Editoriales

jueves, 1 de abril de 2010

¿Una excomunión selectiva?

Todavía en marzo de 2006, la Conferencia Episcopal se congratulaba de que la Iglesia española, “iluminada por el reciente Concilio Vaticano II y en estrecha comunión con la Santa Sede, (…) colaboró decididamente para hacer posible la democracia” e hizo posible la Constitución de 1978. Y es que la CEE, siguiendo las directrices del liberalismo católico, ha mantenido la independencia del poder político respecto de la Iglesia y ha desautorizado sistemáticamente cualquier grupo o partido que se haya denominado católico. Su idea es que la Iglesia debe ser tratada como una sociedad particular, dentro del régimen democrático, y que su actuación ha de limitarse a vivificar la sociedad desde abajo, sin influir directamente en la política.

Semejante concepción no sólo contradice la enseñanza multisecular de la Iglesia, sino que es además irrealizable. Como toda sociedad fundada en la soberanía popular acaba por entrar en conflicto con las doctrinas de la Iglesia, a ésta, privada por propia voluntad de cualquier apoyo político directo, sólo le queda enzarzarse en actuaciones indirectas y taimadas, de resultado contraproducente, porque escandalizan a los fieles, sin llegar a modificar la actuación gubernamental.

En apariencia la Conferencia Episcopal no ha hecho sino cumplir con su deber, cuando ha señalado que los católicos no puede ni aprobar, ni dar su voto, a la nueva ley del aborto y que “deben recordar que si lo hacen, se ponen a sí mismos públicamente en una situación objetiva de pecado y, mientras dure esta situación, no podrán ser admitidos a la Sagrada Comunión”. Sin embargo, tan benemérita declaración ha quedado empañada por los elementos de arbitrariedad y ambigüedad que contiene.

El primero y más evidente se refiere a quiénes se ven afectados por ella y, en especial, a si el residente de la Zarzuela, D. Juan Carlos, cae o no bajo esa sentencia al sancionar esa ley. Cualquiera sospecharía que la respuesta a tal pregunta debe ser afirmativa, sospecha que ha sido corroborada por eminentes eclesiásticos, como Mons. Roig Plá y, más claramente, por Mons. Barreiro, Director de la Oficina en Roma de Human Life International: “Estamos convencido –dice– que Juan Carlos de Borbón ha incurrido en una excomunión latae sententiae, debido a que su decisión traerá como consecuencia directa un grave e inmoral aumento del aborto”.

Sin embargo, el portavoz de la Conferencia Episcopal, Mons. Martínez Camino, atosigado por lo periodistas, hizo una declaración contraria a la de Mons. Barreiro, aduciendo razones ininteligibles. La verdad es que uno no sabe si los periodistas entendieron bien cuando le atribuyeron enormidades como la de justificar que D. Juan Carlos es una excepción porque “su caso es único, con una moral distinta”. De todos modos, en la confusa palabrería del portavoz, quedó claro que la CEE no extiende su declaración de excomunión hasta D. Juan Carlos.

Lo extraño es que Martínez Camino no haya querido salir airoso del trance, diciendo algo tan obvio como que los obispos no tienen jurisdicción en ese caso, pues según el Código actual de Derecho Canónico, “es derecho exclusivo del Romano Pontífice juzgar en las causas acerca de quienes ejercen la autoridad suprema de un Estado” ( c.1405 § 1 y c. 401). ¿Por qué no lo hizo? Sólo se me ocurre una respuesta: si lo hubiera hecho, la CEE se habría visto obligada a solicitar de la Santa Sede que examinara el caso, con lo cual se hubiera enfrentado, por una parte, a la Constitución, que no prevé la posibilidad de que D. Juan Carlos no sancione las leyes parlamentarias, y, por otra, al régimen democrático, que no reconoce autoridad alguna a la Iglesia para influir sobre la legislación. Pero la CEE no está dispuesta a abandonar su decidido apoyo a la democracia y a la Constitución.

La segunda cuestión que plantea esta exclusión de la comunión atañe a su limitación a quienes han votado la última ley del aborto. Parece que esa excomunión ya debería haberse fulminado con motivo de la anterior ley del aborto y de leyes como la de la píldora abortiva “del día después”, y no sólo sobre los que las votaron, sino también sobre quienes no las abrogaron cuando tuvieron en el poder. ¿Qué explicación tiene esto? Sólo se me viene a las mientes que la CEE ha querido que la sentencia recaiga exclusivamente sobre los políticos del PSOE y de los partidos que le apoyan en esta legislatura, exonerando a quienes, desde el PP, han colaborado, por acción u omisión, con la legislación abortista.

Es difícil que nos quiten la impresión de que la Conferencia Episcopal, empeñada en mantener su apoyo al sistema constitucional, pero privada por sus prejuicios liberales de cualquier influencia directa sobre la cosa política, ha recurrido al astuto procedimiento de lanzar anatemas selectivos para favorecer al partido de la oposición, en detrimento del partido gobernante, cuyo laicismo militante ha terminado por desatar su irritación. Si esta interpretación responde a los hechos, prefiero dejar al juicio de otros su calificación moral; si es errónea y hay otra explicación, sólo cabe exigir una “explicación extensísima y detalladísima”, como ya indicó Manuel de Santa Cruz en el número anterior de Siempre p’alante.

José Miguel GAMBRA (Publicado en Siempre p´alante nº 627)

3 comentarios:

  1. Mi pregunta a la CEE, es sólo si NO es "meterse en política" apoyar la constitución de 1978, a Juan Carlos, al P.P ,desmontando todo intento de partido alternativo, como el caso de Familia y Vida con llamadas desde el Obispado incluida en el caso de Toledo...eso no es meterse en política...lo único prohibido para un católico, parace ser, es defender la doctrina católica de siempre sobre la materia. Es decir ser anti-liberal.

    Es lamentable ver a nuestras jerarquías eclesiásticas apoyar y defender con uñas y dientes este sistema que ha llevado a la descristianización mas absoluta, a la apostasía social y al materialismo más total. Sin darse cuenta que esto es un suicidio, porque la aparente convivencia sólo se da en momentos de transición, pero la propia dinámica de las ideas lleva tarde o temprano al enfrentamiento, porque el liberalismo es por ESENCIA anti cristiano y tiende siempre a destruir la civilización cristiana. Cuanto antes caigamos todos en la cuenta de este hecho, de esta realidad mejor para todos, lo contrario sólo consigue crear confusión, ambiguedad e impedir una sana reacción.

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  2. Boina roja montaraz BRM4 de abril de 2010, 9:12

    Excelente artículo. Es muy difícil encontrar una reflexión tan clara, profunda y auténticamente católica en esto que un día fue España.
    También me parece muy bueno el comentario de Hernan, pero le pregunto ¿es posible en esta sociedad nuestra alguna reacción? (ni siquiera digo una reacción sana)Felipe Glez ya dijo que necesitaba 20 años para hacer el cambio. El felipismo destrozó España durante 14. Luego el PP afianzó la descristianización, el laicismo y el aborto, por poner algunos ejemplos. ZP debe el poder al 11-M y lleva 6 con la misma política si acaso más radical. Eso suma 30 años de régimen anticristiano; la apostasía, la corrupción y el genocidio del aborto están ya tan profundamente arragaidos... los medios de desinformación se aseguran de adoctrinar y engañar a la población para que millones de borregos voten de nuevo al PPSOE... la CEE apoya eficazmente al sistema neutralizando cualquier intento de protesta católico y ensañándose con quien se atreva a mencionar su traición a la unidad católica que forjó España... la juventud es corrompida y adoctrinada por el mismo sistema "educativo"...las "autonomías" aseguran la ruptura de la unidad nacional, solo crecen con ellas los separatismos...
    Creo que no es razonable esperar una reacción de ningún tipo. Solo nos queda mantener la Fe y la doctrina social católica en la Tradición, junto con el auténtico patriotismo español. Y esperar que, cuando cambien las circunstancias, alguien recoga la antorcha. Que Dios nos coja confesados

    El boina roja montaraz BRM

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  3. Esta claro que el clericalismo es la muerte del catolicismo político. El carlismo jamás fue clericalista, y eso que la mayoría del clero del XIX y la primera mitad del XX eran Santos. ¡Lo curioso que es que la tendencia pseudocarlista clericaloide es cosa reciente, cuando casi todo el clero es modernista! Hay por ahí una tal junta de gobierno que no hace más que ir detrás del criterio de los Obispos actuales que tanto influyeron para traer la democracia liberal y la monarquía ilegítima y que no tiene sentido del ridículo

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