Editoriales

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Democracia o tecnocracia al servicio de los mercados financieros?

Las trasformaciones de la democracia debe, pues, examinarse necesariamente es ese cuadro. Si en la fase denominada "liberal" el protagonismo lo tuvieron los gentlement, las grandes personalidades políticas, en un horizonte marcado por el sufragio censitario y la creación de una clase burguesa al servicio de la revolución liberal, la sucesiva fase democrática -con la introducción del sufragio universal- vino caracterizada por la emergencia de los partidos políticos, nuevas feudalidades que indujeron una nueva y creciente oligarquización en la fase más cercana de nuestros días, caracterizada propiamente como "partitocrática". A la larga se abriría la posterior crisis de los partidos, de las instituciones representativas (los parlamentos) y, en definitiva, de la propia democracia, sustituida por la tecnocracia. Si este proceso tuvo importantes reflejos en el nivel estatal, ha sido el ámbito "europeo" (recte, de la Unión Europea) donde ha adquirido carta de naturaleza a cuenta del famoso "défecit democrático", que si desde algún punto de vista puede convertirse en sinónimo de las exigencias del "buen gobierno", desde otro no deja de ahondar una opacidad creciente que desnuda progresivamente el vínculo entre poder y sociedad en que consiste la representación política.

Miguel Ayuso Torres. El Estado en su laberinto. Las transformaciones de la política contemporánea.

¿Qué es una política popular? Aquella en que se gobierna CON el pueblo

La tecnocracia y el hombre masa, camino al totalitarismo moderno


jueves, 17 de noviembre de 2011

Actualidad del cuatrilema (I): Dios

Pensemos primero en la unidad católica. Allí donde se mantenía la unidad de fe, era un deber sagrado preservarla; atacarla, una impiedad. Abrir el pluralismo religioso donde había unidad católica, sencillamente suicida. La propia Iglesia católica, humanamente hablando, ha contribuido a este suicidio, desde luego con sus praxis, y quizás también con su giro doctrinal. Pues la comunidad de los hombres no es pura coexistencia. Hoy el llamado multiculturalismo, en sus múltiples formas, sostiene que de una manera o otra todas las culturas y las religiones son igualmente valiosas, por lo que hay que crear simplemente un marco neutro de coexistencia. Eso son los juegos, presididos por reglas formales; o las sociedades mercantiles, regidas por la voluntad de los socios.

La vida de los hombres en sociedad, en cambio, tiene algo de comunitario. Quizá no pueda ser una comunidad perfecta, como los griegos todavía creían, porque eso la aproximaría a la Iglesia. Los hombres conviven con cosas que los diferencian y otras que los ocomunan. Pero lo que no es posible es que haya una verdadera convivencia sin algo de comunidad, sin un principio comunitario, sin algo que trascienda la utilidad o los lazos formales para insertarse en la carne y en la sangre. La unidad católica, la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo, reducida a su núcleo de inteligibilidad puede traducirse así: más allá de las exigencias de orden sobrenatural de dar públicamente el culto debido al verdadero Dios, desde el ángulo humano no supone otra cosa que la exigencia de la comunidad de los hombres.

La situación presente, evidencia, precisamente, todo lo contrario: la disolución de lo que quedaba de comunitario. Y, por tanto, la progresiva selvatización de nuestras sociedades. Subsisten por el momento mediaciones culturales, económicas, educacionales, que impiden que se produzcan todos los efectos realmente implicados en el proceso y que lo ralentizan. Si se actualizaran las consecuencias contenidas en los (pseudo) principios del liberalismo, estaríamos desde hace tiempo en guerra civil. Es la paradoja del contractualismo liberal, que buscaba en el artefacto estatal la huída de un "estado de naturaleza" imaginario, pero que ha terminado produciéndolo en verdad.

Radicar la hispanidad en la Cristiandad es, pues, atender a este requerimiento insobornable. El verdadero carlismo no puede, por lo mismo, sino permanecer fiel a tal exigencia. Como el carlismo descaecido cuando lo niega lo maquilla. Álvaro d´Ors, lo decía explícitamente con referencia al tradicionalismo: "Si esté abandonara sus propios principios y abundara en esa interpretación absolutista de la libertad religiosa, incurriría en la más grave contradicción, pues la primera exigencia de su ideario -Dios, Patria, Rey- es precisamente la de la unidad católica de España,de la que depende todo lo demás.

Miguel Ayuso Torres. Una visión contemporánea del carlismo; en A los 175 años del carlismo. Una revisión de la tradición política hispánica

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Apuntes para una economía tradicionalista en un Orden social, foral y católico

Socialización
En la ordenación de los bienes materiales, el Carlismo niega, de una parte el capitalismo liberal, que traslada a la economía las pugnas de los egoísmos infrahumanos y que termina en la esclavitud de los asalariados por parte de los propietarios de los medios de producción. Y, de otra parte, niega el Carlismo también la estatificación de esos medios de producción que agrava el mal al entregar a los asalariados indefensos en manos de un propietario único, monopolista absoluto, el Estado totalitario, señor de poderes plenos, irresistibles y exclusivos. Esto significa que el Carlismo defiende la propiedad privada frente al socialismo y la propiedad colectiva frente al individualismo. Y por eso el foralismo significa la simultánea defensa de la propiedad individual y de la propiedad estatal, dentro de un sistema de propiedad social. Así es como el Carlismo se suma a las corrientes socializadoras de la época; postulando que la propiedad no sea exclusiva de los individuos o del Estado, sino de los individuos como tales, de los cuerpos sociales como tales y del Estado como tal, en las proporciones variables que cada momento aconsejen.

Propiedad social
Al requerir como de máxima urgencia la constitución de economías sociales, el Carlismo rehuye tanto el individualismo burgués como el estatismo marxista. Porque es cierto que el individuo necesita la propiedad de algunas cosas para su normal desenvolvimiento, y que el Estado necesita también de propiedad para cumplir sus objetivos debidamente. Pero la forma normal de la propiedad es la de la libre participación de los individuos en los bienes de los organismos sociales, desde la familia al municipio o al gremio, forma que asegura la libertad individual, al par que garantiza a cada hombre un puesto activo dentro de la vida colectiva.
Disminuyendo al máximo la propiedad individual y la estatal, el Carlismo conoce primordialmente las formas de propiedad social, cuyos sujetos sean la familia, el municipio, las agrupaciones profesionales y las sociedades básicas restantes. Y de acuerdo con ello, el Carlismo condena expresamente la desamortización de los bienes de las comunidades en el expolio con que la dinastía usurpadora fraguó artificialmente una clase burguesa de enriquecidos por méritos de favor político, a fin de sostenerse en el trono usurpado, exigiendo la reconstrucción inmediata de los patrimonios sociales, especialmente de los municipales, previa indemnización a los poseedores de buena fe.

Reforma agraria
El Carlismo sostiene que el proletariado campesino surgió en España a resultas de la desamortización. Por eso postula la realización de una reforma agraria, que reconstruya la propiedad social de las comunidades territoriales. Para llevar a cabo esta reforma agraria de un modo inmediato postula la autorización del pago de indemnizaciones a poseedores de buena fe con títulos de deuda local, en el marco de un régimen financiero especial y transitorio. Por aquí habrá de buscarse también la creación de patrimonios familiares indivisible en arriendos de noventa y nueve años, haciendo realidad la reforma agraria inaplazable. El resto de las propiedades agrarias será sujeto al cauce de propiedades empresariales, estableciéndose la participación proporcionada de los ahora asalariados en los beneficios de tales empresas.

Reforma de la empresa
La economía industrial o mercantil adoptará la forma patrimonial de las propiedades familiares o empresariales, con proporcionada participación en los beneficios de cuantos intervienen en el proceso de la producción o en el ciclo comercial. Una legislación especial canalizar el ahorro con miras a dar al accionariado popular influjo decisivo en la vida de las grandes sociedades anónimas. Pero, en lugar de ellas, que llevan el estigma de la explotación capitalista, el Carlismo sostiene con la doctrina social católica la conveniencia de fomentar por todos los medios las cooperativas de producción y de consumo.

Banca
El Carlismo considera a la banca como servicio público, regulado por ley adecuada que ordene sus actividades al servicio de la comunidad nacional, tanto en la canalización del ahorro privado, como en el uso del numerario. En todo caso, fomentar la actividad bancaria de los organismos sociales capacitados para ella, sustituyendo el ordenamiento bancario estatal o individualista, por instituciones bancarias profesionales o gremiales, municipales y regionales.

Intervencionismo
El Carlismo preconiza la intervención del poder público - regional o estatal Según los casos fijados por la ley - en la economía a fin de garantizar el bien común y que el desarrollo económico sea también un desarrollo social. Por lo tanto sostiene el deber en que está el mismo de lograr algunos fines como los siguientes:
a) Encauzar las economías privadas al servicio del bien común en función de los planes generales de desarrollo económico.
b) Fiscalizar la rentabilidad de las empresas y censurar su administración en los aspectos técnico-jurídicos.
c) Garantizar la libertad de asociación profesional y encauzarla a la defensa de los intereses económicos de quienes legalmente puedan asociarse para tales fines.
d) Impedir el "lock-out" siempre, y la huelga cuando se trate de huelgas "subversivas" o "salvajes".
e) Garantizar un salario mínimo vital personal y familiar, complementado siempre por la parte de los beneficios empresariales, en las cuantías fijadas por el Consejo Social Regional respectivo, dentro de los límites fijados anualmente por el Consejo Social Real.

Política social carlista
Baste con los anteriores ejemplos para el fin que se perseguía. El Carlismo es consciente de que una sociedad auténticamente cristiana exige que todo hombre sea propietario de bienes bastantes para atender sus necesidades, Según el tipo de vida medio del ambiente en que viva. Por eso, la meta de la política social carlista es acabar con las injustas desigualdades en la posesión de las riquezas, propiciar una justa redistribución de los medios económicos y proporcionar sin excepción a todos los españoles una parte conveniente en forma de propiedad familiar o por participación en las propiedades sociales. No puede sentir la grandeza de la patria, ni se puede sentir llamado a cumplir la misión de las Españas, quien no esté integrado plenamente en ellas por no pertenecer a las instituciones políticas y económicas que las constituyen. Esto es justamente lo que pasa cuando la propiedad es individualista - concentrándose en una sola -. Y esto es justamente lo que pasa, asimismo, cuando la representación es inorgánica o cuando no hay representación política ninguna, como ocurre respectivamente en el liberalismo y en el socialismo. Por eso propugna el Carlismo una propiedad social y una representación corporativa, que considera los precisos instrumentos forales capaces de eliminar para siempre al mero asalariado, vendedor de trabajo propio y de votos electorales prestados, sin arraigo social efectivo, y vergüenza de una comunidad que quiera merecer el calificativo de cristiana.

¿QUE ES EL CARLISMO? 1971 (Edición cuidada por Francisco Elías de Tejada y Spínola, Rafael Gambra Ciudad y Francisco Puy Muñoz. Capitulo 10 Fueros (puntos 154 a 160)

lunes, 14 de noviembre de 2011

viernes, 11 de noviembre de 2011

Don Sixto Enrique de Borbón sobre la tragedia de Libia: «El león ha muerto y las hienas chillan»

La Agencia Faro ha tenido la oportunidad de conversar con S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón sobre los trágicos acontecimientos en Libia, adonde el propio Abanderado de la Tradición viajó en dos ocasiones durante la guerra de devastación que ha sufrido dicho país norteafricano. Resumimos las palabras del Duque de Aranjuez

El león ha muerto y las hienas chillan

La agresión contra Libia ha supuesto un montaje vergonzoso y criminal, que va a estimular muchas más reacciones del lado musulmán. Ha sido además una indecente exhibición de hipocresía, con el propio gobierno estadounidense ayudando y financiando a grupos idénticos a los supuestos autores del atentado de las Torres Gemelas en Nueva York. Tras los llantos oficiales del décimo aniversario de aquello, han respaldado sin la menor vergüenza a los elementos libios de Al Qaeda, que estaban en Bengasi.

Tras esta agresión no sólo se esconden los intereses de las petroleras francesas y estadounidenses, al precio de la sangre de la población libia. Por parte de Nicolás Sarkozy, iniciador de todo ello, pueden adivinarse las siguientes motivaciones, entre otras:

1.La amistad del actual Presidente de la República Francesa con el riquísimo Bernard-Henri Lévy, bien conocido como agente de una potencia determinada.

2.Su propósito de hacerse el interesante ante las futuras elecciones.

3.Facilitarse una posición económica interesante después de abandonar el poder, complaciendo a los Estados Unidos de Norteamérica.

Se ha destruido al único país africano de situación social razonable. Con los recursos del petróleo, el Estado proporcionaba a cada familia el equivalente de entre cuatro y cinco mil euros mensuales. Cualquier iniciativa empresarial de un súbdito libio era sufragada por el Estado. Datos como estos muestran la falsedad de la pretendida desesperación del pueblo libio difundida por casi todos los medios occidentales.

La devastación de Libia es el resultado de un montaje espantoso con pretexto de "evitar" una supuesta matanza, que el Gobierno libio nunca planeó llevar a cabo. Entre otras buenas razones, porque no era necesaria, ya que sólo en el área de Bengasi se localizaba un pequeño grupo contrario a Gadafi, grupo vinculado a Al Qaeda y financiado desde el exterior.

Montaron este artificio hablando de "dictadura", término que en este contexto no tenía significación ninguna, ya que la población de Libia, de no más de seis millones de personas, apoyaba el régimen de Gadafi de forma absolutamente mayoritaria, al contrario de lo que pretende la prensa internacional.

Los criminales bombardeos de la OTAN son tanto más escandalosos si se considera que su excusa era una resolución --tomada después de que se iniciaran los ataques-- del Consejo de Seguridad de la ONU, que sólo autorizaba a emplear la fuerza para impedir volar a los aviones de la Fuerza Aérea libia. Los aviones franceses, primero, y luego los españoles, los británicos, los estadounidenses, los de Qatar... bombardearon a toda la población, precisamente en contra de la misma resolución que sus gobiernos utilizaban como excusa.

Ahora, a pesar de aquel apoyo de la población a Muamar el Gadafi, "el Guía", éste ha sido asesinado de la forma más execrable, y el nuevo "gobierno" salido de la misma minoría de Al Qaeda en Bengasi, instalado por las armas occidentales, se apresura a imponer la "Sharia", anulando las leyes de Gadafi contra la poligamia, etcétera. Otro paso en el suicidio de Occidente, a costa de la devastación de un país y el sufrimiento de un pueblo.

La vocación universal (católica) de la monarquía carlista (hispánica)

Discurso de Manuel de Santa Cruz, Comendador de la Orden de la Legitimidad Proscrita

(Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita)

Con la venia de S.A.R.

Queridos amigos:

No puedo empezar a hablaros sin dar antes que nada, nuestras más sinceras gracias a Su Alteza Real el Príncipe Don Sixto de Borbón, por haber venido desde el exilio a la Patria a encabezar esta noche con sus leales esta manifestación de gran entusiasmo por la Causa.

Nos recuerda cuánto nos estimulaban las visitas del Rey Don Javier, que resumíamos relanzando el electrizante grito de Iparraguirre, de ¡Aún vive el Carlismo!

Ahora podemos añadir, gracias a Vos, Señor, una exclamación complementaria, ¡Aún vive el Carlismo, y lo que vivirá!

Conmemoramos esta noche, de una parte, la Fiesta de Cristo Rey, con todo el sentido de confesionalidad de los Estados que le dio su instaurador, el Papa Pío XI, poniéndole nosotros a salvo de adulteraciones posteriores más propias de New Age . Por otra parte presentamos el libro sobre 175 años del Carlismo, debido a la inagotable capacidad de trabajo y a los carismas, verdaderamente providenciales de nuestro amigo Don Miguel Ayuso.

Entre otros méritos, este libro tiene el de mostrar de una manera original e inédita que el Carlismo es una cosmovisión de aceptación e implantación universales, especialmente en las Américas que fueron España y en los restos europeos de la Cristiandad.

Precisamente, esta condición del Carlismo de ser, además de otras muchas cosas, esa cosmovisión universal, es una de las causas de su asombrosa y misteriosa supervivencia.

Esta cosmovisión carlista tiene cuatro pilares principales: la Religión, la Dinastía legítima, el Patriotismo, y el Estilo.

La Dinastía legítima, encarnada en el día de hoy por Su Alteza Real, cuya vida física pedimos a Dios que guarde todavía muchos años más, para que siga custodiando y defendiendo esa cosmovisión en toda su pureza en medio del oleaje de la revolución anticristiana y de la revolución progresista dentro de la propia Iglesia.

En esta misión providencial quisiéramos Señor que os aliviaran la Nobleza propia de la Dinastía legítima, la orden de la Legitimidad Proscrita, y otras asociaciones menores afines, como la Hermandad a los Juramentados de la Unidad Católica, de los monasterios de La Oliva y de las Madres Clarisas en Olite, especie de cuerpos intermedios del organigrama de la Comunión, que quisiéramos ver repoblados. Para lo cual todos nosotros debemos cultivar nuestras cualidades más naturales y nuestros carismas para poder ofrecer a S. A. R. unas colaboraciones eficaces y destacadas y encuadrados.

Toda la cosmovisión carlista que tan bien recoge y expone, aunque fragmentariamente, como es natural, el libro que presentamos, está empapada de religiosidad. Las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, devoción universalmente vinculada internamente a la Contrarrevolución, han estado entronizadas en todos los Círculos Carlistas e impresas en nuestras banderas de guerra. Por cierto, el Papa Benedicto XVI acaba de decir en el encuentro que ha tenido en Asís con representantes de religiones falsas, que se avergüenza de que en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Nosotros no nos avergonzamos de que en los Tercios de Requetés llevaran a su frente Crucifijos en alto. No solamente no nos avergonzamos sino que estamos orgullosos de ello, y además estamos dispuestos a vivir y a morir con las botas puestas, arma al brazo, y en pié de guerra, para defender y propagar nuestra cosmovisión católica y española cuantas veces sea necesario . Para que dentro de otros 175 años más, se pueda presentar un libro como éste.

Otro elemento constitutivo de la cosmovisión carlista que este libro tiene la afortunadísima exclusiva de presentar, es el amor a España, el patriotismo. La monarquía es hoy el principal custodio del concepto de Patria frente a las distintas globalizaciones supranacionales judeomasónicas que lo erosionan, Vos Sois, Señor, el último y genuino representante de la Monarquía española, que resiste desde el exilio al mayor atentado a la soberanía nacional de España que se está produciendo desde tiempos el rey José Bonaparte. Otros organismos que debiendo resistir a la europeización de España no lo hacen, no son más que chapuzas republicanas. El día en que la Unión Europea acabe de desmoronarse se verá mejor la labor callada que hacen con su sola presencia S.A.R. y otros Príncipes europeos a favor del concepto de Patria.

Este libro continúa la recopilación de ideas políticas al servicio de la Religión y de España que se encuentra iniciada en el Acta de Loredan del Rey Don Carlos VII y sigue en las obras de Vázquez de Mella y otros pensadores más recientes como Elías de Tejada, Rafael Gambra y Álvaro d’Ors. Es un hito en la historia del Carlismo.

En la creación de este libro se ha corregido el error tan repetido maliciosamente de mostrar al Carlismo como un movimiento exclusiva o predominantemente guerrero, lo cual es mentira. Los carlistas han estado mucho más tiempo que en los frentes de guerra, exponiendo sus ideas de manera incruenta en el Parlamento, en las tribunas y en los periódicos.

La cosmovisión carlista es tan perfecta y acabada que ha producido en los que la sirven, un estilo de ser y de vivir, que les identifica. Estilo que es, a su vez con sus caracteres propios y mecanismos especiales, una garantía más de la pureza y supervivencia de esa cosmovisión. Por ello debemos mantener ese estilo y fomentarlo como algo realmente importante.

¿Cómo? Tratándonos entre nosotros mismos lo más posible como hermanos en una misma fe. Cultivando además del patriotismo de la Patria, España, el patriotismo de las cosmovisiones, de esta cosmovisión. Y multiplicando reuniones, convivencias, actos como éste que avivan la hoguera de nuestro entusiasmo individual y colectivo.

Discurso de José de Armas Díaz Presidente del Círculo Tradicionalista “Roca y Ponsa” de Gran Canaria

(Discurso de don José de Armas Díaz, ante S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón en la Cena de Cristo Rey)

Hace poco tuve la ocasión de ver por Internet un curioso documental en el que se ofrecía una representación del Universo en comparación con nuestro planeta, de manera que, aplicando un zoom, la Tierra iba minimizándose paulatinamente hasta hacerse casi imperceptible entre infinidad de astros y constelaciones, llegando tal insignificancia a ser verdaderamente sobrecogedora, si el panorama no se considera iluminado por una correcta inteligencia, o sea a la luz de la fe. Por supuesto que allí no se mencionaba para nada el fenómeno de la Creación, pero era deducible simplemente con la razón.

La Historia de la obra de Dios arranca en el Génesis. Todo fue finito, hasta que Él sopló sobre el primer hombre y lo animó con una participación de su divinidad con el fin de inmortalizarnos en su presencia, y además nos hizo libres. Pero casi inmediatamente Adán olvidó su deuda con el Creador del Universo, y desde ese momento la bienaventuranza quedó suspendida en una promesa esperanzada, hasta que el Señor de la Historia quiso enviar a este puntito insignificante del Universo a su Hijo Amado, para que nos percatáramos de su inconmensurable misericordia y fuéramos redimidos.

Todo esto gratuito, pero con condiciones de una lógica aplastante. Es curioso que usando simplemente el diccionario, todavía podamos llegar a una conclusión, atendiendo siempre a las primeras acepciones. Si buscamos Bienaventuranza, resulta que dice “Vista y posesión de Dios en el cielo”. Fíjense ustedes en la coincidencia etimológica de las palabras que expresan los conceptos que se barajan en este divino y trascendental juego: Gracia significa “Don de Dios, ordenado al logro de la bienaventuranza”. Gratitud es “el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio recibido y a corresponder a él”. Gratuito viene a ser “De balde o de gracia”. Por todo ello, sin sofismas ni circunloquios filosóficos de ninguna clase, podemos afirmar que el misterioso capricho divino de nuestra inmortalidad es gratuito, porque la gracia es un don en pos de la bienaventuranza; y que éste don requiere gratitud.

Esto, Sres., no es un sermón. No debe ni puede serlo. Es la constatación de una realidad, de la única realidad posible, que se nos va haciendo más patente a medida que el progreso de las ciencias corre los velos de misterios que antaño eran más difíciles de imaginar.

Nuestro gran Donoso Cortés dedica su mayor obra (Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo) a demostrar que “en toda gran cuestión política va envuelta siempre una gran cuestión teológica”. No nos cansaremos de recomendar, sobre todo a los jóvenes, su lectura y meditación.

Todos nosotros nos hemos encontrado alguna ocasión en la circunstancia de que por toda respuesta a estos o similares argumentos, se nos diga que el Carlismo adolece de una fanática obsesión religiosa y concretamente católica. Y no es tampoco raro que haya correligionarios que, con su mejor voluntad, quieran persuadirnos de estar anquilosados en el primer punto de nuestro cuatrilema; que avancemos y vayamos a la solución práctica de los otros tres. Es la metástasis del Liberalismo

Cuando el Creador nos infundió el espíritu inmortal, nos dio la posibilidad de recordar de dónde venimos; de entender para qué somos; de querer colaborar con la Creación perpetuándonos en la transmisión de la memoria y el entendimiento. Son las potencias del alma: Memoria, Entendimiento y Voluntad.

¿Y cual es la condición para la bienaventuranza? Lo decimos todos los días, sin casi darnos cuenta de la trascendencia de este deseo: “Santificado sea tu nombre. Vénganos tu Reino y hágase tu voluntad así en la Tierra como en el cielo”. Este deseo expresado en la única oración que dictó al pie de la letra Nuestro Señor Jesucristo hay que recordarlo siempre con la Memoria; hay que asumirlo con el Entendimiento; hay que hacerlo un propósito inexcusable con la Voluntad.

La definitiva Historia de la salvación, comienza en el momento de la Concepción Inmaculada de María y ha llegado hasta S.S. Benedicto XVI.

A los tradicionalistas hispanos, nos será fácil memorizar y entender la correspondencia íntima del primer enunciado de nuestro ideario con los restantes, porque el más pequeño recoveco histórico de Las Españas, está iluminado por las católicas repercusiones de la defensa del Altar en todo el planeta.

Nos dice Melchor Ferrer en el primer tomo de su monumental Historia que “El Tradicionalismo español (…) tiene por lema a Dios, su inspiración, su Decálogo, y a esa idea suprema ajusta a la Patria, como comunidad de hombres que quieren desenvolver su destino, hermanados y obedientes siempre al Padre común, y la idea del gobierno encarnada en una autoridad superior, libre, por su condición y altura, de las pasiones de la cosa pública, para mejor dirigir las diferencias, es decir, la Monarquía.”

Claro que después de Dios está la Patria, que abarca la extensa amplitud de la Hispanidad, que incluye el imperio lusitano, la mayor parte del continente americano (no en vano decía Elías de Tejada que los únicos “hermanos separados” que tenemos los españoles son los portugueses y los hispanoamericanos), además de otros reinos europeos, de los cuales tenemos hoy, aquí, dignísima representación en el correligionario Maurizio Di Giovine; Patria iluminada por la Religión Católica y nacida al amparo autárquico del paradigma de las libertades concretas, los Fueros. Fueros que necesariamente tenemos que ir reconquistando si no queremos ver diluidas nuestras libérrimas idiosincrasias de patrias chicas en la neutralizante cursilada revolucionaria de la “aldea global”, y la Patria grande desaparecer.

Señor: Es un compromiso grande hablar del Rey en vuestra presencia. No obstante creo necesario hacerlo, ayuno de cualquier lisonja, con todo el desenfado que presupone la pleitesía y la lealtad.

Hace tiempo que éste locuaz apasionado siente deseos de deciros algunas cosas, sin encontrar nunca la ocasión propicia, a pesar de haber disfrutado el honor de pasar con el Señor inolvidables jornadas enteras, vividas minuto a minuto. Hoy me decido con la ilusión de hablar en nombre de todos los presentes, amparado en la frase proverbial protocolaria de las Cortes de Aragón: “Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, …”.

En el tiempo en que mis pasiones monárquicas eran objeto (por tradiciones familiares) de otras ramas dinásticas, leí unas declaraciones del padre de un pretendiente, comentando la manera en que el preceptor a la sazón trataba de establecer al pupilo al menos en la Legitimidad de Ejercicio, y decía: “…Vegas pretende que el Príncipe sea un santo, un héroe y un sabio”. Tales lecciones al efecto, no duraron un año; fueron abortadas por un aluvión de enseñanzas liberales de otros profesores. Y el príncipe, desde entonces devino en monigote, aprendiendo a firmar, jurar y perjurar todo lo que se le pone por delante.

Andando el tiempo y después de haberme leído el libro “Razones de la Monarquía” del melifluo José María Pemán, en 1969 quedaron congelados mis fervores dinásticos, hasta que en 1983, acuciado por Gabriela Pèrcopo, con el contento de Eugenio Vegas y la bendición de Rafael Gambra, los puse a los pies del Señor.

Pero aquel fracasado preceptor, dedicó el resto de su vida (como siempre lo había hecho) al apostolado político y religioso. Fue formando un escogido grupo de jóvenes de buena voluntad y clara inteligencia, con la firme esperanza de que su obra pudiera servir para que algún rey humano comprendiera, deseara y estuviera dispuesto a que Cristo reine “así en la tierra como en el cielo.”

Y todo esto, Señor, no sería más que un bello pero triste cuento, si no se tratara de una realidad conseguida.

Extienda su memoria a las cimas de su árbol genealógico y no será arriesgado concluir que ninguna corona tuvo tantas perlas bajo la cruz, como las que adornan la suya.

Ya sé que el Señor mira a su alrededor y ve como le apoyan los discípulos de Eugenio Vegas, de Rafael Gambra, de Elías de Tejada, de Manuel de Santa Cruz, entre otros..., y oye como le urgen con San Isidoro: ¡“Rex eris si recte facies, si non facias, non eris”!

Queremos por Rey de la tierra a un santo, un héroe, un sabio. Sé, Señor, sabemos que el peso es casi tan abrumador como el de la Cruz de Cristo. Cárguelo, por Dios, no desfallezca. Ya ve que le sobran Cireneos.

¡¡¡Viva Cristo Rey !!!
¡Viva el Rey!

domingo, 6 de noviembre de 2011

A LOS 175 AÑOS DEL CARLISMO: Libro fundamental

Cuando se cumplían 175 años de la irrupción del Carlismo, los días 27 y 28 de septiembre de 2008 tuvo lugar en Madrid un Congreso internacional para aportar las claves de interpretación de este movimiento político. Una cincuentena de especialistas de las más diversas disciplinas, provenientes de una decena de países, respondieron a aquella convocatoria académica, cuyo resultado puede considerarse el más completo esfuerzo realizado hasta ahora para ofrecer una visión cabal de la poliédrica realidad carlista.

Este volumen recoge una amplia selección de las ponencias del Congreso y bucea en las profundidades del Carlismo, recreando su historia en los distintos reinos peninsulares y ultramarinos, presentando cómo ha sido visto desde otros universos culturales, tratando de su representación por la literatura y el cine y, finalmente, indagando las razones de su doctrina en contraste con los problemas del presente.

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miércoles, 2 de noviembre de 2011

El sistema (económico) no tiene fallos, el fallo es el sistema (económico)

Tened presente, señores, que el orden económico actual no es obra de los principios católicos, no corresponde al ideal de la Economía cristiana, sino más bien a la Economía individualista liberal triunfante en la Revolución francesa, a la inaugurada en parte por la Escuela fisiocrática y desarrollada por la inglesa de Smith y de Ricardo y la francesa de Bastiat.

Nosotros creemos que deben coexistir las dos formas de la propiedad: la individual y la corporativa, y creemos que una red de Sindicatos agrícolas y obreros, formando Federaciones y extendiéndose por los valles y montañas, puede, no sólo emancipar los municipios, sino mejorar la condición de los trabajadores.

Juan Vázquez de Mella

LA CRISIS ¿Sólo económica? La Europa que ha perdido el rumbo (III)