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domingo, 29 de octubre de 2017
jueves, 13 de julio de 2017
Presentación de "Una resistencia olvidada" en Barcelona y Albacete
Entrevista a Víctor Javier Ibáñez, para el portal digital Las Voces del Pueblo, a raíz de la presentación de su libro en Barcelona e intervención en el acto.
Presentación de "Una resistencia olvidada" en el IV Congreso de Catalanidad hispánica de la Asociación Somatemps, en el Hotel Catalonia de Barcelona
Víctor Javier Ibáñez disertó sobre "La destrucción de la identidad
vasca: El caso de la Transición"
En el centro de Barcelona, en
pleno Barrio Gótico, se puede adquirir "Una resistencia olvidada" en
la Librería Balmes, Calle Duran i Bas, 11
El libro puede conseguirse, también, en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net
Coloquio organizado por la A.C.
ASPA y el C.C. Marqués de Villores en el Ateneo Albacetense con el título
"Terrorismo etarra ¿fin o transformación?", que sirvió para presentar
el libro "Una resistencia olvidada" en la ciudad de Albacete
El Ateneo se llenó de un numeroso público para asistir a la presentación
martes, 14 de marzo de 2017
Violencia separatista de hoy y ayer: el nacionalismo contra Navarra
Los violentos incidentes que
tuvieron lugar este pasado 11 de marzo en Pamplona, protagonizados por forasteros radicales separatistas llegados desde fuera de Navarra, son un fiel
reflejo de muchos incidentes que han jalonado la historia de la democracia
partitocrática en Navarra. Una vez más el viejo Reyno fue atacado por la estrategia separatista del odio, con el resultado de cuatro detenidos, de ellos tres enviados a prisión por el Juez de Pamplona. Navarra otra vez atacada por "Euskadi".
Boletín de la A.J.T navarra en la transición, en respuesta a otra invasión foránea nacionalista, la llamada irónicamente "Marcha de la Libertad"
Para el mundo etarra, Navarra ha
sido una de sus grandes obsesiones, pues ha sido referente del españolismo
rocoso del carlismo, el movimiento político vasconavarro popular por excelencia
y ellos siempre han sido en Navarra minoritarios, extraños a su devenir
histórico. Por ello Navarra ha estado siempre en el centro de la estrategia
separatista e imperialista del nacionalismo (Pulsar Aquí). Frente a un “Euskadi” de
inspiración racista sabiniana y que es parte fundante del régimen del 78, el
carlismo reivindica lo auténticamente vasco y navarro, definido a través de una
tradición objetiva en los territorios históricos: católicos, forales e hispánicos.
Los actuales incidentes se parecen mucho concretamente, al intento de reventar
la concentración foralista de 1977, convocada por la Diputación Foral, encabezada por el
carlista Amadeo Marco. Entonces como actualmente grupos organizados
procedentes de Guipúzcoa llenaron las calles de Pamplona de violencia y de odio antiforal y antiespañol. Una misma estrategia de los enemigos de siempre de Navarra y de España.
Extracto
del Capítulo VII del libro «Una resistencia olvidada.Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) de Víctor
Javier Ibáñez Mancebo.
(...) los actos [foralistas]
dieron comienzo el 3 de diciembre [de 1977] con una Misa en la Catedral, a la
que acudió la Diputación en pleno. Al acabar la Misa miles de navarros salieron
en manifestación hacía la Plaza del Castillo. Por las bocacalles de la misma
comenzaron los ataques de la izquierda proetarra, que quiso reventar la
concentración. Lanzando insultos contra la Diputación comenzaron a llover
piedras, tornillos y botellas causando los primeros heridos entre los
foralistas. Diario de Navarra insistía en que la Policía Armada no utilizó
material antidisturbios contra los provocadores, intentando apaciguar los
ánimos en todo momento verbalmente. Cinco policías resultaron heridos teniendo
que recibir asistencia médica. A las 13:30 comenzaron las intervenciones, tras
la difusión por megafonía del himno de las Cortes de Navarra. En medio de
constantes gritos de «Navarra sí, Euskadi no» tomó la palabra el diputado foral
Julio Asiain Gurucharri, que hizo un llamamiento a la serenidad. Posteriormente
cuando el vicepresidente, Amadeo Marco, se disponía a hacer uso de la palabra
por el paseo Sarasate apareció un nutrido grupo de proetarras cantando el Eusko
Gudariak y lanzando consignas contra la Diputación y contra Marco. Tras unos
momentos de tensión lanzó un mensaje cargado de profundo sentido jurídico,
político e histórico que corearon los más de diez mil navarros que se
concentraban en la Plaza del Castillo con gritos a favor de Navarra y de España
y contra la pretensión del gobierno central de introducir a Navarra en el ente
autonómico de Euskadi. Uno de los lemas más coreados fue «Clavero, pelmazo,
recuerda a Gamazo». Amadeo Marco terminó su intervención solicitando a los
congregados que se dispersaran pacíficamente, sin responder a las
provocaciones, como así hicieron. Sin embargo en las zonas cercanas a la
Diputación los proetarras se reagruparon y volvieron a cargar contra los
congregados. Cuatro jóvenes asistentes a la concentración fueron heridos de
arma blanca, uno de ellos, Eugenio Lecanda Garamendi, estudiante de Medicina
oriundo de Bilbao con una herida penetrante en el tórax, que revistió cierta
gravedad aunque terminó evolucionando favorablemente. (...)También fue agredido
al acabar la manifestación el colaborador de El Pensamiento Navarro Artus,
cuando un grupo proetarras lo esperaban en su domicilio. Los proetarras
quemaron dos banderas de Navarra y de España robadas de edificios de
particulares. En total se contabilizaron según Diario de Navarra (periódico que
no se mostró favorable al acto navarrista) una treintena de heridos entre los
asistentes a la manifestación. La mayoría de los provocadores se habían
desplazado desde fuera de Pamplona, identificando la policía a dos grupos de
Mondragón y Vergara asiduos en esas acciones de guerrilla urbana. Una
representación de carlistas vascongados hizo acto de presencia aquel día en
Pamplona en apoyo de la Diputación Foral.
El libro se puede solicitar a info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €.
domingo, 5 de marzo de 2017
Una resistencia olvidada. Mártires tradicionalistas del terrorismo
AUZOLAN Ediciones, joven
editorial consagrada a la publicación de textos históricos y sociales, ha
publicado el libro “Una resistencia olvidada. Mártires tradicionalistas del
terrorismo”, de Víctor Javier Ibáñez. A lo largo de sus siete capítulos y doscientas
treinta páginas se detalla la ofensiva criminal de los separatistas contra un
carlismo que atravesaba una grave crisis interna, en los años de la llamada transición. Esa ofensiva, con su
secuencia de amenazas, agresiones, asesinatos y trasterramientos,
intencionadamente ocultada por los grandes medios, explica en gran medida el
cambio político en Vascongadas.
El libro se puede solicitar a info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €. Y se presentará en los próximos
meses en diversas ciudades. Publicamos parte del prólogo, escrito por el
catedrático de Historia del Derecho Andrés Gambra.
PRÓLOGO
El
lector tiene en sus manos un estudio espléndido, valiente, que se adentra con
acopio de datos en una página estremecedora de la historia reciente de España.
Estremecedora por dos órdenes de motivos: primero porque su objeto es una
modalidad de genocidio controlado, aquel que consiste en la eliminación física
o civil de un sector específico de población,
ejecutado con el designio de alterar la configuración íntima de una
sociedad determinada y las actitudes de sus miembros. También porque, como
suele suceder en esa clase de exterminios de baja intensidad, su ejecución se
ha visto rodeada de un silencio ominoso, conseguido gracias a la generación de
un ambiente de miedo colectivo, asociado a la aplicación sistemática de
represalias, y a la colaboración de sectores de poder influyentes, interesados
de un modo u otro en controlar y embozar los efectos desestabilizadores que en
condiciones normales produciría un proceso de esa naturaleza.
Desde
el gobierno y por casi todos los grupos afines al régimen, de un signo u otro,
se repite, a modo de mantra, que la etapa dolorosa del terrorismo de ETA se ha
clausurado con éxito y que lo pertinente, para evitar tensiones estériles o
eventuales rebrotes, es hablar del asunto lo menos posible y, singularmente, de
las víctimas; un “pacto de silencio” no
escrito al que se han adherido masivamente los medios de comunicación. La
realidad, sin embargo, es muy diferente, pues sucede que la acción terrorista,
que se ha prolongado a lo largo de casi medio siglo y cuenta en su haber con
más de novecientas víctimas, ha sido extremadamente eficaz y muy rentable para
las fuerzas políticas que, en la sombra, se han aprovechado de ella. Nada más
huero en efecto, e hipócrita, que la afirmación irénica de que la vía del
terrorismo es contraproducente a la larga y no ha dado frutos en España.
Inclusive desde instancias gubernamentales se emiten, no sin cierto rubor,
enunciados triunfalistas sobre el cese de la acción terrorista. El hecho
patente es que la ofensiva de ETA ha conseguido alterar gravemente la capacidad
de resistencia del pueblo español y con ella su sentido de la dignidad y de la
justicia, y ha propiciado deslizamientos de alcance tectónico en los
planteamientos políticos de sus clases dirigentes, hoy más que nunca dispuestas
a prestar oídos sordos a todo lo que no sea su supervivencia en el poder;
también en el modo de entender la identidad de España, cuya unidad se encuentra
hoy cuestionada en tal medida que la posibilidad de su desmembración se ofrece
verosímil en términos inimaginables hasta tiempos no tan lejanos. Las altas
instancias, con intensidades varias que se entrelazan con intereses en su fondo
muy parecidos, se muestran dispuestas a hacer enormes concesiones a los
nacionalismos y, en esa dirección, el testimonio de las víctimas se ofrece
tremendamente molesto. De ese sustrato mental, en versión desalmada y
paroxística, dan cuenta los tuits sobre Irene Villa del podemita Guillermo
Zapata.
La
atención de Víctor Ibáñez, en el marco amplio de la acción criminal de ETA, se
centra en un segmento concreto de sus víctimas, el integrado por personas
vinculadas al tradicionalismo, en parte principal de adscripción carlista,
habitantes de Vasconia y de Navarra. La actividad criminal de ETA se ha cebado
tanto en antiguos carlistas, alejados de una militancia efectiva, como en
quienes perseveraban en un carlismo plenamente operativo. No se trata de
agresiones casuales sino dotadas de alto sentido, según demuestra el autor,
debido a la significación de ese colectivo en la sociedad vasco-navarra.
El
libro propone una visión sistemática de las circunstancias que le ha tocado
padecer al carlismo en una etapa particularmente dramática de su historia.
Etapa amarga y oscura, porque los carlistas que habían ofrecido su vida
generosamente en defensa de la España tradicional y católica durante la Cruzada
de 1936, y repetidamente durante del siglo XIX, atravesaba tiempos oscuros cuando se desencadenó la fase inicial de la
ofensiva criminal de ETA en su contra, proceso que se escalonó entre 1961 (primeras amenazas explícitas contra el
carlismo) y 1975 (primer asesinato de un carlista). Hallábase entonces sumido
el carlismo en una etapa de división interna y confusión ideológica, fruto a su
vez de la profunda crisis espiritual que comenzaba a instalarse la sociedad
española de resultas del impacto triunfante de la ideología liberal y de
actitudes morales de signo cada vez más relativista, todo ello unido al
debilitamiento de la ortodoxia católica que el posconcilio había traído consigo
y de los devastadores efectos que acarreó el cuestionamiento, en muchos niveles
y desde muchos frentes, del significado católico de su historia y de la
reivindicación de su restauración. No contaban entonces los carlistas con la
simpatía del régimen de Franco en trance de extinción, menos aún con el de las
fuerzas políticas emergentes que no tardarían en imponerse; tampoco con la
Iglesia, bastantes de cuyos mentores se alineaban con el cardenal Tarancón en
el empeño por pasar página y subirse al tren de la historia. Los carlistas,
aunque se hallaban en horas bajas, eran todavía una fuerza significativa en
Vascongadas y en Navarra, donde las viejas estirpes carlistas, socialmente
heterogéneas, representaban en términos de presente el espíritu de la Vasconia
genuina y del Viejo Reino: eran los testigos del régimen de cristiandad, allí
donde había sobrevivido con más fuerza a los envites de la revolución
contemporánea. Formaban una fuerza menguante pero rica en potencialidades
difíciles de calibrar, desdeñada y la vez temida por las fuerzas liberales y
nacionalistas que se estaban apoderando de esos escenarios. El carlismo era un
alto referente doctrinal y moral, un movimiento que cuestionaba con autoridad
los planteamientos de la Transición en marcha y representaba el último valladar
frente al programa de desmantelamiento de la unidad de la patria y de sus
fundamentos religiosos.
Ahí
se localiza la historia que nos cuenta Víctor Ibáñez en un relato bien
estructurado, ilustrado con una interpretación clarividente de los hechos. Destruir
y desmoralizar al carlismo, eliminarlo y barrerlo de la escena, o mejor aún
controlarlo y desviar su trayectoria hacia posiciones de renuncia y traición a
sus ideales, demostró ser una maniobra acertada, eficaz en orden a la
eliminación del más profundo estrato moral de esas tierras, y un modo de
apartar de la escena a quienes con su sola presencia, sea por las ideas que
encarnaban o por la continuidad que significaban con su mejor pasado, eran
motivo de remordimiento o de inquietud esquizoide para las tropas en auge del
separatismo, de la mentira y de la apostasía. Muchos de cuyos miembros, como
Ibáñez pone de manifiesto, eran gentes sin arraigo en Vasconia, empeñadas en
exhibir un nacionalismo desaforado que hiciese olvidar su condición de metecos.
Página
terrible porque aquellos carlistas que habían mantenido en alto la bandera de
la tradición se encontraron solos, desatendidos por quienes tenían la
responsabilidad de defenderles desde las instancias políticas y eclesiásticas,
tanto regionales como nacionales. Persecución, muerte, aislamiento, familias
destruidas, ruina y exilio, en un contexto durísimo, de hierro y polvo, que
constituye uno de los escenarios más pavorosos de nuestra historia reciente.
Víctor Ibáñez ha recuperado testimonios ilustrativos de lo que allí sucedió.
Tras los asesinatos, las celebraciones fúnebres doloridas, con asistencia de
vecinos y amigos airados y estupefactos; en un segundo momento, pronto,
presencia solo de una asistencia exigua, encogida por el dolor y el miedo, movida
a solo cubrir el expediente: estar ahí sin que se notara y pasar página. Sobre
todo pasar página. El olvido.
Para quién como yo está afincado
en Navarra y conserva casa y hacienda en una localidad típicamente montañesa
duele referirse a la mutación que se ha operado en esas tierras a lo largo de
los últimos cuarenta años. Gentes pacificas, de noble talante, entregadas
otrora cristianamente a sus labores, fieles a Navarra y a España con un corazón
campesino y fiel, afectas a seculares tradiciones y religiosamente devotas, que
se han transformado en una sociedad dividida, dominada por fuerzas políticas
antiespañolas, que cuelga en cuando puede la ikurriña y se manifiesta en favor
de lo que ETA representa, con gestos y estilo propios de una hinchada feroz, de
ultras paroxísticos, seguidores de las consignas del nacionalismo vasco más
radical y deshumanizado. Quienes no hace tantos años miraban con desdén
señorial a los “guipuchis” que pretendían catequizarles se han convertido hoy
en sus oscuros subordinados.
(…)
Víctor
Ibáñez ha perfilado una valiosa cronología del proceso de desarrollo y
consolidación de ETA, y en ese contexto identifica los hitos de su brutal
ofensiva en contra de los vascos que se sentían españoles, que manifestaban de
un modo u otro su fidelidad a España, siendo a la vez vascoparlantes y amantes
de la cultura de su patria vasca; los portadores postreros de una cultura que
el nacionalismo se ha empeñado en distorsionar para acomodarla a sus
pretensiones. Una primera fase consistió en atentados contra monumentos e
instituciones carlistas de alto valor simbólico –el monumento de Navarra a sus
muertos en la Cruzada, el Pensamiento Navarro, el monumento a Sanjurjo, las
casas solariegas de linajes carlistas de vieja raigambre como los Landaluce o
los Baleztena-. El momento culmen del proceso fue la eliminación física de
carlistas, muchos de ellos desmovilizados. En su mayoría gente sencilla,
pequeños empresarios, empleados o funcionarios de diversas categorías, simples
trabajadores, padres de familia ejemplares. Así, con motivo del asesinato de
Víctor Legorburu, alcalde que fue de Galdacano, su localidad natal, persona de modesta condición que actuó con
suma honradez al frente del ayuntamiento y expresó con convicción sus ideas
carlistas, un hijo suyo expresó con nitidez sobrecogedora el motivo de
semejante crimen -«una cosa muy sencilla: porque mi padre creía al igual que
todos los vascos durante muchos siglos han creído que los vascos por ser vascos
eran españoles. Los vascos nunca lo habían puesto en duda y mi padre tampoco.
Bueno, pues por eso lo mataron, así de sencillo»-. Síntesis perfecta de lo que
sucedió entonces, en medio de la inoperancia de unas autoridades que nunca se
mostraron capaces, desde la Transición, de comprometerse a fondo en la defensa
de los vascos españoles. Pactar con los nacionalistas y tratar de aplacar a los
criminales, a sabiendas de las conexiones existentes entre ellos, ceder poder a
los primeros para conseguir su apoyo en el juego parlamentario, moverles a una
ficticia aceptación de las reglas constitucionales a cambio de hacerles
concesiones sin fin, que consolidaron un sistema autonómico destructivo de la
unidad española. Se les cedió incluso la educación y con ella la dignidad y la
patria. Renuncia suicida, hecha a sabiendas de que la lengua es uno de los ejes
del denominado principio de las Nacionalidades, cuya aplicación ha tenido tan
terribles consecuencias. A quienes se mantuvieron fieles a España, carlistas o
no, no les cupo sino ocultarse en el silencio, abandonar su tierra o resignarse
al martirio. «Ante Dios nunca serás héroe anónimo»; pero ante las autoridades de entonces, solo
un problema que debía tratarse con cautela. Nadie les defendió seriamente.
Tampoco hoy, cuando ETA ha cesado de matar pero siguen funcionando innumerables
procedimientos de subyugación. Recuerdo perfectamente que en cierta ocasión los
etarras dieron muerte a un nacionalista vasco, de condición acomodada y cierto
relieve: sus compadres y allegados, alarmados, pusieron el grito en el cielo
manifestando que no era eso lo correcto, que eran otros a quienes correspondía
el ser asesinados. Así de claro. Siempre expresiones de esa jaez: “algo malo
habrá hecho”.
(…)
La
actual quiebra generalizada de España tiene mucho que ver con la actitud
claudicante de las autoridades centrales hacia los nacionalistas y hacia las
víctimas del terrorismo de ETA. Colaboración con los nacionalistas y abandono
de las víctimas. Criterios de acción que, a su vez, han sido moldeados por la
acción de ETA y la red de oscuros contubernios que se han configurado a su
alrededor. Son polvos que han traído los lodos del presente. Caso de amplitud
singular, también sujeto a la ley del silencio, es el muy terrible hoy de
Navarra. «Navarra, el precio de la traición» es el título sugestivo de un libro
de Jaime Ignacio del Burgo, sobre quien por cierto recae una grave
responsabilidad en el proceso de adulteración democrática del Fuero navarro.
Navarra, paradigma de fidelidad a España, se encuentra sometida a un gobierno cuatripartito
integrado por apátridas empeñados en tramitar su entrega al ente euzkadiano.
Rafael Berro, uno de los más lúcidos y valientes defensores del Viejo reino,
viene denunciando las intenciones de Uxué Barkos, la taimada servidora del PNV
que preside en el momento actual ese siniestro conglomerado gubernamental. «Es
ingenuo esperar de la política identitaria de Barkos algo diferente a lo que
tenemos: ocultamiento de la verdad, falseamiento de la realidad, manipulación
de las víctimas de ETA”. “De ahí resulta –afirma Berro- la política identitaria
de Barkos en el terreno de los idiomas… que ha generado una violencia salvaje
que ha estado matando españoles durante cuarenta y cinco años». En esas
estamos. Este libro proporciona claves explicativas imprescindibles para
entender los motivos de la situación abismática en la que se encuentran España
y dos de sus componentes regionales más entrañables, Vasconia y Navarra.
jueves, 14 de enero de 2016
Catalanismo contra separatismo
Tomàs Caylà i Grau, jefe regional
de la Comunión Tradicionalista y Delegado Regio en el Principado de Cataluña
fue ejemplo acabado de fidelidad católica y patriótica. Catalanista auténtico,
defensor de la lengua, el Derecho y las Cortes propias de Cataluña tuvo muy
claro que la deriva separatista era una traición a la verdadera Cataluña.
SEPARATISME NO
Revista JOVENTUT, Nº 6
En els actuals i difícils moments
polítics en que es troba Espanya, amb el gran nombre de problemes que la
post-guerra va plantejant i sobre tot amb el greu conflicte català, ens cal a
tots els espanyols i especialment als catalans conservar la serenitat, per no
portar les discussions i els idealismes per terrenys escabrosos amb equivocades
actuacions i amb perilloses estridències.
Es per això que nosaltres,
pertanyents a un partit polític en qual programa hi va compresa l’obtenció
d’una autonomia política plena per nostra catalana terra i quals treballs a son
favor no poden negar-se, perquè per tan nobles ideals ha donat la sang de sos
partidaris en els camps de batalla, hem de fer notar la improcedència de certes
afirmacions separatistes que en un entrefilet de son últim número fa el
setmanari nacionalista de nostra ciutat.
No és pas el partidisme, sinó nostre gran amor a Catalunya, el que ens
mou a fer tals afirmacions, perquè ens dol en l’ànima el veure que la gran i
noble causa de Catalunya, què és la d’Espanya, és convertida en una culpable
campanya separatista que de tenir realitat sols serviria per a entregar a
nostra tan volguda terra en mans de l’Estat més centralista d’Europa.
Cal que els que tal campanya emprenguin es
capacitin de la greu responsabilitat que contreuen, doncs a més de contribuir
al desviament de les masses catalanistes, omplen de recel i , allunyen de son
costat als mateixos catalans, a la vegada que fan odiosa la causa de Catalunya
als habitants de les demés regions espanyoles.
Nosaltres creiem que l’entrefilet de Pàtria
no obeeix al modo de pensar del confrare, i que ha estat escrit en uns moments
de patriòtica exaltació, que de tots modos és sempre culpable, quan, com en el
cas present, pot causar greus perjudicis a la causa que es defensa, i ho creiem
encara més després de les terminants afirmacions del senyor Cambó declarant
separats espiritualment del partit nacionalista als que donguesin cabuda a
sentiments separatistes, doncs no volem creure que dit partit fes unes afirmacions
i una campanya contraposada a Catalunya.
Si així no fos, si la campanya iniciada per
Pàtria continua, nosaltres considerarem al mentat setmanari com a enemic de
Catalunya, i no podrem col.laborar amb sos elements per la causa de nostra
pàtria perquè hi ha punts, i un dels tals és el del separatisme, en que no és
possible la transacció.
Enfront del “Visca Catalunya independent”
símbol del separatisme, hi posarem sempre el de “Visca Catalunya espanyola”,
disposats a defensar-lo en lo que necessari sigui en tots els terrenys, perquè
no volem que els centralistes adquireixin el més mínim dret per a intervenir en
sa defença dintre casa nostra
miércoles, 13 de enero de 2016
El Carlismo y el nacionalismo antitéticos
NO PUBLICADO...en su "libertad de expresión"...pulsa en la imagen
A los medios del sistema, cada
vez más escorados hacia el liberalismo tópico y anquilosado, ha regresado en
los últimos tiempos con fuerza el hábito de intentar hacer pasar a los
separatismos regionales por herederos del Carlismo. Cuando lo cierto es que esos
separatismos, esos nacionalismos, no son sino formas del mismo liberalismo
jacobino que algunos falsos españolistas predican; que históricamente heredan,
además, al liberalismo decimonónico en su integridad; y que el Carlismo no
tiene herederos, porque aquí sigue, como Carlismo, sin adoptar otras formas
imposibles. Hostil a todo nacionalismo, hostil a todo separatismo, defensor
siempre de la unidad católica de España y de las Españas grandes.
La inacabable tragicomedia
política que sufre Cataluña (y con ella, el resto de España), llamada muy
incorrectamente "proceso soberanista" o "constituyente" (o,
simplemente, "el procés") sirve de excusa para que unos pocos intoxicadores,
más unos cuantos perezosos e ignorantes que los imitan, vuelvan a citar una y
otra vez al Carlismo como antecesor del nacionalismo catalán (anticatalán, en
realidad). Cuando la verdad es, de nuevo, exactamente la contraria. No está de
más recordar que la única unidad combatiente catalana bajo la bandera de las
cuatro barras (que Cataluña comparte con Aragón, a cuya Corona pertenece el
Principado catalán) en la Cruzada de 1936-1939 luchaba en el bando nacional: el
laureado Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, contra los rojos y
contra los separatistas de la falsa Generalitat de entonces. Rojos y
separatistas de entonces, estos sí antecesores de la CUP y de "Junts pel
Sí", que persiguieron y asesinaron a centenares de carlistas catalanes.
Hoy las líneas siguen siendo las mismas, y el Carlismo permanece enemigo de la
falsa Generalitat de ahora (aspira a restaurar la verdadera Generalidad del
Principado de Cataluña y los fueros de éste) y de sus secuaces. (Agencia Faro)
martes, 29 de septiembre de 2015
No existe el “problema” “catalán”; el problema es el Estado liberal
No existe el
“problema” “catalán”; el problema es el Estado liberal
No
se ha calibrado suficientemente el carácter impuesto de la estructura estatal
sobre los pueblos hispánicos, cuya esencia política es antiestatal. Todos los
problemas institucionales, territoriales y políticos de España traen causa en
última instancia de esta realidad, insuficientemente percibida.
La
Historia de las pérdidas de las Españas transpeninsulares es indefectiblemente,
hasta el siglo XVIII, la Historia de la violencia de entidades extranjeras
contra esos pueblos que eran y se sentían independientes, libres e
hispanísimos. Con la introducción de los paradigmas estatales tras la
usurpación liberal las insuficiencias y contradicciones que se venían sufriendo
desde el advenimiento de las reformas de los Borbones incoarán el definitivo
problema territorial español, el cual sólo puede solucionarse hispánicamente. La
noción positivista y soberanista de la política subyugó la rica pluralidad de
cada una de las partes de las Españas, reduciéndolas sobre la coartada de un
castellanismo, que no es tal, a una uniformización contraria a nuestro nervio
histórico. Frente a este mal se exacerbó en sentido contrario una respuesta en
los mismos esquemas de pensamiento liberal desde los nacionalismos
separatistas. Y se generó la inevitable aporía al develarse la faz más
totalitaria del propio Estado, que lejos de ser integrador se muestra como un
gran Leviathán excluyente: o Estado español o Estado catalán.
El
Estado ha supuesto en cierto modo una subrogación de la vieja Monarquía
Hispánica, por eso aún custodia ciertas formas de politicidad natural mucho
mejor que las instancias supraestatales, por lo que merecen ser respetadas. Sin
embargo también conlleva otra serie de vicios que deben ser debidamente extirpados.
Actualmente además las transformaciones de la política y la asunción de la
democracia partitocrática acentúan el carácter inmoral del Estado por su
instrumentalización por las ideologías dominantes o triunfantes en los procesos
electorales. El Estado ya no custodia ningún fundamento moral intangible, pero
paradójicamente cada vez se hace más grande y controlador con lo que resulta
más potencialmente peligroso. En este sentido las Comunidades Autónomas (que no
olvidemos son una parte más del Estado, siendo sus presidentes los
representantes ordinarios del mismo en su territorio) han jugado un papel
peligrosamente uniformizador sobre las bases de las mitologías nacionalistas o
paranacionalistas, imponiendo una aterradora ingeniería social e ideología
desde los resortes del poder que controlan creando artificiales esencialismos
identitarios.
La
herida y brecha abierta por tantos siglos de impostura liberal, cuyas carencias
sólo se afrontan desde posturas aún más liberales, juegan en contra de retornar
a una solución tradicional española. Sin embargo los afanes más nobles que
habitan en el fondo de los corazones encontrarán en ella la única respuesta.
Quienes hablan de independencia si quieren la auténtica independencia de los
pueblos y de la sociedad sólo podrán encontrarla en la vuelta a un orden en que
el protagonismo político no lo tengan las impostoras instituciones públicas,
sino que sean las corporaciones naturales quienes se organicen sin dirigismos.
Quienes quieran ofrendar a España sus más nobles sentimientos han de entender
que nuestra Patria no es un mero Estado impuesto hace casi dos siglos, sino que
la genuina España estaba en aquel haz de pueblos libres e independientes,
dotados de peculiaridades políticas, jurídicas y culturales unidos por la Fe
inquebrantable en un mismo Dios y la lealtad hacía un mismo Rey, señor legítimo
y justo.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
La soberanía contra el seny
La
soberanía contra el seny
Vivimos en tiempos de
tal indigencia intelectual y moral en la política, reducida un juego de
hiperexcitados sentimentalismos que ofuscan el más mínimo atisbo de
razonabilidad, que intentar aportar argumentos doctrinales es como echar
margaritas a los cerdos.
El centro de las
próximas elecciones al parlamento autonómico de Cataluña es el paradigma que
los nacionalistas han logrado imponer al resto de los partidos y a la campaña:
el de la soberanía. Sagaz labor fruto de concienzudos y bien pagados estudios
de ingeniería social y de violencia institucionalizada de bajo perfil que no
pretende otra cosa que tapar las vergüenzas de un régimen corruptocrático e
ideologizador. La soberanía ha desplazado al seny. Desplazando correlativamente al fundamento histórico de la
misma Cataluña.
Seguramente los que
unen el paradigma catalán a la soberanía desconocen que no puede existir un
término político tan diametralmente opuesto a Cataluña como el de soberanía.
Esa creación del absolutismo francés, enemigo histórico del pueblo catalán,
mereció la refutación teórica en los juristas catalanes; y práctica en el
devenir del pueblo catalán que se gobernó y organizó contra la soberanía y en
todas las ocasiones en las que se hicieron armas contra el pensamiento
revolucionario que vino de Francia, a contar desde la Guerra Gran.
Siguiendo al gran
Vallet de Goytisolo la mentalidad catalana fue tomista desde su nacer y esa
sensibilidad previa se muestra en las ideas de libertad, de pacto y de alcance
del poder monárquico. Francisco Canals apunta que el tomismo es el sistema
intelectual característico de la mentalidad catalana. En este sentido la obra
del más significado jurista catalán del s. XV, el gerundense Tomás Mieres,
cuando argumenta que carece de fuerza cualquier mandato legal contrario a la recta ratio (podrían contarse entre ellos todos los emanados, sin
excepción, de la falsa Generalidad nacionalista), que deben existir
limitaciones en el poder (choque frontal contra la concepción voluntarista y en
esencia totalitaria de la soberanía) y que el gobernante debe obrar de acuerdo
a la justicia, siendo su cometido el transformar en positiva la justicia
natural y el procurar paz y orden a los pueblos que rige (lo contrario de lo
que hacen quienes invocan la anticatalana souveranité,
dividiendo al pueblo y a
la sociedad). La línea trazada
por Mieres es la que inspiraba el derecho civil catalán, auspiciado por los
Reyes y violentado y desconocido por las oligarquías, que sin abusar del
paralelismo histórico bien se compadecen con la casta nacionalista actual. Esas
oligarquías intentaron quebrantar esos principios morales con sus malos usos, dando lugar a los alzamientos campesinos. Estos, pidiendo el
auxilio del Rey Fernando el Católico pudieron acabar con esas injusticias. Buen
ejemplo de cómo la potestas real
estuvo acompañada por la auctoritas. Los
Reyes no eran soberanos absolutos y su poder se encontraba templado y limitado.
Frente a ello la soberanía alude a un poder sin freno ético o moral, el más
zafio voluntarismo aplicado a las realidades temporales. Contra ese concepto de
soberanía, en la línea de Mieres, se alzó también el jesuita Juan de Salas
desde su cátedra de la Universidad de Barcelona, criticando furibundamente las
doctrinas del Renacimiento clásico tendentes a divinizar el poder del monarca y
a sustituir la omnipotencia de Dios por la del Estado. Éste, olvidando su
esencia y su fin, preterirá el contenido real de la libertad y se convertirá en
instrumento ideal para la implantación de los proyectos apriorísticos de las
más variadas ideologías.
El sistema intelectual
característico de la mentalidad catalana, que diría Canals, es el que pudo
fraguar unas libertades concretas y una tradición jurídica, esencialmente
patriarcal. Curiosamente uno de los actores del actual proceso de disolución
catalán desde el bando separatista y presumible socio de la lista corruptocrática
pone mucho énfasis en esa denuncia del patriarcado. Estas libertades aludidas
no quedaban en una noción abstracta, sino que formaban una idea objetiva de
justicia que cristaliza en múltiples detalles de las libertades concretas que
hicieron de Cataluña un baluarte realista de esa verdadera libertad que, como
afirma Elías de Tejada “sólo se encuentra en los pueblos que han logrado las
más exactas fórmulas de perfección política”. Esa es la esencia del seny catalán, de esa mentalidad secular
catalana que hoy ha sido borrado por ese hipersentimentalismo ramplón. La
preocupación por lo concreto, por lo práctico, frente al idealismo voluntarista,
frente a las construcciones de proyectos ideológicos, es la constante en la
obra de los juristas catalanes clásicos, en los que no se encuentran sistemas
construidos especulativamente. La función jurisprudencial se entiende desde el
mismo nacer de Cataluña al modo expresado por Torras i Bages como “cosa
esencialmente práctica, ejercicio de la virtud intelectual de la prudencia, que
consiste en el hábito de adecuar la regla de la razón a las exigencias y
necesidades de la vida”.
El seny ha muerto. El nacionalismo lo ha asesinado, con alevosía.
Salga lo que salga de las elecciones autonómicas del domingo no tendrá nada que
ver con lo poco que queda del seny y
de Cataluña.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Coloquios de Fuego y Raya: Cataluña, la historia
Tras el éxito el pasado curso de los cuatro primeros Coloquios
de Fuego y Raya, el Consejo
de Estudios Hispánicos Felipe II invita al quinto (primero de este
curso, D.m.), que tendrá lugar el día 17 de septiembre de
2015,jueves, a las 19:30 horas (siete y media de la tarde), en sus
locales deMadrid, calle de José Abascal (antes del General Sanjurjo) 38,
bajo izquierda (Metro Alonso Cano o Gregorio Marañón, L-7; Iglesia, L-1). El
escritor, sociólogo y profesor universitario Javier
Barraycoa regresa a los «Coloquios de Fuego y Raya» para dialogar
con Juan Manuel Rozas yMiguel Ayuso, a propósito del
cómic recién aparecido (en castellano y en catalán) Cataluña, la historia (Scire, 2015), de
cuyo guión es autor junto con Manuel Acosta; cuya presentación en Barcelona también ha constituído un éxito
arrollador.
Fuego
y Raya, revista semestral hispanoamericana de historia y política, es
una publicación del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, que evoca ya
desde su título la gesta de Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Con los «Coloquios
deFuego y Raya» se pretende ofrecer nuevos elementos de reflexión sobre
la tradición hispánica y su papel en el mundo actual.
martes, 1 de septiembre de 2015
Cataluña. La Historia. Primer cómic no nacionalista sobre la historia de cataluña
Presentación del primer cómic no nacionalista sobre la historia de Cataluña
ORGANIZA SOMATEMPS
presentación del Cómic "Cataluña, la Historia" (versiones catalana y castellana).
Martes, 8 de septiembre,
a las 19,30 h.
en el Hotel Atenea (detrás del Corte Inglés Diagonal)
Presentación a cargo de los guionistas: Manuel Acosta, Javier Barraycoa (guionistas) y Juan Alonso (Ilustrador)
martes, 10 de diciembre de 2013
viernes, 23 de noviembre de 2012
El Carlismo ante las próximas elecciones catalanas y el proceso de desintegración nacional
Barcelona / Madrid, 22 noviembre 2012, festividad de Santa Cecilia, virgen y mártir. La Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ha hecho público el siguiente comunicado de la Jefatura Delegada de la Comunión Tradicionalista:
Los principios del régimen liberal y democrático, al asentar la legitimidad del gobierno sobre el barro movedizo de las pasiones y tendencias individuales, implican la destrucción de la armonía que permite la convivencia de los hombres en sociedad. Una vez despreciada la religión verdadera como fundamento de la vida en común; una vez que en su lugar se ha colocado la llamada voluntad popular, con aplauso incluso de mucho eclesiástico, los vaivenes de la tornadiza ambición política conducen bien al estatismo avasallador que destruye las peculiaridades y costumbres regionales, bien a todo tipo de sedición e incluso a la secesión.El texto constitucional, que pretende sustituir la estructura natural de nuestra sociedad y en el cual muchos ponen ingenuas esperanzas para la estabilidad de la patria, fue hecho a base de recortes y concesiones incoherentes, cuya eficacia real quedaba a expensas de las interpretaciones que los partidos gobernantes quisieran darle. Más concretamente, lo que dice sobre las comunidades autónomas y los municipios dentro de la nación tiene tal ambigüedad que sólo se explica por el designio de dar carta blanca a los políticos en su aplicación. De hecho, los partidos mayoritarios lo han usado como moneda de cambio para negociar el apoyo de los grupos regionales, concediéndoles, poco a poco, tan exorbitantes transferencias de poder que han hecho de las comunidades autónomas verdaderos estados dentro del estado. De ello ha resultado una organización social intrínsecamente imposible, porque sabido es que, para formar una unidad orgánica, las partes no pueden ser de la misma naturaleza que el todo.El carlismo siempre ha propugnado la estructura foral, o, si se quiere, federativa, de nuestra patria, en la cual las diversas regiones y sociedades intermedias se unifican bajo la institución monárquica y bajo el principio fundamental de la unidad católica. Por eso, porque ninguna de esas cosas es mantenida por la democracia liberal, se ha opuesto constantemente a ella con todos sus medios. Cuando ha podido, se ha enfrentado a ella por las armas y, cuando no, lo ha hecho, aunque con cierta repugnancia, formando partidos desde los cuales ha tratado de de defender unos u otros de sus principios, dependiendo de las contingencias siempre cambiantes de los regímenes democráticos.En tres guerras defendieron los carlistas la libertad de las regiones frente al centralismo liberal; en 1907 Vázquez de Mella decía "yo brindo por las libertades regionales, una de las bases y de los fundamentos esenciales de nuestro programa (de la Comunión Tradicionalista); y brindo, como su coronamiento natural, por la unidad española y por la unidad del Estado, que sobre esa unidad ha de fundar la suya. Y brindo por esas dos unidades apoyadas en los principios históricos y tradicionales". Y, aunque en la guerra del 36 hubieron de oponerse a los nacionalistas vascos y catalanes, que absurdamente optaron por la República, eso no les impidió defender la foralidad de esas regiones y municipios frente al verticalismo del régimen posterior.Tras la muerte de Franco, el verdadero carlismo se opuso a la implantación del régimen constitucional, entre otras cosas porque veía que, más pronto o más tarde, volvería a propiciar la tensión artificial entre las regiones y la unidad de la patria. Pero como la situación religiosa nacida del Concilio Vaticano II, junto a la defección de Carlos Hugo, mermó mucho sus fuerzas, hubo de mantenerse fuera del juego de partidos y, por regla general, tuvo que propiciar la abstención como manifestación de su repulsa al régimen. Lo cual no es óbice para que hoy, como en otras ocasiones, matice transitoriamente su política de oposición radical al sistema, para defender un bien común, aunque parcial, en virtud de las gravísimas circunstancias actuales.Por ello, ante la pujante amenaza del separatismo, la Comunión Tradicionalista se conforma con recordar, junto a Santo Tomás, que apoyar la secesión y la sedición es siempre pecado mortal, porque se oponen a la unidad y la paz del Reino (S. T. 2.2. a. 42), y con concluir que no es lícito en modo alguno secundar la separación de Cataluña. Al mismo tiempo, a título de mera opinión orientativa y sin que medie compromiso alguno por su parte, la Comunión Tradicionalista destaca que, entre los partidos no nacionalistas, Plataforma por Cataluña mantiene una postura potencialmente próxima a la suya. Primero, porque parece declararse confesionalmente católica; segundo, porque se ha enfrentado a la solapada invasión musulmana, que constituye una de las mayores amenazas para el futuro de esa región y, tercero, porque, aun haciéndolo con mucha oscuridad, parece sostener las libertades catalanas, sin abjurar de la unidad de España.Bien sabe la Comunión que cualquier participación en la democracia actual sólo puede posponer los conflictos inherentes a la naturaleza destructiva del sistema. Pero siempre es preferible retrasar cuanto se pueda una contienda, tan probable como carente de sentido, a la espera de que la Divina Providencia propicie circunstancias más favorables para el restablecimiento del régimen cristiano y legítimo.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Simplemente: España
"El nombre de España, que
hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un
nombre de región, un nombre geográfico, y Portugal es y será tierra española,
aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la
desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en
medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza,
no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por
divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.
Todavía en este siglo ha dicho
Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia. "Españoles somos y de
españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica". España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Cataluña. A tal
extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano e incurren
en otras aberraciones por el estilo."
martes, 15 de mayo de 2012
La psicología del separatismo
Sin embargo, aunque los
separatismos españoles constituyen una aberración recusable, pueden ser
comprendidos psicológicamente si nos ponemos en la posición de quienes
comienzan el patriotismo por el amor a la casa paterna y comprenden la
significación profundamente antipatriótica del estatismo moderno. El Estado
centralizador, al ejercer un poder absoluto e impersonal, ajeno -o más bien
opuesto-, a los elementos vivos y entrañables de la sociabilidad y del
patriotismo, se convierten en seguida en algo esencialmente odioso para el
ciudadano medio, que sólo puede verlo bajo la especie contributiva o policial.
Si a esto se añade que ese mismo Estado ha representado la muerte de todas las
tradiciones políticas, jurídicas, administrativas, y aun culturales de las
colectividades históricas que constituyeron las Españas, puede comprenderse la
aversión y la absoluta falta de respeto interior que hacia el Estado es ya
habitual entre nosotros, de un siglo a esta parte.
De aquí no se deriva, en buena
lógica, más que la aversión al Estado moderno como instrumento uniformista y
antitradicional. Pero el Estado se adueña del nombre de la Patria -España-, lo
utiliza como propio, y procura identificar su causa y su significación con la
de él mismo. Y la distinción entre Estado y nación, y lo abusivo de esa
apropiación, que son cosas obvias en el orden teórico y en el histórico, no lo
son para quienes no viven en estos ordenes, es decir, para el pueblo. El hábito
y el tiempo va, además, consumando en las mentes de las nuevas generaciones esa
identidad que comenzó por ser un simple abuso de nomenglatura. El nombre de
España y el título de español pasan así insensiblemente, para muchos grupos
humanos, de ser algo cordial y espontáneamente sentidos a través del propio
lenguaje y de la propia tierra, a tener la misma significación hostíl que el
Estado que se los apropia. Algo semejante a lo que acontece con el escudo nacional,
que convertido en símbolo exclusivo del poder público, acaba por asociarse
psicológicamente a las notificaciones fiscales y a los uniformes de la policía.
Cuando estos hechos psicológicos
se producen, y perdura en la nación el recuerdo de motivos patrios más cercanos
al calor de lo propio, los separatismos
se producen fatalmente. Por eso ha dicho alguien que el centralismo fue el
primero de los separatismos españoles y el origen de los demás. En la primera
manifestación de esos movimientos secesionistas tuvieron mucha parte pasiones
personales, posturas de extremosidad histórica, miras caciquiles, el orgullo
colectivo de determinadas regiones, el infantil deseo de "jugar a
naciones"; es decir, factores superficiales, más bien teóricos y de reacción
momentánea, que, al cabo, se superaban en cada individuo con la reflexión y los
años. La segunda fase de estos movimientos -tanto menos violenta cuanto mas
peligrosa- estriba precisamente en la lenta extensión de ese sentimiento de
extrañeza o de molesta aversión, que la sociedad española ha sentido siempre
hacia el Estado, al nombre y la significación misma de España, que deja así de
inspirar un sentimiento profundo y cordial. Este ambiente es el terreno
propicio para un nuevo separatismo que prescinde de las fantasmales razones
históricas o étnicas en que se apoyaba el otro, para ajustarse a un
secesionismo meramente industrial o práctico.
Según Mella, los liberales y
revolucionarios no tienen derecho a hablar de unidad nacional, porque ellos han
destruido los vínculos íntimos estables de esa unidad, y los han sustituido por
ataduras y uniformismo legal, que hacen odioso hasta ese nexo externo de
unidad.
"El Estado monstruo que han
fabricado -dice- es la enorme cuña que ha partido el territorio nacional y ha
escindido la unidad nacional que antes imperaba, más por el amor que por la
fuerza, en las regiones congregadas por la obra de los siglos en torno a un
mismo hogar. Y mientras no se arranque esa cuña no habrá unidad nacional ni
patria española, sino un rebaño dirigido por el látigo estatal".
jueves, 20 de octubre de 2011
El romanticismo: enfermedad del espíritu de hombres y pueblos

El romanticismo consiste esencialmente en la sublimación de un fracaso no asumido. Se da preferentemente en aquellos pueblos que sienten la humillación de su decaimiento sin ser capaces de someterse o de rebelarse. La "rebeldía" romántica tiende a crear mitos de "grandeza" con aquellos hechos históricos que no se han asimilado.
Es una forma de impotencia disfrazada...en buena parte es el refugio de quienes añoraban el antiguo orden de cosas, pero estaban socialmente demasiado situados para querer, con voluntad firme, una auténtica restauración.
José Mª Alsina Roca "El Tradicionalismo Filosófico en España".
miércoles, 28 de septiembre de 2011
El Carlismo y la estupidez del separatismo

La desazón psicológica apareció cuando la derrota del Carlismo hizo presentar como sola manera de defender las personalidades regionales, separar la causa foral (que es variedad) de la legitimidad monárquica (que es la unidad precisa). Con lo que se rompió el maravilloso equilibrio de las Españas verdaderas y las energías de la dispersión aspiraron a quebrar la unidad española desde el momento en que dejaron de frenarlas las fuerzas de la cohesión de la realeza.
El positivismo ideológico nació cuando fue necesario dar raíz a semejantes posturas destructoras. Ayudó la moda sutil del tiempo y ayudó la negación de la historia de las doctrinas liberales. Búsquese construir las realidades fuera de la historia, apelando a los criterios inmediatos de la raza o de la geografía, asumidos de un modo directo y no tomados a través de su influjo en la historia, de la cual se quiso renegar. Fue la hora de la raza "baska" o de "los hechos diferenciales catalanes" donde se acoge a los datos físicos en su eficacia inmediata, sin ponderarlos en su dimensión histórica de repercusiones seculares.
Pudimos los carlistas ser en una pieza españolísimos y regionalistas porque nunca caímos en equívocos tales. Afirmamos la plenitud de la historia política y la recogímos en su realidad perfecta, sin despeñarnos en el positivismo que desdeña la tradición que es historia acumulada, ni romper el equilibrio justo que sujeta la variedad fecunda a la unidad de la realeza.
Fueros y Monarquía eran los dos pilares, en los que asentamos sólidamente la vigencia de una Tradición que quisimos continuar a la española, sin copiar las sucesivas modas europeas de absolutismos y liberalismos. Por eso pudimos pensar, coincidiendo con ello con cierta aguda mente también españolísima, que los nacionalismos son una estupidez. Dios quiera que la hora presente del afan europeizante no nos haga renegar de nuevo de la Tradición y tropezemos en esa otra estupidez en boga que es sacrificar la Historia viva en los altares de la Técnica quimérica.
Francisco Elías de Tejada. Carlismo y separatismo. El Pensamiento Navarro, 26 de enero de 1971
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