Editoriales

lunes, 26 de marzo de 2012

El primer objetivo: Restaurar la Monarquía, para restaurar la sociedad


"Tal fue el caso de la tradicional monarquía española, por más que se haya querido ver en su historia una evolución constante y uniforme hacia la desaparición de las libertades y autonomías locales y sociales. Como dijimos, en poco o nada había variado de hecho nuestra organización municipal y gremial desde los primeros Austrias hasta Carlos IV, al paso que, desde la instauración del régimen constitucional, varía el panorama en pocos años hasta resultar hoy casi desconocida para el español medio la antigua autonomía foral y municipal.

La monarquía viene a ser así la condición necesaria de esa restauración social y política. Si todas las sociedades e instituciones que integraban el cuerpo social eran hijas del tiempo y de la tradición, en el tiempo y en la tradición deberán resurgir. Su restauración debe ser, necesariamente, un largo proceso. Para que se realice, se necesita de un poder condicionante que se lo permita y que las encauce y armonice en un orden jurídico. La Monarquía es la única de las instituciones patrias que puede restaurarse por un hecho político, inmediato; y ella es, precisamente, ese poder acondicionador y previo. En frase de Mella,

"...la primera de las instituciones, que se nutre de la tradición, y el canal por donde corren las demás, que parecen verse en ella coronada"


“Si esto es así, las exigencias de la restauración recorrerían un proceso inverso al que impuso la historia, y esta inversión del proceso parece imponerse en vista de la necesidad de romper, en primer lugar, las estructuras político-financieras de los poderes que dirigen la revolución y que hacen prácticamente imposible la restauración desde abajo. El poder estatal creado por la revolución es tan exclusivo, tan absoluto, que no se puede soñar con restaurar el orden social si no se comienza por poner los resortes de ese poder en las manos encargadas de la misión restauradora”.

Rubén Calderón Bouchet

7 comentarios:

  1. "España fue una federación de repúblicas democráticas en los municipios y aristocrática, con aristocracia social, en las regiones; levantada sobre la monarquía natural de la familia y dirigida por la monarquía política del Estado"

    Juan Vázquez de Mella

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  2. Es de suma importancia insistir en que el régimen imperante en la actualidad en España NO es una monarquía sino una "república coronada"; en palabras de Vázquez de Mella:

    "decoraciones heráldicas de la revolución que usurpan su nombre...El monarca conserva los honores, las apariencias y oficialmente el rango social de la antigua realeza; pero, en realidad, no es más que el remate heráldico de la nueva oligarquía. De modo que, sintetizando, podría decirse que el poder constituido en España es, no una monarquía, sino una poliarquía oligárquica y alternativa, exornada con las apariencias heráldicas de la realeza antigua"

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  3. Estoy de acuerdo con lo expuesto. Es del todo necesario un "poder restaurador", un poder fuerte que haga frente al poder del dinero y de la finanza que hoy descompone a nuestra sociedad por sus intereses económicos. Desde esta perspectiva es totalmente errónea la idea que defienden algunos de que primero es necesario restaurar la sociedad y después, como guinda, se restaurara una monarquía tradicional, e igualmente es falsa la aspiración a una "nueva evangelización" de la sociedad sin el soporte de instituciones cristianas que sostengan el empeño. Son utopías que nos llevan a un callejón sin salida, fue el camino torcido de la democracia-cristiana y de todos los que la han seguido. La batalla es primeramente política, y en este sentido se debe leer la famosa frase de Charles Maurras "Politique d´abord"- la "política primero"- no se refería a una prioridad ontológica, como algunos maliciosamente le achacaron para desacreditarle, sino fáctica.

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  4. "Y aquí como en tantos momentos surge la diferencia esencial entre la Monarquía tradicional y todos los demás regímenes de sello revolucionario, que son de opinión o de partido. La Monarquía, precisamente por estar vinculada al tiempo y a las generaciones, por situarse sobre los grupos e intereses y no deberles nada, procura apoyarse en las más viejas y estables instituciones y en las más nobles autonomías que, como ella misma, hunden su prestigio en la Historia. Sólo la Monarquía no entra en rivalidad con la sociedad, porque es, cabalmente, el único régimen social en el puro y profundo sentido de la palabra"

    Rafael Gambra Ciudad. La monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional

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  5. Muy bueno. Sólo la restauración social de los órganos naturales: familia, municipio, universidad, gremio y corporación, dotados de autarquía y libertad, puede evitar la consolidación definitiva del totalitarismo tecnocrático y de la sociedad de masas. El estado totalitario, centralizador, burocrático al servicio de la finanza y del economicismo materialista burgués es el poder que impide esta restauración; la monarquía federal y social que contempla a la comunidad como una federación de organismos naturales, vivos y libres es el poder de esta necesaria restauración.

    MONARQUÍA SOCIAL,FEDERAL Y REPRESENTATIVA: MONARQUÍA REAL YA.

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  6. Suscribo todo esto, pero la realidad es que mucha gente ,que no es liberal, no tiene afecto por la Monarquía; no digamos en el mundo de la derecha. El objetivo es subsistir.

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  7. “La monarquía, como una esperanza remota, porque antes hará falta un gobierno fuerte, provisional, que reconstruya el país y que establezca una constitución para que pueda venir el rey”. Es decir, que la monarquía no es salvación, sino náufrago al que se ha de salvar. Los salvadores son ellos, un gobierno cualquiera, los más acreditados del demos, una república, el mando de muchos para restablecer la vida pública. Luego, esperanza remota…, cuando ya todo está construido, se pone como remate el adorno de un rey. ¡No sirve para otra cosa! Ese es el rey del régimen democrático constitucional y los que así piensan son revolucionarios hasta la médula aunque no lo sepan».

    LUIS HERNANDO DE LARRAMENDI, ‘Cristiandad, Tradición, Realeza’ (1937)

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