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domingo, 29 de octubre de 2017

Juan Manuel de Prada: Autonomismo y federalismo

En una conferencia pronunciada en 1919, Vázquez de Mella profetizaba con pasmoso acierto lo que en España ocurriría si el centralismo jacobino era sustituido por un sistema autonómico dentro de un régimen de partidos políticos: «Si pudiera darse un descuajamiento del Estado actual en varias autonomías, el problema centralista volvería a darse en cada una de ellas. La Autonomía separada con relación a lo que existía, ¿afirmaría y establecería una jerarquía social, el municipio autárquico, las comarcas libres? Podéis estar seguros de que, por ejemplo, una Cataluña formando Estado aparte no se habría descentralizado más que con relación al Estado de que se había separado: dentro del nuevo surgiría una concentración de poder nueva que aplastaría dentro de sí el principio autonomista. (…) Se trataría sólo de una siembra de centralismos en todo análogos a aquel de que se partió».
¡Con razón a un hombre tan clarividente como Vázquez de Mella lo retiran de las plazas! Pues quienes nos conducen al barranco necesitan, ante todo, que las masas cretinizadas no abran los ojos. Y, aunque en España –como nos advirtiese Azaña—el mejor modo de guardar un secreto sea escribir un libro, mantener a Vázquez de Mella en las plazas podría llevar a algún loco a leer sus obras y tropezarse con páginas como la que acabamos de citar. En aquel discurso, Vázquez de Mella advirtió que el autonomismo, lejos de crear una contención al odioso absolutismo centralista, no haría sino multiplicarlo, hasta convertir España en un mosaico de pequeños centralismos a la greña que lograría tiranizar todavía más a los españoles. Si, además, ese régimen autonómico se sostiene sobre el soborno constante –como ha sido la praxis habitual en España—puede afirmarse que el autonomismo es, además, la mejor gasolina para el incendio separatista. Todo lo que nos sucede ahora nos lo habríamos ahorrado con tan sólo leer a Vázquez de Mella.
Y ahora, para remediar el desaguisado, algunos nos quieren vender la burra del federalismo, con la reformita constitucional. No seré yo quien defienda la inamovilidad de la Constitución del 78, que considero causa de muchos de nuestros males; y, desde luego, a priori un Estado federal parece preferible a otro centralizado, pues se parece más a la estructura tradicional de la monarquía hispánica. Pero, ¡cuidado!, aquel federalismo tradicional nada tiene que ver con el federalismo que ahora nos pretenden colar. Pues el federalismo tradicional, a partir de realidades concretas diferentes, favorecía la creación natural de un tejido de “jerarquía social” (familias, corporaciones, municipios…) que, en volandas de una fe común, tenía una vocación ascendente hacia la unidad. En cambio, el federalismo que ahora nos tratan de colar es exactamente su antípoda: destruye la concreta “jerarquía social” (y todas sus instituciones nacidas desde abajo) y la sustituye por abstractas “identidades nacionales” orquestadas a través de partidos políticos, que acrecientan su poder e influencia destruyendo todas aquellas instituciones que favorecen la jerarquía social vertebradora y construyendo en su lugar entes artificiosos (da lo mismo que se disfracen de autonomismo o federalismo), con el único objetivo de crear centros de poder que les permitan tiranizar a los pueblos. Aunque para ello tengan que suministrar gasolina al incendio separatista.
Este federalismo que nos venden como panacea sólo producirá una nueva siembra de centralismos disgregadores. Y será el descabello de una España ya terriblemente estoqueada por el infierno autonómico.
ABC, 16 de octubre de 2017

jueves, 13 de julio de 2017

Presentación de "Una resistencia olvidada" en Barcelona y Albacete


Entrevista a Víctor Javier Ibáñez, para el portal digital Las Voces del Pueblo, a raíz de la presentación de su libro en Barcelona e intervención en el acto.
Presentación de "Una resistencia olvidada" en el IV Congreso de Catalanidad hispánica de la Asociación Somatemps, en el Hotel Catalonia de Barcelona
 Víctor Javier Ibáñez disertó sobre "La destrucción de la identidad vasca: El caso de la Transición"
 En el centro de Barcelona, en pleno Barrio Gótico, se puede adquirir "Una resistencia olvidada" en la Librería Balmes, Calle Duran i Bas, 11
El libro puede conseguirse, también, en la página habilitada por Ediciones Auzolan en Facebook PULSAR AQUÍ o en el correo info@edicionesauzolan.net
Coloquio organizado por la A.C. ASPA y el C.C. Marqués de Villores en el Ateneo Albacetense con el título "Terrorismo etarra ¿fin o transformación?", que sirvió para presentar el libro "Una resistencia olvidada" en la ciudad de Albacete
 El Ateneo se llenó de un numeroso público para asistir a la presentación
Intervinieron el profesor de filosofía del IES de Quintanar del Rey David Avendaño, Carmen Ímaz, periodista y filóloga, profesora de la UNED y de la Universidad de Alcalá de Henares y el autor Víctor Javier Ibánez.
Entrevista en Radio Albacete, con motivo de la presentación del libro

martes, 14 de marzo de 2017

Violencia separatista de hoy y ayer: el nacionalismo contra Navarra


Los violentos incidentes que tuvieron lugar este pasado 11 de marzo en Pamplona, protagonizados por forasteros radicales separatistas llegados desde fuera de Navarra, son un fiel reflejo de muchos incidentes que han jalonado la historia de la democracia partitocrática en Navarra. Una vez más el viejo Reyno fue atacado por la estrategia separatista del odio, con el resultado de cuatro detenidos, de ellos tres enviados a prisión por el Juez de Pamplona. Navarra otra vez atacada por "Euskadi".
Boletín de la A.J.T navarra en la transición, en respuesta a otra invasión foránea nacionalista, la llamada irónicamente "Marcha de la Libertad"

Para el mundo etarra, Navarra ha sido una de sus grandes obsesiones, pues ha sido referente del españolismo rocoso del carlismo, el movimiento político vasconavarro popular por excelencia y ellos siempre han sido en Navarra minoritarios, extraños a su devenir histórico. Por ello Navarra ha estado siempre en el centro de la estrategia separatista e imperialista del nacionalismo (Pulsar Aquí). Frente a un “Euskadi” de inspiración racista sabiniana y que es parte fundante del régimen del 78, el carlismo reivindica lo auténticamente vasco y navarro, definido a través de una tradición objetiva en los territorios históricos: católicos, forales e hispánicos.

Los actuales incidentes se parecen mucho concretamente, al intento de reventar la concentración foralista de 1977, convocada por la Diputación Foral, encabezada por el carlista Amadeo Marco. Entonces como actualmente grupos organizados procedentes de Guipúzcoa llenaron las calles de Pamplona de violencia y de odio antiforal y antiespañol. Una misma estrategia de los enemigos de siempre de Navarra y de España.
Extracto del Capítulo VII del libro «Una resistencia olvidada.Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) de Víctor Javier Ibáñez Mancebo.

(...) los actos [foralistas] dieron comienzo el 3 de diciembre [de 1977] con una Misa en la Catedral, a la que acudió la Diputación en pleno. Al acabar la Misa miles de navarros salieron en manifestación hacía la Plaza del Castillo. Por las bocacalles de la misma comenzaron los ataques de la izquierda proetarra, que quiso reventar la concentración. Lanzando insultos contra la Diputación comenzaron a llover piedras, tornillos y botellas causando los primeros heridos entre los foralistas. Diario de Navarra insistía en que la Policía Armada no utilizó material antidisturbios contra los provocadores, intentando apaciguar los ánimos en todo momento verbalmente. Cinco policías resultaron heridos teniendo que recibir asistencia médica. A las 13:30 comenzaron las intervenciones, tras la difusión por megafonía del himno de las Cortes de Navarra. En medio de constantes gritos de «Navarra sí, Euskadi no» tomó la palabra el diputado foral Julio Asiain Gurucharri, que hizo un llamamiento a la serenidad. Posteriormente cuando el vicepresidente, Amadeo Marco, se disponía a hacer uso de la palabra por el paseo Sarasate apareció un nutrido grupo de proetarras cantando el Eusko Gudariak y lanzando consignas contra la Diputación y contra Marco. Tras unos momentos de tensión lanzó un mensaje cargado de profundo sentido jurídico, político e histórico que corearon los más de diez mil navarros que se concentraban en la Plaza del Castillo con gritos a favor de Navarra y de España y contra la pretensión del gobierno central de introducir a Navarra en el ente autonómico de Euskadi. Uno de los lemas más coreados fue «Clavero, pelmazo, recuerda a Gamazo». Amadeo Marco terminó su intervención solicitando a los congregados que se dispersaran pacíficamente, sin responder a las provocaciones, como así hicieron. Sin embargo en las zonas cercanas a la Diputación los proetarras se reagruparon y volvieron a cargar contra los congregados. Cuatro jóvenes asistentes a la concentración fueron heridos de arma blanca, uno de ellos, Eugenio Lecanda Garamendi, estudiante de Medicina oriundo de Bilbao con una herida penetrante en el tórax, que revistió cierta gravedad aunque terminó evolucionando favorablemente. (...)También fue agredido al acabar la manifestación el colaborador de El Pensamiento Navarro Artus, cuando un grupo proetarras lo esperaban en su domicilio. Los proetarras quemaron dos banderas de Navarra y de España robadas de edificios de particulares. En total se contabilizaron según Diario de Navarra (periódico que no se mostró favorable al acto navarrista) una treintena de heridos entre los asistentes a la manifestación. La mayoría de los provocadores se habían desplazado desde fuera de Pamplona, identificando la policía a dos grupos de Mondragón y Vergara asiduos en esas acciones de guerrilla urbana. Una representación de carlistas vascongados hizo acto de presencia aquel día en Pamplona en apoyo de la Diputación Foral.

El libro se puede solicitar a info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €.

domingo, 5 de marzo de 2017

Una resistencia olvidada. Mártires tradicionalistas del terrorismo

AUZOLAN Ediciones, joven editorial consagrada a la publicación de textos históricos y sociales, ha publicado el libro “Una resistencia olvidada. Mártires tradicionalistas del terrorismo”, de Víctor Javier Ibáñez. A lo largo de sus siete capítulos y doscientas treinta páginas se detalla la ofensiva criminal de los separatistas contra un carlismo que atravesaba una grave crisis interna, en los años de la llamada transición. Esa ofensiva, con su secuencia de amenazas, agresiones, asesinatos y trasterramientos, intencionadamente ocultada por los grandes medios, explica en gran medida el cambio político en Vascongadas.

El libro se puede solicitar a info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €. Y se presentará en los próximos meses en diversas ciudades. Publicamos parte del prólogo, escrito por el catedrático de Historia del Derecho Andrés Gambra.

PRÓLOGO

                El lector tiene en sus manos un estudio espléndido, valiente, que se adentra con acopio de datos en una página estremecedora de la historia reciente de España. Estremecedora por dos órdenes de motivos: primero porque su objeto es una modalidad de genocidio controlado, aquel que consiste en la eliminación física o civil de un sector específico de población,  ejecutado con el designio de alterar la configuración íntima de una sociedad determinada y las actitudes de sus miembros. También porque, como suele suceder en esa clase de exterminios de baja intensidad, su ejecución se ha visto rodeada de un silencio ominoso, conseguido gracias a la generación de un ambiente de miedo colectivo, asociado a la aplicación sistemática de represalias, y a la colaboración de sectores de poder influyentes, interesados de un modo u otro en controlar y embozar los efectos desestabilizadores que en condiciones normales produciría un proceso de esa naturaleza.

                Desde el gobierno y por casi todos los grupos afines al régimen, de un signo u otro, se repite, a modo de mantra, que la etapa dolorosa del terrorismo de ETA se ha clausurado con éxito y que lo pertinente, para evitar tensiones estériles o eventuales rebrotes, es hablar del asunto lo menos posible y, singularmente, de las víctimas;  un “pacto de silencio” no escrito al que se han adherido masivamente los medios de comunicación. La realidad, sin embargo, es muy diferente, pues sucede que la acción terrorista, que se ha prolongado a lo largo de casi medio siglo y cuenta en su haber con más de novecientas víctimas, ha sido extremadamente eficaz y muy rentable para las fuerzas políticas que, en la sombra, se han aprovechado de ella. Nada más huero en efecto, e hipócrita, que la afirmación irénica de que la vía del terrorismo es contraproducente a la larga y no ha dado frutos en España. Inclusive desde instancias gubernamentales se emiten, no sin cierto rubor, enunciados triunfalistas sobre el cese de la acción terrorista. El hecho patente es que la ofensiva de ETA ha conseguido alterar gravemente la capacidad de resistencia del pueblo español y con ella su sentido de la dignidad y de la justicia, y ha propiciado deslizamientos de alcance tectónico en los planteamientos políticos de sus clases dirigentes, hoy más que nunca dispuestas a prestar oídos sordos a todo lo que no sea su supervivencia en el poder; también en el modo de entender la identidad de España, cuya unidad se encuentra hoy cuestionada en tal medida que la posibilidad de su desmembración se ofrece verosímil en términos inimaginables hasta tiempos no tan lejanos. Las altas instancias, con intensidades varias que se entrelazan con intereses en su fondo muy parecidos, se muestran dispuestas a hacer enormes concesiones a los nacionalismos y, en esa dirección, el testimonio de las víctimas se ofrece tremendamente molesto. De ese sustrato mental, en versión desalmada y paroxística, dan cuenta los tuits sobre Irene Villa del podemita Guillermo Zapata.
                La atención de Víctor Ibáñez, en el marco amplio de la acción criminal de ETA, se centra en un segmento concreto de sus víctimas, el integrado por personas vinculadas al tradicionalismo, en parte principal de adscripción carlista, habitantes de Vasconia y de Navarra. La actividad criminal de ETA se ha cebado tanto en antiguos carlistas, alejados de una militancia efectiva, como en quienes perseveraban en un carlismo plenamente operativo. No se trata de agresiones casuales sino dotadas de alto sentido, según demuestra el autor, debido a la significación de ese colectivo en la sociedad vasco-navarra.

                El libro propone una visión sistemática de las circunstancias que le ha tocado padecer al carlismo en una etapa particularmente dramática de su historia. Etapa amarga y oscura, porque los carlistas que habían ofrecido su vida generosamente en defensa de la España tradicional y católica durante la Cruzada de 1936, y repetidamente durante del siglo XIX, atravesaba tiempos oscuros  cuando se desencadenó la fase inicial de la ofensiva criminal de ETA en su contra, proceso que se escalonó entre  1961 (primeras amenazas explícitas contra el carlismo) y 1975 (primer asesinato de un carlista). Hallábase entonces sumido el carlismo en una etapa de división interna y confusión ideológica, fruto a su vez de la profunda crisis espiritual que comenzaba a instalarse la sociedad española de resultas del impacto triunfante de la ideología liberal y de actitudes morales de signo cada vez más relativista, todo ello unido al debilitamiento de la ortodoxia católica que el posconcilio había traído consigo y de los devastadores efectos que acarreó el cuestionamiento, en muchos niveles y desde muchos frentes, del significado católico de su historia y de la reivindicación de su restauración. No contaban entonces los carlistas con la simpatía del régimen de Franco en trance de extinción, menos aún con el de las fuerzas políticas emergentes que no tardarían en imponerse; tampoco con la Iglesia, bastantes de cuyos mentores se alineaban con el cardenal Tarancón en el empeño por pasar página y subirse al tren de la historia. Los carlistas, aunque se hallaban en horas bajas, eran todavía una fuerza significativa en Vascongadas y en Navarra, donde las viejas estirpes carlistas, socialmente heterogéneas, representaban en términos de presente el espíritu de la Vasconia genuina y del Viejo Reino: eran los testigos del régimen de cristiandad, allí donde había sobrevivido con más fuerza a los envites de la revolución contemporánea. Formaban una fuerza menguante pero rica en potencialidades difíciles de calibrar, desdeñada y la vez temida por las fuerzas liberales y nacionalistas que se estaban apoderando de esos escenarios. El carlismo era un alto referente doctrinal y moral, un movimiento que cuestionaba con autoridad los planteamientos de la Transición en marcha y representaba el último valladar frente al programa de desmantelamiento de la unidad de la patria y de sus fundamentos religiosos.

                Ahí se localiza la historia que nos cuenta Víctor Ibáñez en un relato bien estructurado, ilustrado con una interpretación clarividente de los hechos. Destruir y desmoralizar al carlismo, eliminarlo y barrerlo de la escena, o mejor aún controlarlo y desviar su trayectoria hacia posiciones de renuncia y traición a sus ideales, demostró ser una maniobra acertada, eficaz en orden a la eliminación del más profundo estrato moral de esas tierras, y un modo de apartar de la escena a quienes con su sola presencia, sea por las ideas que encarnaban o por la continuidad que significaban con su mejor pasado, eran motivo de remordimiento o de inquietud esquizoide para las tropas en auge del separatismo, de la mentira y de la apostasía. Muchos de cuyos miembros, como Ibáñez pone de manifiesto, eran gentes sin arraigo en Vasconia, empeñadas en exhibir un nacionalismo desaforado que hiciese olvidar su condición de metecos.

                Página terrible porque aquellos carlistas que habían mantenido en alto la bandera de la tradición se encontraron solos, desatendidos por quienes tenían la responsabilidad de defenderles desde las instancias políticas y eclesiásticas, tanto regionales como nacionales. Persecución, muerte, aislamiento, familias destruidas, ruina y exilio, en un contexto durísimo, de hierro y polvo, que constituye uno de los escenarios más pavorosos de nuestra historia reciente. Víctor Ibáñez ha recuperado testimonios ilustrativos de lo que allí sucedió. Tras los asesinatos, las celebraciones fúnebres doloridas, con asistencia de vecinos y amigos airados y estupefactos; en un segundo momento, pronto, presencia solo de una asistencia exigua, encogida por el dolor y el miedo, movida a solo cubrir el expediente: estar ahí sin que se notara y pasar página. Sobre todo pasar página. El olvido.

Para quién como yo está afincado en Navarra y conserva casa y hacienda en una localidad típicamente montañesa duele referirse a la mutación que se ha operado en esas tierras a lo largo de los últimos cuarenta años. Gentes pacificas, de noble talante, entregadas otrora cristianamente a sus labores, fieles a Navarra y a España con un corazón campesino y fiel, afectas a seculares tradiciones y religiosamente devotas, que se han transformado en una sociedad dividida, dominada por fuerzas políticas antiespañolas, que cuelga en cuando puede la ikurriña y se manifiesta en favor de lo que ETA representa, con gestos y estilo propios de una hinchada feroz, de ultras paroxísticos, seguidores de las consignas del nacionalismo vasco más radical y deshumanizado. Quienes no hace tantos años miraban con desdén señorial a los “guipuchis” que pretendían catequizarles se han convertido hoy en sus oscuros subordinados.
                (…)
                Víctor Ibáñez ha perfilado una valiosa cronología del proceso de desarrollo y consolidación de ETA, y en ese contexto identifica los hitos de su brutal ofensiva en contra de los vascos que se sentían españoles, que manifestaban de un modo u otro su fidelidad a España, siendo a la vez vascoparlantes y amantes de la cultura de su patria vasca; los portadores postreros de una cultura que el nacionalismo se ha empeñado en distorsionar para acomodarla a sus pretensiones. Una primera fase consistió en atentados contra monumentos e instituciones carlistas de alto valor simbólico –el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, el Pensamiento Navarro, el monumento a Sanjurjo, las casas solariegas de linajes carlistas de vieja raigambre como los Landaluce o los Baleztena-. El momento culmen del proceso fue la eliminación física de carlistas, muchos de ellos desmovilizados. En su mayoría gente sencilla, pequeños empresarios, empleados o funcionarios de diversas categorías, simples trabajadores, padres de familia ejemplares. Así, con motivo del asesinato de Víctor Legorburu, alcalde que fue de Galdacano, su localidad natal,  persona de modesta condición que actuó con suma honradez al frente del ayuntamiento y expresó con convicción sus ideas carlistas, un hijo suyo expresó con nitidez sobrecogedora el motivo de semejante crimen -«una cosa muy sencilla: porque mi padre creía al igual que todos los vascos durante muchos siglos han creído que los vascos por ser vascos eran españoles. Los vascos nunca lo habían puesto en duda y mi padre tampoco. Bueno, pues por eso lo mataron, así de sencillo»-. Síntesis perfecta de lo que sucedió entonces, en medio de la inoperancia de unas autoridades que nunca se mostraron capaces, desde la Transición, de comprometerse a fondo en la defensa de los vascos españoles. Pactar con los nacionalistas y tratar de aplacar a los criminales, a sabiendas de las conexiones existentes entre ellos, ceder poder a los primeros para conseguir su apoyo en el juego parlamentario, moverles a una ficticia aceptación de las reglas constitucionales a cambio de hacerles concesiones sin fin, que consolidaron un sistema autonómico destructivo de la unidad española. Se les cedió incluso la educación y con ella la dignidad y la patria. Renuncia suicida, hecha a sabiendas de que la lengua es uno de los ejes del denominado principio de las Nacionalidades, cuya aplicación ha tenido tan terribles consecuencias. A quienes se mantuvieron fieles a España, carlistas o no, no les cupo sino ocultarse en el silencio, abandonar su tierra o resignarse al martirio. «Ante Dios nunca serás héroe anónimo»;  pero ante las autoridades de entonces, solo un problema que debía tratarse con cautela. Nadie les defendió seriamente. Tampoco hoy, cuando ETA ha cesado de matar pero siguen funcionando innumerables procedimientos de subyugación. Recuerdo perfectamente que en cierta ocasión los etarras dieron muerte a un nacionalista vasco, de condición acomodada y cierto relieve: sus compadres y allegados, alarmados, pusieron el grito en el cielo manifestando que no era eso lo correcto, que eran otros a quienes correspondía el ser asesinados. Así de claro. Siempre expresiones de esa jaez: “algo malo habrá hecho”.
                (…)

                La actual quiebra generalizada de España tiene mucho que ver con la actitud claudicante de las autoridades centrales hacia los nacionalistas y hacia las víctimas del terrorismo de ETA. Colaboración con los nacionalistas y abandono de las víctimas. Criterios de acción que, a su vez, han sido moldeados por la acción de ETA y la red de oscuros contubernios que se han configurado a su alrededor. Son polvos que han traído los lodos del presente. Caso de amplitud singular, también sujeto a la ley del silencio, es el muy terrible hoy de Navarra. «Navarra, el precio de la traición» es el título sugestivo de un libro de Jaime Ignacio del Burgo, sobre quien por cierto recae una grave responsabilidad en el proceso de adulteración democrática del Fuero navarro. Navarra, paradigma de fidelidad a España, se encuentra sometida a un gobierno cuatripartito integrado por apátridas empeñados en tramitar su entrega al ente euzkadiano. Rafael Berro, uno de los más lúcidos y valientes defensores del Viejo reino, viene denunciando las intenciones de Uxué Barkos, la taimada servidora del PNV que preside en el momento actual ese siniestro conglomerado gubernamental. «Es ingenuo esperar de la política identitaria de Barkos algo diferente a lo que tenemos: ocultamiento de la verdad, falseamiento de la realidad, manipulación de las víctimas de ETA”. “De ahí resulta –afirma Berro- la política identitaria de Barkos en el terreno de los idiomas… que ha generado una violencia salvaje que ha estado matando españoles durante cuarenta y cinco años». En esas estamos. Este libro proporciona claves explicativas imprescindibles para entender los motivos de la situación abismática en la que se encuentran España y dos de sus componentes regionales más entrañables, Vasconia y Navarra.  

    Andrés Gambra

jueves, 14 de enero de 2016

Catalanismo contra separatismo

Tomàs Caylà i Grau, jefe regional de la Comunión Tradicionalista y Delegado Regio en el Principado de Cataluña fue ejemplo acabado de fidelidad católica y patriótica. Catalanista auténtico, defensor de la lengua, el Derecho y las Cortes propias de Cataluña tuvo muy claro que la deriva separatista era una traición a la verdadera Cataluña.

SEPARATISME NO

Revista JOVENTUT, Nº 6

En els actuals i difícils moments polítics en que es troba Espanya, amb el gran nombre de problemes que la post-guerra va plantejant i sobre tot amb el greu conflicte català, ens cal a tots els espanyols i especialment als catalans conservar la serenitat, per no portar les discussions i els idealismes per terrenys escabrosos amb equivocades actuacions i amb perilloses estridències.

    Es per això que nosaltres, pertanyents a un partit polític en qual programa hi va compresa l’obtenció d’una autonomia política plena per nostra catalana terra i quals treballs a son favor no poden negar-se, perquè per tan nobles ideals ha donat la sang de sos partidaris en els camps de batalla, hem de fer notar la improcedència de certes afirmacions separatistes que en un entrefilet de son últim número fa el setmanari nacionalista de nostra ciutat.

   No és pas el partidisme, sinó nostre gran amor a Catalunya, el que ens mou a fer tals afirmacions, perquè ens dol en l’ànima el veure que la gran i noble causa de Catalunya, què és la d’Espanya, és convertida en una culpable campanya separatista que de tenir realitat sols serviria per a entregar a nostra tan volguda terra en mans de l’Estat més centralista d’Europa.

    Cal que els que tal campanya emprenguin es capacitin de la greu responsabilitat que contreuen, doncs a més de contribuir al desviament de les masses catalanistes, omplen de recel i , allunyen de son costat als mateixos catalans, a la vegada que fan odiosa la causa de Catalunya als habitants de les demés regions espanyoles.

    Nosaltres creiem que l’entrefilet de Pàtria no obeeix al modo de pensar del confrare, i que ha estat escrit en uns moments de patriòtica exaltació, que de tots modos és sempre culpable, quan, com en el cas present, pot causar greus perjudicis a la causa que es defensa, i ho creiem encara més després de les terminants afirmacions del senyor Cambó declarant separats espiritualment del partit nacionalista als que donguesin cabuda a sentiments separatistes, doncs no volem creure que dit partit fes unes afirmacions i una campanya contraposada a Catalunya.

    Si així no fos, si la campanya iniciada per Pàtria continua, nosaltres considerarem al mentat setmanari com a enemic de Catalunya, i no podrem col.laborar amb sos elements per la causa de nostra pàtria perquè hi ha punts, i un dels tals és el del separatisme, en que no és possible la transacció.

    Enfront del “Visca Catalunya independent” símbol del separatisme, hi posarem sempre el de “Visca Catalunya espanyola”, disposats a defensar-lo en lo que necessari sigui en tots els terrenys, perquè no volem que els centralistes adquireixin el més mínim dret per a intervenir en sa defença dintre casa nostra

miércoles, 13 de enero de 2016

El Carlismo y el nacionalismo antitéticos

NO PUBLICADO...en su "libertad de expresión"...pulsa en la imagen

A los medios del sistema, cada vez más escorados hacia el liberalismo tópico y anquilosado, ha regresado en los últimos tiempos con fuerza el hábito de intentar hacer pasar a los separatismos regionales por herederos del Carlismo. Cuando lo cierto es que esos separatismos, esos nacionalismos, no son sino formas del mismo liberalismo jacobino que algunos falsos españolistas predican; que históricamente heredan, además, al liberalismo decimonónico en su integridad; y que el Carlismo no tiene herederos, porque aquí sigue, como Carlismo, sin adoptar otras formas imposibles. Hostil a todo nacionalismo, hostil a todo separatismo, defensor siempre de la unidad católica de España y de las Españas grandes.

La inacabable tragicomedia política que sufre Cataluña (y con ella, el resto de España), llamada muy incorrectamente "proceso soberanista" o "constituyente" (o, simplemente, "el procés") sirve de excusa para que unos pocos intoxicadores, más unos cuantos perezosos e ignorantes que los imitan, vuelvan a citar una y otra vez al Carlismo como antecesor del nacionalismo catalán (anticatalán, en realidad). Cuando la verdad es, de nuevo, exactamente la contraria. No está de más recordar que la única unidad combatiente catalana bajo la bandera de las cuatro barras (que Cataluña comparte con Aragón, a cuya Corona pertenece el Principado catalán) en la Cruzada de 1936-1939 luchaba en el bando nacional: el laureado Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, contra los rojos y contra los separatistas de la falsa Generalitat de entonces. Rojos y separatistas de entonces, estos sí antecesores de la CUP y de "Junts pel Sí", que persiguieron y asesinaron a centenares de carlistas catalanes. Hoy las líneas siguen siendo las mismas, y el Carlismo permanece enemigo de la falsa Generalitat de ahora (aspira a restaurar la verdadera Generalidad del Principado de Cataluña y los fueros de éste) y de sus secuaces. (Agencia Faro)

martes, 29 de septiembre de 2015

No existe el “problema” “catalán”; el problema es el Estado liberal

No existe el “problema” “catalán”; el problema es el Estado liberal

No se ha calibrado suficientemente el carácter impuesto de la estructura estatal sobre los pueblos hispánicos, cuya esencia política es antiestatal. Todos los problemas institucionales, territoriales y políticos de España traen causa en última instancia de esta realidad, insuficientemente percibida.

La Historia de las pérdidas de las Españas transpeninsulares es indefectiblemente, hasta el siglo XVIII, la Historia de la violencia de entidades extranjeras contra esos pueblos que eran y se sentían independientes, libres e hispanísimos. Con la introducción de los paradigmas estatales tras la usurpación liberal las insuficiencias y contradicciones que se venían sufriendo desde el advenimiento de las reformas de los Borbones incoarán el definitivo problema territorial español, el cual sólo puede solucionarse hispánicamente. La noción positivista y soberanista de la política subyugó la rica pluralidad de cada una de las partes de las Españas, reduciéndolas sobre la coartada de un castellanismo, que no es tal, a una uniformización contraria a nuestro nervio histórico. Frente a este mal se exacerbó en sentido contrario una respuesta en los mismos esquemas de pensamiento liberal desde los nacionalismos separatistas. Y se generó la inevitable aporía al develarse la faz más totalitaria del propio Estado, que lejos de ser integrador se muestra como un gran Leviathán excluyente: o Estado español o Estado catalán.
El Estado ha supuesto en cierto modo una subrogación de la vieja Monarquía Hispánica, por eso aún custodia ciertas formas de politicidad natural mucho mejor que las instancias supraestatales, por lo que merecen ser respetadas. Sin embargo también conlleva otra serie de vicios que deben ser debidamente extirpados. Actualmente además las transformaciones de la política y la asunción de la democracia partitocrática acentúan el carácter inmoral del Estado por su instrumentalización por las ideologías dominantes o triunfantes en los procesos electorales. El Estado ya no custodia ningún fundamento moral intangible, pero paradójicamente cada vez se hace más grande y controlador con lo que resulta más potencialmente peligroso. En este sentido las Comunidades Autónomas (que no olvidemos son una parte más del Estado, siendo sus presidentes los representantes ordinarios del mismo en su territorio) han jugado un papel peligrosamente uniformizador sobre las bases de las mitologías nacionalistas o paranacionalistas, imponiendo una aterradora ingeniería social e ideología desde los resortes del poder que controlan creando artificiales esencialismos identitarios.

La herida y brecha abierta por tantos siglos de impostura liberal, cuyas carencias sólo se afrontan desde posturas aún más liberales, juegan en contra de retornar a una solución tradicional española. Sin embargo los afanes más nobles que habitan en el fondo de los corazones encontrarán en ella la única respuesta. Quienes hablan de independencia si quieren la auténtica independencia de los pueblos y de la sociedad sólo podrán encontrarla en la vuelta a un orden en que el protagonismo político no lo tengan las impostoras instituciones públicas, sino que sean las corporaciones naturales quienes se organicen sin dirigismos. Quienes quieran ofrendar a España sus más nobles sentimientos han de entender que nuestra Patria no es un mero Estado impuesto hace casi dos siglos, sino que la genuina España estaba en aquel haz de pueblos libres e independientes, dotados de peculiaridades políticas, jurídicas y culturales unidos por la Fe inquebrantable en un mismo Dios y la lealtad hacía un mismo Rey, señor legítimo y justo.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

La soberanía contra el seny

La soberanía contra el seny

Vivimos en tiempos de tal indigencia intelectual y moral en la política, reducida un juego de hiperexcitados sentimentalismos que ofuscan el más mínimo atisbo de razonabilidad, que intentar aportar argumentos doctrinales es como echar margaritas a los cerdos.

El centro de las próximas elecciones al parlamento autonómico de Cataluña es el paradigma que los nacionalistas han logrado imponer al resto de los partidos y a la campaña: el de la soberanía. Sagaz labor fruto de concienzudos y bien pagados estudios de ingeniería social y de violencia institucionalizada de bajo perfil que no pretende otra cosa que tapar las vergüenzas de un régimen corruptocrático e ideologizador. La soberanía ha desplazado al seny. Desplazando correlativamente al fundamento histórico de la misma Cataluña.

Seguramente los que unen el paradigma catalán a la soberanía desconocen que no puede existir un término político tan diametralmente opuesto a Cataluña como el de soberanía. Esa creación del absolutismo francés, enemigo histórico del pueblo catalán, mereció la refutación teórica en los juristas catalanes; y práctica en el devenir del pueblo catalán que se gobernó y organizó contra la soberanía y en todas las ocasiones en las que se hicieron armas contra el pensamiento revolucionario que vino de Francia, a contar desde la Guerra Gran.
Siguiendo al gran Vallet de Goytisolo la mentalidad catalana fue tomista desde su nacer y esa sensibilidad previa se muestra en las ideas de libertad, de pacto y de alcance del poder monárquico. Francisco Canals apunta que el tomismo es el sistema intelectual característico de la mentalidad catalana. En este sentido la obra del más significado jurista catalán del s. XV, el gerundense Tomás Mieres, cuando argumenta que carece de fuerza cualquier mandato legal contrario a la recta ratio (podrían contarse entre ellos todos los emanados, sin excepción, de la falsa Generalidad nacionalista), que deben existir limitaciones en el poder (choque frontal contra la concepción voluntarista y en esencia totalitaria de la soberanía) y que el gobernante debe obrar de acuerdo a la justicia, siendo su cometido el transformar en positiva la justicia natural y el procurar paz y orden a los pueblos que rige (lo contrario de lo que hacen quienes invocan la anticatalana souveranité, dividiendo al pueblo y a la sociedad). La línea trazada por Mieres es la que inspiraba el derecho civil catalán, auspiciado por los Reyes y violentado y desconocido por las oligarquías, que sin abusar del paralelismo histórico bien se compadecen con la casta nacionalista actual. Esas oligarquías intentaron quebrantar esos principios morales con sus malos usos, dando lugar a los alzamientos campesinos. Estos, pidiendo el auxilio del Rey Fernando el Católico pudieron acabar con esas injusticias. Buen ejemplo de cómo la potestas real estuvo acompañada por la auctoritas. Los Reyes no eran soberanos absolutos y su poder se encontraba templado y limitado. Frente a ello la soberanía alude a un poder sin freno ético o moral, el más zafio voluntarismo aplicado a las realidades temporales. Contra ese concepto de soberanía, en la línea de Mieres, se alzó también el jesuita Juan de Salas desde su cátedra de la Universidad de Barcelona, criticando furibundamente las doctrinas del Renacimiento clásico tendentes a divinizar el poder del monarca y a sustituir la omnipotencia de Dios por la del Estado. Éste, olvidando su esencia y su fin, preterirá el contenido real de la libertad y se convertirá en instrumento ideal para la implantación de los proyectos apriorísticos de las más variadas ideologías.

El sistema intelectual característico de la mentalidad catalana, que diría Canals, es el que pudo fraguar unas libertades concretas y una tradición jurídica, esencialmente patriarcal. Curiosamente uno de los actores del actual proceso de disolución catalán desde el bando separatista y presumible socio de la lista corruptocrática pone mucho énfasis en esa denuncia del patriarcado. Estas libertades aludidas no quedaban en una noción abstracta, sino que formaban una idea objetiva de justicia que cristaliza en múltiples detalles de las libertades concretas que hicieron de Cataluña un baluarte realista de esa verdadera libertad que, como afirma Elías de Tejada “sólo se encuentra en los pueblos que han logrado las más exactas fórmulas de perfección política”. Esa es la esencia del seny catalán, de esa mentalidad secular catalana que hoy ha sido borrado por ese hipersentimentalismo ramplón. La preocupación por lo concreto, por lo práctico, frente al idealismo voluntarista, frente a las construcciones de proyectos ideológicos, es la constante en la obra de los juristas catalanes clásicos, en los que no se encuentran sistemas construidos especulativamente. La función jurisprudencial se entiende desde el mismo nacer de Cataluña al modo expresado por Torras i Bages como “cosa esencialmente práctica, ejercicio de la virtud intelectual de la prudencia, que consiste en el hábito de adecuar la regla de la razón a las exigencias y necesidades de la vida”.

El seny ha muerto. El nacionalismo lo ha asesinado, con alevosía. Salga lo que salga de las elecciones autonómicas del domingo no tendrá nada que ver con lo poco que queda del seny y de Cataluña.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Coloquios de Fuego y Raya: Cataluña, la historia

Tras el éxito el pasado curso de los cuatro primeros Coloquios de Fuego y Raya, el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II invita al quinto (primero de este curso, D.m.), que tendrá lugar el día 17 de septiembre de 2015,jueves, a las 19:30 horas (siete y media de la tarde), en sus locales deMadrid, calle de José Abascal (antes del General Sanjurjo) 38, bajo izquierda (Metro Alonso Cano o Gregorio Marañón, L-7; Iglesia, L-1). El escritor, sociólogo y profesor universitario Javier Barraycoa regresa a los «Coloquios de Fuego y Raya» para dialogar con Juan Manuel Rozas yMiguel Ayuso, a propósito del cómic recién aparecido (en castellano y en catalán) Cataluña, la historia (Scire, 2015), de cuyo guión es autor junto con Manuel Acosta; cuya presentación en Barcelona también ha constituído un éxito arrollador.

Fuego y Raya, revista semestral hispanoamericana de historia y política, es una publicación del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, que evoca ya desde su título la gesta de Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Con los «Coloquios deFuego y Raya» se pretende ofrecer nuevos elementos de reflexión sobre la tradición hispánica y su papel en el mundo actual.

martes, 1 de septiembre de 2015

Cataluña. La Historia. Primer cómic no nacionalista sobre la historia de cataluña

 Presentación del primer cómic no nacionalista sobre la historia de Cataluña

ORGANIZA SOMATEMPS
presentación del Cómic "Cataluña, la Historia" (versiones catalana y castellana).

Martes, 8 de septiembre,
a las 19,30 h. 

en el Hotel Atenea (detrás del Corte Inglés Diagonal)
Carrer de Joan Güell, 207-211,  Barcelona

Presentación  a cargo de los guionistas: Manuel Acosta, Javier Barraycoa (guionistas) y Juan Alonso (Ilustrador)

viernes, 23 de noviembre de 2012

El Carlismo ante las próximas elecciones catalanas y el proceso de desintegración nacional


Barcelona / Madrid, 22 noviembre 2012, festividad de Santa Cecilia, virgen y mártir. La Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ha hecho público el siguiente comunicado de la Jefatura Delegada de la Comunión Tradicionalista:


Los principios del régimen liberal y democrático, al asentar la legitimidad del gobierno sobre el barro movedizo de las pasiones y tendencias individuales, implican la destrucción de la armonía que permite la convivencia de los hombres en sociedad. Una vez despreciada la religión verdadera como fundamento de la vida en común; una vez que en su lugar se ha colocado la llamada voluntad popular, con aplauso incluso de mucho eclesiástico, los vaivenes de la tornadiza ambición política conducen bien al estatismo avasallador que destruye las peculiaridades y costumbres regionales, bien a todo tipo de sedición e incluso a la secesión.

El texto constitucional, que pretende sustituir la estructura natural de nuestra sociedad y en el cual muchos ponen ingenuas esperanzas para la estabilidad de la patria, fue hecho a base de recortes y concesiones incoherentes, cuya eficacia real quedaba a expensas de las interpretaciones que los partidos gobernantes quisieran darle. Más concretamente, lo que dice sobre las comunidades autónomas y los municipios dentro de la nación tiene tal ambigüedad que sólo se explica por el designio de dar carta blanca a los políticos en su aplicación. De hecho, los partidos mayoritarios lo han usado como moneda de cambio para negociar el apoyo de los grupos regionales, concediéndoles, poco a poco, tan exorbitantes transferencias de poder que han hecho de las comunidades autónomas verdaderos estados dentro del estado. De ello ha resultado una organización social intrínsecamente imposible, porque sabido es que, para formar una unidad orgánica, las partes no pueden ser de la misma naturaleza que el todo.

El carlismo siempre ha propugnado la estructura foral, o, si se quiere, federativa, de nuestra patria, en la cual las diversas regiones y sociedades intermedias se unifican bajo la institución monárquica y bajo el principio fundamental de la unidad católica. Por eso, porque ninguna de esas cosas es mantenida por la democracia liberal, se ha opuesto constantemente a ella con todos sus medios. Cuando ha podido, se ha enfrentado a ella por las armas y, cuando no, lo ha hecho, aunque con cierta repugnancia, formando partidos desde los cuales ha tratado de de defender unos u otros de sus principios, dependiendo de las contingencias siempre cambiantes de los regímenes democráticos.

En tres guerras defendieron los carlistas la libertad de las regiones frente al centralismo liberal; en 1907 Vázquez de Mella decía "yo brindo por las libertades regionales, una de las bases y de los fundamentos esenciales de nuestro programa (de la Comunión Tradicionalista); y brindo, como su coronamiento natural, por la unidad española y por la unidad del Estado, que sobre esa unidad ha de fundar la suya. Y brindo por esas dos unidades apoyadas en los principios históricos y tradicionales". Y, aunque en la guerra del 36 hubieron de oponerse a los nacionalistas vascos y catalanes, que absurdamente optaron por la República, eso no les impidió defender la foralidad de esas regiones y municipios frente al verticalismo del régimen posterior.

Tras la muerte de Franco, el verdadero carlismo se opuso a la implantación del régimen constitucional, entre otras cosas porque veía que, más pronto o más tarde, volvería a propiciar la tensión artificial entre las regiones y la unidad de la patria. Pero como la situación religiosa nacida del Concilio Vaticano II, junto a la defección de Carlos Hugo, mermó mucho sus fuerzas, hubo de mantenerse fuera del juego de partidos y, por regla general, tuvo que propiciar la abstención como manifestación de su repulsa al régimen. Lo cual no es óbice para que hoy, como en otras ocasiones, matice transitoriamente su política de oposición radical al sistema, para defender un bien común, aunque parcial, en virtud de las gravísimas circunstancias actuales.

Por ello, ante la pujante amenaza del separatismo, la Comunión Tradicionalista se conforma con recordar, junto a Santo Tomás, que apoyar la secesión y la sedición es siempre pecado mortal, porque se oponen a la unidad y la paz del Reino (S. T. 2.2. a. 42), y con concluir que no es lícito en modo alguno secundar la separación de Cataluña. Al mismo tiempo, a título de mera opinión orientativa y sin que medie compromiso alguno por su parte, la Comunión Tradicionalista destaca que, entre los partidos no nacionalistas, Plataforma por Cataluña mantiene una postura potencialmente próxima a la suya. Primero, porque parece declararse confesionalmente católica; segundo, porque se ha enfrentado a la solapada invasión musulmana, que constituye una de las mayores amenazas para el futuro de esa región y, tercero, porque, aun haciéndolo con mucha oscuridad, parece sostener las libertades catalanas, sin abjurar de la unidad de España.

Bien sabe la Comunión que cualquier participación en la democracia actual sólo puede posponer los conflictos inherentes a la naturaleza destructiva del sistema. Pero siempre es preferible retrasar cuanto se pueda una contienda, tan probable como carente de sentido, a la espera de que la Divina Providencia propicie circunstancias más favorables para el restablecimiento del régimen cristiano y legítimo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Simplemente: España

"El nombre de España, que hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un nombre de región, un nombre geográfico, y Portugal es y será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza, no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.

Todavía en este siglo ha dicho Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia. "Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica". España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Cataluña. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano e incurren en otras aberraciones por el estilo."

Marcelino Menéndez Pelayo

martes, 15 de mayo de 2012

La psicología del separatismo

Sin embargo, aunque los separatismos españoles constituyen una aberración recusable, pueden ser comprendidos psicológicamente si nos ponemos en la posición de quienes comienzan el patriotismo por el amor a la casa paterna y comprenden la significación profundamente antipatriótica del estatismo moderno. El Estado centralizador, al ejercer un poder absoluto e impersonal, ajeno -o más bien opuesto-, a los elementos vivos y entrañables de la sociabilidad y del patriotismo, se convierten en seguida en algo esencialmente odioso para el ciudadano medio, que sólo puede verlo bajo la especie contributiva o policial. Si a esto se añade que ese mismo Estado ha representado la muerte de todas las tradiciones políticas, jurídicas, administrativas, y aun culturales de las colectividades históricas que constituyeron las Españas, puede comprenderse la aversión y la absoluta falta de respeto interior que hacia el Estado es ya habitual entre nosotros, de un siglo a esta parte.

De aquí no se deriva, en buena lógica, más que la aversión al Estado moderno como instrumento uniformista y antitradicional. Pero el Estado se adueña del nombre de la Patria -España-, lo utiliza como propio, y procura identificar su causa y su significación con la de él mismo. Y la distinción entre Estado y nación, y lo abusivo de esa apropiación, que son cosas obvias en el orden teórico y en el histórico, no lo son para quienes no viven en estos ordenes, es decir, para el pueblo. El hábito y el tiempo va, además, consumando en las mentes de las nuevas generaciones esa identidad que comenzó por ser un simple abuso de nomenglatura. El nombre de España y el título de español pasan así insensiblemente, para muchos grupos humanos, de ser algo cordial y espontáneamente sentidos a través del propio lenguaje y de la propia tierra, a tener la misma significación hostíl que el Estado que se los apropia. Algo semejante a lo que acontece con el escudo nacional, que convertido en símbolo exclusivo del poder público, acaba por asociarse psicológicamente a las notificaciones fiscales y a los uniformes de la policía.

Cuando estos hechos psicológicos se producen, y perdura en la nación el recuerdo de motivos patrios más cercanos al calor de lo propio,  los separatismos se producen fatalmente. Por eso ha dicho alguien que el centralismo fue el primero de los separatismos españoles y el origen de los demás. En la primera manifestación de esos movimientos secesionistas tuvieron mucha parte pasiones personales, posturas de extremosidad histórica, miras caciquiles, el orgullo colectivo de determinadas regiones, el infantil deseo de "jugar a naciones"; es decir, factores superficiales, más bien teóricos y de reacción momentánea, que, al cabo, se superaban en cada individuo con la reflexión y los años. La segunda fase de estos movimientos -tanto menos violenta cuanto mas peligrosa- estriba precisamente en la lenta extensión de ese sentimiento de extrañeza o de molesta aversión, que la sociedad española ha sentido siempre hacia el Estado, al nombre y la significación misma de España, que deja así de inspirar un sentimiento profundo y cordial. Este ambiente es el terreno propicio para un nuevo separatismo que prescinde de las fantasmales razones históricas o étnicas en que se apoyaba el otro, para ajustarse a un secesionismo meramente industrial o práctico.

Según Mella, los liberales y revolucionarios no tienen derecho a hablar de unidad nacional, porque ellos han destruido los vínculos íntimos estables de esa unidad, y los han sustituido por ataduras y uniformismo legal, que hacen odioso hasta ese nexo externo de unidad.

"El Estado monstruo que han fabricado -dice- es la enorme cuña que ha partido el territorio nacional y ha escindido la unidad nacional que antes imperaba, más por el amor que por la fuerza, en las regiones congregadas por la obra de los siglos en torno a un mismo hogar. Y mientras no se arranque esa cuña no habrá unidad nacional ni patria española, sino un rebaño dirigido por el látigo estatal".


jueves, 20 de octubre de 2011

El romanticismo: enfermedad del espíritu de hombres y pueblos

El romanticismo encuentra su alimento en la mitificación de algunas realidades históricas, proyectadas más allá y, si conviene, en contra de la pluralidad y complejidad de los hechos históricos mismos. El romanticismo aparece allí donde unos hombres sienten la imposibilidad de continuar la realidad, y asumirla, o de combatirla. En este sentido es una actitud arcaizante, signo de decadencia de una civilización.

El romanticismo consiste esencialmente en la sublimación de un fracaso no asumido. Se da preferentemente en aquellos pueblos que sienten la humillación de su decaimiento sin ser capaces de someterse o de rebelarse. La "rebeldía" romántica tiende a crear mitos de "grandeza" con aquellos hechos históricos que no se han asimilado.

Es una forma de impotencia disfrazada...en buena parte es el refugio de quienes añoraban el antiguo orden de cosas, pero estaban socialmente demasiado situados para querer, con voluntad firme, una auténtica restauración.

José Mª Alsina Roca "El Tradicionalismo Filosófico en España".

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El Carlismo y la estupidez del separatismo

Porque los nacionalismos regionalistas son la consecuencia de dos cosas; de una desazón psicológica y de un positivismo ideológico.

La desazón psicológica apareció cuando la derrota del Carlismo hizo presentar como sola manera de defender las personalidades regionales, separar la causa foral (que es variedad) de la legitimidad monárquica (que es la unidad precisa). Con lo que se rompió el maravilloso equilibrio de las Españas verdaderas y las energías de la dispersión aspiraron a quebrar la unidad española desde el momento en que dejaron de frenarlas las fuerzas de la cohesión de la realeza.

El positivismo ideológico nació cuando fue necesario dar raíz a semejantes posturas destructoras. Ayudó la moda sutil del tiempo y ayudó la negación de la historia de las doctrinas liberales. Búsquese construir las realidades fuera de la historia, apelando a los criterios inmediatos de la raza o de la geografía, asumidos de un modo directo y no tomados a través de su influjo en la historia, de la cual se quiso renegar. Fue la hora de la raza "baska" o de "los hechos diferenciales catalanes" donde se acoge a los datos físicos en su eficacia inmediata, sin ponderarlos en su dimensión histórica de repercusiones seculares.

Pudimos los carlistas ser en una pieza españolísimos y regionalistas porque nunca caímos en equívocos tales. Afirmamos la plenitud de la historia política y la recogímos en su realidad perfecta, sin despeñarnos en el positivismo que desdeña la tradición que es historia acumulada, ni romper el equilibrio justo que sujeta la variedad fecunda a la unidad de la realeza.

Fueros y Monarquía eran los dos pilares, en los que asentamos sólidamente la vigencia de una Tradición que quisimos continuar a la española, sin copiar las sucesivas modas europeas de absolutismos y liberalismos. Por eso pudimos pensar, coincidiendo con ello con cierta aguda mente también españolísima, que los nacionalismos son una estupidez. Dios quiera que la hora presente del afan europeizante no nos haga renegar de nuevo de la Tradición y tropezemos en esa otra estupidez en boga que es sacrificar la Historia viva en los altares de la Técnica quimérica.

Francisco Elías de Tejada. Carlismo y separatismo. El Pensamiento Navarro, 26 de enero de 1971