Editoriales

jueves, 30 de junio de 2011

El problema social y la alternativa al capitalismo desde la tradición carlista

LA ECONOMÍA MODERNA

Esa Economía había dicho que el trabajo era una mercancía que se regulaba, como las demás, por la ley de la oferta y del pedido, y la Economía social católica contesta: No; el trabajo, como ejercicio de la actividad de una persona, no es una simple fuerza mecánica, es una obra humana que, como todas, debe ser regulada por la ley moral y jurídica, que está por encima de todas las reglas económicas.

Esa Economía había dicho que el contrato de trabajo era asunto exclusivamente privado, que sólo interesaba a los contratantes; y la Economía católica contesta: No; el contrato de trabajo es directamente social por sus resultados, que pueden trascender al orden público y social; y la jerarquía de los poderes de la sociedad, y no sólo del Estado, que es el más alto, pero no el único, tienen en ciertos casos el deber de regularlo.

La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin.

La Economía liberal decía: Existen leyes económicas naturales, como la de la oferta y la demanda, que, no interviniendo el Estado a alterarlas, producen por sí mismas la armonía de todos los intereses. La Economía social católica contesta: No; existen leyes naturales que imperen en el orden económico a semejanza de las que rigen el mundo material, porque el orden económico, como todo el que se refiere al hombre, está subordinado al moral, que no se cumple fatal, sino libremente, y no se pueden armonizar los intereses si antes no se armonizan las pasiones que los impulsan; y no es tampoco una ley natural la de la oferta y el pedido, porque ni siquiera es ley, ya que es una relación permanentemente variable.

La Economía liberal decía: La libertad económica es la panacea de todos los males, y la libre concurrencia debe ser la ley suprema del orden económico. Y la Economía social católica contesta: No; el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes; y para que esa contienda no sea injusta, es necesario que luchen los combatientes con armas proporcionadas, y para eso es preciso que no estén los individuos dispersos y disgregados, sino unidos y agrupados en corporaciones y en la clase, que sean como sus ciudadelas y murallas protectoras, porque, si no, la fuerza de unos y el poder del Estado los aplasta.

La antigua Economía liberal decía, refiriéndose al Estado en sus relaciones con el orden económico: Dejad hacer, dejad pasar. Y la Economía católica contesta: No; esa regla no se ha practicado jamás en la Historia. Los mismos que la proclamaron no la han practicado nunca; y es un error frecuente el creerlo así, en que han incurrido muchos, y entre ellos sabios publicistas católicos, por no haber reparado que la antigua sociedad cristiana estaba organizada espontáneamente y no por el Estado. Aquella sociedad había establecido su orden económico, y no a priori y conforme a un plan idealista, sino según sus necesidades y sus condiciones; y cuando el individualismo se encontró con una sociedad organizada conforme a unos principios contrarios a los suyos fue cuando proclamó la tesis de que no era lícito intervenir en el orden económico. Lo que era precisamente para derribar el que existía, por medio de una intervención negativa, que consistía en romper uno a uno todos los vínculos de la jerarquía de clases y corporaciones que lenta y trabajosamente habían ido levantando las centurias y las generaciones creyentes. Porque ¿qué intervención mayor cabe que romper una a una todas las articulaciones del cuerpo social y disgregarle y reducirle a átomos dispersos, para darle, a pesar suyo, la libertad del polvo, a fin de que se moviese en todas direcciones según los vientos que soplasen en la cumbre del Estado?

La Economía liberal decía... pero ¿a qué continuar, señores, si habría que recorrer todas sus afirmaciones y teorías para demostrar que sólo han dejado tras de sí, al caer sepultadas por la crítica, los escombros sociales entre los cuales corre amenazadora como un río de odio, que será después de lágrimas y de sangre, al través de todas las sociedades modernas, la que se llama por antonomasia la cuestión social, engendrada principalmente por la Economía liberal, que fue la pesadilla del siglo XIX y que es la premisa de las catástrofes el siglo XX?

OBRAS COMPLETAS DE VÁZQUEZ DE MELLA . Regionalismo. Tomo I.

Algunos enlaces distributistas de interés
Liga Distributista
El distributista
The ChesterBelloc Mandate

miércoles, 22 de junio de 2011

La sabiduría de nuestros clásicos: el derecho y el deber de defender las cosas importantes

"Los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas y poner en riesgo sus personas, vidas y haciendas:

La primera por defender la fe católica; la segunda por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, al servicio de su rey en guerra justa y si le quisiéramos añadir una quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria"

Don Quijote de la Mancha. II, cap XXVII

sábado, 18 de junio de 2011

Democracia-cristiana (IV): enfangados en la partitocracia

Se puede decir que esta tendencia refleja el racionalismo de la revolución. El racionalismo, como ya hemos visto, tiende a negar realidad efectiva a cualquier institución o estructura que no pueda deducirse de una igualdad matemática. Por lo tanto, los demo-cristianos, así como los liberales no-cristianos, niegan una representación política a la familia. De idéntica forma que la familia pierde su carácter sagrado y sacramental, en el Estado liberal y demo-cristiano pierde a la vez su voz en los asuntos de la patria. La familia es un semillero cuyo papel en la vida social se restringe a producir un número de individuos para el Estado igualitario. Aunque los demo-cristianos nunca expersarían el asunto con esta crudeza radical, su postura política se reduce a la misma cosa. El ataque contra el sacramento del matrimonio concuerda perfectamente con el ataque contra la naturalidad de la representación social y política por parte de aquella sociedad que no solamente es la base de la comunidad y la cuna de todas las virtudes, tanto cívicas como religiosas, sino la entidad social dentro de la cual la inmensa mayoría de todos los hombres viven y mueren.

En resumen: el demo-cristianismo, por haber aceptado la doctrina revolucionaria que se empeña en organizar el Estado alrededor de partidos políticos formados por individuos aislados y desvinculados de cualquier otra sociedad, niega el papel político de la familia.

También niega el papel de la región y de otras instituciones sociales, como, por ejemplo, la Universidad. Pero hagamos hincapié en esto: el demo-cristianismo no niega la existencia de la familia, de la región, de la universidad y del sindicato. Tal negación sería ridícula ya que dichos organismos existen y funcionan dentro de cualquier país occidental, aunque algunos de ellos se encuentran actualmente muy debilitados por la hostilidad y tiranía de un siglo y medio de liberalismo. Tampoco niega el demo-cristianismo un papel privado a estos organismos. Pero lo que sí afirma el demo-cristianismo es que estas instituciones no deben representar políticamente, o, por lo menos, si quisiesen encontrar una representación tendrían que encontrarla a través de los partidos políticos. Por ejemplo, si los miembros de un sindicato tienen una queja, ¡que busquen un remedio a través de un partido, pero que no hablen políticamente como tal sindicato! Si los catedráticos quieren proponer una reforma de la enseñanza, ¡que lo hagan a través de un partido político, pero no como tales profesores! Por lo tanto, todos los organismos normales de la comunidad política- y por “normales” queremos decir los organismos que ya están ahí como componentes necesarios de la comunidad, tiene que buscar una representación política a través de un grupo de partidos que no son componentes naturales de toda comunidad civilizada. Un país puede existir sin partidos políticos, pero no puede existir sin maestros y profesores. El demo-cristianismo ha aceptado lo que es accidental y no-necesario como si fuese necesario, y ha negado una voz política a una serie de organismos y sociedades infrasoberanas que forman parte de la sociedad y que son absolutamente necesarios no solamente para el bienestar, sino, en gran parte para su ser.

Si quisiéramos dejar aparte todos los asuntos secundarios que separan el demo-cristianismo de la Tradición, para concentrarnos sobre lo esencial, sobre el tajo desgarrador que divide los dos pensamientos, lo encontraríamos en los siguiente: la Tradición quiere edificar una política sobre lo que esta ahí, delante del hombre, mientras que el demo-cristianismo quiere imponer lo que no existe, a fin de dejar aparte o de ignorar lo que existe (...) la Tradición reconoce la realidad de lo que existe naturalmente dentro del cuerpo político y, por lo tanto, desea estructurarlo alrededor de esta naturalidad, compuesta de una red de sociedades y organismos con sus propios intereses y su propia contribución para el bien común de todos.




jueves, 16 de junio de 2011

El Crucifijo: Nada sin Dios

La civilización del Occidente
Se creó y se mantiene bajo un signo
Que en la Escuela Argentina hoy es presente
Y antaño fue cadalso indigno.

La Cruz- palo que fue en tiempos pasados
Signo de crimen y ludibrio cierto,
Dos maderos en ángulo enclavados
Y el cuerpo bárbaro de un muerto-

Hoy en los Tribunales se levanta
Sobre el hombre que juzga y Juez que enjuicia,
Tremenda voz que silenciosa canta
Un viejo error de la Justicia.

Hoy a las aulas íntimas regresa
De Hogar, Escuela y Universidad,
Coronada de espinas, la cabeza
Del que murió por la Verdad.

En el trono, en el templo y en el foro,
Sobre las cunas, sobre el ataúd,
Signo de honor, ya no signo de lloro,
Y de resurgimiento y de virtud,

Sobre la vida, nacimiento y muerte,
Y el trabajo del hombre y su pasión,
La Cruz canta con voz antigua y fuerte
Su canto de resurrección:

SIN SANGRE Y CRUZ NO HAY REDENCIÓN
LAUS DEO

P. Leonardo Castellani. San Agustín y Nosotros

martes, 14 de junio de 2011

Sólo la religión católica nos hizo una Patria

(CONVERSIÓN DE RECAREDO (589) III Concilio de Toledo)

“La fortaleza física y moral, el ánimo generoso y valiente, la resistencia al dolor y a la fatiga, la arrogancia y el desprecio de la vida son rasgos distintivos de los españoles primitivos. Los íberos son ágiles y diestros en la lucha, aman con altivez su independencia y la defienden con fanatismo, se oponen a toda sumisión, incluso al poder político de su propio pueblo o tribu, incapaces de superar su tendencia a la dispersión y a la libertad personal en unidades políticas amplias y poderosas, y así su valor y sacrificios serán estériles y no podrán evitar la dominación extranjera, que sólo retrasarán mediante largas guerras en las que serán vencidos, pero nunca humillados (...)

Desde Estrabón a Plinio, los escritores griegos y romanos supieron percibir los caracteres que definían la unidad y variedad de Hispania, con el contraste entre la fertilidad de las costas y la pobreza de las altas mesetas, y los rasgos comunes que vinculaban a sus habitantes: la altivez y turbulencia de los fuertes y austeros hispanos, su capacidad para las privaciones y su serenidad ante la muerte, el ánimo vehemente, la sobriedad mental y la lealtad de un pueblo, rico en cualidades y defectos colectivos, pobre en caudillos, inhábil para la unión duradera y disciplinada en la empresa común. Rasgos tan acusados que la romanidad, al extenderse por España, no borró por completo, sino que fundió en la misma cultura latina y que nunca dejaron de manifestarse, una y otra vez, en los romanizados españoles”

Luis G. de Valdeavellano. Historia de España antigua y medieval. Tomo I

lunes, 13 de junio de 2011

El objetivo del carlismo: la Monarquía social y representativa

Buenos Aires, 12 junio 2011, Domingo de Pentecostés. Ediciones Nueva Hispanidad nos ha facilitado una lista de sus novedades, de entre las cuales destacamos:

La Monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional, nueva edición de la clásica obra de Rafael Gambra Ciudad, con el patrocinio de la Fundación Francisco Elías de Tejada y un nuevo prólogo a cargo de José Antonio Ullate Fabo, en la colección "El 'otro' bicentenario". "En este escrito, que recorre las principales definiciones políticas de Vázquez de Mella, el autor, en síntesis original y superadora, realiza un memorable aporte al pensamiento tradicional". Fue don Rafael Gambra quien acuñó la expresión "Monarquía social y representativa", que hasta llegó a utilizar el franquismo para etiquetar la supuesta monarquía que iba a "instaurar"; bien que desprovista de los contenidos que se explican en este libro, y al margen y en contra de la legitimidad dinástica que le es inseparable. Una lectura imprescindible, un libro que no puede faltar en ninguna biblioteca tradicionalista.

martes, 7 de junio de 2011

La vocación universal (católica) de la monarquía carlista (hispánica).

Carlos I, monarca y legislador universal. Retrato de Rubens

Siempre los Reyes carlistas han ejercido como dignos herederos de la monarquía hispánica, no faltando a los deberes universales de la vocación católica y misionera que son la esencia de la misma. La monarquía que fue Espada de la Cristiandad, Corona de unos pueblos devotos y aventureros (con todas las contradicciones y debilidades intrínsecas a la herida naturaleza humana) se esforzó hasta la extenuación por la extensión de la Verdad y de la justicia y la libertad que iban unidas a la Santa Fe Católica, acabando con las bárbaras tiranías antropofágicas y respetando y preservando siempre la identidad de los pueblos evangelizados. Imponiendo asimismo la justicia social, estableciendo las firmes bases legales (Leyes de Indias) que dignificaron auténticamente el trabajo por encima del interés económico. Esa magna epopeya, seguramente la más importante de la historia de la humanidad tanto por la gesta descubridora y conquistadora como por la labor evangelizadora y civilizadora, fue capitaneada por una monarquía que con el tiempo fue usurpada por otra fundamentada en la antítesis de la original. Frente al catolicismo de la monarquía hispánica se impuso la impiedad liberal de los usurpadores, frente a la labor evangelizadora y desarrollista se abrazó el lucro capitalista, la usura y la sumisión a la sinarquía monetarista. Sin embargo los Reyes carlistas levantaron la bandera de la legitimidad preservando la auténtica esencia de la monarquía hispánica y ejerciendo de hecho de acuerdo a esa vocación universal, católica. Los Reyes carlistas tenían su prioridad en el frente de batalla, pero cuando las circunstancias aconsejaban una tregua temporal de las armas, los Reyes carlistas multiplicaban su implicación en todos los asuntos que importaban a la Cristiandad, sin descuidar sus deberes de Estado. Así se implicaban en la lucha contra la masonería; en los grandes conflictos continentales y mundiales, ejerciendo unas veces una importante labor diplomática al servicio de la Santa Sede, tomando en otras ocasiones directamente las armas en unos de los bandos contendientes; y en los problemas de la América y el Asia españolas, visitando directamente los continentes (algo que la monarquía usurpadora jamás hizo hasta muy reciente tiempo) que fueron España, atendiendo a los muchos carlistas exiliados en aquella parte del mundo, implicándose en las luchas políticas y en fin adelantándose con su labor a lo que seria la magnífica enunciación doctrinal de la Hispanidad.

En la actualidad, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, legítimo heredero de origen y ejercicio de la monarquía carlista, ha mantenido esta vocación universal, actuando como un auténtico Príncipe de la Cristiandad, vinculándose a la defensa de las causas políticas y sociales más justas, así como por mor de la devastación modernista que asola a la Iglesia Católica significándose como un reconocido e inflexible defensor de la Tradición Católica. Vocación universal heredada y inculcada desde su mocedad por su Augusto padre el Rey Javier I, quién lo envió a completar sus estudios y formación a Portugal, el último de los pueblos hispánicos con una significativa presencia civilizadora en África, llegando a participar en la guerra de Angola. Después esta implicación siempre ha sido audaz y esforzada. Desde su alistamiento como voluntario para la guerra de Las Malvinas a su denuncia del sionismo y del islamismo en El Libano, lo que le costó sufrir en persona el zarpazo de los terroristas con un atentado casi mortal, así como perder a su sobrino Don Eduardo Javier en otro atentado terrorista, pasando por la vicepresidencia de la asociación humanitaria S.O.S. Enfants d´Irak, que llevó una misión humanitaria presidida por S.A.R. hasta el mismo Bagdag pocos días antes del inicio de la agresión gringa contra Iraq, hasta el más reciente Alto Patronazgo de la ONG española Ntra. Sra. de África con la que recientemente ha visitado Libia. Todo ello junto a la constante presencia en los círculos políticos, militares e intelectuales más importantes de Rusia y de su constante dedicación al ámbito americano de la Hispanidad.

Esta vocación ha otorgado al Carlismo una posición privilegiada para la observación y el análisis de la conflictos y las relaciones internacionales. La última misión en la que ha participado Don Sixto en Libia sirve para poner de manifiesto la permanente dedicación de la monarquía carlista en la defensa del legado universalista de la monarquía hispánica. No cuenta hoy la monarquía con los medios necesarios para el establecimiento de la Verdad, la justicia y la civilización, pero su implicación en los grandes problemas políticos de índole mundial sobre las bases del derecho natural y de gentes sigue intacta.

Regresa de Libia Don Sixto Enrique de Borbón

Asociación Santa María de África Bajo el alto patronato de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Alliance France-Europe Russie Bajo el alto patronazgo de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
MAIC Medical Aid for Iraqui Children. S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón es miembro honorario

sábado, 4 de junio de 2011

Ayúdanos a luchar por España: Únete al carlismo

(la A.E.T de Vizcaya en los años 70 en combate por España)

"Ara nun diran, menda maiteak ara nun diran zolaiak Baserri eder zuri zuriak iturri eta ibaiak. Endayan nago zoraturikan zabal zabalik begiak: Ara España... lur oberika nez da Europan guztian"

"He aquí los campos y montes queridos los hermosos caseríos, las fuentes y los ríos. Estoy loco de contento en Hendaya, con los ojos muy abiertos: Ahí está España, mejor tierra no la hay en Europa entera".

José María Iparraguirre Balerdi