Editoriales

jueves, 13 de marzo de 2014

Don Sixto Enrique de Borbón preside la celebración de los Mártires de la Tradición 2014


Mártires de la Tradición 2014

Jesús de Castro

Ha pasado más de un siglo desde la instauración por S.M.C. Don Carlos VII de Borbón y Austria-Este de la festividad de los mártires, comunicada por carta a su secretario el marqués de Cerralbo, en el 10 de marzo coincidiendo con el aniversario de la muerte de su abuelo S.M.C. Don Carlos V. Festividad que Don Carlos instauraba dedicada –como indicaba en su carta al marqués de Cerralbo- a “los mártires que desde principio del siglo XIX han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales”. Así cada 10 de marzo desde entonces los leales carlistas nos reunimos en torno al altar para rezar por el alma de aquellos mártires y encomendarnos a ellos con el corazón puesto en el Trono y el Altar.

Las boinas rojas y blancas subieron el pasado 8 de marzo al Cristo del Pardo para conmemorar esta festividad. Los mártires desde el Cielo los contemplan. Entre corazones valientes podría haberse inspirado Tolkien para una obra pues el humo de las pipas lo inundará todo después de la Misa y los saludos al Duque de Aranjuez que honra con su visita a los carlistas leales. No hay carlismo sin Abanderado de la Tradición –como señalaría ese mismo día el Jefe Nacional de las Juventudes Tradicionalistas de España, por si hubiera alguna mente confusa- y así los carlistas se reunían alrededor del Abanderado de la Tradición S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, esperanza de las Españas haciéndole mostrar la entrega al Abanderado y a la Causa porque a diferencia de otros falsos movimientos que se dicen carlistas, la verdadera Comunión se congrega alrededor del Regente y no de personajes desacralizados. Y es que si algo caracteriza al carlismo es la sacralización del poder, de a quién se debe obedecer, conforme a la más católica doctrina y al corpus tomista que el tradicionalismo toma como suyo.

Tras una Santa Misa celebrada con el mayor recogimiento se respira a la salida la alegría de los carlistas que han recibido al Abanderado y con entusiasmo llegan desde todos los rincones de las Españas. No se distinguen caras a priori sino la boina roja que los hombres se calan y la blanca que tantas margaritas leales llevan incluso dentro del templo.
Más que un acto político valdría decir con Valle-Inclán que vienen en romería de todos los lugares. Pues aunque haciendo política, diría D. Manuel POLO Y PEYROLÓN que “Peregrinando venimos por el desierto de las persecuciones hace más de 74 años, y convencidos estamos todos de que la política carlista amarga constantemente la vida del que la practica, y le sume en piélago insondable de desventuras y sacrificios; pero precisamente la acción es tanto más meritoria cuanto más erizada de obstáculos y sinsabores, llegando a veces a heroica, cuando para la práctica del bien exponemos la hacienda, la honra y la vida” .

A esa peregrinación al Pardo por los mártires de la Tradición cabe unir un nuevo tipo de martirio que cada vez vemos más frecuente en las filas carlistas, un tipo de martirio al que el historiador que escribe como D. Manuel DE SANTA CRUZ se refería en su artículo Los nuevos mártires de la Tradición en la revista Siempre p´alante . Quizá ya no haya –como señala el historiador carlista- derramamiento de sangre, mas sí de tinta, saliva, sudor y lágrimas engrosando así la lista de mártires con un martirio de “este tiempo”, al que no le falta sutileza.

Pues tras esto, los carlistas bajamos al almuerzo con el Abanderado de la Tradición y múltiples correligionarios de la Causa donde se intercambiaron experiencias y opiniones sobre la restauración de la Comunión Tradicionalista en España a través de diferentes círculos y asociaciones que extiendan y hagan permanecer el sempiterno tetralema de Dios Patria Fueros y Rey a pesar de las dificultades con las que se encuentra quien hoy es conocido como carlista. Pudimos gozar de las palabras siempre emocionantes del Duque de Aranjuez venido desde Francia como el Abanderado que es. Eran numerosos los temas que Su Alteza quería tratar y poco el tiempo que tuvimos pero bien nos hizo llegar su interés por los actuales conflictos internacionales de la Rusia que renace, así como el aislamiento al que es sometida por el satélite de los Estados Unidos de América llamado Unión Europea.También hizo referencia el Abanderado a la realidad de la historia de Italia, pues tuvimos la presencia de D. Francesco Maurizio di Giovine, refiriéndose a ella como las Italias. Lamentaba la situación de España, mas ésta le hace tener esperanza en la Causa y la restauración en las Españas. Era enorme el agradecimiento y la emoción que Su Alteza Real nos transmitió a todos los carlistas que en torno a él nos congregamos aquél día, pero es más el agradecimiento que nacía de los sanos corazones tradicionalistas reunidos, viendo en el Abanderado la esperanza de las Españas para que un día vuelva a restaurarse la Monarquía representativa y tradicional frente a la enorme crisis a que el Estado kelseniano y acaparador de las libertades está llegando pues dirá un servidor que es el paroxismo del Estado revolucionario y del Derecho nuevo del que el Abanderado y la Causa la sanarán un día.
Al son de guitarra y canciones tradicionales del carlismo, que tanto alegraron a S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, un correligionario venido de Canarias y entre el humo de pipas –donde podría haber estado un Tolkien contemplando “el retorno del Rey”- parecía caer la tarde en los boinas rojas que pronto marcharían a aquellos rincones de las Españas desde los que habían venido. Pero no cayó la tarde espiritualmente, ni caerá, pues los leales carlistas allí seguíamos congregados en torno al Abanderado antes de despedirnos y aún una vez habiéndonos despedido ni la tarde ni la noche caen en los nobles corazones carlistas que marchan a su tierra y a sus hogares para trabajar y labrar cada día por la Causa aunque ésta les otorgue, en ocasiones, el martirio de sangre, o –como antes recordaba del artículo de D. Manuel de SANTA CRUZ- en “derramamiento de tinta, saliva, sudor y lágrimas”.

 i D. Manuel POLO Y PEYROLÓN, Siempre en la brecha carlista, Valencia, Escuela Tipográfica Salesiana, 1907, pp. 11-12. Extraído de Banderas blancas, boinas rojas: una historia política del carlismo, 1876-1939, Jordi CANAL I MORELL, Marcial Pons, 2006.

  ii Artículo Los Nuevos Mártires de la Tradición, por Manuel de SANTA CRUZ, Siempre p´alante nº 713, 1 de marzo de 2014, página 3.

 iii Aunque ahora algunos movimientos de cuño democratacristiano deseen volver a la “Europa de los valores” y la “Europa de Schuman y De Gasperi” como ellos mismos reconocen abiertamente intentando que algún carlista de buena voluntad se sume al bandidaje. Ya escribió D. Manuel DE SANTA CRUZ que “no es que África comience en los Pirineos sino que Europa acaba en los Pirineos”.

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