Editoriales

viernes, 11 de noviembre de 2011

Discurso de Manuel de Santa Cruz, Comendador de la Orden de la Legitimidad Proscrita

(Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita)

Con la venia de S.A.R.

Queridos amigos:

No puedo empezar a hablaros sin dar antes que nada, nuestras más sinceras gracias a Su Alteza Real el Príncipe Don Sixto de Borbón, por haber venido desde el exilio a la Patria a encabezar esta noche con sus leales esta manifestación de gran entusiasmo por la Causa.

Nos recuerda cuánto nos estimulaban las visitas del Rey Don Javier, que resumíamos relanzando el electrizante grito de Iparraguirre, de ¡Aún vive el Carlismo!

Ahora podemos añadir, gracias a Vos, Señor, una exclamación complementaria, ¡Aún vive el Carlismo, y lo que vivirá!

Conmemoramos esta noche, de una parte, la Fiesta de Cristo Rey, con todo el sentido de confesionalidad de los Estados que le dio su instaurador, el Papa Pío XI, poniéndole nosotros a salvo de adulteraciones posteriores más propias de New Age . Por otra parte presentamos el libro sobre 175 años del Carlismo, debido a la inagotable capacidad de trabajo y a los carismas, verdaderamente providenciales de nuestro amigo Don Miguel Ayuso.

Entre otros méritos, este libro tiene el de mostrar de una manera original e inédita que el Carlismo es una cosmovisión de aceptación e implantación universales, especialmente en las Américas que fueron España y en los restos europeos de la Cristiandad.

Precisamente, esta condición del Carlismo de ser, además de otras muchas cosas, esa cosmovisión universal, es una de las causas de su asombrosa y misteriosa supervivencia.

Esta cosmovisión carlista tiene cuatro pilares principales: la Religión, la Dinastía legítima, el Patriotismo, y el Estilo.

La Dinastía legítima, encarnada en el día de hoy por Su Alteza Real, cuya vida física pedimos a Dios que guarde todavía muchos años más, para que siga custodiando y defendiendo esa cosmovisión en toda su pureza en medio del oleaje de la revolución anticristiana y de la revolución progresista dentro de la propia Iglesia.

En esta misión providencial quisiéramos Señor que os aliviaran la Nobleza propia de la Dinastía legítima, la orden de la Legitimidad Proscrita, y otras asociaciones menores afines, como la Hermandad a los Juramentados de la Unidad Católica, de los monasterios de La Oliva y de las Madres Clarisas en Olite, especie de cuerpos intermedios del organigrama de la Comunión, que quisiéramos ver repoblados. Para lo cual todos nosotros debemos cultivar nuestras cualidades más naturales y nuestros carismas para poder ofrecer a S. A. R. unas colaboraciones eficaces y destacadas y encuadrados.

Toda la cosmovisión carlista que tan bien recoge y expone, aunque fragmentariamente, como es natural, el libro que presentamos, está empapada de religiosidad. Las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, devoción universalmente vinculada internamente a la Contrarrevolución, han estado entronizadas en todos los Círculos Carlistas e impresas en nuestras banderas de guerra. Por cierto, el Papa Benedicto XVI acaba de decir en el encuentro que ha tenido en Asís con representantes de religiones falsas, que se avergüenza de que en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Nosotros no nos avergonzamos de que en los Tercios de Requetés llevaran a su frente Crucifijos en alto. No solamente no nos avergonzamos sino que estamos orgullosos de ello, y además estamos dispuestos a vivir y a morir con las botas puestas, arma al brazo, y en pié de guerra, para defender y propagar nuestra cosmovisión católica y española cuantas veces sea necesario . Para que dentro de otros 175 años más, se pueda presentar un libro como éste.

Otro elemento constitutivo de la cosmovisión carlista que este libro tiene la afortunadísima exclusiva de presentar, es el amor a España, el patriotismo. La monarquía es hoy el principal custodio del concepto de Patria frente a las distintas globalizaciones supranacionales judeomasónicas que lo erosionan, Vos Sois, Señor, el último y genuino representante de la Monarquía española, que resiste desde el exilio al mayor atentado a la soberanía nacional de España que se está produciendo desde tiempos el rey José Bonaparte. Otros organismos que debiendo resistir a la europeización de España no lo hacen, no son más que chapuzas republicanas. El día en que la Unión Europea acabe de desmoronarse se verá mejor la labor callada que hacen con su sola presencia S.A.R. y otros Príncipes europeos a favor del concepto de Patria.

Este libro continúa la recopilación de ideas políticas al servicio de la Religión y de España que se encuentra iniciada en el Acta de Loredan del Rey Don Carlos VII y sigue en las obras de Vázquez de Mella y otros pensadores más recientes como Elías de Tejada, Rafael Gambra y Álvaro d’Ors. Es un hito en la historia del Carlismo.

En la creación de este libro se ha corregido el error tan repetido maliciosamente de mostrar al Carlismo como un movimiento exclusiva o predominantemente guerrero, lo cual es mentira. Los carlistas han estado mucho más tiempo que en los frentes de guerra, exponiendo sus ideas de manera incruenta en el Parlamento, en las tribunas y en los periódicos.

La cosmovisión carlista es tan perfecta y acabada que ha producido en los que la sirven, un estilo de ser y de vivir, que les identifica. Estilo que es, a su vez con sus caracteres propios y mecanismos especiales, una garantía más de la pureza y supervivencia de esa cosmovisión. Por ello debemos mantener ese estilo y fomentarlo como algo realmente importante.

¿Cómo? Tratándonos entre nosotros mismos lo más posible como hermanos en una misma fe. Cultivando además del patriotismo de la Patria, España, el patriotismo de las cosmovisiones, de esta cosmovisión. Y multiplicando reuniones, convivencias, actos como éste que avivan la hoguera de nuestro entusiasmo individual y colectivo.

5 comentarios:

  1. Muy bien todo, pero me parece que sobran ciertos reproches a S.S.Benedicto XVI. Está claro que si se le hubiera preguntado más a fondo matizaría su postura. Lo dicho es una sentencia de caracter general; que no se debe utilizar la violencia en nombre de la religión. Todos en general deberíamos estar de acuerdo. Ahora bien, en ciertas circunstancias incluso puede ser un deber. Los carlistas, como muchos otros cruzados en la historia, fueron en esta causa irreprochables.

    Marc

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  2. El problema es que esa sentencia dicha sin matizar en el contexto actual (religioso, social y político) de plañiderismo pacifista puede sonar a irenismo y crear confusión. Confusión en la que llevamos instalados 40 años, en ocasiones con gestos tan lamentables como la devolución a los turcos de las banderas de Lepanto (por parte de Pablo VI). En este periodo de confusión estamos instalados, por lo que si no se especifican las matizaciones continuaremos generando incertidumbres.

    Ya un gran Papa exquisitamente antiliberal en lo doctrinal como León XIII pretendió de los carlistas un ralliement (que en Francia tuvo penosas consecuencias) a la española invitándoles a reconocer la usurpación liberal y acatar los poderes de facto. Los carlistas no cedieron en este punto (incluso en los círculos carlistas se rezaba "por la conversión de León XIII") y gracias a su determinación se pudo salvar décadas después, tras mucho derramiento de sangre, a la Iglesia en España tras la Cruzada de 1936-1939.

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  3. ¡Ojo! Que S.S. Benedicto XVI no ha dicho como señala Marc "que no se debe utilizar la violencia en nombre de la religión" -proposición genérica en si misma ya excesivamente confusa- sino que ha señalado que "se avergüenza de que en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia", y con ello condena cualquier tipo de Cruzada. Pues como se trata de un acto de magisterio falible no tenemos porque acatar dicha sentencia, y en este sentido está muy bien traído el ejemplo de los años de León XIII. Al igual que los carlistas de aquellos años no acataron el ralliement a la española (¡y siguieron siendo con ese desacato los mejores católicos de España!) nosotros no podemos estar de acuerdo con esa sentencia que condena el uso legítimo de la violencia para defender los derechos de la Iglesia e incluso su propia supervivencia, caso de la Cruzada de 1936-1939, para librarse del exterminio de judeomasones y stalinistas. Y pese a ello, ¡viva el Santo Padre Benedicto XVI!

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  4. El texto me parece auténticamente brillante. Manuel de Santa Cruz, pese a su dilatada militancia, sus sobrados méritos y su vida de entrega a la Santa Causa sigue siendo el mejor Requeté, y sus palabras son siempre sabias y un ejemplo perfecto de lo que es el Carlismo.

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  5. Necesitamos ese ardor guerrero y combativo, ese espíritu Requeté, como agua de mayo. Ideas y proposiciones jugosas, sugestivas e imprescindibles. El que tengo ojos que lea y se aplique el cuento.

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