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sábado, 29 de agosto de 2015

El "problema social" y la "lucha de clases", según el tradicionalismo clásico

Es un hecho real, fácilmente comprobable por todo aquel que con deseo de buscar solución se asoma a ese abismo que se llama “la lucha de clases” que en el fondo, allá en los orígenes de toda revolución existe una injusticia social contra la cual reaccionan las clases que de ella son víctimas.

¿De dónde proviene esta injusticia? De una organización social artificial sin duda… A riesgo de decir unas cuantas vulgaridades que sin duda conocerá el lector, no tengo más remedio que remontarme a los orígenes de la enfermedad si he de proponer después el remedio. Porque todo médico, antes de recetar diagnostica y previamente estudia los síntomas y busca las causas.

En el siglo pasado nuestros abuelos románticos, soñadores idealistas dieron un viva a la libertad y creyeron que nos legaban el mejor de los mundos… Y en efecto, la libertad triunfó. Y en el campo económico produjo la libre contratación que convirtió al obrero en máquina y al trabajo en mercancía. Nació el individualismo que permitió la libre explotación, el abuso del débil por el fuerte.

Y como una reacción frente al individualismo, aparecieron, de un lado, los trusts y las sociedades anónimas, los patronos y los obreros, en las que se adormece la conciencia y se cobra el cupón sin preocuparse de la suerte de aquellos hombres que trabajan al servicio de la empresa y que entre los factores de la producción: Capital-naturaleza y trabajo…, o sea hombre quedan colocados en último lugar por este orden precisamente. Y de otro lado apareció el marxismo que recogiendo la legítima necesidad de defensa de aquellas clases expuestas siempre a una posible explotación. Y al oído de los obreros una voz fue diciendo: “Trabajadores del mundo entero, uníos… Uníos para defender vuestros comunes intereses, formad cajas de resistencia, id a la huelga general…”

Y los hombres se polarizaron en dos bandos: a un lado aquellos que, no echan más que sus brazos para el trabajo, lo que llaman “el proletariado”, a otro los que tienen en su poder todos o casi todos los medios de producción lo que llaman “la burguesía”… Y la natural ambición de los que no tienen nada chocó con la humana ambición de los que lo tienen todo. Y la lucha de intereses encontrados, la lucha entre el capital y el trabajo desencadenó una guerra entre los hombres: eso que llaman “la lucha de clases”.

Ahora bien; si el mal es éste, su curación no puede encontrarse más que en la extirpación de sus causas. Armar a la sociedad para esa lucha, continuar predicando a los bandos contendientes “defendeos” es echar leña al fuego de odio, cuyas primeras brasas nacieron al calor de injusticias sociales. Todo al contrario, hay que llegar a la total desaparición de esa lucha y para ello, hay que prescindir de la existencia de esos dos bandos, de esas clases sociales que nacieron única y exclusivamente como reacción frente a la libre contratación, posible engendro de explotación y abuso.

El sentido vertical de la sociedad, de superposición de clases no es, ni natural ni cristiano. No hay ninguna razón de justicia que abone los privilegios de casta o privilegios de clase por los cuales un hombre sin otros méritos personales esté situado encima de los demás. No hay, no debe haber otras razones de superioridad que aquellas que otorga la bondad, el talento y el trabajo. Y el fruto de estos tres factores convertido en nobleza de estirpe o en legítima riqueza, puede y debe ser transmitido a condición de que quien lo recibe corresponda a esa heredada nobleza con sus propias virtudes y a esa heredada riqueza con su propio trabajo para convertir ambas no en lagunas estériles o sólo para sí mismo provechosas sino en abundantes manantiales que generosos, se desborden y fecundicen toda la sociedad.

Quiero decir que ese sentido vertical de clases que actualmente coloca debajo a todos aquellos hombres que sólo poseen sus brazos o su talento para el trabajo, en medio, como una aristocracia espiritual, los que viniendo a menos desde arriba o a más desde abajo, y encima los poseedores de la riqueza, es absurdo, injusto y contrario a la naturaleza. Como igualmente lo sería la vuelta a la tortilla para colocar el proletariado encima y a la burguesía debajo. No; mientras exista superposición de clases, mientras haya hombres encima y hombres debajo, había clases opresoras y oprimidas, habrá injusticia y frente a ella reacción, habrá lucha y la paz social será un imposible…

Prescindamos de este sistema “democrático” de organización social y busquemos uno más humano, más natural, más racional y más justo.

… en el campo (…) divisamos muchos hombres que (…) trabajan la tierra y extraen de ella los primeros productos que utilizará después la industria…

Y, estos hombres, que dirigen o trabajan en el cultivo del suelo (…) y que se hallan unidos por un interés común -el interés de la tierra- son una clase social, una dignísima clase social, la de los agricultores o agrarios…

… en los grandes centros fabriles (…) dirigentes y dirigidos, obreros manuales y obreros de la inteligencia, distribuidos en gremios según su profesión, forman otra dignísima clase social, vienen a engrosar un importantísimo sector de la vida nacional, son el gran bloque que llamamos la industria. Y, en ella, el obrero, el ingeniero, el propietario director, todo aquel que preste aportación de algún género, están unidos por un interés común, la producción del taller y de la fábrica, los beneficios que de ella resultan, que, en un sentido de justicia, deben ser repartidos proporcionalmente entre todos aquellos elementos que contribuyeron a producirlos.

… vemos puertos, factorías, mercados… (…) Llamamos a esta especial actividad el comercio y los hombres que a su servicio ponen la agilidad de su talento o de sus brazos, también forman otra digna poderosa clase social…

Y aquí tienes -lector- las verdaderas clases sociales, clases que no están superpuestas, clases que brotan libre naturalmente de un plano horizontal: el trabajo. Clases que no son enemigas, porque no teniendo intereses encontrados, sino complementarios, no tendrán ambiciones que choquen. Clases que no lucharán, y siendo así, desaparece la “lucha de clases”, producto -como probamos en el primer artículo- de la injusta y artificiosa organización social imprimida por el liberalismo.

¿Cómo resuelve el programa tradicionalista el problema social?
María Rosa Urraca Pastor. Págs. 47-52

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Plan de la Obra Nacional Corporativa carlista

Durante la Cruzada de Liberación Nacional la Delegación de Gremios y Corporaciones dependiente de la Junta Nacional Carlista de Guerra, elaboró un proyecto de organización sindical y económica para dar respuesta a la urgente problemática económica y social en que se había visto sumida España desde el triunfo del capitalismo liberal. Fruto de ello fue la creación de la Obra Nacional Corporativa, con el incipiente establecimiento de modos de producción basados en los principios propuestos por la misma y que a continuación reproducimos. Como es sabido los carlistas se unieron al alzamiento para “salvar a la religión y a la Patria”, sin embargo pronto demostraron ser la fuerza política más popular y con mayor fondo doctrinal del conjunto un tanto heterogéneo de cuantos concurrieron al bando nacional. Los carlistas estaban en la vanguardia de la primera línea de fuego, pero conforme se avanzaban posiciones también estaban en condiciones de dirigir la política de la nueva España con más legitimidad que ninguna opción política. La cosmovisión carlista es global, y posee una sensibilidad social muy acendrada. En otras ocasiones nos hemos referido en este blog a la experiencia obrerista carlista. Sin embargo el Carlismo estaba muy lejos de ser un mero movimiento clasista. Cuando se dice que el carlismo ha tenido durante la mayor parte de su historia un carácter popular no se está haciendo una consideración determinista ni se está aplicando una interpretación materialista de la misma. Es carlismo ha sido popular porque concitó la adhesión en un primer momento de la mayoría de los españoles para después no perder una honda influencia en la vida política, social y cultural española. En el carlismo convivieron siempre en armonía gentes de toda extracción social, es un movimiento interclasista pero nada igualitarista. Cuando era popular representaba una ejemplificación de la armonía en la que las jerarquías sociales convivían, cada una con las responsabilidades que su posición determinaba. Profesionales, campesinos, artesanos, funcionarios, obreros, patronos, nobles, etc. en el carlismo jamás se miró la cartera sino la rectitud del alma, la pureza del corazón y el criterio sano en el entendimiento.

Desde esta perspectiva es donde nace la propuesta social y económica de la Obra Nacional Corporativa, ofreciendo un programa para la recta justicia social (que es todo lo contrario del igualitarismo), proponiendo un modelo original y actual para su tiempo. Lamentablemente sus principios sólo se aplicaron muy levemente; los falangistas y su Central Nacional Sindicalista (CNS) se convirtieron en la columna vertebral de la política social del régimen.

PLAN DE LA OBRA NACIONAL CORPORATIVA

I. Espiritualidad

Ante todo afirmamos la necesidad de una fuerte espiritualidad, sin la cual, ni la vida tiene sentido, ni los mismos problemas económicos y sociales, solución. Mantenemos el principio de volver, en las jerarquías y en las relaciones sociales, al imperio de los valores morales eternos: el honor, el deber, la disciplina, el control de una conciencia recta, sobre todos los actos. El materialismo engendra la esclavitud y la tiranía, porque los medios económicos están siempre en pocas manos y cuando todo gira en torno a su posesión, no hay unión ni solidaridad posibles; no hay más que egoísmo y ambición en los que poseen y desesperación y odio en los desposeídos. Los bienes espirituales, -la inteligencia, el valor, la virtud- distribuidos por Dios sin consideración a las categorías económicas y sociales, cuando influyen decididamente, en la vida y jerarquías de los pueblos corrigen las injusticias de aquella y restablecen la armonía en la justicia. Por eso, frente al materialismo liberal o marxista, nuestro movimiento, es ante todo espiritualidad, condenación implacable del egoísmo y del odio, sentimientos únicos de aquel; exaltación, no de una clase, ni de unos intereses, sino del espíritu y sus valores, que son patrimonio de todos. Y nuestra espiritualidad, no tendrá base ni consistencia, si no fuera religiosa. Por eso se fundamenta en la Fe católica, que de una u otra forma se encuentra firmemente arraigada en todas las almas españolas.

II. Nacionalismo

Además de la de hijos de Dios, una condición nos une a todos, pobres y ricos, altos y bajos: la de ser españoles. El orgullo de serlo, ha de llenar nuestra vida. A la gloria de España, han de supeditarse todos los intereses temporales. A España han de servirla todos: los capitalistas, los patronos, los técnicos, los obreros. Toda la producción, todas las actividades económicas y todos los esfuerzos, han de montar en adelante, un servicio nacional permanente, con estas consignas: nuestros productos los mejores; nuestro trabajo el mejor y el de mayor rendimiento; nuestros técnicos los primeros; nuestras tareas, hasta las más humildes, llenas de ilusión nacional de inspiración y de arte. Toda la vida española en la paz habrá de ser una creación constante. Todos para España. Pero también, España para todos dentro de un orden riguroso: sus campos, sus fábricas, sus productos, su cultura, sus tesoros. Ni paro, ni miserias ni abandonos. Nadie que cumpla sus obligaciones para con España deberá carecer en España de lo necesario para la vida. El Estado nuevo, tradicionalista, toma la responsabilidad de hacer efectivos estos postulados.

III. Política

Todos los movimientos sociales y económicos, están condenados al fracaso si no van incorporados a una concepción política completa. El Resurgimiento, o lo es en todas las actividades o no es Resurgimiento. Cuando un pueblo se levanta, se levanta todo él, todos sus componentes, las artes, las ciencias, el comercio, el trabajo, la industria, las milicias .-Cuando un pueblo se hunde políticamente, todas sus actividades padecen. El apoliticismo sindical y económico es una estupidez agotada en su concepción. Los trabajadores y productores no pueden seguir ajenos a la dirección general del pueblo constituido por ellos mismos; no pueden seguir construyendo para que unos políticos pestilentes destruyen su obra. El apoliticismo, cuando el ser político era estar con uno u otro partido, podía tener una dignidad y un sentido nacional. Cuando este sentido nacional se impone en la gobernación y dirección del país, el desentenderse de la labor política tiene todo el aspecto de una deserción cobarde y egoísta. En la concepción tradicionalista, esto es, netamente española, los partidos desaparecen y el Estado se funda sobre las fuerzas vitales organizadas. Todas sin excepción deben ponerse en pié; el trabajo, la producción, la cultura, etc. El tradicionalismo reivindica y garantiza sus derechos frente a la ruin política con todo el vigor de sus requetés que están para eso; para rehacer una España nueva, orgánica, fecunda, jerárquica, imperial y sincera, sin máscaras partidistas. Ser tradicionalista no es meterse en un bando más, es trabajar sinceramente cada uno en su puesto y servir desde él a España. La Obra nacional-corporativa es una de las magnas concepciones del Resurgimiento español tradicionalista.

IV. Trabajo

Con los trabajadores se han cometido y se pueden seguir cometiendo las más inicuas explotaciones si se persiste en el error de seguirles considerando como elementos de una clase inferior y horizontal: el proletariado. Todos los vividores políticos parlamentarios de izquierda o de derecha, se han envilecido, halagándole porque era numeroso; por egoísmo y por miedo. Pero nadie ha pensado en remediar de raíz su condición desesperada de parias. Porque nadie, más que la concepción orgánica tradicionalista, podía hacerlo. Se pedían para ellos mayores jornales, pero sin sacarles jamás de su condición de proletarios; se les proporcionaba ventajas y viviendas, pero de proletarios; derechos, pero de proletarios. Y al llegar a la meta de sus reivindicaciones, al marxismo integral, se encontraban con esta condición desesperada de proletarios extendida a todos. Todos proletarios, bajo un amo único; el Estado. Este era el final. -Nosotros decimos, que el proletariado, esa masa inmensa sin propiedad, sin hogar, sin amigo, sin taller, sin trabajo constante, sin oficio fijo, abandonada a la contratación de un jornal eventual, es un producto de la destrucción liberal de las propiedades comunales, de los cuadros gremiales, de las organizaciones corporativas, de toda la idea orgánica cristiana; que mientras se acepte como un hecho normal la existencia de esta clase proletaria, es fatal la agrupación sindical de la misma con un sentido de odio y de revancha; que la única solución radical es la organización de! proletariado en las organizaciones restauradas del Trabajo. La Obra Nacional-Corporativa, no seguirá considerando la existencia del proletariado, sino una anormalidad peligrosa, cuya desaparición, por su reincorporación a las distintas actividades y oficios de todos sus componentes, será la primera tarea de la sociedad nueva.

V. Táctica sindical

Sindicarse los trabajadores, incluso los de varios oficios, para luchar contra el capital y los patronos, para pedir más jornal y trabajar menos, es una táctica agotada que no da más de sí. Sea cualquiera la fórmula con que se produzca, está llamada a fracasar. En este camino, característicamente marxista, todo está ensayado y desacreditado.Los sindicatos de obreros incorporados a la Obra nacional-corporativa, tendrán como fines y consignas esenciales:a) No abandonar a los trabajadores aislados, a la contratación libre y sin defensa de su trabajo, y, establecer y vigilar en cada industria u oficio las condiciones en que ha de prestarse teniendo en cuenta las exigencias de la vida, las posibilidades de la producción y el rendimiento y calidad del trabajo.b) Crear o contratar, los seguros necesarios para evitar el paro y remediar los accidentes de inutilidad o muerte.e) Convertir a los trabajadores en productores; esta trasformación característica de nuestro movimiento, porque es la que incorpora a los sindicatos el carácter gremial esencial al mismo, se ha de conseguir: con la contratación colectiva del trabajo o labor de cada gremio u oficio en cada obra o industria; con la responsabilidad del sindicato o gremio en su ejecución, facilitando a éstos los capitales necesarios para el desarrollo de sus iniciativas debidamente controladas; creando en el seno de las organizaciones, una jerarquía del trabajo, que haga efectiva la labor y la responsabilidad; fundando el crédito de cada organización en e! rendimiento y calidad de su trabajo; capacitando a los trabajadores organizados para ascender al papel directivo de las empresas; facilitando la colocación de los productos del gremio o sindicato y protegiendo sus especialidades; restableciendo la propiedad colectiva de estos muebles e inmuebles, de instrumentos e industrias, y la libre disposición de los mismos a los fines sociales.d) Suprimir en la medida de lo posible, los intermediarios entre el trabajo y la producción o empresa, y, consiguientemente, los contratantes globales, reduciendo esta misión a los sindicatos o gremios y dando vida y estímulo, según queda dicho, a los contratos colectivos de trabajo divididos por oficios y profesiones y suscritos por aquéllos como primer paso y postulado esencial del nuevo orden de cosas.e) Regular las condiciones del trabajo según las circunstancias y posibilidades de cada región, comarca o localidad y resolver todos los problemas de la asistencia social dentro de éstos y de cada actividad industrial o comercial a ser posible.f) Implantar la participación del trabajo en los beneficios de la empresa, pero a base de las organizaciones y aplicable con preferencia a mejoras colectivas y fines profesionales que la hagan eficaz y verdaderamente útil.g) Reorganizar los oficios, artes y profesiones estableciendo formalmente su enseñanza y aprendizaje, restableciendo sus jerarquías y condicionando y garantizando su ejercicio, de tal modo, que se eleve el nivel medio de su calidad y rendimiento y se consiga que nadie que carezca de preparación y condiciones ejerza un oficio y nadie de los que lo ejerzan deje de tener asegurada siempre su colocación por el sindicato o gremio:h) Acabar con el aislamiento entre patronos o empleados y obreros, restablecer el trato y conocimiento entre éstos y los demás elementos integrantes de la producción y restaurar en fin, la conciencia de la solidaridad de todos ellos en las tareas y la responsabilidad de la producción.

VI. La consideración de la vida humana en la economía

En la concepción materialista liberal, la preocupación predominante ha sido la producción y el beneficio. A producir mucho y a ganar mucho, se ha sacrificado todo. El esfuerzo y la vida humana, pasaron a la condición de mercancías y la respuesta a esto, ha sido la revolución de las masas. Para nosotros, la producción y la economía nacional, tienen como misiones primarias mantener y subvenir a la vida de lo nacionales, garantizando a la misma condiciones mínimas de bienestar y satisfacción que al interés nacional importan sean las más elevadas posibles, dejando al juego de las diferentes actitudes naturales y a los insustituibles estímulos del interés privado, las mejoras de las mismas y la creación de las categorías económicas necesarias que así lo serían del trabajo de la virtud y de los valores morales básicos.En consonancia con este principio, y dentro del sistema general económico y social que propugnamos la Obra nacional corporativa, establecerá como reivindicaciones esenciales a las que se habrá de ajustar toda contratación sobre trabajo, las siguientes:a) El jornal normal vital, suficiente para cubrir las necesidades de un nivel mínimo de vida, establecido para cada región, comarca o localidad por los organismos corporativos de la misma, en vista de sus condiciones y de las posibilidades de su economía;b) El salario familiar que modificará el anterior y cuyo establecimiento es de interés público básico, porque constituye la garantía económica de la permanencia, crecimiento y poderío nacionales, imposible de establecer eficazmente y con generosidad, como tantas otras mejoras sin organización corporativa completa;c) Seguros de accidentes, muerte y paro, que deberán ser atendidos y resueltos por la propia organización corporativa de cada localidad o región, y, en caso necesario, por la nacional, procurando evitar la interposición de las Compañías de Seguros, teniendo en cuenta que cada actividad nacional debe mantener a los comprendidos en ella. Las organizaciones corporativas, constituirán necesidades de cualquier paro eventual y transitorio; responderán siempre a sus obreros de una parte mínima de su jornal, para este caso de paro; y tendrán derecho a exigirles por el mismo una cantidad también mínima de trabajo en obras de interés para la colectividad, la región, la localidad, la industria o la nación, de tal modo, que el jornal no falte nunca, que no se dé en balde y que este deber de seguridad y asistencia se traduzca siempre en obras útiles a la comunidad de que forma parte.

VII. Movilización del Trabajo

Para lograr hoy la reconstrucción nacional en todos los órdenes y para conseguir mañana la realización de las obras y empresas colectivas en las que se cifre el espíritu y la capacidad nacional de los pueblos, procede movilizar por el Estado o con su aprobación, aquellos trabajadores sin ocupación y .las máquinas o utensilios de las empresas o patronos sin empleo, dando a unos y a otros lo indispensable para el mantenimiento de aquéllos y el entretenimiento y amortización de las máquinas y útiles de trabajo. Con el jornal de mantenimiento se tendrán siempre en cuenta las necesidades familiares del obrero. Si éste pertenece a un sindicato o gremio y percibe del mismo los auxilios a que se refiere el número anterior, la movilización, no le dará derecho a otras percepciones y si éstos se entregan por el Estado o la entidad pública que movilice quedarán en beneficio de la organización.

VIII. Limitación y reorganización de los oficios y profesiones

El principio ya enunciado, de que todos los que poseen un oficio o profesión tengan asegurado su trabajo y colocación en la actividad correspondiente, supone el de que los oficios y profesiones no se ejerzan sino por aquellos a quienes prepare y autorice con el título correspondiente la organización gremial o corporativa a que el mismo pertenezca en cada localidad, comarca o región. Esto equivale a la reorganización de los oficios, artes y profesiones que se ha señalado como una de las finalidades de nuestra táctica sindical. El perfeccionamiento y eficacia del trabajo, estriba principalmente en esta reglamentación, que creará la verdadera solidaridad entre los trabajadores e irá reduciendo el tipo de jornalero anónimo sin oficio abandonado a una contratación eventual de su esfuerzo. La dignificación del trabajo y su elevación por la incorporación al mismo de una inspiración moral y artística, sólo así podrá conseguirse. Trabajar más y rendir más, es para nuestra espiritualidad, un imperativo de conciencia para España, una necesidad y el más grave y permanente de los servicios nacionales. El asegurar este trabajo en todos los aspectos y derechos del mismo, constituye la primera de las obligaciones de justicia. Los sindicatos y organizaciones de la Obra nacional-corporativa, consumarán la gran tarea de reorganizar y reivindicar los oficios, artes y profesiones de todo orden, con estadísticas y estudios sobre su situación, establecimiento regular y eficiente de sus enseñanzas en el seno de los mismos, con el auxilio del Estado, clasificación y restablecimiento de jerarquías, organización garantizada de las colocaciones en las empresas o centros de ramo y con cuantos medios indique su celo.

IX. Nuestra concepción corporativa en las ciudades

Para nosotros, las ciudades y concentraciones urbanas, no pueden seguir siendo lugares de lujo y miseria, de holganza y desamparo, de burocracia estéril y de hacinamientos anónimos. Reivindicamos los centros urbanos para los organismos superiores de la cultura y de la vida colectiva, para centralizar los resortes de dirección y mando y para restablecer en la paz las organizaciones de la producción y del trabajo. A la representación auténtica de estos organismos, vitales y fecundos, debe corresponder el gobierno y administración de la ciudad nueva, pletórica de fiebre creadora, todo lo genuinamente urbano, desde los nombres de las calles a los servicios municipales, deben volver en su mayor parte a las organizaciones del trabajo y de la producción, gremios, sindicatos y cooperativas, que constituyan su base sin perjuicio del lugar y el derecho de los valores espirituales nacionales e históricos que tienen en los centros de población su natural emplazamiento. Rechazamos la idea de la ciudad dividida en barrios pobres y ricos, burgueses y proletarios, de lujo y miseria. La hermandad nacional aconseja la proximidad y vecindad de los hogares, que permita el trato y el conocimiento. Nosotros no mantenemos la mejora de las viviendas obreras, con un carácter proletario, sino hasta donde permitan las posibilidades económicas del país. Las organizaciones sindicales y gremiales de la Obra nacional-corporativa resolverán estos problemas directamente, con el auxilio y apoyo de las administraciones municipales y del Estado y concluyendo de una vez con la especulación montada sobre este asunto por los intermediarios.

X. Contra las actividades de pura especulación

De todas las actividades económicas, la Obra nacional corporativa, tanto como protegerá las de producción en cualquiera de sus aspectos, tratará de ir eliminando las puramente especulativas y de mediación y de reducir las de cambio a sus límites indispensables, especialmente en aquellas cuestiones que como las de seguros obreros, casas baratas, etc., se refieren a necesidades de los trabajadores. En este sentido y a este fin, fomentaremos el cooperativismo y serán encomendadas a las organizaciones sindicales o gremiales y más adelante a las cooperaciones, todos los cuidados de este orden.

XI. Arbitrajes

Dentro de nuestras confecciones, eliminada la lucha social y las posibilidades de que se produzca, el arbitraje y sus órganos pierden la importancia decisiva que hasta hoy han tenido en la vida social y de la producción económica. Los Comités paritarios y Jurados mixtos dejan de ser instrumentos de esa lucha y se ven sustituidos por organismos cooperativos, no burocráticos, nacidos en el seno de las mismas organizaciones y encargados del impulso, regulación y mantenimiento de la actividad económica productora. Las leyes sociales y bases de trabajo, ya no son dictadas por un designio político y negativo, ajeno a la preocupación del trabajo y de la producción, sino que surgen de los organismos de ésta. Los casos de conflicto, cuando por excepción se produzcan, tienen una solución fácil y rápida en el seno de la misma organización corporativa, local o regional y en todo caso, hay la garantía suprema de la justicia impuesta por un estado plenamente nacional, cuyas bases orgánicas son las corporaciones o los organismos previos a las mismas.

XII. Seguridad en los derechos

Sin el mantenimiento inexorable de este principio, no hay vida económica ni social posible. Y este mantenimiento exige, que los derechos básicos, como los de propiedad y trabajo, no estén a merced de cambios políticos en el gobierno. Por ello, la estabilidad y firmeza del orden interno de los pueblos es incompatible con el régimen de partidos. La Obra nacional-corporativa, podrá imponer a los derechos cuantas limitaciones sean procedentes, pero se desarrolla sobre el reconocimiento pleno de los mismos y aspira a levantar sobre éste, todo el magnífico e insustituible estímulo de la iniciativa privada. Seguridad plena en el derecho a la propiedad, al jornal, al instrumento de trabajo, a los frutos del propio esfuerzo: he aquí, la primera necesidad del resurgimiento social y económico.

XIII. Regulación de la producción y de los precios

El solo estímulo de producir más, como el acicate de ganar, no son bastantes para promover, mantener y desarrollar la vida económica. La amarga experiencia de los últimos años, ha demostrado que la abundancia excesiva de productos, puede aniquilar a la producción misma y que la venta de éstos, en libre concurrencia, puede hacerse imposible por la desvalorización de los mismos. El nuevo orden encarnado por la Obra nacional-corporativa, atribuye a las organizaciones de este orden, en las que están agrupados todos los interesados en cada producción bajo postulados de interés nacional y público, la regulación de la producción y de los precios, para lo cual organizarán ferias y mercados reguladores, sin perjuicio de la vigilancia e intervención del Estado para el caso de conflicto entre las decisiones de este orden y el interés general, que quedará siempre garantizado. Ni una industria o explotación más de lo que permita la capacidad de la localidad, la región o el país; ni una sola cuya normal desenvolvimiento no esté garantizado en las condiciones generales del mismo; ni productos desvalorizados ni inasequibles; ni producciones.

XIV. Inspiración anti-marxista

Los movimientos obreros, hasta hoy, han estado inspirados por resentimientos característicamente marxistas: el odio y la revancha de clase. Ningún otro que se sienta empujado en lo íntimo por iguales móviles y acepte igual planteamiento de oposición y lucha en la restauración de la vida social y económica, es compatible con el orden nuevo y el nuevo espíritu.La Obra nacional-corporativa, restablecer, desde sus primeros pasos, la conciencia y el hábito de solidaridad en cuantos concurren a una actividad productora, como postulado esencial para el establecimiento de un régimen corporativo; incorporar a dichas, actividades un vivo sentimiento nacional y alumbrar en los trabajadores la ilusionada convicción de la posibilidad de su mejoramiento, de su redención como clase proletaria, de su ascensión posible a las categorías superiores de la producción y de su incorporación a las tareas que mantienen la vida de los pueblos.

XV. La Obra Nacional-Corporativa ha de ser necesariamente única

Cuando la Corporación y la idea orgánica, que partiendo de las actividades vitales de los pueblos que ella supone, viene a restablecer la unidad interna deshecha por los partidos, hacer de las organizaciones corporativas cuestión de bandos, envenenarlas con el espíritu partidista convirtiéndolas en modo de ensanchar particulares tendencias, sería el más monstruoso de los contrasentidos. La idea corporativa es por esencia, nacionalmente, una y única. Las Corporaciones no pueden ser varias y en lucha en cada actividad y ramo, sino aquellas que el Estado nacional, organizado sobre las mismas, reconozca y autorice. La creación oficial y legislativa, no es sin embargo suficiente; se necesita que la preceda un movimiento popular que forme esta nueva conciencia de unión y solidaridad entre las masas y esto es la finalidad esencial de la Obra nacional-corporativa.

Por estas mismas consideraciones, la idea orgánica corporativa, no admite en la dirección y representación suprema del Estado, sucesión de bandos y tendencias, ni la improvisación de caudillajes, necesariamente transitorios y efímeros, sino la permanencia de una institución nacida del seno nacional y tradicional de los pueblos, la dignidad de la máxima responsabilidad y la garantía de la continuidad y conocimiento de este primer oficio de conducción; o sea, cuanto es y representa el principio monárquico. Pensar y .decir otra cosa es señal de no haberse librado de los prejuicios y de la miseria intelectual y moral de las concepciones marxistas, democráticas y parlamentarias.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La propiedad privada en la doctrina tradicionalista

(Victor Pradera)

Pero la propiedad privada —nacida de los demás elementales principios del Derecho natural, amparada por la justicia social, y reclamada por la conveniencia de la sociedad— no constituyó nunca, ni puede constituir jamás, un derecho absoluto sin limitaciones de carácter religioso, moral y social.

Naciendo la propiedad de las cosas de una donación divina con destino a la satisfacción de las necesidades humanas, su uso deberá adecuarse racionalmente a esa satisfacción si no ha de ser ilegítimo; y teniendo todos los bienes de la tierra un fin social y no meramente individual o privado, ha de afectar a la propiedad una “función social”, aunque «ella no lo sea». Y el corolario que se desprende de estas dos consecuencias es obvio: gravan la propiedad privada de las cosas diversas tácitas hipotecas.

En el orden religioso, aunque el hombre pudiera aniquilar materialmente la sustancia y naturaleza de las poseídas, no llega el legítimo ejercicio de su derecho ni aun a destruir la forma de las mismas, sin finalidad alguna superior, y a usarlas irracionalmente o a su capricho; en el orden moral, aun teniendo la facultad de administrar sus bienes y destinarlos a satisfacer no sólo sus necesidades y las de los suyos, «sino el debido decoro de su persona del modo que a su estado convenga» (esta frase entrecomillada la toma Pradera de la Encíclica «Rerum Novarum»), está obligado en caridad a socorrer a sus semejantes en las suyas; y en el orden social, el derecho privado no puede ser obstáculo al interés público ni al caso de extrema necesidad, autorizando el primero la expropiación, sin perjuicio del propietario, o la imposición, antes de ella, en utilidad social de condiciones en orden al uso y cultivo, y el segundo, a la disposición libre de bienes ajenos por quien se halle en peligro de su vida.

(VÍCTOR PRADERA)

lunes, 26 de agosto de 2013

La Monarquía Social en el tradicionalismo político


LA MONARQUÍA TRADICIONAL ES SOCIAL

EL término fué empleado primeramente por la Tour du Pin.

Después se ha venido usando, aunque sin definirlo. Unos han entendido una democracia cristiana que si nos atenemos a sus orígenes sillonistas no son de carácter tradicional. Otros lo convierten en una nueva edición del despotismo ilustrado de los filosofistas del siglo XVIII. Otros, en fin, pretenden, al amparo de la Monarquía una demagogia reñida con la tradición, donde todo es orden y armonía. Sin embargo, La Tour du Pin había sido claro y contundente. «El Rey presidente hereditario de las Repúblicas Corporativas»
.
No es pues la Monarquía Tradicional en su carácter social lo que nuestros adversarios y los no tradicionalistas entienden. Nosotros entendemos por Monarquía social la organización de las fuerzas sociales en grandes Corporaciones, libres e independientes en su esfera interna, pero están sujetas a la autoridad real en el bien común y en la defensa propia. En la Monarquía social hay corporaciones de Trabajo y hay corporaciones que podríamos llamar Intelectuales. Corporaciones de Trabajo que tienden en su actividad a que sus incorporados gocen de beneficios morales y materiales. No son los Gremios antiguos, pero tampoco los Sindicatos modernos, aunque en ciertos aspectos los Anarco-Sindicalistas tuvieron un concepto de la Confederación de Corporaciones mucho más aproximado al tradicionalista que los partidarios de los modernismos totalitarios. Se comprende: En muchos autores anarquistas hay un claro reconocimiento de la tradición corporativa. Y hasta el mismo Karl Marx tuvo que reconocer que el capitalismo es obra de la sociedad posterior a la Tradición.

LA Monarquía social no es pues la que levanta Universidades Laborales, ni la que crea Escuelas Profesionales, ni edifica viviendas. Esto depende de las mismas Corporaciones que sabrán hacerlo mejor y más barato, sin parásitos y sin burocracia, porque son sus intereses los que se juegan. La Monarquía tradicional en el orden social crea, protege, ampara y defiende las corporaciones, y estas actúan coordinando sus esfuerzos uniendo sus recursos y defendiendo sus prerrogativas. Ellas se gobiernan, se administran y se desenvuelven independientes y en su esfera soberanas. Organizan su beneficencia, su formación profesional, sus actividades culturales, sus normas de trabajo, etc, es decir, todo lo que tiene un elemento vivo dentro de un Estado Moderno. Pero el Estado, por el Rey, que es el representante, defiende derechos, evita abusos que lesionan el bien común, es arbitro en las disputas cuando hay dos distintos intereses en pugna o con dificultades, y como que el Rey no depende de ningún litigante, como que el Rey es por sí mismo dispensador de justicia, da la razón al más débil, no por ser más débil, sino porque tenga razón, y sentencia contra el más fuerte, no por ser el más fuerte, sino cuando su pretensión es injusta.

No hay necesidad de Ministros de Trabajo, no otras alharacas. A lo más podrá crear el Rey el Consejo de Corporaciones, ya que un fuero nuevo se ha creado; el fuero de la Corporación. Y el Rey dispensa sólo Justicia. Brazo de Justicia para todo, encima de todos, al servicio de Dios y de la Patria.
(FERRER)

sábado, 17 de agosto de 2013

El Sindicalismo carlista del Movimiento Obrero Tradicionalista (M.O.T), 1963-1970

La lucha del Movimiento Obrero Tradicionalista se desarrolló tanto a nivel teórico, como al de alternativas prácticas. Entre estas segundas destacan la creación  de Cooperativas, como la de Viviendas CEVA y la de Producción CIAT, en Zaragoza en 1965; o la de Cooperativas de servicios en Alicante en 1966, o la Agrícola de San Carlos en Barcelona en el año 1968, entre otras. También se crearon asesorías jurídicas y cursos formativos para obreros por toda España.

A nivel teórico, el M.O.T desarrolló una importante labor de propaganda y formación obrera, tanto en sus revistas periódicas como Vanguardia Obrera Tradicionalista, Lucha Obrera de Cataluña (M.O.T-Cataluña) o Información-M.O.T (Alicante), como en manifiestos, octavillas, cuadernos y documentos editados por toda España.

Se realizaron numerosos cursillos formativos: Bilbao, Jerez de la Frontera, Manresa, Pamplona, Elda, Zaragoza etc. En el Cursillo Nacional de Elda (Alicante) de 1966, asistieron 128 representantes de 39 provincias. Hubo tanto Congresos Nacionales, como territoriales, con una importante elaboración doctrinal.

El 24 de marzo de 1965, se producían las primeras detenciones y procesamientos en el TOP (Tribunal de Orden Público) contra militantes del M.O.T, acusados de propaganda ilícita. Fue en la ciudad de Zaragoza.

De todo este trabajo teórico podemos resaltar los principales puntos del ideario de los M.O.T.

Para el M.O.T el sindicato ha de ser:

“1-Libre, es decir independiente de cualquier intromisión o tutela por parte de organismos que son ajenos a el, ya sean el Estado, los partidos políticos o cualquier grupo capitalista de presión.

2-Único por rama de producción.

3-Democrático. El sindicato se organiza de abajo a arriba, siendo los mismos sindicatos, los que  elijan libremente a sus líderes.

4.Horizontal. En el mundo capitalista el sindicato auténtico es un sindicato de lucha, es decir sólo de trabajadores. La presencia  del capitalismo dentro de los sindicatos, en lo que consiste la verticalidad, falsea la misión del sindicato. Este es el sindicato que corresponde a esta etapa de transición hasta que se llegue a la reforma de la empresa.

5.Órgano de representación política. Los trabajadores debemos participar en la vida política del país, siendo el medio más eficaz el Sindicato. El Sindicalismo ha de estar presente en los Ayuntamientos, Cortes y en los Órganos de Planificación Económica.

Se añadía además:

“Un sindicalismo libre, democrático y profesional ha de constituir la primera fuerza política de un país. Negar al sindicato funciones representativas, como en las democracias liberales, equivale a cortarles las alas, impedirle el acceso a ese mundo de la política, donde se toman las decisiones que han  de fertilizar la vida comunitaria”

Y sus fines los siguientes:

“1.Representar los intereses de los trabajadores

 2.Reforma de la empresa, superando la propiedad capitalista 

 3.Control de la seguridad social, evitando que esté en manos del Estado o del Capitalismo.

 4.Creación de una Banca Sindical. Como cauce de ahorro de los trabajadores.

 5.Conseguir la municipalización del suelo urbano para impedir la especulación urbanística.

 6.Promoción Obrera: profesional, académica, cultural e informativa.

 7.Transformación de la Sociedad. El sindicalismo pugnará por sustituir la riqueza, como factor vertebrado de la sociedad, por el trabajo.

Otros puntos del pensamiento de los M.O.T son el rechazo al principio de lucha de clases y al internacionalismo, auspiciados ambos por los sindicatos marxistas.

En el “Manifiesto del M.O.T a los Hombres del Trabajo” de 1964, se decía:

“Los hombres no se resignan a formas impuestas y buscan, en la revolución, lo que no les dan las mal llamadas democracias. Se está abriendo paso una nueva época en lo económico y como consecuencia en lo social y en lo político. Esta renovación, que ha de hacerse por ley inexorable de la Historia, por imperio de la necesidad, solo podrá ser de dos formas: marxista o cristiana. Por el odio y la lucha de clases, o por el amor y la lucha por la superación en la justicia, la libertad y la verdad” (...)

“Sin Patria nada es. Un hecho evidente es la caída de los nacionalismos, pero no el de Patria. En ella nacemos. De ella vivimos. Y por ella somos. Nos da el fondo, el estilo y un peso histórico que no podemos arrojar, si no queremos morir como pueblo, si no queremos perder perspectiva y misión. No creemos en los internacionalismos cuando va implícita la pérdida de algo tan serio y sagrado como es la Patria”

Sobre este último punto en el breve cursillo de formación de dirigentes M.O.T, se leía:

“los trabajadores forman una gran familia internacional. Esto no quiere decir que no tengan Patria, como dice el marxismo (…) esto conviene resaltarlo cuando el capitalismo hace mucho tiempo que opera a escala internacional y éste si que no tiene patria”.

El M.O.T también defendió el derecho a la huelga como arma de lucha sindical, separándose, así, de todos los "amarillismos" sindicales. 

“Esta afirmación, del derecho a la huelga, de un Movimiento Obrero que se titula Tradicionalista puede parecer chocante para quienes desconocen toda la esencia de la Tradición. El fundamento doctrinal está clarísimo en la doctrina de nuestros teólogos del siglo XVI cuando exponían las tesis de la licitud de la resistencia al mal gobernante. No tenemos más que trasladar esta doctrina del plano político al social y los principios continúan manteniendo toda su validez. El sistema capitalista no deja resquicio jurídico alguno para que las reivindicaciones populares puedan prosperar. La Ley garantiza la explotación capitalista y el trabajador solo puede invocar principios de justicia no legales. Y el actual sistema  judicial se ve frenado por el legalismo burgués. De ahí la licitud de la huelga como arma del Sindicalismo para conseguir sus objetivos, porque el capitalismo no va a ceder de buen grado por la simple vía del diálogo.” (El M.O.T de Cataluña y la reforma sindical, 1968)

Sobre el Sindicalismo y el Poder Político, los M.O.T también marcaron su postura:

“El Sindicalismo es una fuerza al servicio de la Justicia, dentro de la libertad. Por ello, el espíritu sindical se complace en el incremento constante de instituciones autónomas y comunitarias, en cuya opción los hombres puedan cotidianamente ejercitar su libertad. La lucha sindical acarreará la desaparición del actual Estado centralista. Pero siempre ha de existir un poder político, representante del Bien Común, al que debe sumisión el Sindicalismo, ¿Cuál es la naturaleza de las relaciones entre el Poder Político y el Sindicato? Existe una palabra del vocabulario tradicionalista que lo expresa maravillosamente: El Fuero. Si, el Fuero Sindical. El Estado debe respetar toda la vida interna del Sindicato, sin intromisiones de ninguna clase; la actuación exterior del Sindicalismo se mueve dentro del orden jurídico tutelado por el Estado, y puede ser sujeta a limitaciones. Limitaciones que han de estar basadas en el Bien Común y recogidas taxativamente en la ley recogida en Cortes, auténticamente representativas (…)

Finalmente el M.O.T, convencido de que para realizar todo cambio social ha de producirse una profunda transformación política, trabaja activamente por la instauración de una Monarquía Popular y Sindical. (El M.O.T de Cataluña y la reforma sindical, 1968)

martes, 13 de agosto de 2013

El Movimiento Obrero Tradicionalista en la estela de los Sindicatos Libres: El carlismo obrerista

(Propaganda de la revista  "Unión Obrera" de los Sindicatos Libres carlistas en los años "20")

El Movimiento Obrero Tradicionalista, tiene su origen en los primeros años de la década de los sesenta en el seno del carlismo. Sus primeros pasos se dieron en Murcia en 1963, con el claro objetivo de enlazar con la tradición obrerista del carlismo, especialmente con la experiencia de los Sindicatos Libres, creados por el carlismo en la primera mitad del siglo XX.

Uno de los primeros inspiradores fue el sindicalista  vasco Périco Olaortúa, antiguo militante de los “libres”, defensor de la propiedad sindical, pero no estatista y contrario al principio de la lucha de clases. En la circular de presentación, en 1963 del M.O.T, se leía:

“Este movimiento obrero de la Comunión Tradicionalista quiere ser dentro de la interpretación católica de la cuestión social, el germen  de un nuevo y renovado impulso en el carlismo, para su proyección en el mundo del trabajo”

Su órgano difusor fue la revista “Vanguardia Obrera Tradicionalista”. En 1964 el VOT transcribe en su número 3 un manifiesto  de Ramón Sales,  líder de los Sindicatos Libres carlistas, donde entre otras cosas se decía:

“Los Sindicatos Libres aspiran a la abolición del sistema capitalista”

El M.O.T de Cataluña también se consideraba continuador de la obra de Sales y de los Libres, y en un documento se definen como:

“No en vano es la vanguardia de la lucha obrera, la continuación de aquellos Sindicatos Libres, fundados en los años 20 por Ramón Sales”. (El M.O.T de Cataluña y la Reforma Sindical)

En las Conclusiones del Tercer Congreso del M.O.T celebrado en Madrid los días 31 de octubre y 1 de noviembre de 1965, se declaran partidarios del Corporativismo, en la más genuina tradición social católica:

“El Cooperativismo es un sistema social cristiano por excelencia, en donde el hombre vuelve a ocupar el puesto de primacía que le corresponde en la actividad productiva, sometiendo el capital a su servicio y reduciéndole a sus justos límites de instrumentos de la producción y no como medio de dominio del hombre (…) Frente a la propiedad privada de unos pocos y a la propiedad colectiva que es de uno solo, el cooperativismo supone la propiedad privada para todos a la vez, que es una propiedad social al servicio de los socios. (…) El Tradicionalismo, fiel a los principios sociales cristianos que constituyen  la esencia de su doctrina, propugna el sistema cooperativo como una solución que contribuirá a resolver el problema social económico de nuestros días.”

En el mismo Congreso se proponen como textos básicos de formación para los militantes del M.O.T los siguientes libros: “Breve historia del Legitimismo español” de Melchor Ferrer, “La Monarquía Social y Representativa” de Rafael Gambra y “Antología de textos de Vázquez de Mella” también de Rafael Gambra. Así como el Breve curso del M.O.T; en este texto tras una feroz crítica al capitalismo liberal y a los sindicatos verticales franquistas, se definía de la siguiente forma al sindicalismo anarquista y marxista:

“Los anarquistas son fieles al ideal obrero del reparto y de la propiedad en manos común. Pero dos fallos garrafales cometieron: 1-emplear como única táctica la violencia, ejercida muchas veces contra inocentes 2- sus dirigentes están al servicio de la burguesía masónica (la historia de España los confirma). Los sindicatos marxistas representan la traición plena al ideal obrero. Estatismo, materialismo dialéctico en oposición al recio humanismo de la familia obrera, sacrificio de todo respeto a normas morales en aras de una táctica absorbente. Como decía Marx y repetía Lenin el marxismo no es un movimiento obrero sino una fuerza dirigida por intelectuales burgueses. La subordinación ciega de estos sindicatos al partido los incapacita para representar la causa obrera”.

Sobre el marxismo se añadía:

“La colmena es el resultado de la aplicación del marxismo a una sociedad. Es otro intento de superar el liberalismo que conduce a una masificación peor que la occidental. En la sociedad marxista pura, la China, porque la rusa parece querer asomarse a Occidente, ha desaparecido hasta la apariencia de libertad. Libertad ¿para qué? Decía Lenin.

Los caracteres de la colmena soviética son:

1-Solidaridad entre hombres, impuesta coactivamente, nacida del odio a otros hombres. Los odiados reciben muchos nombres: contrarrevolucionarios, fascistas, imperialistas etc. Nótese que lo que define al enemigo no es el ser obrero o burgués, sino el estar excomulgados por el dogma marxista. Hay burgueses marxistas y obreros anticomunistas, estos son sus peores enemigos.

2-Las decisiones de gobierno pertenecen en exclusiva a una minoría oficialmente definida: el partido.

3-Capitalismo de Estado. Las bases del capitalismo siguen  en pie; el único capitalista, el único patrón es ahora el Estado. El obrero sigue siendo una máquina; los peores salarios, las jornadas más duras de trabajo son las comunistas.

4-Dictadura del proletariado. Oficialmente se llaman democracias populares. Pero en realidad es un régimen totalitario en que todas las libertades fundamentales del hombre están encadenadas.

5-Toda la información es arma de propaganda política. Hablar de verdad o de mentira en cuanto lo que se diga coincide con la realidad de los hechos, carece de sentido político aplicado a la propaganda soviética. Si interesa decir que el descubridor de América fue un ruso, pues se dice. Si se afirma que el Papa es un servidor, hoy, de los intereses capitalistas y mañana que ha aceptado las tesis marxistas, no hay ningún rubor en proclamarlo.

6-El partido comunista verdugo y heredero de los antiguos grupos de presión. Los mata, hereda sus privilegios, los incrementa y ahoga la sociedad de forma total; controla todas sus manifestaciones religiosas, culturales, artísticas, políticas etc.”

El M.O.T desapareció en 1970 no pudiendo superar la alocada deriva huguista y la demagogia impuesta por la traición del ex-príncipe, truncándose así una interesante experiencia, no carente de errores y mimetismos epocales, pero muy sugerente en la proyección social anticapitalista del carlismo contemporáneo.


jueves, 12 de julio de 2012

Ante la crisis del capitalismo liberal: Rey legítimo y sentido común

“Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su Rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo Rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. 

Si el Rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir Ministerios, y reducir Provincias, y disminuir empleos, y moralizar la Administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, Gobiernos y Pueblos.

Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una Nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el Reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramóse por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del Reino”.

Carta que en 1869 S.M. Carlos VII de España envió a su hermano Alfonso futuro S.M. Alfonso Carlos I

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los frutos amargos del liberalismo: una mirada tradicionalista a la cuestión social del S. XIX

Del semanario tradicionalista españolLa Reconquista”(4 de abril de 1872)

“El obrero de la fábrica, verdadero esclavo convertido por el liberalismo en una máquina, buena sólo para producir, pero indigna de todo cuidado moral; ese obrero a quien se encierra en una especie de lóbrega cueva, donde ni penetra apenas la luz del sol, ni el aire de los campos; ese obrero a quien no se le deja ni tiempo para pensar en Dios, ni descanso par que repose en el seno de su familia y dirija una mirada a sus hijos; ese obrero que al salir de su prisión llevando aún los pulmones llenos de nauseabunda atmósfera de la fábrica, y los ojos fatigados por la luz artificial, y los oídos estremeciéndose todavía con el atronador y monótono chirrido de las máquinas, se encuentra en medio del alegre bullicio de una gran ciudad y ve pasar a su lado un sibarita cuya fortuna sabe que está formada con bienes que arrebató a la Iglesia o que ganó en el juego de la política, el más inmoral de todos los juegos; ese obrero que al volver a su casa, si por acaso es tan venturoso que la tiene, ve por todas partes el refinamiento de una civilización sensual y materialista; ve palacios suntuosos en las calles, manjares delicadísimos en las fondas, molicie y afeminación en todas partes; ese obrero a quien le han enseñado que el clero es su enemigo y la Iglesia su verdugo arrancándole así el sentimiento de la religión, único asilo de paz y dulce sosiego en donde podía encontrar inagotables consuelos y fortaleza inextinguible, ese obrero escucha una voz que le promete hacerle dueño de toda esa riqueza material, única riqueza que él conoce y que ve una mano que le señala como suyos todos esos brutales goces del cuerpo, únicos goces a que le han enseñado a aspirar, ¿cómo no ha de abrir sus oídos a esa voz, y cómo no ha de estrechar con febril afán esa mano?”

Ramón Nocedal y Romea. Discurso en el Congreso el 15 de mayo de 1892. (Pág. 293 del tomo II de las Obras Completas)

Lo que he dicho, y repito, es que el socialismo, que la anarquía, que el comunismo, todas las ideas más horribles, más absurdas que se puedan imaginar, son consecuencias lógicas y necesarias de los principios liberales; y que los anarquistas no hacen más que seguir la conducta que les han enseñado y que han seguido, y que recientemente han enaltecido aquí los partidos liberales
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Tradicionalismo y proletariado