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lunes, 12 de marzo de 2018

Sobre la "derecha nacional", el caso italiano. Una profecía de Elías de Tejada

"A primera vista las circunstancias parecen distintas, ya que en la península Ibérica existen grupos leales a la Tradición activa, cosa que en Italia no sucede. Más bien mirado, no son tantas las distintas circunstancias. Tanto en Italia como en España existe un partido de cuño o herencia fascistizante, la Falange y el Movimiento Sociale, con vocación tradicional aunque sin ideales tradicionalistas. El destino de la Falange en un régimen liberal sería parecido al del Movimiento Sociale en la Italia republicana. Ambos están bajo la tenaza del dilema ineludible: o hacen suyos los ideales de las respectivas tradiciones españolas e italianas, con todas sus consecuencias, o entran en el juego de los partidos para constituir un grupito parlamentario más, condenados a tristes apéndices de las correspondientes democracias cristianas. Ya de hecho el Movimiento Sociale está condenado, apenas concluyan  las añoranzas fieles de sus miembros actuales, a desaparecer en el seno del mayor partido liberal, una vez agotadas sus posibilidades prácticas de sostener un Gobierno Tambroni más o menos transitorio.

Solamente podrá salvarse de tan triste destino llenar el vaso de sus recuerdos con los ideales tradicionalistas corrigiendo los errores de Mussolini acerca de la auténtica Tradición italiana. Si continúa en el empeño centralista, risorgimentale y liberaloide que hoy le caracteriza, igual al partido liberal en doctrina cuanto en táctica, acabará dejándose absorber por éste, que siempre resulta más cómodo porque sustenta idénticos programas sin suscitar los recelos que su neofascismo provoca. Reencontrando la verdadera tradición italiana reencontraría su destino histórico, el que intuye con el corazón y se empeña en enterrar en el lodazal de los parlamentos democráticos.

Por lo demás, las empresas no se miden por el éxito. Dios no abandonará a los suyos. Y en el peor de los casos, si nos niega ver el triunfo con los ojos de la carne, siempre resta la paz de la conciencia de haber cumplido el deber del día nuestro, muriendo como murieron nuestros abuelos: sin ceder".

La Tradición Italiana. Francisco Elías de Tejada. 1963
El Movimiento Social Italiano más tarde denominado Movimiento Social Italiano-Derecha Nacional, fue un partido político italiano de ideología neofascista o post-fascista.​ Formado en 1946 por seguidores de Benito Mussolini, y sobre todo de la experiencia de la República Social Italiana, el partido se convirtió en el cuarto partido de Italia por la década de 1960. El MSI dio apoyo local y, ocasionalmente, nacional a la Democracia Cristiana en los años 40 y 50. Defensor en los años 70 de lo que se llamó la Derecha Nacional sosteniendo posturas nacionalistas, atlantistas (defendió la permanencia en la OTAN) y esencialmente anticomunistas. En 1970 en su IX Congreso aceptó la democracia y limó muchos aspectos de su nostalgia fascista. Su líder fue Giorgio Almirante desde 1969 hasta 1987.

El partido se transformó finalmente en Alianza Nacional (AN) en 1995 de la mano de Gianfranco Fini, integrando a su vez a algunos sectores conservadores de la Democracia Cristiana (DC) y del Partido Liberal Italiano, ambos disueltos en 1994 después del escándalo de corrupción del proceso Manos Limpias. En una evolución directa hacia posturas cada vez más moderadas, liberales y electoralistas, y en un expreso arrepentimiento por el origen y pasado político del M.S.I.

En noviembre de 2007 Silvio Berlusconi anunció que Forza Italia se transformaría en el Pueblo de la Libertad (PdL). Alianza Nacional se fusionó con la nueva formación del corrupto y populista Berlusconi en el 2009. Cumpliéndose completamente así, la profecía de Francisco Elías de Tejada sobre el futuro político del M.S.I, anunciada en 1963, siendo engullido literalmente por el liberalismo más feroz del sistema corrupto partitocrático italiano. 

Los grupos disidentes de este proceso degenerativo del MSI, no han salido de la marginalidad política, fracasando recientemente en las últimas elecciones italianas, demostrando que las tendencias más ideológicas surgidas en su seno  en los años 70, del tipo evoliano o nacional-revolucionario, o simplemente neo-fascistas no pasaron de influenciar a algunos sectores juveniles sin más recorrido cultural y político.

Caso análogo puede suceder en Francia con Marine Le Pen tras la ruptura con su padre y fundador del partido. Marine Le Pen acaba de proponer el cambio de nombre del Frente Nacional, para “refundarlo” de manera “más abierta”, con una “nueva organización”, con “nuevos estatutos, más adaptados a una organización política de nuestro tiempo”. Se trata de un intento de “coqueteo” nada encubierto con las familias más conservadoras de la derecha liberal para ser aceptado en el marco parlamentario del sistema. Tumba de cualquier doctrina sana y honrada. Las pretendidas "derechas nacionales" siguen todas el mismo camino y demuestran ser únicamente una pata del régimen liberal al que han servido dentro del juego partitocrático.

domingo, 3 de marzo de 2013

Oración de Francisco Elías de Tejada para el día de los Mártires de la Tradición

Oración de Francisco Elías de Tejada
para el día de los Mártires de la Tradición

Jesucristo, Hijo del Dios de las Españas:

En esta hora de angustias de las Españas rotas y vencidas venimos a tus plantas a rogarte, Rey de Reyes, la gracia de la firmeza en la huella de los senderos que pisaron los muertos nuestros sin ceder, de los que cumplieron en el anonimato de la historia grande que está escrita en el libro de los cielos con el deber de confesarte siempre con la espada y con la pluma, de los que acertaron en la gesta y en el martirio para perennizar la Cristiandad tuya por todos los senderos de la tierra.

Venimos a tus plantas a pedirte la gracia de seguir siendo católicos a la española usanza, intransigentes hasta el fanatismo, violentos hasta la heroicidad, caritativos hasta la comprensión, fieles a tu Nombre divino en la alegría como en la tristeza.

Venimos a implorarte la gracia de la fe que mueve las montañas de la vida, el calor de la esperanza de que las Españas harán carne palpitante de historia la realidad de tu reino, el ardor de la caridad que abraza a los pecadores arrepentidos porque en el inmenso odio al pecado no quede ocasión para abominar de quienes lo cometieron.

Venimos a suplicarte no nos dejes caer en la tentación de vender la ambición sagrada de las Españas tuyas, Cristiandad política, por el plato mezquino de las lentejas de las ambiciones personales; que no nos dejes marcharnos con el oportunismo que encubre la cobardía del desaliento, ni nos permitas comulgar por equívocos con el pan negro de la traición de los abrazos de Vergara.

Escúchame, Señor, porque somos tus soldados y hoy te veneramos en la memoria sagrada de quienes nos precedieron siendo instrumentos tuyos en los afanes de tu gloria.

Regálanos, Señor, la certeza de que algún día, los que otros «10 de Marzo» vengan a rezar, como hoy rezamos, no tengan que avergonzarse de nosotros.

Danos, Señor, el consuelo de que el día que las Españas tornen a edificar la Cristiandad política sobre la roca viva de tu Nombre, aquellos que merezcan contemplar las Españas redivivas reciten esta plegaria sabiendo que vivimos y moriremos en la memoria de los que hoy están en tu Reino de los cielos guardianes de la ilusión que no hemos tenido la dicha de mirar con nuestros ojos de la carne.

Por Dios, Padre tuyo; por la Patria de las Españas, brazo tuyo; por los Fueros, verdad social tuya, y por el Rey, primer servidor tuyo, vuelve a nos tus ojos, Jesucristo, Hijo del Dios de las Españas.

(Manuel de Santa Cruz,
Apuntes y Documentos para la historia del Tradicionalismo Español 1936-1966)

martes, 8 de enero de 2013

La Eterna Guardia de las Españas

Hoy como ayer
el requeté
monta la guardia eterna de España

Mientras todos cambian de camisas y colores, el Requeté monta la guardia sin jactancias y sin repliegues, alrededor del lema sacrosanto e inmutable: Dios, Patria, Fueros y Rey.

Pasaron las dinastías liberales, con sus chabacanerías y sus robos, con sus reinas volubles y sus generalitos guapos, con el despojo de los conventos para crear una burguesía adicta y con la tristeza lúgubre de vender los restos del Imperio que crearon  los abuelos mayores de la Tradición.

Pasaron las republiquitas alegres con sus catorces de abril olientes a hembra barata y a vino de taberna, con sus afrentas al ejercito y a la religión, con su befa innoble de las gestas viejas.

Pasaron los filosofitos baratos que querían germanizarnos, los Orteguitas pedantuelos de la germanización antiespañola, los krausistas de la religión laica del extranjerismo.

Pasaron los dictadores ebrios del azar amigo, los que soñaron shakespirianamente con la imposible majestad de matar las libertades y corromper las conciencias.

Pasaron todos en esta película triste de la España de los últimos ciento cincuenta años...

Sólo sigue en pie el Requeté
que no es la joven guardia comunista
que no es la vieja guardia fascista
¡porque es la Eterna Guardia de las Españas!

(Francisco Elías de Tejada)

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Qué es una política popular? Aquella en que se gobierna CON el pueblo

Paréceme interesante traer a esta encuesta la palabra de la Tradición de las Españas, ya que es una de las voces cuyo resonar compuso la alegría limpia y española del 18 de julio.

Para la Tradición de las Españas es "Popular" aquella política en que se gobierna CON el pueblo.

Porque hay tres posturas:

A- El liberalismo democrático. Sostiene que el Poder viene del pueblo y que todo orden político está establecido ahistóricamente, abstracta y racionalisticamente POR la voluntad en un arranque incoherente y momentáneo, sea através de plesbiscitos generales o de elecciones específicas. Es la actitud que en realidad desconoce qué sea el pueblo, por que lo reduce a la noción amorfa y pulverizada de lo que Francisco Suárez llamaría "multitud", coexistencia inorgánica que nada tiene de común con la sociedad independiente y membrada, integrada por comunidades autárquicas y libremente constituidas que es la verdadera calidad del pueblo.

B-El totalitarismo, desde los absolutismos de cuño protestante basados en la secularización de la idea del carisma a los totalitarismos del siglo XX, tanto en las oligarquías fascistas cuanto a las comunistas. Sustentan que el Poder viene irracionalmente, caprichosa y oscuramente desde un plano ajeno al común de la sociedad, gobernándose PARA el pueblo pero SIN el pueblo, niño torpón carente de educación política y de tino para saber qué le conviene. Esta actitud suprime lisa y llanamente todo lo que no sea el agente que de hecho manda, no estimando al pueblo ni en su acepción verdadera ni en la falsa acepción liberal de la multitud desorganizada.

C-El pensamiento tradicional de las Españas. Defiende que el Poder viene de Dios A TRAVÉS del pueblo y que su ejercicio ha de tener lugar CON el concurso del pueblo.

Es la teoría de las dos representaciones políticas, con arreglo a la cual todo Poder viene de Dios; por derecho natural, el Poder encarna en la comunidad por el mero hecho de existir ésta, cediéndole ésta en un acto de derecho positivo e histórico a una institución de uno, de pocos o de muchos (legitimidad de origen), la cual será legítima mientras gobierne dentro de los principios del derecho natural (legitimidad de ejercicio). Ahora bien, la comunidad que así cedio permanentemente su poder de gobierno a una institución, resérvase el frenar y tomar cuentas de su ejercicio a través de otras instituciones que representen los intereses del hoy frente al Poder encarnado en la institución que gobierna.

Tal fúe en la monarquía tradicional de las Españas la doble representación: del Rey cuyo Poder no viene del pueblo de hoy, porque representa la voz de los muertos y de los que nacerán, o sea, la permanencia misma de la Patria; y de las Cortes, que representan la regulación del ejercicio de aquel Poder real, independiente de ellas, desde el punto de los intereses de la coyuntura histórica. Por eso las leyes las hacía el Rey, siendo redondamente falso cuanto especuló el canovismo decimonónico y sus secuaces actuales sobre una participación de las Cortes en la potestad legislativa; lo que las Cortes hacían era exigir buenas leyes y procurar que fuesen cumplidas, pero desde fuera de la potestad legislativa, manejando el arma de su potestad de conceder o denegar dineros; poseían una potestad económica capaz de influir en la legislativa, pero jamás potestad legislativa propiamente dicha, que estuvo reservada exclusivamente al Rey.

La cumbre del pensamiento político hispánico es el riquísimo de la Cataluña clásica y dentró de él la ocasión de Caspe. Allí se ve al Poder real cosa distinta de las Cortes, que son la voz del pueblo. Cuando los reinos de la corona aragonesa vierónse huérfanos de monarca, transformándose sus Cortes en Parlamentos, jamás pensaron que fuese facultad del pueblo elegir rey, tal como resultaría de aplicar la regia liberal de que el poder se establece POR el pueblo en Cortes, sino que plantearon certeramente la cuestión como problema jurídico y no político de RECONOCER el sujeto concreto de aquel Poder real que de las Cortes no emanaba; y una vez resuelta la cuestión, cuando hubo un Rey RECONOCIDO por los compromisarios jueces y no CREADO políticamente POR elección del pueblo, reasumieron por entero su función propia: procurar que Fernando I legislase y gobernase rectamente.

En el fondo, la entera cuestión redúcese a tres posturas antropológicas; el liberalismo parte del optimismo, niega la sociedad organizada, prescinde de la Historia y juzga ser Popular el gobierno POR la multitud que los demócratas apellidan arbitrariamente pueblo; el totalitarismo arranca del pesimismo antropológico y cree son los humanos tan necios que lo oportuno será gobernar PARA ellos pero SIN ellos, desde el funesto Carlos III a las dictaduras del proletariado que preparen la "felicidad" marxista; el tradicionalismo de las Españas estima que el hombre es un ser falleciente y en consecuencia defiende haya un Poder que por encarnar en una institución no está sujeto a las avalanchas contradictorias de cada huracán pasional de las gentes, pero que sin perder su independencia institucional gobierna CON el concurso de los representantes del pueblo verdadero, esto es, de la sociedad organizada y libre: organizada frente al liberalismo, libre frente al totalitarismo.

Respuesta de Francisco Elías de Tejada. Pueblo, Encuesta de tercera página, 21 de Febrero 1961.

La Comunidad orgánica frente al "hormiguero" individualista liberal

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El Carlismo y la estupidez del separatismo

Porque los nacionalismos regionalistas son la consecuencia de dos cosas; de una desazón psicológica y de un positivismo ideológico.

La desazón psicológica apareció cuando la derrota del Carlismo hizo presentar como sola manera de defender las personalidades regionales, separar la causa foral (que es variedad) de la legitimidad monárquica (que es la unidad precisa). Con lo que se rompió el maravilloso equilibrio de las Españas verdaderas y las energías de la dispersión aspiraron a quebrar la unidad española desde el momento en que dejaron de frenarlas las fuerzas de la cohesión de la realeza.

El positivismo ideológico nació cuando fue necesario dar raíz a semejantes posturas destructoras. Ayudó la moda sutil del tiempo y ayudó la negación de la historia de las doctrinas liberales. Búsquese construir las realidades fuera de la historia, apelando a los criterios inmediatos de la raza o de la geografía, asumidos de un modo directo y no tomados a través de su influjo en la historia, de la cual se quiso renegar. Fue la hora de la raza "baska" o de "los hechos diferenciales catalanes" donde se acoge a los datos físicos en su eficacia inmediata, sin ponderarlos en su dimensión histórica de repercusiones seculares.

Pudimos los carlistas ser en una pieza españolísimos y regionalistas porque nunca caímos en equívocos tales. Afirmamos la plenitud de la historia política y la recogímos en su realidad perfecta, sin despeñarnos en el positivismo que desdeña la tradición que es historia acumulada, ni romper el equilibrio justo que sujeta la variedad fecunda a la unidad de la realeza.

Fueros y Monarquía eran los dos pilares, en los que asentamos sólidamente la vigencia de una Tradición que quisimos continuar a la española, sin copiar las sucesivas modas europeas de absolutismos y liberalismos. Por eso pudimos pensar, coincidiendo con ello con cierta aguda mente también españolísima, que los nacionalismos son una estupidez. Dios quiera que la hora presente del afan europeizante no nos haga renegar de nuevo de la Tradición y tropezemos en esa otra estupidez en boga que es sacrificar la Historia viva en los altares de la Técnica quimérica.

Francisco Elías de Tejada. Carlismo y separatismo. El Pensamiento Navarro, 26 de enero de 1971

jueves, 15 de septiembre de 2011

La configuración de Las Españas áureas: Tradición frente a nacionalismo

Moneda acuñada en Dola, Franco-Condado hispánico. Reinado de Felipe IV, Conde de Borgoña. A pesar de las particularidades lingüísticas (su lengua era la francesa) y geográficas (su lejanía de la Península) los borgoñones fueron un leal pueblo de las Españas, algo imposible de entender desde las trasnochadas perspectivas del nacionalismo, el constitucionalismo o el estatalismo.

No es dable entender la historia de las Españas si nos empeñamos en juzgar la edad dorada en que fuimos bandera universal y poderosa con los criterios de nuestro siglo, ni mucho menos si nos empeñamos, como suele suceder por desgracia, en usar de las retrasadas perspectivas deciminónicas. Para calibrar la realidad de las Españas clásicas es necesario dar de lado a los estrechos conceptos de nacionalismo y abrir los ojos a los fecundos gérmenes del ideario tradicionalista.

El nacionalismo fue, en la historia de las ideas políticas, hijo del positivismo. En aras de repudiar aquel sentido de lo histórico, los positivistas, que ya redujeron el hombre a recortada biología, pretendieron postergar la historia a sencillo apéndice de la naturaleza. Saltóse desde la naturaleza a aquel saber nuevo bárbaramente llamado Sociología, buscando entender las conexiones humanas con uso exclusivo de los datos que la naturaleza aportó.(...)

Es la historia que perdura lo que caracteriza a los grupos humanos. Los rasgos físicos valen, sí, más no por sí mismos, ni inmediatamente; cuentan en la medida en que han sido capaces de incidir en el proceso histórico de un pueblo. La raza, la lengua o la geografía han servido para matizar un proceso humano secular, o sea, para caracterizar una Tradición. Y cuentan sólo en la proporción en que ayudaron al desenvolvimiento del proceso histórico que cuajó en la Tradición, pasado vivo, diferenciadora entre las gentes.

El orbe de las Españas no ha de ser mirado desde ese retrasado positivismo de las nacionalidades entendidas a lo positivista, sino desde el ángulo de un tradicionalismo que asuma las realidades del quehacer histórico. Porque las Españas fueron una Monarquía federativa y misionera, varia y católica, formada por un manojo de pueblos dotados de peculiaridades de toda especie, raciales, lingüísticas, políticas, jurídicas y culturales, pero, eso sí, todos unidos por dos lazos indestructibles: la fe en el mismo Dios y la fidelidad al mismo Rey. Tan cierto es esto que dos hechos aparecen con luminosidad cegadora a cualquier estudioso de nuestros años magnos: primero, la monarquía era tan varia que hasta en los títulos variaba, pues que no había Rey de España, sino rey de Castilla o de Nápoles, duque de Milán o del Brabante, señor de Vizcaya o de Kandi, marqués del Finale o de Oristán, conde de Barcelona o del Franco-Condado; segundo, cada una de estas arquitecturas políticas de las Españas supusieron la autonomía institucional y la libertad, autonomía y libertad perdidas por dichos pueblos desde Cerdeña al Artois o desde Flandes a Sicilia, cuando la fuerza de las armas --y quede claro que jamás la voluntad de los pueblos españolísimos siempre-- las hicieron salir de la confederación de las Españas.

Francisco Elías de Tejada. El Franco-Condado Hispánico. Ediciones Jurra, Sevilla 1975. Capítulo I Puntos de Partida. 1. Presupuestos doctrinales.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Tradicionalismo y proletariado

Aunque parezca craso error a primera vista, los proletarios de hoy son iguales a los esclavos del mundo romano desde el ángulo de la psicología porque unos y otros lo son por hallarse desligados de la vida colectiva, por no sentirse participes en el patrimonio espiritual de una Tradición. Nacidos fuera de la Tradición en el gran siglo demoledor que es el XIX, los obreros son proletarios en la medida en que no son tradicionalistas. En el siglo XVII de las Españas áureas, no había proletarios por idéntica razón a la que no hubo ricos, todos los hispanos entendían la teología de Plazuela de los autos sacramentales y todos comulgaban en la gesta anti-europea de sus reyes, esto es, eran parte de una tradición entrañablemente viva en una sociedad unida.

Fue el liberalismo alegre, despreocupado, racionalista, desarraigador, burgués, y volteriano quien dejó crecer sin riesgos de fe ni patriotismo, fuera de la sociedad, como si no fuesen humanos, los hombres de la selvática floresta proletaria. El proletariado no existiera con el tradicionalismo político, porque en nuestro sistema social cabían sin exclusión todos los hombres, cada uno célula de la gran historia. Fue, llaga envenenada de las desgarraduras liberales. Por ello la medicina para el drama soberbio del siglo XX, para la gangrena, de un núcleo social extraño a la sociedad de la que legalmente forma parte, está en rehacer, lo que el liberalismo destruyera, en restaurar el hilo actual de la vena tradicional, con aquel sistema social cristiano en el que, todos los hombres se sentían parte de un orden e integrados en membrada jerarquía, en dar a cada ser humano conciencia de su puesto en la humanidad, en hacerles sentir la magnitud de la propia Tradición.

Es lo que pienso contemplando, la Europa francesa desde las atalayas del castillo roquero de las Españas tradicionales.

Francisco Elías de Tejada. Tradicionalismo, catolicismo y proletariado. Revista SIEMPRE; Mayo 1968

sábado, 19 de febrero de 2011

La Europa mercantilista y liberal en el origen de la crisis que asola España

El orden previsto para la Europa que nace no tiene nada de común con el orden que existió en la cristiandad. La democracia igualatoria ha sucedido a la ordenación jerarquizada de los valores. No hay reyes responsables por sí mismos, sino reyecillos constitucionales o presidentes de república con las manos atadas. Si alguna vez se llegan a superar las dificultades de los nacionalismos heredados del siglo XIX será para acabar en un parlamento europeo, resumen y compendio de los parlamentos de cada uno de los estados integrados. Todo ello bajo el signo omnipotente de los principios de la declaración francesa de 1789, al amparo de los dos lemas de la Reforma y de la Revolución. Porque lo que contará, en suma, para la unificación de la Europa del futuro, es la economía a secas, un primado de lo económico que implícitamente viene a reconocer la doctrina marxista del primado de la economía, tema respecto al cual son superestructuras subordinadas la fe religiosa, el derecho justo, el orden político, las creaciones del arte o los sistemas de la filosofía. La Europa a que vamos es marxista, porque lo que importa es la economía, siendo indiferentes la fe en Dios o la justicia entre los hombres; de ahí que empiece por el Mercado Común, por el mercado del trueque y del negocio.

Francisco Elías de Tejada. "La cristiandad medieval y la crisis de sus instituciones" en Verbo nº 103 marzo de 1972.

LA CRISIS ¿Sólo económica?. La Europa que ha perdido el rumbo (III)

viernes, 18 de junio de 2010

Hombre abstracto de la Revolución; hombre concreto de la Tradición.

La filosofía política de la Revolución eleva al hombre a medida de todas las cosas, con independencia de las ordenaciones divinas, transformándose en eje y centro del universo. El optimismo antropológico hermana a Rousseau con Kant y con los legisladores del 89. Rousseau idealiza hasta lo perfecto al hombre abstracto, al salvaje sin tradiciones, por definición bueno; Kant exalta la perfección del hombre en sí, independientemente de las tradiciones culturales, creyéndole capaz para entender al cosmos en el uso que de los datos de la realidad haga su razón pura y de saber qué sea lo justo en la desnuda autonomía de su voluntad “autónoma”; los hombres del 89 no declaran cuáles sean los derechos del hombre francés, sino los del hombre abstracto y sin tradiciones. Para Europa el hombre carece de historia, es un ser desprovisto de pasado vivo.

La marcha posterior de las ideas gira bajo idéntico signo. En la democracia igualitaria cada hombre posee un voto, sin tener en cuenta ni su valor ni su cultura, porque de antemano se autoriza que todos ellos son iguales, ya que nada cuenta la condición histórica concreta de cada cual, sino su abstracta condición humana. Día vendrá en el porvenir en que se juzgará cosa de locos esta inconcebible ideología democrática hoy tan extendida, por virtud de la cual son iguales los hombres nacidos desiguales y desiguales desarrollados; mentira parece que a la fecha la mayoría de las instituciones del Occidente reposen sobre la locura de equiparar en facultades políticas a los buenos con los malos, a los listos con los tontos, a los cultos con los que no saben leer. Será otra “locura de Europa” más que añadir a las que ya anotó Diego de Saavedra Fajardo hablando en nombre del sentido común de la tradición de las Españas.

Tampoco el totalitarismo distingue entre los hombres; lo que sucede es que la democracia los igualaba en considerarlos con idéntico valer para emitir un voto en las urnas, mientras que el totalitarismo les concede idéntico valer para obedecer las órdenes de un dictador. Pero ambos, liberalismo y totalitarismo, arrancan del mismo yerro filosófico: la idea del hombre abstracto.

Idea que aparece cuando nace Europa. Antes, en los siglos de la Cristiandad, la sociedad cristiana poseía una ordenación jerarquizada orgánica, cada hombre se enmarcaba en determinado grupo social, sea religioso (órdenes, cofradías), sea religioso-militar (órdenes de caballería) sea económico (gremios), sea político (brazos o estamentos). El esfuerzo personal levantaba al inferior a grados superiores del cuerpo místico social, pero éste gozaba de sólida estructura, ya que dentro de él cada miembro componente era parte de un orden y elemento de una jerarquía. La comunidad orgánica cristiana, según la idea del hombre concreto, constituyó el contrapié de las catedrales tomistas de las Summae y el emparejamiento humano más adecuado al orden divino en el curso de los astros siderales (...)

Poco a poco según crece y se robustece Europa, cobra fuerza la idea del hombre abstracto. La ayudarán el espíritu romanista, que brinda al absolutismo de los reyes la ocasión de deshacer del todo la composición orgánica de la sociedad, proporcionando aquel dualismo que Boutmy definiera como la contraposición entre el infinitivamente grande del poder estatal y el infinitivamente pequeño del individuo aislado; el estilo burgués de las sociedades protestantes, con aquel espíritu individualista de empresa, naciente en Holanda e Inglaterra cual secuela de la escisión luterana entre naturaleza y gracia, donde Werner Sombart ha colocado la clave del moderno capitalismo (otro fenómeno típicamente europeo); y en especial el nuevo espíritu filosófico: cuando Descartes duda de la realidad circundante empieza a fabricar un mundo para cada yo abstracto, intento que Kant traducirá en sistema, sistema que es nada menos que la llave de la Europa contemporánea.

Una Europa en la que el hombre se edifica gnoseológicamente su mundo con Kant y hasta ontológicamente en el idealismo trascendental de Fichte; Europa en la cual la sociedad consiste en proceso mecánico, montón de granos de trigo al azar yuxtapuestos; Europa en la que el hombre, desnudo de tradiciones, pasa por mero homo oeconomicus; una Europa que no quiere saber ya de gremios, sino de partidos políticos, múltiples en las democracias, único en los totalitarismos: Europa que ignora al hombre concreto de la Cristiandad y sólo sabe del hombre abstracto de la Revolución.

Francisco Elías de Tejada. tomado de Poder y libertad. Una visión desde el tradicionalismo hispánico. Colección De Regno

domingo, 9 de mayo de 2010

Sin legitimismo NO hay carlismo.

Y la realeza no es algo huero, como en los liberalismos doctrinarios, ni algo omnipotente, como en las construcciones totalitarias o absolutistas. El monarca reina y gobierna, pero dentro de límites impuestos por las leyes fundamentales o de la tierra. No le es asequible alterar porque sí la máquina legal de sus pueblos,sin consentimiento de los pueblos mismos. Impera, sí, porque es rey; pero impera dentro de leyes bien precisas.

Y en este terreno es la monarquía tradicional la única forma de gobierno en que el poder del gobernante se halla de veras limitado, porque los mojones que deslindan sus facultades no consisten en letras frías o en doctrinas muertas, sino en la fecunda realidad social, anterior y distinta del Estado. Donde totalitarismos y absolutismos ven un instrumento más de su poderío y donde los liberales ven el vacío de lo inexistente, en las sociedades intermedias y autárquicas, encuentra la monarquía tradicional el freno efectivo que los demás sistemas políticos ignoran. Por eso la monarquía tradicional es la única forma de gobierno donde los hombres pueden sentirse verdaderamente libres.

Mas, puesto que la realeza se halla ornada de funciones activas, las condiciones del monarca vienen a ser cosa esencial. de ahí la necesidad de exigir dos legitimidades: la de origen y la de ejercicio, la legitimidad de títulos en la asunción del poder supremo y la legitimidad en aplicarlo al servicio de los ideales de la Tradición de las Españas. Ambas son esenciales, pero en caso de dudas ha de preferirse la legitimidad en el ejercicio a la legitimidad en los títulos de origen, pues de otro modo admitiríamos que un prurito legalista primaba sobre el contenido de la tradición hispána, conclusión absurda a todas luces. La jura de los Fueros era condición necesaria para la coronación de los reyes, indicándose con ello que la legitimidad de ejercicio es más importante que la de origen y que, faltando aquélla, ésta carece de fundamentos.

Francisco Elías de Tejada. LA MONARQUIA TRADICIONAL 1954.

¡El Retorno del Rey!

La familia y el municipio como bases de la organización política.

domingo, 2 de mayo de 2010

Francisco Elías de Tejada; el Carlismo de estricta observancia.

Francisco Elías de Tejada es junto a Rafael Gambra uno de los pilares del pensamiento tradicionalista hispánico contemporáneo. Elías de Tejada es el cantor de las Españas áureas y de la Monarquía Tradicional. Cree Elías de Tejada que el tradicionalismo, en sus fundamentos últimos, responde a dos principios:

"La afirmación del hombre como ser histórico, con la consecuencia de que es la historia la que fija el ordenamiento social y político más conveniente; y sostener que el quehacer humano forjando la historia ha de estar encuadrado dentro del marco metafísico que rodea toda actividad humana: la del orden universal por Dios establecido. Historicismo sujeto a teocentrismo es la raíz del pensamiento tradicionalista, a tenor de la concepción cristiana del hombre como realidad metafísica libre pero forzosamente sujeta a la historia".

A Elías de Tejada debemos la ya clásica distinción entre Cristiandad y Europa, y sus famosas fracturas:

"Porque Europa no es para nosotros, los tradicionalistas españoles, simple noción geográfica, al contrario, europa es idea histórica, y por histórica polémica, que sustituye sobre las tierras del Occidente geográfico a la Cristiandad medieval, Europa nace de la ruptura del orden cristiano y teocéntrico medieval, cuando Lutero rompe la unidad religiosa, Maquiavelo paganiza la ética, Bodino inventa el poder desenfrenado de la souveraineté, Grocio seculariza al intelectualismo tomista en el derecho, Hobbes seculariza en el derecho el voluntarismo scotista y por último quiebra la jerarquía institucional con los tratados de Westfalia. Por lo cual Europa posee una carga de doctrinas propias, opuestas a las de la Cristiandad. La Cristiandad fue organicismo social, visión cristiana y limitada del poder, unidad de fe católica, poderes templados, cruzadas misioneras, concepción del hombre como ser concreto, parlamentos o cortes representativas de la realidad social entendida como corpus mysticum, sistemas legales o "forales" de libertades concretas. Europa es entendimiento mecanicista del poder, neutralización secularizada del mando, coexistencia formal de credos religiosos, paganización de la moral, absolutismos, democracias, liberalismos, guerras nacionales o de familia, concepción abstracta del hombre, Sociedad de naciones, ONU, parlamentarismos, constitucionalismo liberal, protestantismo, repúblicas, soberanías ilimitadas de príncipes o de pueblos, antropocentrismo para regla de la vida y los saberes".
España, tras haber sido derrotada en la defensa de la Cristiandad, se va a constituir en christianitas minor, cerrada en un primer momento a las influencias europeas, de modo que, en otro posterior, tras la íntima escisión espiritual provocada por la irrupción en su seno de la Ilustración, el tradicionalismo resultará una suerte de christianitas minima. Por eso el tradicionalismo hispánico, a través de la monarquía hispánica y la segunda escolástica, enlazó directamente con la Cristiandad medieval y el tomismo. Nunca se interrumpió, pues, entre nosotros la línea de la tradición católica, en combate sin tregua ni cuartel contra-tras la primera batalla con la Protesta-todas las infiltraciones europeas, absolutistas en el siglo XVIII, liberales en el XIX, democráticas, fascistas o socialistas en el XX. Siempre aferrados a la restauración de la sociedad como conjunto de instituciones autárquicas, expresadas en "Fueros" concebidos como sistemas de libertades políticas concretas, coronadas por la monarquía legítima, federativa y misionera, rindiendo todos culto en espíritu y verdad al Dios verdadero.

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Libro sobre su pensamiento:

viernes, 8 de enero de 2010

LA MONARQUÍA TRADICIONAL de Francisco Elías de Tejada. Un clásico imprescindible.


LA MONARQUÍA TRADICIONAL, de Sr. Francisco Elías de Tejada.calidad 2, 1 t., 14,5x20, 174 pág. : 16 € Pedidos y Pagos

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Un estudio reposado de lo que fueron las vie­jas ordenaciones libres de nuestros pueblos y de lo que probablemente habrían sido a no mediar las desviaciones europeizadoras, he aquí el cuadro, a grandes brochazos, de la monarquía tradicional española, régimen que mi­ró a la defensa de los postulados fundamenta­les de la unidad de fe y de la lealtad a la Corona, sin mengua del fomento de las fecundas libertades concretas.

Así constituida, la acción de España pudo ahondar en las entrañas de la verdad católica para repre­sentar nada menos que la concepción católica de la vida en la más fecunda de sus maneras. Pero si la España tradicional fue una doctrina, la moderna se ha despedazado en dudas, y la contemporánea en negaciones, acabando su carrera alocada en la más absoluta indiferencia. Ante semejante abandono y delirio exclama el autor:

Cuando se vive entre muertos, estas ideas alcanzan a los ojos dimensión de exac­titud. Bien puedo desde mi retiro, arropado por el dulce silencio del ol­vido rumoroso, repetir las palabras de Quevedo:

»Retirado en la Paz de estos desiertos con pocos, pero doctos, libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis voces a los muertos»
.”

Indice

I. EL MENÉNDEZPELAYISMO POLÍTICO
Actualidad del menéndezpelayismo 13
La estela política de Menéndez y Pelayo 15
Las limitaciones de una obra gigantesca 19
El auténtico menéndezpelayismo 24

II. LA TRADICIÓN DE LAS ESPAÑAS
Europa y las Españas 31
Europa 36
Las Españas 43
La europeización absolutista 52
La europeización liberal 60
El dilema presente 68

III. UNA TRADICIÓN VIVA: NAVARRA
Una tradición salvada del naufragio europeizante 71
La primera interpretación: Zuaznavar, el erudito 74
La interpretación sentimental: Olave 81
Marichalar o la interpretación técnica 89
Lo que observó Cánovas del Castillo 95
La lección política de Navarra 96

IV. LA TRADICIÓN
La revolución europea 109
La revolución disculpada 111
La revolución delante del pensamiento tradicional 115
La Tradición 118
Tradición y progreso 121
La Tradición de las Españas 122

V. LOS FUEROS, COMO SISTEMA DE LIBERTADES CONCRETAS
Los Fueros 127
Hombre abstracto y hombre concreto 128
Liberalismo y hombre abstracto 133
Totalitarismo y hombre abstracto 135
Tradición y hombre concreto 136
Entre libertades. Libertad e Igualdad 138
Los Fueros, barrera y cauce 147

VI. LA MONARQUÍA FEDERATIVA
La Sociedad, "corpus mysticum" 153
La realeza 159

VII. LA SECUELA INSTITUCIONAL
Cambio de frente 163
La Corona 165
El Consejo Real 168
El Consejo de Ministros 169
Las Cortes generales 171
El Consejo de Justicia 174
El Consejo de Guerra 175
El Consejo Social 176
El Consejo de Cultura y la Junta de Cultura 177
Colofón 179

LA FAMILIA Y EL MUNICIPIO COMO BASES DE LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA.