Editoriales

lunes, 7 de septiembre de 2009

La disolución de toda comunidad humana

"Nadie niega la existencia de Dios sino aquel a quien conviene que no le haya"
(San Agustín)

"La democracia liberal viene a ser, en fin, la consagración oficial del exilio como forma permanente de gobierno e ideal humano: la negación de un cimiento estable para la sociedad, la extirpación de las raíces, la supresión de los objetivos finales y de la trascendencia, la negación a priori de la sociedad como comunión en una fe y una esperanza, la eliminación de todo punto de referencia en la vida de los hombres. En la democracia moderna las convicciones se convierten en opiniones, el derecho es meramente positivo y circunstancial, y la autoridad en gerencia circunstancial. El único derecho que no figura en la Declaración de Derechos Humanos es el de sostener una verdad objetiva y edificar sobre ella una comunidad humana. En una conferencia sobre la Constitución española decía el profesor Sánchez Agesta que toda Constitución democrática arranca de una primera afirmación (o constatación): que los ciudadanos de ese país no están conformes entre sí, y que es, por lo tanto, necesario organizar ese desacuerdo mediante leyes "pluralistas"; es decir, establecer normas prácticas para acuerdos circunstanciales que permitan la convivencia. La comunidad nacional, según esto, se define por su limitación (no por lo que es, sino por lo que le falta), sacrificando a ese postulado el fondo y la coherencia última que precisa cualquier legislación , necesaria a todos, incluso a los disidentes. La comunidad nacional se define así como no-comunidad, con lo que se justifica desde los principios todo movimiento disgregador y "contestatario".

Pero una verdadera sociedad histórica, mientras permance en su ser, no es mera convivencia ni organización de medios. Es, ante todo, comunión profunda de fe, de anhelos y de emociones. Comunión también en un pasado, en una ejecutoria. Se piensa hoy a menudo que, puesto que los técnicos entienden de la gerencia y administraciónde los medios, es a ellos a quienes hay que confiar el gobierno de los pueblos. Lo cual sería como confiar a una computadora o un ordenador la dirección de una empresa. Las técnicas, como la inspiración de los artistas, nacen en el seno de una civilización, pero si sólo de técnicos y artistas hubiera dependido, jamas civilización habría irrumpido en el torrente de la historia, ni hubiera desempeñado un protagonismo histórico. La sociedad liberal, neutra y tecnocrática, vive de lo que queda en las conciencias y en las familias de fe y de comunidad auténtica, y se extinguirá, o será absorbida por otra, si llegan a secarse por entero esas raíces profundas. Ya que, como ha escrito Thibon, es " posible lanzarse al vacío, pero no lo es lanzarse desde el vacío".

(Rafael Gambra Ciudad, en El Exilio y el Reino)

1 comentario:

  1. "Porque desviar a un pueblo de su fe y de su inspiración trascendente es como privar al árbol de la luz solar, lo que acarrea que sus raíces, faltas de vitalidad, dejen de seleccionar y de asimilar los fondos nutricios de la tierra en que se asientan.
    Frente a la armonía del Reino, que entre la tierra y el cielo despliega la vitalidad armónica de su anhelo y de su obra se nos ofrece la noción de Exilio. Exilio es, ante todo, el desarraigo, el destierro, la separación forzada del Reino en que se vivía, de su sol y de su savia".
    (Rafael Gambra Ciudad)

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