sábado, 11 de noviembre de 2017

Valencia: Presentación de "Una resistencia olvidada" el 2 de diciembre

El Círculo Carlista Abanderado de la Tradición, Ntra Sra De Los Desamparados y Valentia Forum tienen el gusto de invitar el próximo sábado 2 de diciembre a las 18h en el Casino de la Agricultura de Valencia (C/ Comedias, nº 12) a la presentación del libro de Víctor Javier Ibáñez:  “Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo” de Ediciones Auzolan.

Su autor Víctor Javier Ibáñez, junto a otros, serán los encargados de presentar esta magnífica obra que relata la vida amarga de muchos vascuences perseguidos y/o asesinados por la banda terrorista nacionalista ETA.

Defender la autenticidad española ha provocado el terror en muchas familias que, desamparadas por el estado, los gobernantes y los horrorosos acontecimientos, han tenido que salir a flote como buenamente han podido.

Para todos ellos, el autor les brinda este pequeño homenaje con la intención de que toda esa valentía, jamás caiga en el olvido. 

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan, PULSAR AQUÍ

Ediciones Auzolan en Granada, Córdoba y Sevilla

Ediciones AUZOLAN, invitada por el Club de Tertulia Secondo Venerdi -foro de opinión de referencia en la capital del Reino de Granada-, presentó en la Casa de Melilla de Granada la obra "Una resistencia olvidada" el miércoles 8 de noviembre
En la imagen podemos ver al autor de la misma, acompañado por Rodrigo Bueno, izq., y Alejandro Aguilar a su derecha, presidente del Club de Tertulia Secondo Venerdi .
 Tertulia-Presentación
Carlistas del Círculo Tradicionalista General Calderón de Granada, con el autor Víctor Javier Ibáñez y su esposa Teresa.
 PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA
El Real Círculo de la Amistad de la ciudad de Córdoba, acogió el pasado 9 de noviembre la presentación del libro Una resistencia olvidada (Ediciones Auzolan), en el que el autor, Víctor Javier Ibáñez, ahonda en la víctimas del terrorismo de filiación tradicionalista, que han quedado relegados en el recuerdo de todos los asesinados por la banda terrorista ETA.
 La sala preparada para el acto se llenó por completo 
Gran mayoría de jóvenes entre los asistentes
El autor Víctor Javier Ibáñez Mancebo firma ejemplares entre los asistentes
 PRESENTACIÓN EN SEVILLA
En la Sala Cultural La Revuelta, en la capital hispalense, organizada por la Asociación Fernando Tercero y el Círculo Carlista Virgen de los Reyes.
 

martes, 31 de octubre de 2017

"Una resistencia olvidada": Presentación en Córdoba y Sevilla

Presentación en Córdoba: Jueves 9 de noviembre a las 20:30 horas en el  Real Círculo de la Amistad (C/ Alfonso XIII nº14)

Presentación en Sevilla: Viernes 10 de noviembre a las 20 Horas en la Sala Cultural la Revuelta (C/ Siete Revueltas nº33)

Última presentación en Alicante

Presentación de "Una resistencia olvidada" en la Villa Universitaria de la Universitat d'Alacant (San Vicente del Raspeig). El autor fue presentado por el abogado Gonzalo Mendiguren, alicantino de orígenes vascos. Ante un foro de estudiantes y profesores universitarios la intervención fue completada por las experiencias de un vecino de Alicante, servidor del orden público en San Sebastián desde 1976 a 1993, y de una insigne familia de carlistas vizcaínos trasterrados en Alicante.

El servidor del orden público, buen amigo de los carlistas de Biar, manifestó como pese a haber asistido a más de doscientos entierros de compañeros, militares y civiles (incluso vivió la demoniaca campaña etarra de "ataudes blancos" contra los hijos de los agentes del orden), habiendo presenciado muchos de esos crímenes y haber sufrido varios intentos de asesinato los nacionalistas jamás pudieron hacerle que odiara. Pidió el destino voluntario siendo uno de los primeros de su promoción, sus hijos nacieron en Guipúzcoa, aprendió vascuence y siempre que tiene ocasión no deja de volver a visitar el que fue su hogar. Conoció buena parte de los casos citados en el libro y certificó por su experiencia como una significativa parte del pueblo vasco, la más aferrada a sus tradiciones y al modo de ser multisecular, se encontraba totalmente al margen de la ideología nacionalista, sea en su vertiente burguesa o de extrema izquierda.

La familia carlista señaló, al hilo de una pregunta de uno de los asistentes sobre la novela "Patria" de Fernando Aramburu, como lo expresado en la misma es sólo una pequeña aproximación al infierno social que el nacionalismo, con la complicidad de las fuerzas de izquierda y liberales, implantó a partir de los años setenta del pasado siglo, siendo los carlistas las primeras víctimas de esa estrategia. En clave actual tuvieron palabras de firme reproche a los gobiernos de Rajoy por su política sobre el terrorismo, calcada de Zapatero, y su oposición, pese a los informes a favor del Centro de Estudios Constitucionales y del Consejo de Estado a que los trasterrados vascos puedan votar en la tierra que se vieron forzados a abandonar. Paradójicamente los nietos de emigrados vascos en Hispanoamérica que llevan dos generaciones naciendo fuera del solar de sus abuelos sí pueden hacerlo, fundamentalmente debido al control absolutamente clientelista que el PNV hace de las asociaciones de descendientes vascos fuera de España.

Los asistentes dieron una calurosa ovación a ambos intervinientes.

Una jornada cargada de emociones que acabó con tono festivo invitados por los carlistas sanvicenteros a la barraca de la Comparsa Navarros de las fiestas de Moros y Cristianos de la villa.

Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo


domingo, 29 de octubre de 2017

Juan Manuel de Prada: Autonomismo y federalismo

En una conferencia pronunciada en 1919, Vázquez de Mella profetizaba con pasmoso acierto lo que en España ocurriría si el centralismo jacobino era sustituido por un sistema autonómico dentro de un régimen de partidos políticos: «Si pudiera darse un descuajamiento del Estado actual en varias autonomías, el problema centralista volvería a darse en cada una de ellas. La Autonomía separada con relación a lo que existía, ¿afirmaría y establecería una jerarquía social, el municipio autárquico, las comarcas libres? Podéis estar seguros de que, por ejemplo, una Cataluña formando Estado aparte no se habría descentralizado más que con relación al Estado de que se había separado: dentro del nuevo surgiría una concentración de poder nueva que aplastaría dentro de sí el principio autonomista. (…) Se trataría sólo de una siembra de centralismos en todo análogos a aquel de que se partió».
¡Con razón a un hombre tan clarividente como Vázquez de Mella lo retiran de las plazas! Pues quienes nos conducen al barranco necesitan, ante todo, que las masas cretinizadas no abran los ojos. Y, aunque en España –como nos advirtiese Azaña—el mejor modo de guardar un secreto sea escribir un libro, mantener a Vázquez de Mella en las plazas podría llevar a algún loco a leer sus obras y tropezarse con páginas como la que acabamos de citar. En aquel discurso, Vázquez de Mella advirtió que el autonomismo, lejos de crear una contención al odioso absolutismo centralista, no haría sino multiplicarlo, hasta convertir España en un mosaico de pequeños centralismos a la greña que lograría tiranizar todavía más a los españoles. Si, además, ese régimen autonómico se sostiene sobre el soborno constante –como ha sido la praxis habitual en España—puede afirmarse que el autonomismo es, además, la mejor gasolina para el incendio separatista. Todo lo que nos sucede ahora nos lo habríamos ahorrado con tan sólo leer a Vázquez de Mella.
Y ahora, para remediar el desaguisado, algunos nos quieren vender la burra del federalismo, con la reformita constitucional. No seré yo quien defienda la inamovilidad de la Constitución del 78, que considero causa de muchos de nuestros males; y, desde luego, a priori un Estado federal parece preferible a otro centralizado, pues se parece más a la estructura tradicional de la monarquía hispánica. Pero, ¡cuidado!, aquel federalismo tradicional nada tiene que ver con el federalismo que ahora nos pretenden colar. Pues el federalismo tradicional, a partir de realidades concretas diferentes, favorecía la creación natural de un tejido de “jerarquía social” (familias, corporaciones, municipios…) que, en volandas de una fe común, tenía una vocación ascendente hacia la unidad. En cambio, el federalismo que ahora nos tratan de colar es exactamente su antípoda: destruye la concreta “jerarquía social” (y todas sus instituciones nacidas desde abajo) y la sustituye por abstractas “identidades nacionales” orquestadas a través de partidos políticos, que acrecientan su poder e influencia destruyendo todas aquellas instituciones que favorecen la jerarquía social vertebradora y construyendo en su lugar entes artificiosos (da lo mismo que se disfracen de autonomismo o federalismo), con el único objetivo de crear centros de poder que les permitan tiranizar a los pueblos. Aunque para ello tengan que suministrar gasolina al incendio separatista.
Este federalismo que nos venden como panacea sólo producirá una nueva siembra de centralismos disgregadores. Y será el descabello de una España ya terriblemente estoqueada por el infierno autonómico.
ABC, 16 de octubre de 2017

¿Cuál es el futuro de España? Entrevista al Director de FARO en L’Homme Nouveau

Vistos desde Francia, los acontecimientos que afectan a Cataluña y, por extensión, a  España y a su unidad, no siempre resultan fácilmente comprensibles. Tiznados de jacobinismo y a menudo de una falsa concepción de una subsidiariedad ajena al bien común, nos cuesta entender la realidad profunda de los acontecimientos actuales. Director de la agencia FARO y del servicio de prensa de la Comunión Tradicionalista, es decir, del carlismo, Luis Infante ha tenido a bien contestar a nuestras preguntas.
Philippe Maxence 
L’Homme Nouveau
1°) Con el referéndum de Cataluña ¿corre España el riego de verse fragmentada?
Incluso para quienes puedan dar algún valor a esa clase de consultas, el llamado referéndum del 1 de octubre de 2017 fue simplemente una farsa. Aparte de su radical ilegalidad y de su absoluta ilegitimidad, no hubo ninguna clase de garantías, ni en el censo, ni en el recuento, ni en el procedimiento entero. La participación fue mínima, a pesar de lo cual el sedicioso Gobierno autonómico de Cataluña proclamó resultados en los que los votos emitidos en algunas localidades superaban en número a los habitantes de éstas.
El riesgo de fragmentación de España existe. Existía antes de ese supuesto referéndum y sigue existiendo después. El separatismo lleva décadas preparando el terreno, con la connivencia de los sucesivos gobiernos de Madrid, y la inacción actual del Gobierno del Partido Popular no hace sino transmitir a los separatistas la sensación de que pueden actuar con impunidad.
2°) ¿Cuál es exactamente la lógica a que obedece el gobierno de Cataluña?
A la lógica instalada desde la Constitución de 1978, por lo menos. Ésta, al incluir el término “nacionalidades” aplicado a algunas de las comunidades autónomas que creaba, abría el camino al separatismo. Separatismo que además se vio favorecido por las leyes electorales desarrolladas en el mismo período y vigentes hasta hoy. Con arreglo a los nuevos Estatutos de Autonomía, los gobiernos regionales en manos de nacionalistas se encontraron con todos los recursos y resortes (enseñanza, medios de información, orden público, presupuestos, control de las subvenciones y de las multas, etc.) para crear una nueva realidad, ya desde la escuela: una historia absolutamente inventada y falsificada en que Cataluña (que en realidad nunca constituyó reino independiente y sólo apareció como entidad política, dentro de la Corona de Aragón, en el siglo XVI) se convertía en nación oprimida; una lengua inventada e impuesta, el catalán pompeufabrista (Por Pompeyo o Pompeu Fabra, el ingeniero nacionalista que la ideó), que busca suplantar tanto a las viejas formas del catalán como al castellano, lengua común de los españoles y la más hablada en Cataluña entre los siglos XVIII y XXI.
La extrema corrupción de la administración autonómica catalana, en la cual hay más políticos y altos cargos encausados judicialmente que en cualquier otra comunidad autónoma de España, así como el despilfarro (habitual en la democracia española, ha sido llevado a su máxima expresión en Cataluña) parece haber impulsado a los políticos nacionalistas a la huida hacia adelante. Si durante décadas se ha ido fomentando el separatismo, pero se había preferido jugar al chantaje contra el resto de España y contra la propia sociedad catalana, desde hace un par de años los nacionalistas del posfranquismo han optado por ir a la separación, aliándose a la extrema izquierda con ese fin.
3°) En este movimiento a favor de la independencia ¿se detecta la presión de instancias internacionales favorables al desmantelamiento de las viejas naciones? 
Sin duda. El Abanderado del Carlismo, S.A.R. Sixto Enrique de Borbón, ya lo advertía en su manifiesto de 2001: “La nueva «organización política» ―que en puridad se acerca más a la ausencia de orden político, esto es, al desgobierno― combina letalmente capitalismo liberal, estatismo socialista e indiferentismo moral en un proceso que resume el signo de lo que se ha dado en llamar «globalización» y que viene acompañado de la disolución de las patrias, en particular de la española, atenazada por los dos brazos del pseudo-regionalismo y el europeísmo, en una dialéctica falsa, pues lo propio de la hispanidad fue siempre el «fuero», expresión de autonomía e instrumento de integración al tiempo, encarnación de la libertad cristiana, a través del vehículo de la denominada por ello con toda justicia monarquía federativa y misionera”.
Últimamente se han conocido las cifras considerables con que George Soros ha estado contribuyendo al entramado del separatismo catalán. Es conocida la militancia sionista del nacionalismo burgués (singularmente la antigua Convergencia Democrática de Cataluña, ahora Partido Demócrata Europeo Catalán, PDeCAT; así como la llamada Izquierda Republicana de Cataluña, ERC) y sus estrechas relaciones con la comunidad judía. Que naturalmente no son incompatibles con su fomento de la inmigración mahometana y de las corrientes más radicales del sunismo.
También encuentra apoyos el separatismo catalán entre sectores del establishment estadounidense (tanto neoconservadores y libertarios como demócratas) y del británico. Especialmente, en este último caso, entre los cercanos al lobby británico del Gibraltar ocupado.
Y, por supuesto, la influencia masónica en el proceso separatista es cada vez más visible.
4°) ¿Las tradiciones políticas españolas no eran suficientes para garantizar cierta autonomía en el marco de una España unida?
Son más que suficientes. La tradición política española supone el máximo respeto a las singularidades y ordenamientos jurídicos propios de los diferentes reinos, principados, señoríos y regiones que componen la Patria. Citando de nuevo al Príncipe Sixto Enrique de Borbón, en esta caso de su reciente declaración de 29 de septiembre de 2017: “Mi tío abuelo Carlos VII restituyó en 1872 la plenitud de los fueros de la Corona de Aragón, y entre ellos los del Principado de Cataluña. La conspiración liberal, apoyada por las logias y por las potencias extranjeras, impidió la victoria del Rey legítimo de España, que habría evitado los desastres posteriores”.
5°) ¿Ha de verse en este movimiento la quiebra de la monarquía liberal?
Sí. En realidad, el régimen de la Constitución de 1978 no es propiamente una monarquía, ni siquiera liberal, sino una república parlamentaria coronada. La indiferencia de sus titulares (tanto Juan Carlos como su hijo Felipe Juan) hacia los intereses de España es notoria. Su vínculo con el rito escocés antiguo y aceptado lo es cada vez más.
6°) ¿Qué haría falta para resolver este problema?
El problema no tiene verdadera solución dentro del marco legal vigente. Quienes contra el separatismo invocan la Constitución de 1978 ignoran que ésta es la principal causa del recrudecimiento de ese mismo separatismo, y que puede reformarse hasta ampararlo. La única solución completa sería la restauración de la Monarquía católica, federativa, social y representativa, y de la Dinastía legítima.
Ahora bien: en la actual coyuntura deben arbitrarse los medios necesarios para conservar la unidad de lo que queda de España, de las Españas, en espera de la restauración futura. Como titula su declaración Don Sixto Enrique de Borbón: “la unidad de España debe mantenerse a toda costa”.
7º) ¿La vía de solución estaría en el slogan “Espana Una, Grande, Libre” o sería necesario que revivieran las Españas respetuosas de sus “fueros”? 
Los fueros son la única vía. El lema “Una, Grande y Libre” procede de la Falange, un partido centralista y jacobino cuya idea de España procede de la revolución liberal, importada de la Revolución francesa. Tan centralistas y jacobinos son los nacionalismos regionales (el catalán o el vascongado, por ejemplo) como el nacionalismo español (en realidad, falsamente español, como falsamente catalán y falsamente vasco son los nacionalismos de aquellas regiones). La España grande, las Españas, son la unión foral, federativa, de muchas regiones distintas, bajo el mismo Dios y el mismo Rey. Cuando volvamos a eso, el problema separatista desaparecerá.
Por Philippe Maxence para L’Homme Nouveau
18 octubre de 2017

La unitat d’Espanya s’ha de mantenir a qualsevol preu

Als carlins i a tots els espanyols de bona voluntat:

La unitat d’Espanya s’ha de mantenir a qualsevol preu

Declaració de S.A.R. Don Sixt Enric de Borbó

A dos dies del referèndum separatista convocat a Catalunya per un Govern autonòmic sediciós i il·legítim, encara no sabem si el Govern de facto d’Espanya complirà el seu deure i n’impedirà la celebració.
Són hores greus. La propaganda proseparatista deslligada a l’estranger no ha estat contrarestada pels mitjans de què l’Estat disposa. El Govern de Mariano Rajoy sembla continuar la política suïcida de desconeixement de l’autèntica tradició catalana i de concessions al nacionalisme, que des de fa ja moltes dècades ha estat preparant l’explosiva situació que ara s’ha desencadenat. Catalunya és part fonamental i inseparable de la Corona d’Aragó, que integra la Monarquia espanyola. És una regió espanyolíssima. Qualsevol argumentació contrària ignora la realitat i contradiu la història.
Dol veure com la regió que des del segle XVIII es va destacar com la més contrarevolucionària i antijacobina d’Espanya es troba avui en gran mesura controlada pels revolucionaris més extremistes i pels jacobins més radicals. Perquè tan jacobí o més que el centralisme liberal o autoritari és el nacionalisme català, i per això mateix, anticatalà.
El meu oncle avi Carles VII va restituir l’any 1872 la plenitud dels furs de la Corona d’Aragó, i entre ells els del Principat de Catalunya. La conspiració liberal, recolzada per les lògies i per les potències estrangeres, va impedir la victòria del Rei legítim d’Espanya, que hauria evitat els desastres posteriors.
Avui cal afanyar-se a defensar la unitat de les Espanyes, per sobre de qualsevol altra reivindicació, com sempre van fer els carlins quan era en perill la Pàtria. Demano als carlins i a tots els espanyols de bona voluntat que, si és necessari, col·laborin amb les forces de seguretat i les Forces Armades per aturar l’intent separatista i conservar la unitat i la independència de la Pàtria, sigui quina sigui l’actitud que finalment prengui l’actual Govern. Tinguem present el deure que molts de nosaltres vam jurar —jo també, com a cavaller legionari— davant la bandera roja i gualda.
En l’exili, a vint-i-nou de setembre de 2017.

A los carlistas y a todos los españoles de buena voluntad:

La unidad de España debe mantenerse a toda costa

Declaración de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

A dos días del referéndum separatista convocado en Cataluña por un Gobierno autonómico sedicioso e ilegítimo, aún no sabemos si el Gobierno de facto de España va a cumplir su deber e impedir su celebración.
Son horas graves. La propaganda proseparatista desatada en el extranjero no ha sido contrarrestada por los medios de los que el Estado dispone. El Gobierno de Mariano Rajoy parece continuar la política suicida de desconocimiento de la auténtica tradición catalana y de concesiones al nacionalismo, que desde hace ya muchas décadas viene preparando la explosiva situación que ahora se ha desencadenado. Cataluña es parte fundamental e inseparable de la Corona de Aragón, que integra la Monarquía española. Es una región españolísima. Cualquier argumentación en contrario ignora la realidad y contradice la historia.
Duele ver cómo la región que desde el siglo XVIII se destacó como la más contrarrevolucionaria y antijacobina de España está hoy en gran medida controlada por los revolucionarios más extremistas y por los jacobinos más radicales. Pues tan jacobino o más que el centralismo liberal o autoritario es el nacionalismo catalán, por eso mismo anticatalán.
Mi tío abuelo Carlos VII restituyó en 1872 la plenitud de los fueros de la Corona de Aragón, y entre ellos los del Principado de Cataluña. La conspiración liberal, apoyada por las logias y por las potencias extranjeras, impidió la victoria del Rey legítimo de España, que habría evitado los desastres posteriores.
Hoy es necesario aprestarse a defender la unidad de las Españas, por encima de cualquier otra reivindicación, como siempre hicieron los carlistas cuando estaba en peligro la Patria. Pido a los carlistas y a todos los españoles de buena voluntad que, de ser necesario, colaboren con las fuerzas de seguridad y las Fuerzas Armadas para detener la intentona separatista y conservar la unidad e independencia de la Patria, cualquiera que sea la actitud finalmente tomada por el actual Gobierno. Tengamos presente el deber que muchos de nosotros juramos —yo también, como caballero legionario— ante la bandera roja y gualda.
En el exilio, a veintinueve de septiembre de 2017.

jueves, 13 de julio de 2017

Presentación de "Una resistencia olvidada" en Barcelona y Albacete


Entrevista a Víctor Javier Ibáñez, para el portal digital Las Voces del Pueblo, a raíz de la presentación de su libro en Barcelona e intervención en el acto.
Presentación de "Una resistencia olvidada" en el IV Congreso de Catalanidad hispánica de la Asociación Somatemps, en el Hotel Catalonia de Barcelona
 Víctor Javier Ibáñez disertó sobre "La destrucción de la identidad vasca: El caso de la Transición"
 En el centro de Barcelona, en pleno Barrio Gótico, se puede adquirir "Una resistencia olvidada" en la Librería Balmes, Calle Duran i Bas, 11
El libro puede conseguirse, también, en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net
Coloquio organizado por la A.C. ASPA y el C.C. Marqués de Villores en el Ateneo Albacetense con el título "Terrorismo etarra ¿fin o transformación?", que sirvió para presentar el libro "Una resistencia olvidada" en la ciudad de Albacete
 El Ateneo se llenó de un numeroso público para asistir a la presentación
Intervinieron el profesor de filosofía del IES de Quintanar del Rey David Avendaño, Carmen Ímaz, periodista y filóloga, profesora de la UNED y de la Universidad de Alcalá de Henares y el autor Víctor Javier Ibánez.
Entrevista en Radio Albacete, con motivo de la presentación del libro

martes, 11 de julio de 2017

El Carlismo por Víctor Javier Ibáñez

Entrevista a Víctor Javier Ibáñez, antiguo Jefe Nacional de las Juventudes Tradicionalistas, actual presidente del Círculo Carlista Marqués de Villores de Albacete y autor del reciente libro Una Resistencia Olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo

martes, 23 de mayo de 2017

Falsificaciones del Bien Común (II): El bien común como bien público

El bien común como bien público

La primera identificación representa el producto coherente de las teorías constructivistas de la sociedad, esto es, de aquellas teorías que niegan la naturalidad de la comunidad política, al sostener que ésta nace del contrato y, por tanto, tiene un fin convencional. No es posible en este caso hablar propiamente del bien común, ya que el Estado –nacido del contrato- no tiene nada en común con los hombres que lo han constituido. Tanto que coherentemente se habla sólo de bien público, que propiamente es el bien privado de la persona civitatis. Resulta significativo el hecho de que en el lenguaje político moderno y contemporáneo se usen en exclusiva los términos bien público e interés público. Ha desaparecido hasta la huella del bien común. No se trata de un error, sino de la coherente aplicación de categorías doctrinales racionalistas que, en cuanto tales, esto es, en cuanto racionalistas, ignoran la realidad, con la pretensión de sustituirla. Rousseau, por ejemplo, es claro a este respecto: “Antes de observar –escribe en el libro V de su obra pedagógico-política, Emilio- es preciso hacerse con normas para la propia observación: hay que hacerse con una escala a la que referir las medidas que se toman. Nuestros principios de derecho político son esta escala. Nuestras medidas son las leyes políticas de todo país”. El bien, por tanto, depende del hombre. También que se define como común. El llamado bien público se identifica, así, en último término y desde cualquier teoría constructivista, con la conservación del Estado, en vista de la cual se entiende legítima toda acción: el fin, en efecto, justifica los medios, como teorizó Maquiavelo y como sostuvieron (y sostienen) los teóricos de la razón de Estado de todo tiempo. El Estado, su existencia, es el bien que conservar siempre y a toda costa, el bien que permitiría una vida civil, puesto que la realidad es la creadora de la ética y del derecho. 
Hegel, que no es constructivista, aunque si racionalista, dirá que el Estado es la misma "sustancia ética consciente de sí", que reconduce todo a la vida de la sustancia universal. Para Hegel, así, el bien común es el todo sustancial extraño a las partes de las que está constituido y que, a su vez, están constituidas por él. Un filósofo contemporáneo de fuerte vocación y, sobre todo, de fuerte atención realista (Marcel De Corte), observó que esta definición de bien común no se puede compartir racionalmente, para empezar porque pretende ser la unidad en lugar de la unión y, por ello, hacerse unicidad suprimiendo la pluralidad de las realidades individuales.
En resumen, la identificación del bien común y bien público es la negación de la posibilidad misma del bien, ya que éste viene a depender de la voluntad de la realidad que es considerada ética y racional sobre la base de la consideración de que su voluntad efectiva aporta criterio de la racionalidad universal sólo porque es única y, por ello, general. El criterio del bien, por eso, estaría en la norma positiva que no tutela el bien, ni el moral ni el jurídico, porque el bien es ella misma: el bien es la misma ratio de la ley, que –a su vez- es tal porque querida por el Estado, quien por ello nunca está sujeto a error. Nos hallamos frente a una forma de nihilismo positivo que pretende transformar en bien todo acto de voluntad positiva y, sobre todo, individuar el bien en la única realidad que tiene el poder de hacer efectiva la propia voluntad, puesto que es la condición del bien así entendido.

¿Qué es el Bien Común?. Danilo Castellano en El bien común. Cuestiones actuales e implicaciones político-jurídicas.

viernes, 19 de mayo de 2017

Política y catolicismo: El Carlismo como doctrina política católica


Intervención del Prof. José Miguel Gambra, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, en las II Jornadas de Catolicismo de la UCM. 4 mayo 2017

jueves, 18 de mayo de 2017

Falsificaciones del Bien Común (I): El bien común como bien privado

El bien común como bien privado

La identificación del bien común con el bien privado ha sido favorecida por la reacción contra la doctrina idealista, en particular la hegeliana, irracional por su pretensión de hacer de la verdad del sistema la verdad, y absurda por las contradicciones y aporías que se evidencian en su aplicación y, por tanto, en la praxis. La derrota de los Estados totalitarios en la segunda guerra mundial representó la fractura del sistema de Hegel y ofreció la prueba de las desastrosas e inhumanas consecuencias en las que tal doctrina debía incurrir necesariamente (como incurrió). Se difundió así muy rápidamente una teoría política de origen protestante, cuya afirmación resultó favorecida por la ilusión de que otorgaba valor al individuo, a la persona humana, tras su sacrificio en el altar de la verdad idealista más abstracta. La difusión de las viejas (aunque presentadas como nuevas) teorías políticas liberales vino favorecida también por equívocos  en el plano teórico (individuo y persona parecían a muchos términos equivalentes) y, sobre todo, por las circunstancias históricas de finales del segundo conflicto mundial: los vencedores de los regímenes definidos autoritarios resultaron ser los Estados liberales y también los comunistas, pero el liberalismo -aunque fuese la matriz del comunismo, sobre todo del marxiano- difícilmente podía convivir con el marxismo. Con el marxismo tampoco podía convivir el cristianismo, fuese en su versión católica o incluso en la protestante. El comunismo, por esto, se convirtió (y se tomó por tal) en el enemigo común. Todos se unieron en la batalla anticomunista a nombre de la libertad, que no puede ser considerada el bien común ni siquiera aunque se lea como libertad responsable: aquella, en efecto, también en este caso resulta una condición que no puede eliminarse, pero que no puede convertirse en el bien común.
Las doctrinas políticas occidentales, sobre todo las elaboradas de encargo (como por ejemplo, la teoría política del segundo Maritain), se empeñaron en justificar la caída de las posiciones que, particularmente en Europa, habían sido hegemónicas hasta la mitad del siglo XX. Pasó a sostenerse, así, que el bien común no era el público sino el privado. Esencial era el bien del individuo ante el que el Estado y el ordenamiento jurídico debían considerarse servidores. Servidores y, por tanto, instrumentales ante cualquier opción individual, cualquier deseo de la persona, cualquier proyecto. No sólo porque según algunas doctrinas el proyecto mostrase la misma naturaleza humana (piénsese, por ejemplo, en Sartre, para el que el hacer procede al ser y, por tanto, el sujeto es su actividad y no la condición de ésta), sino también porque se entendía que toda regla heterónoma, impuesta a la voluntad del sujeto, fuese un atentado a su libertad, un atentado fascista, del que debía tan absoluta como rápidamente liberarse. El ordenamiento jurídico, para legitimarse, habría debido encontrar el consenso (entendido como mera adhesión voluntarista a cualquier proyecto) de los ciudadanos. Se convertía, por ello, en intolerante cualquier Estado que hubiese individuado la naturaleza del bien, erigiéndose en regla de su legislación y su gobierno: el bien y el mal -se decía y aun hoy se afirma de modo todavía más decidido-  pertenecen a la esfera privada; lo público no debe tener opinión alguna acerca de la vida buena, sino que al contrario debe ser absolutamente indiferente. La nueva ratio que rige y anima a los ordenamientos jurídicos occidentales contemporáneos debe buscarse, así, en esta Weltanschauung neoliberal, que se ha expandido poco a poco y que se presenta todavía como la vía que debe recorrerse para conseguirlo.
Derivó de ahí, como consecuencia del desplome de lo público, la desaparición  del bien (incluso del que sólo era su subrogado) y necesariamente la desaparición del bien común en sí. El único fin de la comunidad política que se considera legítimo es el de asegurar, garantizándolo en la perspectiva liberal y/o promoviéndolo en la perspectiva liberal-socialista, la libertad negativa que a su vez se convierte en liberación total en la perspectiva marxista y en la liberal-radical. Pero, como esto no es posible en absoluto, se asignó al poder la tarea de mediar entre instancias y pretensiones contrapuestas, tanto que ahora se afirma explícitamente que el Parlamento es el lugar de la composición de los intereses. El poder político, por ello, estaría legitimado por un contrato de mandato o bien  por un consenso mayoritario de la sociedad civil, no ciertamente por la racionalidad del mando político, entendida la racionalidad como conformidad a la esencia y al fin natural de las personas. El Estado moderno de la vieja Europa desapareció. Se afirmó el Estado como proceso teorizado por la politología norteamericana desde finales del siglo XIX, que entiende que el poder político es un mero poder, y que el conflicto es el alma de la llamada convivencia civil. Lo que implica que la realización de la voluntad, la obtención de los intereses, el agotamiento de las pasiones y los deseos tanto de los individuos como los grupos y no –por tanto- la vida según la razón, representen el objetivo que conseguir. Esto es lo que se considera el bien, que no tiene nada de común siendo de parte o solipsista, en todo caso privado en el sentido moderno del término.

¿Qué es el Bien Común?. Danilo Castellano en El bien común. Cuestiones actuales e implicaciones político-jurídicas.

lunes, 8 de mayo de 2017

Historia del Carlismo: Javier I (1889-1977), una vida al servicio de la Tradición

Documental homenaje a su Majestad Católica Don Javier I de Borbón, último Rey legítimo de las Españas. Audiovisual realizado para el XL aniversario de su fallecimiento y presentado el 6 de mayo de 2017 en el Real Monasterio de Santa María del Puig, Reino de Valencia, en el acto de homenaje a Don Javier organizado por el Círculo Carlista Abanderado de la Tradición Nuestra Señora de los Desamparados de la Comunión Tradicionalista.  
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