martes, 27 de marzo de 2018

Similitudes y diferencias entre el carlismo y el pensamiento de Charles Maurras

Aviñón 21 abril 2018. Homenaje a Charles Maurras (1868-1952). Bajo la presidencia de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Organiza: Amitié et Action Française

Charles Maurras se opuso con firmeza al "monstruo de las tres cabezas", de las tres "R", que invadían Europa: Reforma, Romanticismo y Revolución, provenientes de las brumas norteñas del germanismo. Subjetivismo y sentimentalismo, en suma, provenientes de la Prusia bárbara, oponiendo con fuerza la afirmación latina: católica, clásica y monárquica; orden, claridad, racionalidad, de estirpe greco-romana. Su recio combate desde la Acción Francesa contra la disolvente República y sus principios laicistas y secularizadores, con la afirmación de que "la única base para la latinidad lo constituye el catolicismo" y  su afán por la restauración monárquica en Francia. Lo sitúan, sin duda, como un oponente lúcido al curso político decadente nacido desde la Revolución francesa.

Su enfrentamiento teórico y práctico contra el sistema parlamentario liberal, del que denunció sus mitos y sofismas, y contra el centralismo jacobino, con su  aferrada defensa de la lengua occitana y del regionalismo, son rasgos puntales de su trayectoria vital y política contra-revolucionaria.

El gran movimiento intelectual  creado por su influencia es de gran interés para el tradicionalismo hispánico, con las salvedades contextuales de su origen en el positivismo y allende de los Pirineos, donde la devastación moderna había arrasado los rescoldos de la sana filosofía y la Tradición. Su postrera estigmatización personal, verdadera venganza política, tras la II Guerra Mundial, es una verdadera infamia, injusta a todas luces, impuesta por los poderes plutocráticos vencedores en la contienda y deseosos de acallar cualquier resistencia cultural al avance de la Revolución liberal y marxista. Un intento de criminalización intelectual de la disidencia al mundo moderno, que el gran pensador provenzal tuvo que sufrir.

"Nuestra fase de nacionalidades, abierta por la Reforma y la Revolución, es una decadencia. No hay que ilusionarse, el género humano no ha progresado desde que está encerrado en los marcos estrictamente nacionales. La humanidad civilizada tenía en otro tiempo, por límite y garantía la Cristiandad Católica...Dicha garantía y dicha frontera se han estrechado a la medida de las nacionalidades. Es una pérdida".

Charles Maurras. L´Ordre et le Désordre

El agnosticismo personal, el positivismo filosófico y el contexto francés, sin luda, alteran cuando no invierten la perspectiva. No podría haber sido de otro modo. Así, resaltan las convergencias tanto como las divergencias entre el planteamiento carlista y el maurrasiano. Cuando los pensadores y los reyes carlistas insistían en que la “unidad católica” constituía el fundamento del tradicionalismo y su defensa el primer principio político, decían algo semejante sin duda a lo expresado por el gran escritor provenzal, pero también algo sensiblemente distinto. Pues detrás de la postura hispánica se encontraban el tomismo y el magisterio pontificio (indubitado en este punto hasta el II Concilio Vaticano en la adhesión a la constitución cristiana de los Estados) que, de consuno, concluyen: salus animarum suprema lex. Mientras que desde el ángulo francés se combinaba el positivismo y el nacionalismo: salus reipublicae suprema lex. No sé si se ha tenido suficientemente en cuenta lo anterior a la hora de motejar de “nacional-catolicismo” la postura del tradicionalismo hispano. 

Un segundo ámbito en el que pueden seguir rastreándose las diferencias es el de la articulación de las sociedades. Para Maurras la génesis de la sociedad se realiza en dos tiempos o procesos independientes que responden a dos causalidades diferentes: la formación propiamente tal de la sociedad, de la familia hasta la nación, es un proceso natural y casi biológico, desarrollado según leyes científicas; sobre el que la acción del espíritu, regido por la libertad y la moralidad, tiende a elevar la vida colectiva a un nivel más alto de espiritualidad y de cultura. Tesis que difiere profundamente de la concepción aristotélica y clásica de la sociedad, en la que no cabe esa disociación entre orden de la naturaleza y orden del espíritu, entre sociedad y civilización. Si se parte de la unidad sustancial del hombre y su sociabilidad natural la sociedad es un producto de la naturaleza humana entera, de modo que en la más pequeña y primitiva célula social ha de reconocerse ya el sello del espíritu y, con él, de la moralidad.

Lo anterior podría llevarse hasta los ámbitos más diversos, de la concepción de la nación, del “fuero” y de la propia monarquía.

El nacionalismo "integral" de Maurras no era intencionalmente un nacionalismo revolucionario. Pero otra cosa es que quizá a la larga lo haya podido reforzar, pues después de 1789, en Francia, lo que quedaba del viejo patriotismo tradicional ha sido engullido por el nuevo revolucionario, ideológico y humanitarista surgido de la Revolución francesa, quid pro quo al que la escuela maurrasiana finalmente habría contribuido. Esa distinción entre las “dos patrias” conserva también todo su valor en España. Sin embargo, entre nosotros, a diferencia de lo acaecido ultrapirineos, el pensamiento tradicional no ha contribuido a la mixtificación denunciada, ya que desde siempre y hasta hoy ha separado la tierra de los padres y la “ideología” nacional, con distingos terminológicos o conceptuales más o menos afortunados pero siempre netos.

Pasemos al “fuero”. Maurras citó en una ocasión la fórmula, que dice haber oído en castellano a un nacionalista (francés), “un césar con fueros”, como expresiva del régimen ideal. Donde "césar" significa "una autoridad enérgica". Y “fueros”  “libertades municipales y provinciales”. Y añade: “Pero este nacionalista hablaba español y latín. Hablando francés hubiera dicho, poco más o menos, como el conde de París: "Estado libre, municipio libre" [...]”. Aunque también es cierto que, en otra ocasión, a propósito de estudiar la descentralización, marcó con claridad las insuficiencias de ésta de ésta en relación con el federalismo, que —al menos en una de sus versiones— podría aproximarse al “fuero”. Este, sin embargo, no sólo implica mucho más que las libertades municipales, sino incluso que el federalismo. Pues pertenece a un contexto que no es el del Estado moderno, sino el de la comunidad política del medioevo. Que en el mundo hispánico se prolongó en la monarquía de la Casa de Austria, mientras que en Francia desapareció precisamente por la centralización regia. El pensador francés, pues, se aproxima una vez más al universo conceptual del carlismo, pero también aquí quizá quede nuevamente distante de su comprensión última. 
Lo anterior alcanza también a los caracteres identificadores de la monarquía, que para Maurras no eran otros que tradicional, hereditaria, antiparlamentaria y descentralizada. Y que, de nuevo, tienen una menor densidad teórica que los de tradicional, social, representativa y foral propios del pensamiento carlista. Pues lo que en aquél se presenta en términos puramente negativos, de oposición al parlamentarismo y a la centralización, en éste aparece formulado positivamente. En efecto, hallamos el valor y sentido de la monarquía hereditaria (aristocrática), de la representación corporativa (popular) y del proceso de integración histórica (federativo o foral) en la formación de la nacionalidad española. La imagen conductora de la monarquía, caracterizada como social, tradicional y representativa, encaja pues en la gran tradición del régimen mixto y del gobierno templado. La monarquía entraña, en primer lugar, y como punto de partida, la idea de un gobierno personal -aunque cohonestado, como acabamos de ver, en ciertos sectores con los principios aristocrático y democrático—, y también la de un poder en alguna manera santo o sagrado, es decir, elevado sobre el orden puramente natural de las convenciones o de la técnica de los hombres, ideas que la hacen incompatible en el fondo con el régimen parlamentario liberal nacido de la teoría de la soberanía popular. Finalmente no ha de olvidarse que Maurras, en pro de fusionismo dinástico, también de origen nacionalista, sostenía la restauración en los Orleáns. Lo que para los carlistas resultaba doblemente odioso, pues al regicidio y a la usurpación sumaban el desconocimiento de los derechos de los príncipes carlistas como sucesores del Conde de Chambord.
Puede concluirse, pues, que el carlismo vive y explica una tradición intelectual y política, que es la de la monarquía hispánica heredera del régimen de Cristiandad de la Edad media, en lucha contra la modernidad en cualquiera de las metamorfosis de ésta. Se trata de un tradicionalismo integral y esencial al tiempo, deudor del tomismo, sobre el que se injerta el legitimismo estricto. El universo conceptual de la Acción Francesa, por el contrario, se mueve en las coordenadas de la pérdida de la tradición metafísica de la filosofía escolástica, que tuvo lugar en Francia, y de la pura reacción contra los desastres de la época de las revoluciones. Las múltiples contaminaciones modernas que es dado encontrar, sin embargo, no quitan los numerosos elementos de salud para una reconstrucción política. Pero nada de ello, muy apreciable en Francia, había de sentirse como ejemplar en España, donde la tradición carlista custodiaba con mayor ortodoxia y rigor un riquísimo patrimonio. Si acaso, en un momento en que el carlismo se hallaba en horas bajas, intelectual y políticamente hablando, hasta la reemergencia en tiempos de la II República, podía verse con envidia el bullicioso mundo intelectual que la Acción Francesa había logrado articular en su torno.

sábado, 24 de marzo de 2018

Soluciones tradicionales para la España vacía (o vaciada por el liberalismo)

El Concejo del Roncal.
Joaquín Sorolla, Visiones de España. Hispanic Society of New York. 1913.

SOLUCIONES TRADICIONALES PARA LA ESPAÑA VACÍA (O VACIADA POR EL LIBERALISMO)

Despoblación y Abandono de la España Rural. El imposible vencido (Valencia, 2018) es el último estudio publicado del geógrafo y activista contra la despoblación valenciano Luis del Romero. Sus líneas de investigación están colectivamente desarrolladas desde el grupo Recartografías, que propone un diagnóstico y una terapéutica de la problemática despoblación en sintonía con la tradicionalista. Así en el comentario de la obra hecha por la propia Universidad de Valencia se señala

La investigación del profesor de Geografía demuestra cómo la construcción y configuración del estado nación español como proyecto liberal “se ha hecho a expensas de la explotación, desarticulación y a veces destrucción física de las culturas rurales”.

Una denuncia clásica del tradicionalismo, sobre la que actualmente Agencia FARO viene realizando una impecable labor de documentación y recopilación de datos históricos. Pese al que el carlismo no tuviese una única dimensión rural el liberalismo atacó a ciencia y conciencia esos núcleos por lo que suponían de custodia de las libertades populares y dimensión comunitaria de la transmisión de unas creencias seculares. Dejando sin vida lo rural se podía consolidar un sistema caciquil desde el centralismo de las capitales de provincia (muchas sin fundamento histórico o geográfico) que fuera desplazando la tradicional ortodoxia pública por la nueva ideología liberal. Esta pretensión plenamente ideológica tuvo una secuencia en el orden social, económico y demográfico. La instauración del capitalismo en España se hizo igualmente a expensas del campesinado y mundo rural, que tuvo que aguantar la reforma fiscal con la imposición monetaria y la desamortización de las tierras eclesiásticas y comunales en beneficio de una minoría liberal beneficiada por su sostenimiento del ejército isabelino. Caso por el ejemplo de los marqueses de Larios, título creado por Isabel (II) para premiar a unos industriales malagueños que actuaban como defensores de los intereses mercantiles de Inglaterra en Andalucía. Los mismos adquirieron cerca de Albacete unas tierras desamortizadas de un convento franciscano donde fue hallada la imagen de la Patrona de la ciudad a las que se unieron las comunales de los municipios cercanos como Pozohondo. La secuencia fue letal, pues pasaron a manos privadas unas extensiones enormes, desroturando tierras de labranza para convertirlas en coto de caza y privando a los pueblos de sus recursos naturales, con el correspondiente atraso económico y social, miseria donde antes había futuro, emigraciones de generaciones enteras y analfabetismo.

El ladino argumento desamortizador del marrano Méndez (alías “Mendizábal”) se demostró falaz, las tierras desamortizadas fueron mucho menos productivas que durante el Antiguo Régimen, lo que como patrimonio común era por su propia naturaleza indisponible quedó al arbitrio de la especulación.

Por lo que respecta a posibles soluciones el autor aborda la restauración de muchos métodos de vida tradicionales:

El investigador valenciano apuesta por la recuperación y nuevo uso de los bienes comunales, aquellas tierras en forma de bosques, prados, sendas y caminos, molinos, estructuras de piedra en seco o vedados, la gestión de los cuales tradicionalmente ha pertenecido a la colectividad de los individuos del municipio y que ahora suelen estar en manos privadas o de la Administración.
Caricatura de Juan Méndez (alias Mendizábal) en la prensa de la época. En el pie de la misma se leía:

¡Ah, muchachos, al hebreo!
Tira del rabo Juanillo. Aprieta tú, Periquillo.
Fuera, fuera el fariseo que a los templos entró a saqueo.  

Es decir, se trataría de revertir en lo posible la situación injustamente creada por la Revolución, con las actualizaciones necesarias. Sin la base de esa riqueza material que por orden natural corresponde a la comunidad -o en su caso correspondía a la Iglesia- y por ello mismo no puede disponer de ella cualquier programa de actuación sobre las zonas despobladas es una mera quimera. Las administraciones podrán mostrar ufanas carteles de inversiones con el correspondiente escudo a efectos publicitarios, pero no dejarán de recoger los frutos de lo engañoso de lo público como panacea, una opción falaz y que acabará sufriendo la sociedad (recordemos el desastroso PlanE de la última época de ZP). Es precisamente la sociedad la que se ha de dotar de instrumentos adecuados para poder organizarse por sí misma, evitando la especulación fruto del afán de lucro individualista del liberalismo y los ridículos parches socialdemócratas, dinero de todos gastado de forma cortoplacista y sin sentido. En esta línea crítica con el papel de las administraciones públicas:

El experto cita como principales causas de la despoblación existente en España “el entramado jurídico” y “la arquitectura institucional del Estado Español”, con diferentes administraciones poco coordinadas, realidades territoriales muy diferentes y una superestructura como la Unión Europea que (…), “no ha ayudado a aquellas no competitivas. Además, existen procesos históricos como por ejemplo la privatización de todo tipo de bienes comunales desde el siglo XVIII con varias reformas legales, que se han convertido en todo un mecanismo de expulsión de población, especialmente la más humilde”. 

Los tradicionalistas hacemos votos por vencer al imposible, como se señala en el subtitulo del libro propuesto. Se necesita legislar poco pero bien. Como también propone el autor la vuelta a una Carta Puebla, institución entrañable de nuestro Derecho Histórico. Promoviendo las Villas Francas como núcleos de atracción de mercados de los productos actualmente llamados de proximidad. Dignificando infraestructuras (aspecto este que ocupó muchos desvelos de Eloy Landaluce a través de sus escritos en Lealtad). Apostamos por la revitalización de los núcleos rurales como base de un desarrollo armonioso de la Patria sobre la preservación de los oficios tradicionales (otra de las propuestas de Luis del Romero), la vuelta a los comunales y a las libertades populares, al modo tradicional de autogobierno municipal (puede ser un buen ejemplo reciente de esto la época al frente del ayuntamiento de Belmonte de San Juan del tradicionalista Roberto Gonzalo Bayod en los 90, cuando restauró una suerte de Senado municipal) y devolviendo el protagonismo a la sociedad bien organizada frente al medro de los políticos del sistema, herederos de los causantes del vaciamiento de España.

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

lunes, 12 de marzo de 2018

Sobre la "derecha nacional", el caso italiano. Una profecía de Elías de Tejada

"A primera vista las circunstancias parecen distintas, ya que en la península Ibérica existen grupos leales a la Tradición activa, cosa que en Italia no sucede. Más bien mirado, no son tantas las distintas circunstancias. Tanto en Italia como en España existe un partido de cuño o herencia fascistizante, la Falange y el Movimiento Sociale, con vocación tradicional aunque sin ideales tradicionalistas. El destino de la Falange en un régimen liberal sería parecido al del Movimiento Sociale en la Italia republicana. Ambos están bajo la tenaza del dilema ineludible: o hacen suyos los ideales de las respectivas tradiciones españolas e italianas, con todas sus consecuencias, o entran en el juego de los partidos para constituir un grupito parlamentario más, condenados a tristes apéndices de las correspondientes democracias cristianas. Ya de hecho el Movimiento Sociale está condenado, apenas concluyan  las añoranzas fieles de sus miembros actuales, a desaparecer en el seno del mayor partido liberal, una vez agotadas sus posibilidades prácticas de sostener un Gobierno Tambroni más o menos transitorio.

Solamente podrá salvarse de tan triste destino llenar el vaso de sus recuerdos con los ideales tradicionalistas corrigiendo los errores de Mussolini acerca de la auténtica Tradición italiana. Si continúa en el empeño centralista, risorgimentale y liberaloide que hoy le caracteriza, igual al partido liberal en doctrina cuanto en táctica, acabará dejándose absorber por éste, que siempre resulta más cómodo porque sustenta idénticos programas sin suscitar los recelos que su neofascismo provoca. Reencontrando la verdadera tradición italiana reencontraría su destino histórico, el que intuye con el corazón y se empeña en enterrar en el lodazal de los parlamentos democráticos.

Por lo demás, las empresas no se miden por el éxito. Dios no abandonará a los suyos. Y en el peor de los casos, si nos niega ver el triunfo con los ojos de la carne, siempre resta la paz de la conciencia de haber cumplido el deber del día nuestro, muriendo como murieron nuestros abuelos: sin ceder".

La Tradición Italiana. Francisco Elías de Tejada. 1963
El Movimiento Social Italiano más tarde denominado Movimiento Social Italiano-Derecha Nacional, fue un partido político italiano de ideología neofascista o post-fascista.​ Formado en 1946 por seguidores de Benito Mussolini, y sobre todo de la experiencia de la República Social Italiana, el partido se convirtió en el cuarto partido de Italia por la década de 1960. El MSI dio apoyo local y, ocasionalmente, nacional a la Democracia Cristiana en los años 40 y 50. Defensor en los años 70 de lo que se llamó la Derecha Nacional sosteniendo posturas nacionalistas, atlantistas (defendió la permanencia en la OTAN) y esencialmente anticomunistas. En 1970 en su IX Congreso aceptó la democracia y limó muchos aspectos de su nostalgia fascista. Su líder fue Giorgio Almirante desde 1969 hasta 1987.

El partido se transformó finalmente en Alianza Nacional (AN) en 1995 de la mano de Gianfranco Fini, integrando a su vez a algunos sectores conservadores de la Democracia Cristiana (DC) y del Partido Liberal Italiano, ambos disueltos en 1994 después del escándalo de corrupción del proceso Manos Limpias. En una evolución directa hacia posturas cada vez más moderadas, liberales y electoralistas, y en un expreso arrepentimiento por el origen y pasado político del M.S.I.

En noviembre de 2007 Silvio Berlusconi anunció que Forza Italia se transformaría en el Pueblo de la Libertad (PdL). Alianza Nacional se fusionó con la nueva formación del corrupto y populista Berlusconi en el 2009. Cumpliéndose completamente así, la profecía de Francisco Elías de Tejada sobre el futuro político del M.S.I, anunciada en 1963, siendo engullido literalmente por el liberalismo más feroz del sistema corrupto partitocrático italiano. 

Los grupos disidentes de este proceso degenerativo del MSI, no han salido de la marginalidad política, fracasando recientemente en las últimas elecciones italianas, demostrando que las tendencias más ideológicas surgidas en su seno  en los años 70, del tipo evoliano o nacional-revolucionario, o simplemente neo-fascistas no pasaron de influenciar a algunos sectores juveniles sin más recorrido cultural y político.

Caso análogo puede suceder en Francia con Marine Le Pen tras la ruptura con su padre y fundador del partido. Marine Le Pen acaba de proponer el cambio de nombre del Frente Nacional, para “refundarlo” de manera “más abierta”, con una “nueva organización”, con “nuevos estatutos, más adaptados a una organización política de nuestro tiempo”. Se trata de un intento de “coqueteo” nada encubierto con las familias más conservadoras de la derecha liberal para ser aceptado en el marco parlamentario del sistema. Tumba de cualquier doctrina sana y honrada. Las pretendidas "derechas nacionales" siguen todas el mismo camino y demuestran ser únicamente una pata del régimen liberal al que han servido dentro del juego partitocrático.

domingo, 11 de marzo de 2018

Mártires de la Tradición 2018: El carlismo rinde homenaje al Rey Javier I y al General Sanjurjo

 La Comunión Tradicionalista celebró la Festividad de los Mártires de la Tradición en el Pardo (Madrid), con la presidencia de S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón
Santa Misa por los Mártires de la Tradición en la Iglesia del Cristo del Pardo, según el rito tradicional de la Iglesia Romana
Mesa presidencial en la Comida de hermandad carlista
Los carlistas abarrotaron el salón, unos 200 tradicionalistas participaron en los actos programados el 10 de marzo
El año recién terminado de 2017 conmemoramos en distintas formas el cuadragésimo aniversario de la muerte del Rey Don Javier. La Comunión Tradicionalista ha querido que dicha memoria se perpetúe y ha mandado acuñar en un prestigiosísimo taller del antiguo Ducado de Parma, una medalla que, al estilo de los Reyes precedentes, marca la continuidad, en este caso con su hijo Don Sixto Enrique. Encarna Romero ha sido la correligionaria valenciana encargada de diseñarlas.
 La familia del General Sanjurjo asiste al acto

La profanación de los restos de José  Sanjurjo Sacanell, que descansaban en la cripta del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, es una afrenta execrable a la Historia de Navarra y de España. Acto ideológicamente totalitario, mediante la “stalinista” “memoria histórica”. El carlismo ha cumplido con su deber homenajeando al glorioso General Sanjurjo en su familia. Deber moral y deber político, frente a la rendición vergonzosa de toda la pretendida "derecha" ante el escarnio de nuestra historia, "derecha" castrada históricamente y políticamente. En la memoria del General Sanjurjo reiteramos la necesidad y legitimidad del glorioso Alzamiento del 18 de Julio, como de intentonas anteriores sólo secundadas por el carlismo,  frente a la República masónica y el marxismo totalitario (Pulsar Aquí)
 "Si todo falla, Yo me levantaré con el Requeté"
 (General Sanjurjo)
Pulsar Aquí
Maurizio Di Giovine, delegado de la Comunión Tradicionalista en la Península Italiana
Toma la palabra don Miguel Ayuso Torres, Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista
Sigue la lucha por la Religión, la Patria y el Rey frente a esta república coronada que padecemos, su partitocracia corrupta, su plutocracia oligárquica y su degeneración moral y social

martes, 6 de marzo de 2018

Mártires de la Tradición en Villarrobledo 2018

El Círculo Carlista Marqués de Villores de Albacete, ha celebrado brillantemente la Festividad de los Mártires de la Tradición 2018, en Villarrobledo.
Ermita de San Cristóbal, en cuyas faldas tuvo lugar la batalla de la Primera Guerra Carlista.
Representación de Cabrera ante la Ermita de San Cristóbal de Villarrobledo. Obra de Javier Martínez Arenas
Con Jesús Sacramentado en el Convento de Santa Clara; visita a la Hermandad del Stmo. Cristo de los Mártires; a sus imágenes titulares en la parroquia de San Blas; al monumento de los mártires de Villarrobledo en el parque homónimo, de gran valor artístico, llamado Vidas Truncadas y salvado a pesar de la stalinista "memoria histórica" por los desvelos de la Hermandad con el apoyo del abogado tradicionalista, de Albacete, Juan Pablo López Torrillas, presente en los actos. Posteriormente a la ermita de San Cristóbal, en cuyas faldas tuvo lugar la batalla de la Primera Guerra Carlista.
El historiador local y hermano del Stmo. Cristo de los Mártires, Antoniano Santos, glosó la batalla, señalando cómo los carlistas fueron recibidos como libertadores por el pueblo de Villarrobledo y la batalla se decidió por el bando liberal debido al factor sorpresa aprovechado por los liberales, cuyo ejército estaba compuesto mayoritariamente por franceses y británicos. Junto a la ermita se rezó un nuevo responso en latín y se cantó el Oriamendi. Por último se visitó en el camposanto la zanja donde fueron martirizados los católicos en julio de 1936 y el Santuario de Nra. Sra. de la Caridad
Monumento de los mártires de Villarrobledo
Los actos  acabaron en una comida de hermandad con productos típicamente manchegos y vino de Villarrobledo en Casa Félix, a los que se unió el jefe delegado de la Comunión Tradicionalista José Miguel Gambra.
  Imposición de la insignia de hermano honorífico por el hermano mayor, Pascual de la Cruz, a don José Miguel Gambra
A los postres hubo vibrantes discursos de los correligionarios llegados de Alicante, Murcia -con alusión al importante periodista murciano y también mártir Francisco Martínez, que fuera director del diario La Verdad, en tiempos el más importante de Murcia, y Albacete; cerrando el jefe delegado con una aplaudida intervención llamando a completar la piedad que supone esta conmemoración piadosa de los que derramaron su sangre por la Fe y la Patria con la adhesión al ideal pleno de la restauración del orden tradicional. 

Tras las intervenciones el Oriamendi puso el broche a la jornada formal continuada en animada tertulia con habanos, pipa y licores.

jueves, 1 de marzo de 2018

¿Qué hacer? (II): Preámbulo

Un preámbulo

Que limitaremos a tres peticiones, respectivamente, de orden dogmático, antropológico y moral y finalmente político.

Se trataría en primer lugar, de partir nuevamente desde el dogma de la Redención, una de cuyas consecuencias principales, la realeza social de Cristo, no pertenece tan sólo a una época específica –suponiendo que tal hipótesis hermenéutica esté fundada-, sino que responde a la naturaleza misma de la obra redentora, según la argumentación tan claramente presentada en Quas Primas. Hay que reconocer que la conveniencia  de hacerlo constar ad extra a tiempo y a destiempo, con una insistencia machacona o de manera más discreta, depende de la elección pastoral. Pero ninguna opción de este tipo justificaría su degradación. Una es la cuestión de la paciencia, y por tanto de la tolerancia, que puede conducir a situaciones  de espera más largas o más breves, y otra la adhesión de fe que no puede emprender un camino diverso del desarrollo homogéneo. Es cierto que la distinción entre tesis e hipótesis, presentada en este sentido en 1865 por el obispo Dupanloup, ha podido ser retomada en este punto y servir para transformar situaciones de hecho en situaciones de derecho. Cualesquiera que sean los términos empleados, es de la esencia de la política, como forma superior de ejercicio de la virtud de la prudencia, tratar de comprender lo que es posible y, por consiguiente jerarquizar los objetivos intermedios, sin renunciar por ello al principio, ni practicar la doble conciencia. El examen retrospectivo de los defectos del pasado (política eclesiástica de tipo oportunista conducente a conciliaciones) debería servir para evitar las del presente (el mal menor como opción preferencial, el irenismo, la objeción de conciencia antes que el testimonio público de la verdad).

A continuación, figura una exigencia moral basada en un dato antropológico, en este caso la necesidad de prestar gran interés a las mediaciones naturales, y efectuar una crítica correlativa de las estructuras sociales y políticas contrarias a la naturaleza. Jean Daniélou ideó una fórmula acertada, utilizada como título de un pequeño libro. L´oraison problème politique, queriendo decir con ello una verdad muy general: la vida interior no sería posible a la mayoría sin la ayuda de estructuras sociales sanas, sin el arraigo en esta multitud de bienes que, ordenados a su fin supremo, constituyen conjuntamente el bien común de una sociedad. Se trata de un dato del hombre, considerado tanto en su naturaleza como en la vida sobrenatural a la que está llamado. En esta óptica, es inaceptable cualquier escisión  entre el hombre y él mismo, entre el individuo miembro de un cuerpo social  y la persona espiritual, al igual que la escisión jansenista, que desemboca, bajo apariencia de elevación espiritual y de indiferencia respecto al mundo, en un respeto –según la expresión pascaliana- de las "grandezas convencionales" muy cercano a una práctica de la doble conciencia.

Por último, conviene rehabilitar la política. Una de las consecuencias del llamado "final de la política" es la respuesta comunitarista, que concluye lógicamente en la aceptación de la privatización de la religión. Se comprende como huida o toma de distancia hacia el carácter invivible de una gran comunidad sin fronteras definidas, sin pasado y sin ideal común, aunque participe lamentablemente del mismo fenómeno de destrucción si se define sin otra pretensión que ella misma, en nombre de una identidad privada. Por otra parte, hay que ser conscientes del hecho de que, si hoy el terreno propiamente político ha sido prácticamente  abandonado  por las jóvenes generaciones de católicos occidentales, es en gran parte porque ante el fenómeno de destrucción de los marcos culturales e institucionales nacionales que caracterizan  a la fase actual de la modernidad, el mundo católico más “occidentalizado” ha seguido sus pasos, sin dejar otra opción que el repliegue a un espíritu desencarnado. En este caso, el colmo del comunitarismo se alcanza cuando al refugiarse en la "sociedad civil" y la pérdida del sentimiento de pertenencia nacional  vuelven a los hechos a un encierro en formas de sociabilidad religiosas (reuniones, peregrinaciones, grupos de oración), sin duda buenas en sí mismas, pero muy alejadas de la implicación de los laicos en la primacía que hay que conceder al bien común, comenzando por el servicio de su patria y a las cristiandades amenazadas de extinción.

Iglesia y política. Cambiar de paradigma. Dirigido por Bernard Dumont, Miguel Ayuso y Danilo Castellano

¿Qué hacer? (I): La situación actual

martes, 27 de febrero de 2018

Nazismo y Modernidad

NAZISMO Y MODERNIDAD

"Uno o es alemán o es cristiano. No puedes ser los dos"
(Adolf Hitler)

Todas las ideas de Hitler tenían su origen en la Ilustración: el concepto de nación como fuerza histórica superior, las ideas sobre la soberanía política superior derivadas de la voluntad general del pueblo y sobre las diferencias raciales  inherentes en la cultura humana. El culto a la voluntad es la base de la cultura moderna y Hitler se limitó a llevar a su extremo el objetivo moderno de romper límites y establecer nuevas marcas. Pues en ningún otro movimiento imperó hasta tal extremo la doctrina moderna de que el hombre es la medida de todas las cosas.

Avilés, J. et al. Historia Política y Social, Moderna y Contemporánea. Madrid, UNED, 2001.
"Sabed que muero como católico francés, monárquico. Porque, para mí, sólo en el restablecimiento de las monarquías cristianas pueden volver a encontrar Europa y el mundo entero la estabilidad y la verdadera paz"

Testamento de René Lefebvre, asesinado por los nazis el 4 de marzo de 1944 en el campo de concentración de Sonnenburg. Padre del campeón del catolicismo tradicional Mons. Marcel Lefebvre.
Esta obra del carlista cántabro Ignacio Romero Raizábal, es un relato de la experiencia del cautiverio de Don Javier de Borbón Parma en el infierno nazi de Dachau. Constituye un alegato contra toda barbarie totalitaria. Don Javier fue detenido el 22 de julio de 1944 y llevado a Vichy. Permanece un mes en la cárcel que allí tenía la Gestapo, después de ser condenado a muerte acusado de terrorista por participar en la Resistencia francesa. Intercede por él el mariscal Pétain, tras recibir la visita de la esposa de don Javier, y pasa a la jurisdicción ordinaria militar, siendo trasladado desde Vichy a la cárcel de Clermont-Ferrand, primero, y al campo de exterminio de Natzweiler, en Alsacia, después. Estará allí hasta que el avance de los Aliados provoca la evacuación del campo y el traslado al de Dachau. Allí, tras ser dado por muerto por un médico alemán, le es hecha una trepanación sin anestesia por un médico judío para curarle de una mastoiditis aguda. Nuevamente es evacuado de Dachau ante el avance de los Aliados y trasladado a Prax, en el Tirol. Será finalmente liberado, por tropas estadounidenses procedentes de Italia, el 8 de mayo de 1945.

sábado, 10 de febrero de 2018

Actos centrales por los Mártires de la Tradición 2018

SÁBADO 10 DE MARZO

EL PARDO (MADRID). MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN 2018

10:30
SANTA MISA POR LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN
Iglesia del Convento del Cristo del Pardo
Carretera del Cristo del Pardo, s/n

13:30
COMIDA DE HERMANDAD Y ACTO POLÍTICO
Restaurante El Faro del Pardo
Carretera El Pardo-Fuencarral, Km. 1

Cubierto: 38 €
Estudiantes: 28 €
Menú infantil

Se puede pagar el mismo día, previa reserva de plaza lo antes posible en: circulo@mollelazo.com

Quien desee facilitarnos la gestión, puede hacer el ingreso en la cuenta de Bankia número 2038 1153 21 6001032574 a nombre del Círculo Cultural Antonio Molle Lazo, y aportando el día 10 el justificante de pago.
**Transporte público desde Madrid a la localidad del Pardo: Autobús 601, parada en el intercambiador de Moncloa (isla 3, dársena 30) cada 20 minutos aproximadamente.

jueves, 1 de febrero de 2018

Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror

Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror.

La editorial de la Universitat Oberta de Catalunya nos propone unas sugestivas reflexiones sobre los abismos de la tecnología a través de una serie de textos coordinados por Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa. Una colaboración entre ambos doctores por cierta ya fecunda, en la estela del también muy recomendable ensayo El zombi y el totalitarismo. De Hannah Arendt a la teoría de los imaginarios publicado en el número 2 de Imagonautas, revista interdisciplinar sobre imaginarios sociales. El hilo de las mismas lo constituye la serie Black Mirror, clara metáfora de la tecnología digital, las redes sociales y el mundo híper-conectado en el que vivimos. La serie plantea un conjunto de situaciones de ciencia-ficción aparentemente distópicas, pero que resultan extraña y alarmantemente familiares. Cada capítulo hace tomar conciencia de determinadas amenazas a la naturaleza humana.

Desde unos enfoques analíticos plurales que van desde la estética a la antropología, pasando por la sociología, se interpela al sentido último y profundo de la mediatización de lo humano y los límites de su libertad.

En una entrevista para el suplemento Play Series Javier Barraycoa señala que lo más inquietante de la serie es «que no pretende decirle al espectador qué está bien o que está mal, simplemente ofrece las posibilidades que da la tecnología y no plantea una alternativa para elegir. Hay varios capítulos en los que el protagonista parece que tiene una opción moral a elegir sobre los efectos de la tecnología, pero haga lo que haga se vuelve contra él». Aparte de este «determinismo tecnológico» que anula la libertad humana, citas otros grandes temas que se plantean en la serie: «el fin de la privacidad, la búsqueda insaciable de una felicidad que la tecnología nunca podrá proporcionar, la espectacularización de la realidad como control de la misma por ciertos poderes o el control social».

Al final, todo se resume en un trasfondo común: «Lo que se pone en juego es un juicio sobre qué constituye la persona y su dignidad, si podemos ser plenamente personas y relacionarnos con otros o si la tecnología nos desposeerá de esa cualidad para convertirnos en engranajes del sistema». Para terminar, Barraycoa confiesa cuál es su capítulo preferido y por qué: «Sin lugar a dudas, The National Anthem, el primer capítulo de la primera temporada. En el primer capítulo ya se ponen en juego todos los elementos que seguirán latentes en toda la serie. Paradójicamente es el más real pues la tecnología con la que se arma todo el argumento es la que tenemos diariamente a nuestro alcance. Si ves el primero, indefectiblemente ya te has enganchado».

A continuación extractamos una parte de la ponencia El imaginario social del control mediático y tecnológico: la distópica Black Mirror del profesor Barraycoa a las Actas – IV Congreso Internacional Latina de Comunicación Social donde adelanta parte de las ideas que desarrolla en este trabajo colectivo.
El control tecnológico y mediático

El poder actualmente no genera grandes directrices de propaganda explícita como hacían los regímenes totalitarios antaño, sino que crea “estados de conciencia”, al decir de Manel Castells. La creación de estos “estados de conciencia” son inducidos y no explicitados. El poder ha desarrollado lo que se denomina la capacidad de invisibilizarse. Este fenómeno sólo lo podemos entender completamente por comparación con las viejas estrategias del poder. Al analizar el antiguo arte del poder, aparece la figura del gigantismo: la construcción de grandes representaciones de los monarcas, tiranos y gobernantes. La estatuas gigantes permitían que todo el mundo lo viese y así el poder se hiciera omnipresente. En la actualidad el poder asume otra lógica ya prefigurada en el famoso panóptico de Bentham. Este artefacto, diseñado para cárceles y fábricas, permitía que el controlador viese pero no fuera visto. Una derivación posmoderna del panóptico es el programa televisivo del Gran Hermano, al que en la serie de Black Mirror se hace un guiño. Todos nos convertimos en cómplices del poder al participar en la función observadora del mismo. En la medida que aceptamos estos juegos, el poder queda legitimado para observarnos también. Este proceso ya fue augurado y teorizado por Guy Debord en La sociedad del espectáculo. El filósofo francés planteaba el espectáculo como un concepto clave para entender cómo evolucionaría el capitalismo, pasando de ser un mero sistema productivo a ser un sistema de control a través de la creación de imágenes espectacularizadas de la realidad. La sociedad, profetizaba, se iría espectacularizando hasta que no distinguiéramos la ficción de la realidad. Con otras palabras, se iba a ir crear de ella una imagen falsa pero indestructible. Si atendemos al origen etimológico, descubrimos que la palabra espectáculo viene de espejo (speculum–reflejo).
El término speculum tiene un claro ascendente indoeuropeo que ha dado origen a palabras relacionadas con la visión como cinemascope, periscopio o, incluso, espectro (fantasma). El espectáculo –mediático, propio de cultura de masas y fomentado por el poder político- es una representación (falsa) de la realidad. Debord anunciaba que el capitalismo triunfaría sobre el comunismo, al ser capaz de crear una representación simbólica de la realidad mucho más potente. Mientras que la religión de Occidente y las ideologías atribuían un papel fundamental a la historia, en cuanto que desarrollo del destino humano, ahora ya no es así. Se ha producido una verdadera revolución en la mentalidad de los individuos pues han quedado devorados por el afán de espectacularización y de vivir el “presente” y en el “presente”. Creando una imagen falsa de sí mismos y de su existencia, los ciudadanos, en su inmensa mayoría, ya no se sienten partícipes de la historia de su comunidad. Su única proyección vital y existencial se limita a vivir espectacularmente su escaso tiempo de ocio, sea el del fin de semana o el de sus vacaciones anuales. La existencia se transforma en un simulacro, como ya previó Baudrillard, de tal forma que en nosotros ya se desarrolla el hábito mental de aceptar las propuestas de imágenes, como una realidad adecuada a nuestros esquemas mentales. La sorpresa de la espectacularización, sustituye a la especulación racional.

miércoles, 31 de enero de 2018

Tradición o Revolución

"No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos. El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo; y por cierto que no carece para esa construcción futura de fórmulas, arbitrios y esquemas mágicos; tiene todos los planos, que son de lo más delicioso del mundo. El otro, que se puede llamar la Tradición, tendiendo a seguir el consejo del Apokalipsis: “conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.

Una religión y una moral de repuesto.CRISTO ¿vuelve o no vuelve?. Padre Leonardo Castellani

sábado, 27 de enero de 2018

¿Qué hacer? (I): La situación actual

Bases para una salida de la crisis

La actual coyuntura reúne todos los elementos de un cambio de época, conjunto de hechos en que culminan acontecimientos muy anteriores y factores, a su vez, de profundos trastornos. Sin ser exhaustivo, se pueden mencionar los importantes fenómenos demográficos y migratorios, la expansión mundial del Islam, los efectos de políticas educativas suicidas que llevan a la ruptura de las herencias culturales, el desmantelamiento brutal del Estado de bienestar en beneficio de una desregularización liberal y del mercado universal (globalización) con sus graves consecuencias sociales, el desmembramiento de los Estados nacionales y la aparición de organizaciones complejas de poder, la lucha abierta mundialmente organizada contra la moral natural, el anticristianismo y el ateísmo militante.

En cuanto a la situación interna de la Iglesia, no escapa a nadie que presenta muchos contrastes y, humanamente hablando, muchas debilidades. En tales condiciones, no es posible seguir razonando como si el mundo no hubiera zozobrado en una crisis importante, y menos aún como si el optimismo  conciliar no hubiese sido juzgado por la historia como un error de previsión cargado de consecuencias. Se nos llama ahora, pues, a un nuevo razonamiento, un profundo cambio de perspectiva intelectual y espiritual.

Este enfoque, incluso si se ha evitado durante mucho tiempo, es impensable descartarlo indefinidamente, o reducirlo a la búsqueda de contemporizaciones, ya que los plazos presionan de manera cada vez más evidente.

Por ello, al final de un status quaestionis que nos hemos esforzado en limitar a lo esencial, proponemos un preámbulo intelectual y moral, y luego el examen de algunas hipótesis prácticas. Debe entenderse que se trata de la elaboración de una base alrededor de la cual se debería poder emprender después de una reflexión colectiva, reflexión que, por nuestra parte- este libro lo demuestra- hemos tratado de iniciar desde hace varios años.

Iglesia y política. Cambiar de paradigma. Dirigido por Bernard Dumont, Miguel Ayuso y Danilo Castellano

miércoles, 24 de enero de 2018

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

En abril de 2016 vio la luz la primera edición de La España vacía, del periodista Sergio del Molino, que este 2018 ha conocido su undécima edición llegando a más de 50.000 lectores, cifra nada desdeñable en el actual panorama cultural.

Con narrativa ágil y buen dominio de la geografía y la historia el autor va enhebrando artículos con pretensión ensayística, la cual se ve truncada en ocasiones por un exceso de carga autobiográfica, anecdótica y retórica. Sin embargo ha sabido poner la atención sobre un tema capital: la actual desolación de amplias zonas rurales de España, su muerte social y demográfica. Su gran éxito comercial es sin duda fruto de un hecho que el autor ha sabido sagazmente identificar y que repite a lo largo del libro: “la España vacía vive en la España llena”. Es decir, muchos españoles han visto en sus artículos un eco de sus orígenes o remotos recuerdos de una geografía sentimental que dejaron atrás. Muchas ideas sobre este abandono están bien apuntadas, como en lo tocante al nefasto impacto de la desamortización, aunque en otros casos se abusa de demasiados lugares comunes, sin redondear las tesis. Se propone un precario equilibrio dialéctico sobre la tradición de aquellos lugares, concediendo por igual sabiduría como ignorancia, felicidad como tragedia a la vida rural.

La aceleración del abandono y destrucción del campo español tiene uno de sus orígenes en la política de los gobiernos liberales del siglo XIX, cuando se implantó el centralismo burocrático de la burguesía plutocrática; la política de comunicaciones con las vías radiales, las desamortizaciones de los bienes comunales (el procomún), y el sistema tributario, con una mentalidad poco encubierta de aislar y asfixiar las comunidades rurales que entendían en su prejuicio ideológico eran custodio de atavismos seculares que  se oponían al nuevo mito moderno del progreso. Proceso de masificación, proletarización, individualización y ruptura de los lazos naturales, vínculos, arraigos a la tierra, a la propiedad real, a las tradiciones y al sentido comunitario y popular.

Nos interesa particularmente lo escrito en el capítulo VII, Manos blancas no ofenden. En el mismo se esbozo un acercamiento tipológico y costumbrista a Navarra, lo que le sirve para glosar una visión del Carlismo contextualizado en la temática general del libro.

El carlismo fue montaraz en un sentido no figurado. Fue la argamasa y el podio que dio autoestima a una España que se sentía morir por unas ciudades babilónicas y bárbaras, fue la venganza de una España que empezaba a vaciarse contra una España que empezaba a llenarse, y me parece significativo que una de las personas que pusieron a calentar el horno carlista fuera un fugitivo del arado[1], alguien resentido y que probablemente deseaba la muerte de aquellos presuntuosos burgueses y condes que se burlaban de su acento y sus manos ásperas.[2]

El desarrollo de esta tesis incurre no obstante en un cierto determinismo de sentido contrario al que el mismo autor advierte al referirse a las presuntas leyes de la Historia que enunciara Hegel. Dándole la vuelta al argumento hegeliano de que las fuerzas de la historia son tan poderosas que se manifiestan al margen de las personas que accidentalmente las sufren y viven el autor pretende que esos mismos hechos históricos no hubiesen sido posible sin el concurso del mundo rural. Lo que sin dejar de ser cierto es un enfoque parcial y reduccionista. Fueron las clases campesinas las más damnificadas por los golpes de Estado del liberalismo, sin duda. Pero seguramente en el momento germinal del movimiento carlista, que es donde sitúa la narración aludida, no fueron las más determinantes a la hora de los alzamientos carlistas, pues hasta años después los liberales no tuvieron la fuerza suficiente para imponer sus cambios revolucionarios: el pago de tributos en moneda en lugar de en especie y sobre todo la criminal desamortización. Hechos que los analistas más doctos podían intuir, pero que no servían para justificar un movimiento armado determinado en una exclusiva clase social o territorio. Una visión parcial que alimenta cierto mito romántico y que en virtud de su falta de consistencia puede determinar una lectura muy superficial del carlismo que llegue hasta alimentar la fantasía del carlismo como antecedente del nacionalismo, tesis a la que el propio autor del libro se apunta en alguna entrevista.
El carlismo es el movimiento interclasista por excelencia, seguramente de toda la historia política reciente. Fruto de la concepción armónica (que no ideal ni perfecta) y orgánica de las jerarquías tradicionales en el Antiguo Régimen. Pese a sus disfuncionalidades mostró ser un modelo mucho más integrado que el del liberalismo. Por eso no se puede realizar una lectura simple y lineal del carlismo como “ricos contra pobres” o “campo contra ciudad”. Particularmente en los albores de la Primera Guerra Carlista. Desde el funcionario de Correos que da el primer grito de “¡Viva Carlos V!” hasta el sostenimiento de la Causa por importantes militares de carrera, ejemplo paradigmático el General Zumalacárregui, el carlismo se extiende tanto entre gentes instruidas como a trabajadores manuales y pequeños artesanos, en el proceso álgido de la industrialización, el carlismo era multitudinario entre núcleos obreros como entre la propia patronal, todos hacían armas en defensa de una concepción trascendental y sacral de la comunidad política, en una realidad vivida que constituía una auténtica civilización frente a las pretensiones revolucionarias, que no dejaban de sentirse también en la España rural. Y si esas pretensiones eran minoritarias en el campo igualmente lo eran en la ciudad. En última instancia el enfrentamiento a un ejército regular de forzados con el concurso de otros cuatro ejércitos extranjeros y quizás el exceso de piedad de Don Carlos al no querer entrar a sangre y fuego en Madrid es lo que explica el triunfo de las armas liberales, más que los determinismos de orden rural o territorial.

Pese a ello no deja de ser sugestivo una aproximación al carlismo desde el enfoque campesino, siempre que se haga de forma ponderada y sin perder la magnitud del todo. En este sentido el propio autor reconoce que el carlismo no era ni mucho menos un mundo iletrado e incluso, para desmentir la visión excesivamente rural del mismo alude al Marqués de Cerralbo, uno de los aristócratas más finos de Madrid, De este escollo pasamos a una aproximación al carlismo en su vertiente romántica, con el ejemplo de Ciro Bayo, a cuyo espíritu aventurero achaca su alistamiento con los carlistas porque eran valientes, insobornables, nobles y viriles. Dicha arquetipificación la combina con el elemento de melancolía colectiva y con una cierta moral de derrota que hace que el carlismo pase a la posteridad con un halo de purismo ante la degeneración del mundo moderno, y particularmente de la ciudad. Ese diagnóstico incluso ha generado un cierto conformismo autorreferencial en ocasiones en el interior del propio carlismo, pero representa una nueva confusión reduccionista de un fenómeno de perfiles mucho más extensos.

En definitiva el aludido contexto de la obra no puede evitar demasiadas simplificaciones, con lo que el carlismo casi quedaría reducido a un mero recurso retórico, pese a la, en general, aceptable documentación que el autor maneja en torno a fechas, personajes y espacios. Quizás eso sea lo más destacable, que no se cometan errores de bulto en una obra generalista cuando se habla de carlismo, por más que las conclusiones y aproximaciones del autor resulten parciales.



[1] Se refiere a Calomarde.
[2] Sergio del Molino, La España vacía, Pág. 201, 10ª Edición.