Editoriales

martes, 13 de abril de 2010

Acerca de las posibilidades de una política católica.

Ahora bien, ¿es ello posible?, es decir, en este mundo (pos)moderno cotidiano, actual, ¿vemos la posibilidad de revitalizar el derecho natural católico como principio y criterio de la convivencia política? ¿Se puede restaurar la idea de una justicia universal, servidora del bien público (...) Permítaseme decirlo con las palabras de Miguel Ayuso, cuyo castizo e inquisitivo estilo evoca la voz y el preguntar agudo de su maestro Elías de Tejada. "¿Se logrará en la actual coyuntura reatar el hilo de la Tradición o se continuará en el designio eterno del moderantismo, elevando tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias?".

La conclusión, aún esceptica, no carece de valor, al menos en tono de advertencia a los cómplices de la crisis y un llamado de atención a los desprevenidos: ¿Cómo retomaremos la preciosa veta de la tradición, insiste Ayuso, cuando los católicos en lo teórico hemos abandonado la metafísica tomista en aras del personalismo; cuando en lo jurídico no somos capaces de afirmar el derecho natural frente al legalismo y el judicialismo; y cuando, en lo político, seguimos atrapados en las redes del liberalismo y somos incapaces de reconocer la exigencia racional de un Estado Católico? Dicho de otro modo: si los católicos no somos capaces de desentendernos del personalismo, del legalismo y del liberalismo, que a los anteriores prohijó, únicamente queda el consolarnos en la triste y posmoderna idea de un derecho natural convertido en "conciencia crítica de las instituciones jurídicas",como plantea Spaemann.

Este conformismo, sin embargo, aunque se diga crítico, no se corresponde a una verdadera actitud católica en la vida política. No podemos resignarnos a un derecho natural sin sustento divino, a un derecho natural "agudo" pero inerme, a una ley natural parida por la voluntad de hombres enemistados, a sabiendas de la advertencia de Pío IX: "Es un hecho que cuando la religión queda desterrada de un Estado y se rechaza la doctrina y la autoridad de la revelación divina, la misma noción verdadera de la justicia y del derecho humano se oscurece y se pierde, y la fuerza material ocupa el puesto de la justicia verdadera y del legítimo derecho".

El recuerdo del Magisterio es hoy acuciante. en nuestros días, lo justo natural no se dice sino de unos derechos naturales cada vez más desnaturalizados. Hemos pasado de la naturaleza de las cosas a la antropología inventada por los racionalistas y, en ese tránsito, el otrora glorioso rule of law y el menos meritorio Estado de derecho, se han vaciado de contenido y llenado de formalidades, mecánismos rituales y otras falsificaciones del constitucionalismo.

En nuestras sociedades (pos)modernas ya no es concebible algo común (ni siquiera un interés, aún menos un bien) que pueda ser perseguido por una agencia colectiva o estatal, del mismo modo que el propio Estado ha perdido capacidad o poder para armonizar compulsivamente las pasiones e intereses individuales. Entrando el siglo XXI la crisis del aparato estatal desviste la bancarrota de la teoría social mecanicista dominante desde el siglo XVII, exhibiendo una anarquía social preñada de nihilismo que ninguna fuerza puede reorientar o recomponer. Desaparecido, artrítico o extenuado, el Estado no es más que el locus del poder, como se ha insistido de Bodino y de Hobbes a Marx y Max Weber, pero de un poder, a esta altura de los tiempos, impotente-no por ello menos soberbio-, que ya no encubre sino potencia la anarquía social.

Contra el orden natural, la revolución ha hecho un trabajo de demolición que ha entrado ya en su sexto siglo. Del mismo modo que el iusnaturalismo racionalista no es más que una farsa para acabar con el derecho natural católico y consagrar la ley estatal; así también la Reforma y sus secuelas que en nombre de la fe hicieron el llamado a la subjetividad del creyente, han concluido en la liberación de las conciencias de toda fe y de todo Dios. Esta es la obra de la Revolución, que hoy parece haber llegado a la raíz misma de una vida digna, a la destrucción de los vestigios de toda "relación del hombre con Dios", y esta ruptura afecta toda nuestra realidad en su doble dimensión: personal y social. El desencuentro espiritual con un orden de convivencia sano- escribe Calderón Bouchet- es consecuencia de una crisis de fe, de asentimiento religioso".

¿No será, entonces, el momento de recuperar la tradición abandonada? (...) Hay una enorme tarea intelectual por delante a la que somos permanentemente invitados: retormar la senda de la tradición. si se recupera desde la metafísica el concepto católico de la ley natural, queda abierto el camino, en sede de la filosofía política, al restablecimiento del bien común, como concepto unitivo de la pluralidad social, mejor aún, como principio ordenador de la comunidad política en su plural constitución y criterio del recto ejercicio del poder, es decir, como la regla de gobierno conforme al orden natural de la política.

Cierto es que se trata, primero, de una tarea intelectual, pero no menos que tras el restablecimiento del recto saber viene la faena práctica de la instauración de un orden político justo.

6 comentarios:

  1. El gran problema al que nos enfrentamos, y que alguien ha definido como la gran herejía actual, es el olvido y la ocultación de toda la doctrina social y política de la Iglesia. El volumen de la B.A.C "doctrina Pontificia. Documentos políticos",sigue descatalogado y sin visos de reedición (todo un síntoma), en las facultades de teología, de León XIII, por ejemplo, sólo se habla de la Rerum novarum, parece como si este Papa sólo hubiese escrito una encíclia, de toda su producción anti-liberal nada de nada...para que hablar del beato Pío IX o San Pío X ...,

    Se pretende llegar a una conciliación apóstata con la modernidad hija del liberalismo, reduciendo la religión al mero ámbito de los sentimientos y de la conciencia individual, negando su influencia social y comunitaria, y para ello hay que aceptar el nuevo paradigma demo-liberal, del que un católico no puede salirse.

    La gran herejía moderna, la que hoy padecemos es la negación de la doctrina católica del Reinado Social de Cristo, y la padecemos en amplias capas de la propia Iglesia y en su jerarquía.

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  2. Si Genaro, en palabras del Padre Castellani padecemos un "protestantismo larvado, una ficción de catolicismo", que es como definía al llamado catolicismo liberal.

    Y todos sabemos como el protestantismo es la raíz de la secularización de Europa y del laicismo.

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  3. Y es este "catolicismo liberal" burgués al que las masas han abandonado y dado la espalda; a esta "ficción de catolicismo". Y no al verdadero catolicismo, el de la CRISTIANDAD, que fue defendido por el pueblo llano con las armas, y sólo ha podido ser destruido por las sucesivas revoluciones liberales con la fuerza de las armas y el poder del dinero burgués.

    La actual apostasía del catolicismo, se debe en gran medida a la parodia de catolicismo que se les ha presentado y que es del todo rechazable. Un catolicismo burgués, individualista, moralino...anti tradicional: el catolicismo liberal imperante.

    El pueblo luchó en las guerrras anti-liberales al grito de ¡Viva la religión!, porque veía y vivía que esta había contruido una sociedad libre y justa, una COMUNIDAD, y que el liberalismo la quería destruir...en cambio ahora esta "ficción de catolicismo" sostiene a la democracia-liberal-capitalista.

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  4. El olvido de la doctrina tradicional del Reinado Social de Cristo, ha generado por contrapartida la aparición de otras respuestas erroneas a la civilización burguesa; por ejemplo la llamada teología de la liberación que partiendo de análisis y esquemas marxistas se ha opuesto al liberalismo; esta repuesta es totalmente erronea, pero comprensible en cierto punto, por el olvido de la doctrina tradicional, y de la alianza del catolicismo liberal con la civilización burguesa. El remedio ha sido, por otra parte, igualmente destructivo. En todo esto subyace el abandono de la correcta relación natural-sobrenatural, con su separación radical, y su correlato histórico que es la separación Iglesia- Estado (todo ello de sustrado gnóstico) típica del liberalismo. El catolicismo liberal, como sus sucedaneos y productos como el progresismo religioso, la cital teología de la liberalición etc son agentes disolventes del verdadero catolicismo.

    Hay que redescubrir la doctrina clásica católica, para fundamentar una verdadera política católica, sin esquemas ideológicos.

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  5. Es excusable que un intelectual diga que la tarea de Reconquista del Orden conculcado por la Revolución es, primero, una tarea de orden intelectual. Pero ese "intelectualismo", implantado en España por el personalismo del famosísimo Instituto Secular, es un impedimento para la acción política. Y así nos va. Una cosa es estar en los cuarteles de invierno, tarea intelectual, contingente, y otra esperar del elemento intelectual la necesaria Reconquista del "Omnia instaurare in Christo".

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  6. Hombre, la doctrina, el pensamiento debe siempre prevalecer y guiar a la acción; además en un momento donde lo que falla es la retarguardía doctrinal por la crisis que ha padecido la Iglesia, el primer cometido es recuperar la claridad de ideas para un recto actuar. La batalla es recomponer el campo y las premisas en las que se basa toda acción fecunda. Porque es allí donde ese famoso "instituto" que usted cita a creado la confusión.

    De todas formas yo creo, que no son realidades correlativas sino simultáneas; pero siempre es la doctrina la que guía y debe prevalecer sobre sobre táctica y estrategia. Mas en los momentos actuales es urgente dar una batalla cultural e intelectual en el campo católico, porque la confusión en estos frentes ha hecho infecunda toda posible acción.El autor, creo se refiere, a que en primer termino se debe ganar la batalla en el propio mundo católico (y por ende eclesial), para poder dirigirse luego a reconstruir la comunidad política, aunque sin renunciar por ello a las lucha política desde el inicio.

    De todas formas, tambén hay que tener en cuenta los carismas y vocaciones personales de cada persona. Hoy la batalla es en todos los frentes, pero hay que reconocer que el doctrina y cultural tiene hoy una especial relevancia debido a su destrucción por parte del modernismo.

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