiel Moreno. Instrucción Pastoral. Pasto 24 de Julio 1899)
canonizado el 11 de Octubre de 1992 en Santo Domingo con ocasión del V centenario de la evangelización de América, por el Santo Padre Juan Pablo II
Artículos relacionados en EL BRIGANTE:
http://www.elbrigante.com/2009/08/sobre-la-herejia-del-siglo-xx-y-del-xxi.html
http://www.elbrigante.com/2009/07/el-olvido-de-la-doctrina-social.html
De lectura imprescindible.
jueves, 23 de julio de 2009
El naturalismo fundamento del liberalismo católico
El gran error naturalista que se encuentra en la doctrina modernista de los católicos liberales deriva de las siguientes enunciaciones: "la verdad no se impone, se propone" "la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad".Se suscitan tres errores. Se niega, por un lado, que la verdad católica sobrepuja la capacidad de nuestra inteligencia,y no pueden ser creídas sin la ayuda de la Gracia (por ser verdades divinas reveladas). Además se niega de hecho las consecuencias del pecado original sobre la inteligencia y la voluntad heridas y debilitadas por aquél y por tanto propensas al error y fascinadas por el engaño. Y por último se obvia la existencia de poderes e instituciones (el poder nunca es neutro),de tinte ideológico, que actúan como elementos corruptores sociales e individuales. Esta es la razón por la que una sociedad cristiana necesita instituciones cristianas que ayuden a la naturaleza humana a alcanzar su perfección, que ayuden al hombre a alcanzar el bien y la verdad.
Por aquí se accede directamente a la idea de Cristiandad, situada en el centro del debate."No hay cristianismo de masas sin Cristiandad". No caben pueblos cristianos sin instituciones cristianas.
