Editoriales

lunes, 1 de septiembre de 2014

Bosquejo a Doña Magdalena: Orden natural versus orden artificial

Hoy primero de septiembre, acabando el verano y volviendo muchos a la rutina del mundo, recordamos a la última Reina de España Doña Magdalena de Borbón Busset. Apellido que suena a esperanza y llena incluso de melancolía los corazones de muchos de nosotros. Apellido que ha sido discutido y vilipendiado por numerosos "españoles de buena voluntad" con un wishful thinking que incluso hoy nos irrumpe en numerosos círculos y grupos donde el pensamiento en España y su visión como el muerto a quien no se reconoce se ha vuelto voluntarista y heterodoxo por ajenos a la Causa que hacen de ésta una suerte de amalgama de ideas que fueran cultivadas por aquellos menos relacionados con ella y a quienes parece ser les estuviera que estar agradecida.

Como bosquejo a la antesala de la situación en que reinaría Doña Magdalena desde el exilio sirva citar aquí al eximio profesor Gambra Ciudad: "La España de 1936 llevaba ya más de un siglo sometida a la acción de un régimen liberal, conformado según los esquemas de la Revolución francesa. Las bases sociológicas (familiares, locales) para la conservación de un patriotismo arraigado, habían sido profundamente minadas, y las corrientes ideológicas dominantes se habían ya ensañado con el sentimiento patrio español en la misma medida que éste poseía unas raíces religiosas, católicas. Un eco profundo de la llamada "leyenda negra" se había extendido ampliamente en la mentalidad universitaria española. No es así extraño que una resurrección del patriotismo fuera entre nosotros proclive, por el mismo suelo teorético en que habría de producirse, al nacionalismo, es decir, a su visión abstracta, teórica o voluntarista.

"Recordemos - continúa el maestro - las ideas sobre España de Ortega y Gasset: España es como la inmensa polvareda que ha dejado un gran ejército a su paso por la historia... "España - pensamiento orteguiano - es un dolor enorme, difuso. España no existe como nación. Gravitan sobre nosotros tres siglos de errores y de dolores" España invertebrada, exánime... Patriotismo no de pasado, sino de futuro, de destino. Imaginemos un pueblo dividido en rivalidades y banderías. Lograd en él un buen número de vecinos que se interese por nuevos métodos de cultivo que lleguen a ver en ello una grande y fecunda tarea; las divergencias desaparecerán o se purificarán, se reducirán las luchas y aquella colectividad se salvará en "la verdad de las cosas" y del quehacer comunitario. "Si sentimos que España es un pozo de errores y dolores, nos aparecerá como algo que debe ser de otra manera."

"Estas ideas van a influir en el fundador del falangismo, José Antonio Primo de Rivera: "Amamos a España - cita del fundador falangista - porque no nos gusta." España como una "unidad de destino en lo universal". Si acaso, una afirmación de poderío, voluntarista: "Voluntad de Imperio". Para definir ese Imperio refluye una metafísica de carácter religioso-panteístico: "Por el Imperio hacia Dios". Sabido es que el himno de la Falange revela una inspiración poético-pagana, y se termina con una invocación voluntarista a España en los gritos "de ritual" - Una, Grande, Libre - que se incorporaron como lema al escudo de los Reyes Católicos, erigido en nacional en 1937, durante la guerra.

"Este nacionalismo, que concibe a España como protorrealidad metafísica, y no como fruto de una historia en común, vivida a partir del amor a la casa y la tierra paterna, explica el desinterés del Régimen por realidades políticas tan esenciales al pensamiento tradicional como el regionalismo o foralismo. Lo cual, como diré, revierte en una contradicción interna con la legislación fundamental del mismo y con la representación orgánica."

Sería ese, pues, el panorama político que camparía a sus anchas en España durante unos años totalitarios hasta, en la praxis, 1944. Habrá entonces un giro hacia una quizá suerte de democracia cristiana (con lo desastroso que ésta implica) y, a la postre, conservadurismo que se prolongaría hasta después de la muerte del General.
En esta situación los carlistas se mantenían fieles a la Monarquía que, tras Don Alfonso Carlos, encarnaría el Rey Don Javier y la Reina Doña Magdalena. No sin sufrimientos y desasosiegos puesto que en palabras Don Manuel Polo y Peyrolón el carlismo no es algo de buen sabor y victorias fáciles, sino que viene a dejar en numerosas ocasiones el desaliento en algunos de sus leales ante un mundo que los intenta seducir. Un mundo que ya entonces se extranjerizaba y europeizaba fiel al deseo orteguiano.

Para quienes se apoyaban y apoyan en el orteguismo no cabe una continuidad sino una ruptura con el pasado, con un pasado que es la oscuridad de la religión y la Cristiandad mayor venida a Christianitas minor con la evolución al protestantismo de los países europeos; quedando como resquicio de esa Christianitas maior España. Pero aún con la Christianitas minor, para el pensamiento moderno cabe una única salida hacia el futuro y es la ruptura voluntarista con la tradición española, es decir, católica.

Campando a sus anchas el pensamiento moderno y potenciado desde las altas esferas, que no serían otras que la plutocracia internacional y de cuño protestante-calvinista, quedaba ese rescoldo de Christianitas que sería el carlismo en la persona del Rey Don Javier y la Reina Doña Magdalena.

Va a fomentar que lo llamemos resistencia el internacionalismo que dará un giro en la política española europeinzante y democratizante que rompe con las libertades patrias. Todo ello en aras de "una empresa común". Empresa que cuyos dirigentes se mantendrán a la sombra gobernando desde fuera pues no interesa que la multitud conozca quiénes son realmente. Todo esto es lo que se revestirá y llamará tecnocracia, como gobierno de los técnicos, gobierno de muchos.

Sobre esta tecnocracia escribiría el Prof. Ayuso Torres que "la constante escalada izquierdista en el exterior - refluyente en España - y el desamparo internacional, condujeron del España es (políticamente) diferente hasta el España es (políticamente) análoga al resto de la Europa occidental. El convencimiento de que no era posible una aventura española desligada del contexto europeo propició esa solución técnica." "La Ley Orgánica del Estado de 1966, cerrará, junto con la parte organizatoria de los poderes, el complejo normativo fundamental. Además, durante este tiempo, se aprobarán otras tres leyes de neto significado asimilacionista: la Ley de Prensa e Imprenta (1966); la Ley de Libertad Religiosa (1967), consecuencia del Concilio Vaticano II; y la Ley General de Educación (1970), una ley inequívocamente made in UNESCO."

Así se iba construyendo avant la lettre un régimen de corte europeo y liberal que era en sí una consecuencia inevitable del romper con la tradición política española cultivada y acrecentada durante siglos para la ulterior traición del accipiens político que la recibiría salvando el caso de los Reyes legítimos. Claro que éstos gobernando desde el exilio, lo cual es sumamente difícil y muestra la heroicidad de un poder natural y jerarquizado que intenta mantenerse allí donde ha sido implantado a golpe de martillo el desorden y la des-jerarquización natural. Una autoridad natural que intenta mantenerse allí donde gobierna a sus anchas la autoridad artificial e impuesta, la autoridad acaparadora del Estado moderno y lo que se ha dado en llamar derecho nuevo. Ese espíritu de retorno a la agricultura tan vivo en Don Jaime que plasmara el Conde de Melgar y que heredado por Don Javier se verá frente a la plutocracia capitalista e industrial reinante en España consecuencia de la cual vemos hoy las extranjerizaciones de las costumbres y la desvinculación familiar y religiosa al querer cerrar como una postilla ese régimen plutocrático y extranjero - ilógico y artificial - sobre el pensamiento y las costumbres del pueblo español que, sin la esperanza que le hubiera dado su espíritu tradicional y religioso, imita a las falsas costumbres impustas por una Europa - americanizada - que se ha convertido en el monstruo totalitario revuelto contra el orden y la autoridad naturales.

Orden y autoridad naturales que encarnó la última reina de España, Doña Magdalena de Borbón-Busset. Sirva, pues, como bosquejo a la Reina y a la esperanza que ella fue y encarnó, puesto que no nos quedaremos en la consideración de su persona sino en los valores eternos que representa, contrapuestos a estos Estados hodiernos diametralmente opuestos y artificiales que, a la postre, no es más que el totalitarismo enmascarado - aunque cada vez esa máscara vaya desmoronándose más -.

Jesús de Castro

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