Editoriales

sábado, 21 de enero de 2017

Presencia carlista en el aniversario del Rey mártir Luis XVI

París, Plaza de Luis XV (llamada de la Concordia), sábado 21 de enero de 2017. Homenaje a Luis XVI en el lugar donde fue martirizado por la Revolución anticristiana. Con presencia de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, acompañado por miembros de la Comunión Tradicionalista.
Don Sixto Enrique presidió la tradicional conmemoración del martirio del Rey Luis XVI
 Escolta carlista para S.A.R Don Sixto Enrique
Iglesia de San Eugenio y Santa Cecilia
Contando con la aprobación de su primo el Rey Don Jaime, en 1914 el entonces Príncipe Javier de Borbón Parma y Braganza (hijo del Duque Roberto, último reinante en Parma e Infante de España), fundaba el Memorial de France à Saint-Denys (Memorial de Francia en San Dionisio, Saint-Denis) para garantizar el ofrecimiento de Misas perpetuas por el alma de los reyes Luis XVI y María Antonieta en la Basílica de San Dionisio, necrópolis de los Reyes de Francia, según lo dispuesto en 1815 por el rey Luis XVIII. Durante muchos años el propio Don Javier presidió habitualmente la Misa solemne ofrecida el día 21 de enero, como tras él siguió presidiéndolas su hijo Don Sixto Enrique de Borbón.
Acompañado por los leales carlistas españoles, el Abanderado de la Tradición se desplazó a la iglesia de San Eugenio y Santa Cecilia, llena a rebosar de fieles, donde se celebró una solemne Misa de réquiem según el rito romano tradicional. Cantada por la magnífica Schola Sainte Cécile, que interpretó la Misa de Réquiem a cinco voces llamada «de los reyes de Francia», del maestro de la real capilla Eustache du Caurroy (1549-1609), cantada en Saint Denis en todos los funerales reales desde 1610 hasta la Revolución. Don Sixto Enrique ocupó el lugar de honor junto al catafalco; la escolta carlista (encabezada por el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, profesor José Miguel Gambra) fue situada en lugar destacado cerca de Su Alteza al inicio de la nave lateral y, al terminar la ceremonia, le hizo un pasillo entre los vítores de los asistentes y se entonó el Oriamendi.
Finalmente, en un «bistrot» del Barrio Latino, tuvo lugar un almuerzo de hermandad de los carlistas con los jóvenes de la Acción Francesa Universitaria en torno al Príncipe. Tanto la víspera, el viernes 20, como la tarde del mismo sábado 21, Don Sixto Enrique se reunió con los miembros de su Secretaría Política desplazados a París.

Fragmento del discurso de S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón

“La muerte del Rey Luis XVI provoca una derrota de todo el cristianismo occidental, y es cierto que las revoluciones liberales, la ilustración del siglo XIX es hija puta de la república francesa, ahora bien el frente popular que está volviendo ahora en España es un hijo bastardo de la misma revolución”

Canto del «Christus vincit» donde en 1793, el Rey de Francia Luis XVI fue martirizado por los revolucionarios. Homenaje al Rey organizado por «France Royaliste», con la participación de «Alliance Royale», presidido por Su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón. Unas trescientas personas asistieron al acto.
Reportaje de Agence Ligne de Conduite del homenaje a Luis XVI
"La obra política de la Revolución francesa consistió principalmente en destruir toda aquella serie de organismos intermedios- patrimonios familiares, gremios, universidades autónomas, municipios con bienes propios, administraciones regionales, el mismo patrimonio de la Iglesia-que como corporaciones protectoras se extendían entre el individuo y el Estado (...) si hay un poder que asume toda la soberanía... ¿qué cosa es esto, variando los nombres, más que un bárbaro absolutismo".

Juan Vázquez de Mella
(El liberalismo) “Tuvo su cuna en el tablado sangriento de la guillotina, pasó su niñez en las logias, su adolescencia en las barricadas, su juventud en los cuarteles, y ahora acaba los años de su vejez en las disputas bizantinas de los Parlamentos”.

Juan Vázquez de Mella

Audio y fotografías de la Santa Misa solemne de réquiem por S.M.Cma. Luis XVI, presidida por S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. París, 21 de enero de 2017. PULSAR AQUÍ

3 comentarios:

  1. Con el asesinato de Luis XVI, la burguesía liquidó al poder político que impedía entronizar a la nueva plutocracia, eliminar toda autoridad por encima del poder del Dinero. Además, las consecuencias fueron devastadoras para la verdadera Francia, se impuso el centralismo jacobino más destructor, se destruyeron los gremios y todas las libertades concretas, creando el mito del "ciudadano", la masa inorgánica del nuevo liberalismo. Y para no olvidar el genocidio de la Vendee y la posterior devastación de Europa. Los efectos llegaron a España con Napoleón, con los afrancesados, la pérdida de las Españas americanas (imposibles de defender al estar la península ocupada)...y finalmente la Pepa, la liberal y desastrosa Constitución de Cádiz copiada de Francia.

    España fue de las primeras en luchar contra la Revolución francesa, baste recordar la Guerra Gran:

    La Guerra “Gran” (Grande), llamada también Rosellón o de la Convención, sólo puede entenderse como la emergencia del alma catalana ante lo que consideraba un deber Patrio y religioso.

    La chispa, el motor de esta Guerra, fue la ejecución, por parte de la Convención francesa dirigida por Robespierre, de Luis XVI y la Reina María Antonieta. La ejecución de los monarcas provocó la repulsa en toda Europa. Francia declaró la Guerra a España el 7 de marzo de 1793, iniciando la invasión por Cataluña, Navarra y Vascongadas. En toda España se reclutaron voluntarios dispuestos a enfrentarse a la Convención, pero sólo en Cataluña la movilización alcanzó el carácter de un verdadero ejército popular, subvencionado por los gremios y ayuntamientos. Al grito de Dios, Patria y Rey, en un claro antecedente del carlismo.

    Cantos populares de los voluntarios catalanes contra la Revolución francesa:

    “Aquells francesos malvats /son nostros majors contraris, / han comés tantas maldats / alevosas y execrables. / Valerosos catalans, / anems tots á la campanya / á defensar nostre Deu,/ Lley, Patria y Rey de Espanya”

    (Aquellos franceses malvados / son nuestros mayores contrarios / han cometido tantas maldades / alevosas y execrables. / Valerosos catalanes / vamos todos a la campaña / a defender nuestro Dios / Ley, Patria y Rey de España).

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  2. La denuncia contundente del asesinato de Luis XVI, es una denuncia rotunda de todo el liberalismo que ha envenenado Europa. De toda la historia del liberalismo que se alimenta del mito de la Revolución francesa. Del laicismo que generó y del sistema burgués impuesto.

    La república ha sido siempre laicista, centralista y plutocrática, y se levanta sobre la sangre del Rey y del pueblo católico francés.

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  3. Que la Revolución Francesa fue un baño de sangre criminal de proporciones escalofriantes, que supuso el fin de la verdadera Francia, Católica y Monárquica, es un hecho que cada vez más franceses comparten. La misma figura de Louis XVI es objeto de una verdadera revisión histórica que trata de hacer desaparecer las leyendas interesadas que en su contra se han hecho circular como verdades absolutas.

    Los crímenes perpetrados por la República jacobina de la liberté, égalité, fraternité en la región de la Vandée, contra el pueblo católico y monárquico, a partir de 1793 constituyeron el primer genocidio moderno, con unas cotas de ensañamiento y crueldad desconocidos hasta entonces. En dieciocho meses, en un territorio de sólo 10.000 km2 , desparecieron 120.000 personas, por lo menos el 15 % de la población total. En proporción, como si en la Francia actual fueran asesinadas más de ocho millones de personas. Estos hechos, no fueron aislados ni se limitaron a La Vandée.

    La actual República Francesa se levanta sobre esos crímenes horribles contra la religión, el campesinado, la identidad y libertad de los pueblos y la Monarquía.

    El mundo moderno pretende subyugar a la Iglesia mediante la mentira, haciéndonos creer que el protestantismo, el liberalismo, el socialismo y todos los enemigos del catolicismo se impusieron mediante revoluciones populares. Muy al contrario las revoluciones fueron siempre oligárquicas, antipopulares, mercenarias, crueles y asesinas. Frente a las que se levantó un pueblo católico y monárquico, como en España fue el carlismo.

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