sábado, 25 de julio de 2009

La familia y el municipio como bases de la organización politica

El municipio, como la familia, arrancan de una sola realidad humana: la condición ineludible de ser el hombre un ser concreto, de vivir su existencia dentro de un cuadro de valores por él nunca libérrimamente hallados, sino con los cuales se topa de bruces apenas abre los ojos a las luces de la vida; de que su saber sociológico le viene de una línea y en un lugar que él no determino, empero en los que se encontró situado por el mero hecho de nacer. Todas las teorías totalitarias de la apoteosis del Estado, igual que todas las teorías anarquizantes de la deificación del individuo abstracto quiebran, añicos de cristal de vaso roto, al choque con esta verdad indiscutible.

Sangre y suelo, familia y municipio, hácennos ser lo que somos, nos guste o no nos guste. La fuerza de los factores sociológicos es más eficaz que el oportunismo de las decisiones arbitrarias. Nunca fue el hombre un algo abstracto ni nunca poseyó derechos abstractos como los que les regalaron las sucesivas Declaraciones de los derechos del hombre en la pomposa vacía literatura que corre desde la Revolución francesa hasta la ONU contemporánea....

De ahí la primacía de estas entidades menores sobre el Estado, encarnación y sujeto del poder político supremo...dentro de una comunidad, el poder político no es más que el rector que coordina el funcionamiento total del organismo comunitario fundiendo las voluntades esenciales y armonizando los varios sectores del conjunto colectivo. Al lado de ese poder político supremo existen otras entidades más entrañables, más cercanas, más próximas, con las cuales nos identificamos por el mero hecho de nacer. Las sociedades son vergeles y no desiertos gobernados por el sol quemante del poder político. Son un equilibrio fecundo, donde lo político estatal es la fuerza unificadora, nunca la potestad onmicomprensiva. El Estado que pretendiera abarcarlo todo, reduciendo a montón de cenizas las entidades que son anteriores a él en el tiempo y superiores a él por el derecho natural, sería un Estado suicida...Siendo fortuna para el Estado el fracaso en el empeño por deshacerlas. Porque, de haberlo conseguido,el Estado hubiera acabado por destruirse así propio, vaciando el contenido de su entraña. Al querer abarcarlo todo no hubiera encontrado nada que abarcar. La personalidad de derecho natural de las entidades colocadas debajo del Estado, o sea de la familia y del municipio, son en consecuencia tanto como afirmaciones jusnaturalistas, realidades sociológicas imposibles de suprimir ni de desconocer. Están plantadas ahí, en el centro de la vida humana, por los primeros y fundamentales eslabones que enlazan a cada indivuduo con el resto de los individuos con quienes convive. Desconocidas o asumidas por las legislaciones, su función es ineludible siempre. Preceden al Estado, sirviéndole de apoyo y de cimiento.

Las pretensiones modernas de destrozarlas son el reflejo de los afanes de destrucción que animan a las revoluciones. Pero ambos, familia y municipio, son mas fuertes que todas las revoluciones posibles, pues sin ellas el hombre nunca sería aquello que es. Y un día no lejano, cuando los huracanes de la Gran Revolución que hoy desmantelan a la humanidad pasen más allá de los linderos del presente, las volveremos a contemplar de pie, enhiestas y seguras, tras las noches del actual vandalismo, guardianes firmes de la historia viva que es la Tradición perenne, ejemplos vivos de la manera en que los pueblos viven su vida auténtica indiferentes a los caprichos revolucionarios que sacuden las cimas del poder político. La familia cristiana y el municipio romano siguen existiendo, mientras caen a cada generación monarquías y repúblicas, imperios y señoríos. Su supremacía está en su radical y única autenticidad.

Tomado de:"Poder y libertad. Una visión desde el tradicionalismo hispánico". Francisco Elías de Tejada. Ediciones Scire. Colección De Regno.

2 comentarios:

  1. "El ordén armónico de las sociedades consiste precisamente en que la sociedad total regida por el poder supremo del Estado está compuesta por muchas sociedades políticas menores, que la sociedad general no es una congregación de individuos, sino un ayuntamiento de familias"
    (Francisco Elías de Tejada)

    "que piedad es aquella virtud por la que se rinde servicio y culto diligente a quienes nos están unidos en la sangre y en el amor de la patria"
    (Cicerón)

    y es que:

    "hasta que apareció la sociedad burguesa en 1789 el concepto moderno de Estado no cobró la estampa con que lo contemplamos hoy"
    (F. Elías de Tejada)

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  2. Los tradicionalistas (en el sentido amplio del término) de otros lugares, en especial los de lengua inglesa, ya han empezado a recuperar y poner en práctica las ideas de los grandes movimientos de vuelta a la tierra, gremialismo, distributismo, cooperativismo, etc. de principios del siglo XX. En ámbitos reducidos es sin duda más fácil poner en práctica la restauración. Pero tampoco debemos dejar al margen a los medianos y grandes municipios modernos. Hay algunos ejemplos, no perfectos pero sí interesantes, en Francia, en el Tirol del Sur hoy invadido por Italia... En esta hora tan urgente, aprestémonos a construir, a reconstruir sin cesar. La reconquista de los municipios (desde los que tanto se puede hacer, a pesar de su decadencia) no es suficiente, puesto que el sistema entero nace de los mismos errores; pero puede ser un buen comienzo.

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