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viernes, 17 de febrero de 2017

Feliu de la Figuera: Denuncia y solución a los males del capitalismo liberal

FELIU DE LA FIGUERA: DENUNCIA Y SOLUCIÓN A LOS MALES DEL CAPITALISMO LIBERAL

Eusebio Feliu de la Figuera, escritor carlista catalán, en los años que sirvieron de preámbulo a la III Guerra Carlista dejó escrita una magnífica y descriptiva obra sobre los devastadores efectos del liberalismo en España, Reflexiones sobre el liberalismo. Resumen de sus vicios (1869). Junto a los aspectos puramente morales dedica amplia atención a los estragos que un incipiente liberalismo económico estaba produciendo en el terreno social mediante una economía que tilda de antinatural. Matizados los efectos más destructores del capitalismo liberal casi siglo y medio después sus reflexiones no dejaron de ser proféticas y las recetas que propone contra el mismo no dejan de gozar de máxima actualidad:

"Las clases ricas con el espíritu de monopolio o de mercantilismo lo han invadido todo. Se han hecho especuladoras, siendo lo peor cuando el monopolio o tráfico recaen en los artículos de primera necesidad, como sucede ahora con las fábricas de harinas recientemente construidas, cuyos dueños, acopiando el grano de lejanas provincias, hacen que todas las clases de la sociedad coman caro el pan aunque la cosecha haya sido abundante".

"Gravar todos los artículos y productos que no sean de primera necesidad en una desproporción que favorezca las pequeñas industrias y las empresas reducidas a costa de las industrias y empresas que disponen de grandes capitales".
"Que la pequeña propiedad quede dispensada de todo tributo, de todo gasto de inscripción y de toda clase de costas, mediante un recargo en progresión creciente sobre la gran propiedad. Hacen falta modestas industrias; más obreros fabricantes y más fabricantes obreros para que los capitalistas desciendan y los trabajadores se eleven al bienestar sin lujo y sin miseria, ideal a que debe aspirar la política del trabajo".

sábado, 29 de agosto de 2015

El "problema social" y la "lucha de clases", según el tradicionalismo clásico

Es un hecho real, fácilmente comprobable por todo aquel que con deseo de buscar solución se asoma a ese abismo que se llama “la lucha de clases” que en el fondo, allá en los orígenes de toda revolución existe una injusticia social contra la cual reaccionan las clases que de ella son víctimas.

¿De dónde proviene esta injusticia? De una organización social artificial sin duda… A riesgo de decir unas cuantas vulgaridades que sin duda conocerá el lector, no tengo más remedio que remontarme a los orígenes de la enfermedad si he de proponer después el remedio. Porque todo médico, antes de recetar diagnostica y previamente estudia los síntomas y busca las causas.

En el siglo pasado nuestros abuelos románticos, soñadores idealistas dieron un viva a la libertad y creyeron que nos legaban el mejor de los mundos… Y en efecto, la libertad triunfó. Y en el campo económico produjo la libre contratación que convirtió al obrero en máquina y al trabajo en mercancía. Nació el individualismo que permitió la libre explotación, el abuso del débil por el fuerte.

Y como una reacción frente al individualismo, aparecieron, de un lado, los trusts y las sociedades anónimas, los patronos y los obreros, en las que se adormece la conciencia y se cobra el cupón sin preocuparse de la suerte de aquellos hombres que trabajan al servicio de la empresa y que entre los factores de la producción: Capital-naturaleza y trabajo…, o sea hombre quedan colocados en último lugar por este orden precisamente. Y de otro lado apareció el marxismo que recogiendo la legítima necesidad de defensa de aquellas clases expuestas siempre a una posible explotación. Y al oído de los obreros una voz fue diciendo: “Trabajadores del mundo entero, uníos… Uníos para defender vuestros comunes intereses, formad cajas de resistencia, id a la huelga general…”

Y los hombres se polarizaron en dos bandos: a un lado aquellos que, no echan más que sus brazos para el trabajo, lo que llaman “el proletariado”, a otro los que tienen en su poder todos o casi todos los medios de producción lo que llaman “la burguesía”… Y la natural ambición de los que no tienen nada chocó con la humana ambición de los que lo tienen todo. Y la lucha de intereses encontrados, la lucha entre el capital y el trabajo desencadenó una guerra entre los hombres: eso que llaman “la lucha de clases”.

Ahora bien; si el mal es éste, su curación no puede encontrarse más que en la extirpación de sus causas. Armar a la sociedad para esa lucha, continuar predicando a los bandos contendientes “defendeos” es echar leña al fuego de odio, cuyas primeras brasas nacieron al calor de injusticias sociales. Todo al contrario, hay que llegar a la total desaparición de esa lucha y para ello, hay que prescindir de la existencia de esos dos bandos, de esas clases sociales que nacieron única y exclusivamente como reacción frente a la libre contratación, posible engendro de explotación y abuso.

El sentido vertical de la sociedad, de superposición de clases no es, ni natural ni cristiano. No hay ninguna razón de justicia que abone los privilegios de casta o privilegios de clase por los cuales un hombre sin otros méritos personales esté situado encima de los demás. No hay, no debe haber otras razones de superioridad que aquellas que otorga la bondad, el talento y el trabajo. Y el fruto de estos tres factores convertido en nobleza de estirpe o en legítima riqueza, puede y debe ser transmitido a condición de que quien lo recibe corresponda a esa heredada nobleza con sus propias virtudes y a esa heredada riqueza con su propio trabajo para convertir ambas no en lagunas estériles o sólo para sí mismo provechosas sino en abundantes manantiales que generosos, se desborden y fecundicen toda la sociedad.

Quiero decir que ese sentido vertical de clases que actualmente coloca debajo a todos aquellos hombres que sólo poseen sus brazos o su talento para el trabajo, en medio, como una aristocracia espiritual, los que viniendo a menos desde arriba o a más desde abajo, y encima los poseedores de la riqueza, es absurdo, injusto y contrario a la naturaleza. Como igualmente lo sería la vuelta a la tortilla para colocar el proletariado encima y a la burguesía debajo. No; mientras exista superposición de clases, mientras haya hombres encima y hombres debajo, había clases opresoras y oprimidas, habrá injusticia y frente a ella reacción, habrá lucha y la paz social será un imposible…

Prescindamos de este sistema “democrático” de organización social y busquemos uno más humano, más natural, más racional y más justo.

… en el campo (…) divisamos muchos hombres que (…) trabajan la tierra y extraen de ella los primeros productos que utilizará después la industria…

Y, estos hombres, que dirigen o trabajan en el cultivo del suelo (…) y que se hallan unidos por un interés común -el interés de la tierra- son una clase social, una dignísima clase social, la de los agricultores o agrarios…

… en los grandes centros fabriles (…) dirigentes y dirigidos, obreros manuales y obreros de la inteligencia, distribuidos en gremios según su profesión, forman otra dignísima clase social, vienen a engrosar un importantísimo sector de la vida nacional, son el gran bloque que llamamos la industria. Y, en ella, el obrero, el ingeniero, el propietario director, todo aquel que preste aportación de algún género, están unidos por un interés común, la producción del taller y de la fábrica, los beneficios que de ella resultan, que, en un sentido de justicia, deben ser repartidos proporcionalmente entre todos aquellos elementos que contribuyeron a producirlos.

… vemos puertos, factorías, mercados… (…) Llamamos a esta especial actividad el comercio y los hombres que a su servicio ponen la agilidad de su talento o de sus brazos, también forman otra digna poderosa clase social…

Y aquí tienes -lector- las verdaderas clases sociales, clases que no están superpuestas, clases que brotan libre naturalmente de un plano horizontal: el trabajo. Clases que no son enemigas, porque no teniendo intereses encontrados, sino complementarios, no tendrán ambiciones que choquen. Clases que no lucharán, y siendo así, desaparece la “lucha de clases”, producto -como probamos en el primer artículo- de la injusta y artificiosa organización social imprimida por el liberalismo.

¿Cómo resuelve el programa tradicionalista el problema social?
María Rosa Urraca Pastor. Págs. 47-52

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Plan de la Obra Nacional Corporativa carlista

Durante la Cruzada de Liberación Nacional la Delegación de Gremios y Corporaciones dependiente de la Junta Nacional Carlista de Guerra, elaboró un proyecto de organización sindical y económica para dar respuesta a la urgente problemática económica y social en que se había visto sumida España desde el triunfo del capitalismo liberal. Fruto de ello fue la creación de la Obra Nacional Corporativa, con el incipiente establecimiento de modos de producción basados en los principios propuestos por la misma y que a continuación reproducimos. Como es sabido los carlistas se unieron al alzamiento para “salvar a la religión y a la Patria”, sin embargo pronto demostraron ser la fuerza política más popular y con mayor fondo doctrinal del conjunto un tanto heterogéneo de cuantos concurrieron al bando nacional. Los carlistas estaban en la vanguardia de la primera línea de fuego, pero conforme se avanzaban posiciones también estaban en condiciones de dirigir la política de la nueva España con más legitimidad que ninguna opción política. La cosmovisión carlista es global, y posee una sensibilidad social muy acendrada. En otras ocasiones nos hemos referido en este blog a la experiencia obrerista carlista. Sin embargo el Carlismo estaba muy lejos de ser un mero movimiento clasista. Cuando se dice que el carlismo ha tenido durante la mayor parte de su historia un carácter popular no se está haciendo una consideración determinista ni se está aplicando una interpretación materialista de la misma. Es carlismo ha sido popular porque concitó la adhesión en un primer momento de la mayoría de los españoles para después no perder una honda influencia en la vida política, social y cultural española. En el carlismo convivieron siempre en armonía gentes de toda extracción social, es un movimiento interclasista pero nada igualitarista. Cuando era popular representaba una ejemplificación de la armonía en la que las jerarquías sociales convivían, cada una con las responsabilidades que su posición determinaba. Profesionales, campesinos, artesanos, funcionarios, obreros, patronos, nobles, etc. en el carlismo jamás se miró la cartera sino la rectitud del alma, la pureza del corazón y el criterio sano en el entendimiento.

Desde esta perspectiva es donde nace la propuesta social y económica de la Obra Nacional Corporativa, ofreciendo un programa para la recta justicia social (que es todo lo contrario del igualitarismo), proponiendo un modelo original y actual para su tiempo. Lamentablemente sus principios sólo se aplicaron muy levemente; los falangistas y su Central Nacional Sindicalista (CNS) se convirtieron en la columna vertebral de la política social del régimen.

PLAN DE LA OBRA NACIONAL CORPORATIVA

I. Espiritualidad

Ante todo afirmamos la necesidad de una fuerte espiritualidad, sin la cual, ni la vida tiene sentido, ni los mismos problemas económicos y sociales, solución. Mantenemos el principio de volver, en las jerarquías y en las relaciones sociales, al imperio de los valores morales eternos: el honor, el deber, la disciplina, el control de una conciencia recta, sobre todos los actos. El materialismo engendra la esclavitud y la tiranía, porque los medios económicos están siempre en pocas manos y cuando todo gira en torno a su posesión, no hay unión ni solidaridad posibles; no hay más que egoísmo y ambición en los que poseen y desesperación y odio en los desposeídos. Los bienes espirituales, -la inteligencia, el valor, la virtud- distribuidos por Dios sin consideración a las categorías económicas y sociales, cuando influyen decididamente, en la vida y jerarquías de los pueblos corrigen las injusticias de aquella y restablecen la armonía en la justicia. Por eso, frente al materialismo liberal o marxista, nuestro movimiento, es ante todo espiritualidad, condenación implacable del egoísmo y del odio, sentimientos únicos de aquel; exaltación, no de una clase, ni de unos intereses, sino del espíritu y sus valores, que son patrimonio de todos. Y nuestra espiritualidad, no tendrá base ni consistencia, si no fuera religiosa. Por eso se fundamenta en la Fe católica, que de una u otra forma se encuentra firmemente arraigada en todas las almas españolas.

II. Nacionalismo

Además de la de hijos de Dios, una condición nos une a todos, pobres y ricos, altos y bajos: la de ser españoles. El orgullo de serlo, ha de llenar nuestra vida. A la gloria de España, han de supeditarse todos los intereses temporales. A España han de servirla todos: los capitalistas, los patronos, los técnicos, los obreros. Toda la producción, todas las actividades económicas y todos los esfuerzos, han de montar en adelante, un servicio nacional permanente, con estas consignas: nuestros productos los mejores; nuestro trabajo el mejor y el de mayor rendimiento; nuestros técnicos los primeros; nuestras tareas, hasta las más humildes, llenas de ilusión nacional de inspiración y de arte. Toda la vida española en la paz habrá de ser una creación constante. Todos para España. Pero también, España para todos dentro de un orden riguroso: sus campos, sus fábricas, sus productos, su cultura, sus tesoros. Ni paro, ni miserias ni abandonos. Nadie que cumpla sus obligaciones para con España deberá carecer en España de lo necesario para la vida. El Estado nuevo, tradicionalista, toma la responsabilidad de hacer efectivos estos postulados.

III. Política

Todos los movimientos sociales y económicos, están condenados al fracaso si no van incorporados a una concepción política completa. El Resurgimiento, o lo es en todas las actividades o no es Resurgimiento. Cuando un pueblo se levanta, se levanta todo él, todos sus componentes, las artes, las ciencias, el comercio, el trabajo, la industria, las milicias .-Cuando un pueblo se hunde políticamente, todas sus actividades padecen. El apoliticismo sindical y económico es una estupidez agotada en su concepción. Los trabajadores y productores no pueden seguir ajenos a la dirección general del pueblo constituido por ellos mismos; no pueden seguir construyendo para que unos políticos pestilentes destruyen su obra. El apoliticismo, cuando el ser político era estar con uno u otro partido, podía tener una dignidad y un sentido nacional. Cuando este sentido nacional se impone en la gobernación y dirección del país, el desentenderse de la labor política tiene todo el aspecto de una deserción cobarde y egoísta. En la concepción tradicionalista, esto es, netamente española, los partidos desaparecen y el Estado se funda sobre las fuerzas vitales organizadas. Todas sin excepción deben ponerse en pié; el trabajo, la producción, la cultura, etc. El tradicionalismo reivindica y garantiza sus derechos frente a la ruin política con todo el vigor de sus requetés que están para eso; para rehacer una España nueva, orgánica, fecunda, jerárquica, imperial y sincera, sin máscaras partidistas. Ser tradicionalista no es meterse en un bando más, es trabajar sinceramente cada uno en su puesto y servir desde él a España. La Obra nacional-corporativa es una de las magnas concepciones del Resurgimiento español tradicionalista.

IV. Trabajo

Con los trabajadores se han cometido y se pueden seguir cometiendo las más inicuas explotaciones si se persiste en el error de seguirles considerando como elementos de una clase inferior y horizontal: el proletariado. Todos los vividores políticos parlamentarios de izquierda o de derecha, se han envilecido, halagándole porque era numeroso; por egoísmo y por miedo. Pero nadie ha pensado en remediar de raíz su condición desesperada de parias. Porque nadie, más que la concepción orgánica tradicionalista, podía hacerlo. Se pedían para ellos mayores jornales, pero sin sacarles jamás de su condición de proletarios; se les proporcionaba ventajas y viviendas, pero de proletarios; derechos, pero de proletarios. Y al llegar a la meta de sus reivindicaciones, al marxismo integral, se encontraban con esta condición desesperada de proletarios extendida a todos. Todos proletarios, bajo un amo único; el Estado. Este era el final. -Nosotros decimos, que el proletariado, esa masa inmensa sin propiedad, sin hogar, sin amigo, sin taller, sin trabajo constante, sin oficio fijo, abandonada a la contratación de un jornal eventual, es un producto de la destrucción liberal de las propiedades comunales, de los cuadros gremiales, de las organizaciones corporativas, de toda la idea orgánica cristiana; que mientras se acepte como un hecho normal la existencia de esta clase proletaria, es fatal la agrupación sindical de la misma con un sentido de odio y de revancha; que la única solución radical es la organización de! proletariado en las organizaciones restauradas del Trabajo. La Obra Nacional-Corporativa, no seguirá considerando la existencia del proletariado, sino una anormalidad peligrosa, cuya desaparición, por su reincorporación a las distintas actividades y oficios de todos sus componentes, será la primera tarea de la sociedad nueva.

V. Táctica sindical

Sindicarse los trabajadores, incluso los de varios oficios, para luchar contra el capital y los patronos, para pedir más jornal y trabajar menos, es una táctica agotada que no da más de sí. Sea cualquiera la fórmula con que se produzca, está llamada a fracasar. En este camino, característicamente marxista, todo está ensayado y desacreditado.Los sindicatos de obreros incorporados a la Obra nacional-corporativa, tendrán como fines y consignas esenciales:a) No abandonar a los trabajadores aislados, a la contratación libre y sin defensa de su trabajo, y, establecer y vigilar en cada industria u oficio las condiciones en que ha de prestarse teniendo en cuenta las exigencias de la vida, las posibilidades de la producción y el rendimiento y calidad del trabajo.b) Crear o contratar, los seguros necesarios para evitar el paro y remediar los accidentes de inutilidad o muerte.e) Convertir a los trabajadores en productores; esta trasformación característica de nuestro movimiento, porque es la que incorpora a los sindicatos el carácter gremial esencial al mismo, se ha de conseguir: con la contratación colectiva del trabajo o labor de cada gremio u oficio en cada obra o industria; con la responsabilidad del sindicato o gremio en su ejecución, facilitando a éstos los capitales necesarios para el desarrollo de sus iniciativas debidamente controladas; creando en el seno de las organizaciones, una jerarquía del trabajo, que haga efectiva la labor y la responsabilidad; fundando el crédito de cada organización en e! rendimiento y calidad de su trabajo; capacitando a los trabajadores organizados para ascender al papel directivo de las empresas; facilitando la colocación de los productos del gremio o sindicato y protegiendo sus especialidades; restableciendo la propiedad colectiva de estos muebles e inmuebles, de instrumentos e industrias, y la libre disposición de los mismos a los fines sociales.d) Suprimir en la medida de lo posible, los intermediarios entre el trabajo y la producción o empresa, y, consiguientemente, los contratantes globales, reduciendo esta misión a los sindicatos o gremios y dando vida y estímulo, según queda dicho, a los contratos colectivos de trabajo divididos por oficios y profesiones y suscritos por aquéllos como primer paso y postulado esencial del nuevo orden de cosas.e) Regular las condiciones del trabajo según las circunstancias y posibilidades de cada región, comarca o localidad y resolver todos los problemas de la asistencia social dentro de éstos y de cada actividad industrial o comercial a ser posible.f) Implantar la participación del trabajo en los beneficios de la empresa, pero a base de las organizaciones y aplicable con preferencia a mejoras colectivas y fines profesionales que la hagan eficaz y verdaderamente útil.g) Reorganizar los oficios, artes y profesiones estableciendo formalmente su enseñanza y aprendizaje, restableciendo sus jerarquías y condicionando y garantizando su ejercicio, de tal modo, que se eleve el nivel medio de su calidad y rendimiento y se consiga que nadie que carezca de preparación y condiciones ejerza un oficio y nadie de los que lo ejerzan deje de tener asegurada siempre su colocación por el sindicato o gremio:h) Acabar con el aislamiento entre patronos o empleados y obreros, restablecer el trato y conocimiento entre éstos y los demás elementos integrantes de la producción y restaurar en fin, la conciencia de la solidaridad de todos ellos en las tareas y la responsabilidad de la producción.

VI. La consideración de la vida humana en la economía

En la concepción materialista liberal, la preocupación predominante ha sido la producción y el beneficio. A producir mucho y a ganar mucho, se ha sacrificado todo. El esfuerzo y la vida humana, pasaron a la condición de mercancías y la respuesta a esto, ha sido la revolución de las masas. Para nosotros, la producción y la economía nacional, tienen como misiones primarias mantener y subvenir a la vida de lo nacionales, garantizando a la misma condiciones mínimas de bienestar y satisfacción que al interés nacional importan sean las más elevadas posibles, dejando al juego de las diferentes actitudes naturales y a los insustituibles estímulos del interés privado, las mejoras de las mismas y la creación de las categorías económicas necesarias que así lo serían del trabajo de la virtud y de los valores morales básicos.En consonancia con este principio, y dentro del sistema general económico y social que propugnamos la Obra nacional corporativa, establecerá como reivindicaciones esenciales a las que se habrá de ajustar toda contratación sobre trabajo, las siguientes:a) El jornal normal vital, suficiente para cubrir las necesidades de un nivel mínimo de vida, establecido para cada región, comarca o localidad por los organismos corporativos de la misma, en vista de sus condiciones y de las posibilidades de su economía;b) El salario familiar que modificará el anterior y cuyo establecimiento es de interés público básico, porque constituye la garantía económica de la permanencia, crecimiento y poderío nacionales, imposible de establecer eficazmente y con generosidad, como tantas otras mejoras sin organización corporativa completa;c) Seguros de accidentes, muerte y paro, que deberán ser atendidos y resueltos por la propia organización corporativa de cada localidad o región, y, en caso necesario, por la nacional, procurando evitar la interposición de las Compañías de Seguros, teniendo en cuenta que cada actividad nacional debe mantener a los comprendidos en ella. Las organizaciones corporativas, constituirán necesidades de cualquier paro eventual y transitorio; responderán siempre a sus obreros de una parte mínima de su jornal, para este caso de paro; y tendrán derecho a exigirles por el mismo una cantidad también mínima de trabajo en obras de interés para la colectividad, la región, la localidad, la industria o la nación, de tal modo, que el jornal no falte nunca, que no se dé en balde y que este deber de seguridad y asistencia se traduzca siempre en obras útiles a la comunidad de que forma parte.

VII. Movilización del Trabajo

Para lograr hoy la reconstrucción nacional en todos los órdenes y para conseguir mañana la realización de las obras y empresas colectivas en las que se cifre el espíritu y la capacidad nacional de los pueblos, procede movilizar por el Estado o con su aprobación, aquellos trabajadores sin ocupación y .las máquinas o utensilios de las empresas o patronos sin empleo, dando a unos y a otros lo indispensable para el mantenimiento de aquéllos y el entretenimiento y amortización de las máquinas y útiles de trabajo. Con el jornal de mantenimiento se tendrán siempre en cuenta las necesidades familiares del obrero. Si éste pertenece a un sindicato o gremio y percibe del mismo los auxilios a que se refiere el número anterior, la movilización, no le dará derecho a otras percepciones y si éstos se entregan por el Estado o la entidad pública que movilice quedarán en beneficio de la organización.

VIII. Limitación y reorganización de los oficios y profesiones

El principio ya enunciado, de que todos los que poseen un oficio o profesión tengan asegurado su trabajo y colocación en la actividad correspondiente, supone el de que los oficios y profesiones no se ejerzan sino por aquellos a quienes prepare y autorice con el título correspondiente la organización gremial o corporativa a que el mismo pertenezca en cada localidad, comarca o región. Esto equivale a la reorganización de los oficios, artes y profesiones que se ha señalado como una de las finalidades de nuestra táctica sindical. El perfeccionamiento y eficacia del trabajo, estriba principalmente en esta reglamentación, que creará la verdadera solidaridad entre los trabajadores e irá reduciendo el tipo de jornalero anónimo sin oficio abandonado a una contratación eventual de su esfuerzo. La dignificación del trabajo y su elevación por la incorporación al mismo de una inspiración moral y artística, sólo así podrá conseguirse. Trabajar más y rendir más, es para nuestra espiritualidad, un imperativo de conciencia para España, una necesidad y el más grave y permanente de los servicios nacionales. El asegurar este trabajo en todos los aspectos y derechos del mismo, constituye la primera de las obligaciones de justicia. Los sindicatos y organizaciones de la Obra nacional-corporativa, consumarán la gran tarea de reorganizar y reivindicar los oficios, artes y profesiones de todo orden, con estadísticas y estudios sobre su situación, establecimiento regular y eficiente de sus enseñanzas en el seno de los mismos, con el auxilio del Estado, clasificación y restablecimiento de jerarquías, organización garantizada de las colocaciones en las empresas o centros de ramo y con cuantos medios indique su celo.

IX. Nuestra concepción corporativa en las ciudades

Para nosotros, las ciudades y concentraciones urbanas, no pueden seguir siendo lugares de lujo y miseria, de holganza y desamparo, de burocracia estéril y de hacinamientos anónimos. Reivindicamos los centros urbanos para los organismos superiores de la cultura y de la vida colectiva, para centralizar los resortes de dirección y mando y para restablecer en la paz las organizaciones de la producción y del trabajo. A la representación auténtica de estos organismos, vitales y fecundos, debe corresponder el gobierno y administración de la ciudad nueva, pletórica de fiebre creadora, todo lo genuinamente urbano, desde los nombres de las calles a los servicios municipales, deben volver en su mayor parte a las organizaciones del trabajo y de la producción, gremios, sindicatos y cooperativas, que constituyan su base sin perjuicio del lugar y el derecho de los valores espirituales nacionales e históricos que tienen en los centros de población su natural emplazamiento. Rechazamos la idea de la ciudad dividida en barrios pobres y ricos, burgueses y proletarios, de lujo y miseria. La hermandad nacional aconseja la proximidad y vecindad de los hogares, que permita el trato y el conocimiento. Nosotros no mantenemos la mejora de las viviendas obreras, con un carácter proletario, sino hasta donde permitan las posibilidades económicas del país. Las organizaciones sindicales y gremiales de la Obra nacional-corporativa resolverán estos problemas directamente, con el auxilio y apoyo de las administraciones municipales y del Estado y concluyendo de una vez con la especulación montada sobre este asunto por los intermediarios.

X. Contra las actividades de pura especulación

De todas las actividades económicas, la Obra nacional corporativa, tanto como protegerá las de producción en cualquiera de sus aspectos, tratará de ir eliminando las puramente especulativas y de mediación y de reducir las de cambio a sus límites indispensables, especialmente en aquellas cuestiones que como las de seguros obreros, casas baratas, etc., se refieren a necesidades de los trabajadores. En este sentido y a este fin, fomentaremos el cooperativismo y serán encomendadas a las organizaciones sindicales o gremiales y más adelante a las cooperaciones, todos los cuidados de este orden.

XI. Arbitrajes

Dentro de nuestras confecciones, eliminada la lucha social y las posibilidades de que se produzca, el arbitraje y sus órganos pierden la importancia decisiva que hasta hoy han tenido en la vida social y de la producción económica. Los Comités paritarios y Jurados mixtos dejan de ser instrumentos de esa lucha y se ven sustituidos por organismos cooperativos, no burocráticos, nacidos en el seno de las mismas organizaciones y encargados del impulso, regulación y mantenimiento de la actividad económica productora. Las leyes sociales y bases de trabajo, ya no son dictadas por un designio político y negativo, ajeno a la preocupación del trabajo y de la producción, sino que surgen de los organismos de ésta. Los casos de conflicto, cuando por excepción se produzcan, tienen una solución fácil y rápida en el seno de la misma organización corporativa, local o regional y en todo caso, hay la garantía suprema de la justicia impuesta por un estado plenamente nacional, cuyas bases orgánicas son las corporaciones o los organismos previos a las mismas.

XII. Seguridad en los derechos

Sin el mantenimiento inexorable de este principio, no hay vida económica ni social posible. Y este mantenimiento exige, que los derechos básicos, como los de propiedad y trabajo, no estén a merced de cambios políticos en el gobierno. Por ello, la estabilidad y firmeza del orden interno de los pueblos es incompatible con el régimen de partidos. La Obra nacional-corporativa, podrá imponer a los derechos cuantas limitaciones sean procedentes, pero se desarrolla sobre el reconocimiento pleno de los mismos y aspira a levantar sobre éste, todo el magnífico e insustituible estímulo de la iniciativa privada. Seguridad plena en el derecho a la propiedad, al jornal, al instrumento de trabajo, a los frutos del propio esfuerzo: he aquí, la primera necesidad del resurgimiento social y económico.

XIII. Regulación de la producción y de los precios

El solo estímulo de producir más, como el acicate de ganar, no son bastantes para promover, mantener y desarrollar la vida económica. La amarga experiencia de los últimos años, ha demostrado que la abundancia excesiva de productos, puede aniquilar a la producción misma y que la venta de éstos, en libre concurrencia, puede hacerse imposible por la desvalorización de los mismos. El nuevo orden encarnado por la Obra nacional-corporativa, atribuye a las organizaciones de este orden, en las que están agrupados todos los interesados en cada producción bajo postulados de interés nacional y público, la regulación de la producción y de los precios, para lo cual organizarán ferias y mercados reguladores, sin perjuicio de la vigilancia e intervención del Estado para el caso de conflicto entre las decisiones de este orden y el interés general, que quedará siempre garantizado. Ni una industria o explotación más de lo que permita la capacidad de la localidad, la región o el país; ni una sola cuya normal desenvolvimiento no esté garantizado en las condiciones generales del mismo; ni productos desvalorizados ni inasequibles; ni producciones.

XIV. Inspiración anti-marxista

Los movimientos obreros, hasta hoy, han estado inspirados por resentimientos característicamente marxistas: el odio y la revancha de clase. Ningún otro que se sienta empujado en lo íntimo por iguales móviles y acepte igual planteamiento de oposición y lucha en la restauración de la vida social y económica, es compatible con el orden nuevo y el nuevo espíritu.La Obra nacional-corporativa, restablecer, desde sus primeros pasos, la conciencia y el hábito de solidaridad en cuantos concurren a una actividad productora, como postulado esencial para el establecimiento de un régimen corporativo; incorporar a dichas, actividades un vivo sentimiento nacional y alumbrar en los trabajadores la ilusionada convicción de la posibilidad de su mejoramiento, de su redención como clase proletaria, de su ascensión posible a las categorías superiores de la producción y de su incorporación a las tareas que mantienen la vida de los pueblos.

XV. La Obra Nacional-Corporativa ha de ser necesariamente única

Cuando la Corporación y la idea orgánica, que partiendo de las actividades vitales de los pueblos que ella supone, viene a restablecer la unidad interna deshecha por los partidos, hacer de las organizaciones corporativas cuestión de bandos, envenenarlas con el espíritu partidista convirtiéndolas en modo de ensanchar particulares tendencias, sería el más monstruoso de los contrasentidos. La idea corporativa es por esencia, nacionalmente, una y única. Las Corporaciones no pueden ser varias y en lucha en cada actividad y ramo, sino aquellas que el Estado nacional, organizado sobre las mismas, reconozca y autorice. La creación oficial y legislativa, no es sin embargo suficiente; se necesita que la preceda un movimiento popular que forme esta nueva conciencia de unión y solidaridad entre las masas y esto es la finalidad esencial de la Obra nacional-corporativa.

Por estas mismas consideraciones, la idea orgánica corporativa, no admite en la dirección y representación suprema del Estado, sucesión de bandos y tendencias, ni la improvisación de caudillajes, necesariamente transitorios y efímeros, sino la permanencia de una institución nacida del seno nacional y tradicional de los pueblos, la dignidad de la máxima responsabilidad y la garantía de la continuidad y conocimiento de este primer oficio de conducción; o sea, cuanto es y representa el principio monárquico. Pensar y .decir otra cosa es señal de no haberse librado de los prejuicios y de la miseria intelectual y moral de las concepciones marxistas, democráticas y parlamentarias.

sábado, 17 de agosto de 2013

El Sindicalismo carlista del Movimiento Obrero Tradicionalista (M.O.T), 1963-1970

La lucha del Movimiento Obrero Tradicionalista se desarrolló tanto a nivel teórico, como al de alternativas prácticas. Entre estas segundas destacan la creación  de Cooperativas, como la de Viviendas CEVA y la de Producción CIAT, en Zaragoza en 1965; o la de Cooperativas de servicios en Alicante en 1966, o la Agrícola de San Carlos en Barcelona en el año 1968, entre otras. También se crearon asesorías jurídicas y cursos formativos para obreros por toda España.

A nivel teórico, el M.O.T desarrolló una importante labor de propaganda y formación obrera, tanto en sus revistas periódicas como Vanguardia Obrera Tradicionalista, Lucha Obrera de Cataluña (M.O.T-Cataluña) o Información-M.O.T (Alicante), como en manifiestos, octavillas, cuadernos y documentos editados por toda España.

Se realizaron numerosos cursillos formativos: Bilbao, Jerez de la Frontera, Manresa, Pamplona, Elda, Zaragoza etc. En el Cursillo Nacional de Elda (Alicante) de 1966, asistieron 128 representantes de 39 provincias. Hubo tanto Congresos Nacionales, como territoriales, con una importante elaboración doctrinal.

El 24 de marzo de 1965, se producían las primeras detenciones y procesamientos en el TOP (Tribunal de Orden Público) contra militantes del M.O.T, acusados de propaganda ilícita. Fue en la ciudad de Zaragoza.

De todo este trabajo teórico podemos resaltar los principales puntos del ideario de los M.O.T.

Para el M.O.T el sindicato ha de ser:

“1-Libre, es decir independiente de cualquier intromisión o tutela por parte de organismos que son ajenos a el, ya sean el Estado, los partidos políticos o cualquier grupo capitalista de presión.

2-Único por rama de producción.

3-Democrático. El sindicato se organiza de abajo a arriba, siendo los mismos sindicatos, los que  elijan libremente a sus líderes.

4.Horizontal. En el mundo capitalista el sindicato auténtico es un sindicato de lucha, es decir sólo de trabajadores. La presencia  del capitalismo dentro de los sindicatos, en lo que consiste la verticalidad, falsea la misión del sindicato. Este es el sindicato que corresponde a esta etapa de transición hasta que se llegue a la reforma de la empresa.

5.Órgano de representación política. Los trabajadores debemos participar en la vida política del país, siendo el medio más eficaz el Sindicato. El Sindicalismo ha de estar presente en los Ayuntamientos, Cortes y en los Órganos de Planificación Económica.

Se añadía además:

“Un sindicalismo libre, democrático y profesional ha de constituir la primera fuerza política de un país. Negar al sindicato funciones representativas, como en las democracias liberales, equivale a cortarles las alas, impedirle el acceso a ese mundo de la política, donde se toman las decisiones que han  de fertilizar la vida comunitaria”

Y sus fines los siguientes:

“1.Representar los intereses de los trabajadores

 2.Reforma de la empresa, superando la propiedad capitalista 

 3.Control de la seguridad social, evitando que esté en manos del Estado o del Capitalismo.

 4.Creación de una Banca Sindical. Como cauce de ahorro de los trabajadores.

 5.Conseguir la municipalización del suelo urbano para impedir la especulación urbanística.

 6.Promoción Obrera: profesional, académica, cultural e informativa.

 7.Transformación de la Sociedad. El sindicalismo pugnará por sustituir la riqueza, como factor vertebrado de la sociedad, por el trabajo.

Otros puntos del pensamiento de los M.O.T son el rechazo al principio de lucha de clases y al internacionalismo, auspiciados ambos por los sindicatos marxistas.

En el “Manifiesto del M.O.T a los Hombres del Trabajo” de 1964, se decía:

“Los hombres no se resignan a formas impuestas y buscan, en la revolución, lo que no les dan las mal llamadas democracias. Se está abriendo paso una nueva época en lo económico y como consecuencia en lo social y en lo político. Esta renovación, que ha de hacerse por ley inexorable de la Historia, por imperio de la necesidad, solo podrá ser de dos formas: marxista o cristiana. Por el odio y la lucha de clases, o por el amor y la lucha por la superación en la justicia, la libertad y la verdad” (...)

“Sin Patria nada es. Un hecho evidente es la caída de los nacionalismos, pero no el de Patria. En ella nacemos. De ella vivimos. Y por ella somos. Nos da el fondo, el estilo y un peso histórico que no podemos arrojar, si no queremos morir como pueblo, si no queremos perder perspectiva y misión. No creemos en los internacionalismos cuando va implícita la pérdida de algo tan serio y sagrado como es la Patria”

Sobre este último punto en el breve cursillo de formación de dirigentes M.O.T, se leía:

“los trabajadores forman una gran familia internacional. Esto no quiere decir que no tengan Patria, como dice el marxismo (…) esto conviene resaltarlo cuando el capitalismo hace mucho tiempo que opera a escala internacional y éste si que no tiene patria”.

El M.O.T también defendió el derecho a la huelga como arma de lucha sindical, separándose, así, de todos los "amarillismos" sindicales. 

“Esta afirmación, del derecho a la huelga, de un Movimiento Obrero que se titula Tradicionalista puede parecer chocante para quienes desconocen toda la esencia de la Tradición. El fundamento doctrinal está clarísimo en la doctrina de nuestros teólogos del siglo XVI cuando exponían las tesis de la licitud de la resistencia al mal gobernante. No tenemos más que trasladar esta doctrina del plano político al social y los principios continúan manteniendo toda su validez. El sistema capitalista no deja resquicio jurídico alguno para que las reivindicaciones populares puedan prosperar. La Ley garantiza la explotación capitalista y el trabajador solo puede invocar principios de justicia no legales. Y el actual sistema  judicial se ve frenado por el legalismo burgués. De ahí la licitud de la huelga como arma del Sindicalismo para conseguir sus objetivos, porque el capitalismo no va a ceder de buen grado por la simple vía del diálogo.” (El M.O.T de Cataluña y la reforma sindical, 1968)

Sobre el Sindicalismo y el Poder Político, los M.O.T también marcaron su postura:

“El Sindicalismo es una fuerza al servicio de la Justicia, dentro de la libertad. Por ello, el espíritu sindical se complace en el incremento constante de instituciones autónomas y comunitarias, en cuya opción los hombres puedan cotidianamente ejercitar su libertad. La lucha sindical acarreará la desaparición del actual Estado centralista. Pero siempre ha de existir un poder político, representante del Bien Común, al que debe sumisión el Sindicalismo, ¿Cuál es la naturaleza de las relaciones entre el Poder Político y el Sindicato? Existe una palabra del vocabulario tradicionalista que lo expresa maravillosamente: El Fuero. Si, el Fuero Sindical. El Estado debe respetar toda la vida interna del Sindicato, sin intromisiones de ninguna clase; la actuación exterior del Sindicalismo se mueve dentro del orden jurídico tutelado por el Estado, y puede ser sujeta a limitaciones. Limitaciones que han de estar basadas en el Bien Común y recogidas taxativamente en la ley recogida en Cortes, auténticamente representativas (…)

Finalmente el M.O.T, convencido de que para realizar todo cambio social ha de producirse una profunda transformación política, trabaja activamente por la instauración de una Monarquía Popular y Sindical. (El M.O.T de Cataluña y la reforma sindical, 1968)

martes, 13 de agosto de 2013

El Movimiento Obrero Tradicionalista en la estela de los Sindicatos Libres: El carlismo obrerista

(Propaganda de la revista  "Unión Obrera" de los Sindicatos Libres carlistas en los años "20")

El Movimiento Obrero Tradicionalista, tiene su origen en los primeros años de la década de los sesenta en el seno del carlismo. Sus primeros pasos se dieron en Murcia en 1963, con el claro objetivo de enlazar con la tradición obrerista del carlismo, especialmente con la experiencia de los Sindicatos Libres, creados por el carlismo en la primera mitad del siglo XX.

Uno de los primeros inspiradores fue el sindicalista  vasco Périco Olaortúa, antiguo militante de los “libres”, defensor de la propiedad sindical, pero no estatista y contrario al principio de la lucha de clases. En la circular de presentación, en 1963 del M.O.T, se leía:

“Este movimiento obrero de la Comunión Tradicionalista quiere ser dentro de la interpretación católica de la cuestión social, el germen  de un nuevo y renovado impulso en el carlismo, para su proyección en el mundo del trabajo”

Su órgano difusor fue la revista “Vanguardia Obrera Tradicionalista”. En 1964 el VOT transcribe en su número 3 un manifiesto  de Ramón Sales,  líder de los Sindicatos Libres carlistas, donde entre otras cosas se decía:

“Los Sindicatos Libres aspiran a la abolición del sistema capitalista”

El M.O.T de Cataluña también se consideraba continuador de la obra de Sales y de los Libres, y en un documento se definen como:

“No en vano es la vanguardia de la lucha obrera, la continuación de aquellos Sindicatos Libres, fundados en los años 20 por Ramón Sales”. (El M.O.T de Cataluña y la Reforma Sindical)

En las Conclusiones del Tercer Congreso del M.O.T celebrado en Madrid los días 31 de octubre y 1 de noviembre de 1965, se declaran partidarios del Corporativismo, en la más genuina tradición social católica:

“El Cooperativismo es un sistema social cristiano por excelencia, en donde el hombre vuelve a ocupar el puesto de primacía que le corresponde en la actividad productiva, sometiendo el capital a su servicio y reduciéndole a sus justos límites de instrumentos de la producción y no como medio de dominio del hombre (…) Frente a la propiedad privada de unos pocos y a la propiedad colectiva que es de uno solo, el cooperativismo supone la propiedad privada para todos a la vez, que es una propiedad social al servicio de los socios. (…) El Tradicionalismo, fiel a los principios sociales cristianos que constituyen  la esencia de su doctrina, propugna el sistema cooperativo como una solución que contribuirá a resolver el problema social económico de nuestros días.”

En el mismo Congreso se proponen como textos básicos de formación para los militantes del M.O.T los siguientes libros: “Breve historia del Legitimismo español” de Melchor Ferrer, “La Monarquía Social y Representativa” de Rafael Gambra y “Antología de textos de Vázquez de Mella” también de Rafael Gambra. Así como el Breve curso del M.O.T; en este texto tras una feroz crítica al capitalismo liberal y a los sindicatos verticales franquistas, se definía de la siguiente forma al sindicalismo anarquista y marxista:

“Los anarquistas son fieles al ideal obrero del reparto y de la propiedad en manos común. Pero dos fallos garrafales cometieron: 1-emplear como única táctica la violencia, ejercida muchas veces contra inocentes 2- sus dirigentes están al servicio de la burguesía masónica (la historia de España los confirma). Los sindicatos marxistas representan la traición plena al ideal obrero. Estatismo, materialismo dialéctico en oposición al recio humanismo de la familia obrera, sacrificio de todo respeto a normas morales en aras de una táctica absorbente. Como decía Marx y repetía Lenin el marxismo no es un movimiento obrero sino una fuerza dirigida por intelectuales burgueses. La subordinación ciega de estos sindicatos al partido los incapacita para representar la causa obrera”.

Sobre el marxismo se añadía:

“La colmena es el resultado de la aplicación del marxismo a una sociedad. Es otro intento de superar el liberalismo que conduce a una masificación peor que la occidental. En la sociedad marxista pura, la China, porque la rusa parece querer asomarse a Occidente, ha desaparecido hasta la apariencia de libertad. Libertad ¿para qué? Decía Lenin.

Los caracteres de la colmena soviética son:

1-Solidaridad entre hombres, impuesta coactivamente, nacida del odio a otros hombres. Los odiados reciben muchos nombres: contrarrevolucionarios, fascistas, imperialistas etc. Nótese que lo que define al enemigo no es el ser obrero o burgués, sino el estar excomulgados por el dogma marxista. Hay burgueses marxistas y obreros anticomunistas, estos son sus peores enemigos.

2-Las decisiones de gobierno pertenecen en exclusiva a una minoría oficialmente definida: el partido.

3-Capitalismo de Estado. Las bases del capitalismo siguen  en pie; el único capitalista, el único patrón es ahora el Estado. El obrero sigue siendo una máquina; los peores salarios, las jornadas más duras de trabajo son las comunistas.

4-Dictadura del proletariado. Oficialmente se llaman democracias populares. Pero en realidad es un régimen totalitario en que todas las libertades fundamentales del hombre están encadenadas.

5-Toda la información es arma de propaganda política. Hablar de verdad o de mentira en cuanto lo que se diga coincide con la realidad de los hechos, carece de sentido político aplicado a la propaganda soviética. Si interesa decir que el descubridor de América fue un ruso, pues se dice. Si se afirma que el Papa es un servidor, hoy, de los intereses capitalistas y mañana que ha aceptado las tesis marxistas, no hay ningún rubor en proclamarlo.

6-El partido comunista verdugo y heredero de los antiguos grupos de presión. Los mata, hereda sus privilegios, los incrementa y ahoga la sociedad de forma total; controla todas sus manifestaciones religiosas, culturales, artísticas, políticas etc.”

El M.O.T desapareció en 1970 no pudiendo superar la alocada deriva huguista y la demagogia impuesta por la traición del ex-príncipe, truncándose así una interesante experiencia, no carente de errores y mimetismos epocales, pero muy sugerente en la proyección social anticapitalista del carlismo contemporáneo.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

René de La Tour du Pin: Usura, capital y trabajo en la modernidad

Comprobar las consecuencias del desorden capitalista no podía bastar a La Tour du Pin. Quería aprehender las causas del sistema para acabar con éste. Y ¿qué encontró en la raíz del capitalismo? La usura.

En el lenguaje corriente, usura significa "cobro de un interés excesivo a razón del préstamo de un capital". Pero ésta es la definición del legalista o del moralista. El sociólogo tiene que considerar el fenómeno en sí. Dice La Tour du Pin: "Se alquila un objeto que se deteriora por el uso durante el tiempo de locación, tal como un caballo o una casa, porque se enajena realmente una parte de su valía que el locador no recuperará  cuando tome otra vez posesión de él: se prestan estos mismos objetos si es para un tiempo tan breve que su deterioración por uso sea imposible...El lenguaje ha conservado, por consiguiente, a la palabra "préstamo" su significado de servicio gratuito". Pero, si se alquila un objeto que será devuelto en su estado primitivo, hay usura.

Los moralistas bien pueden observar que el interés usurario se justifica dentro de ciertos límites cuando presenta el carácter de una indemnización de riesgo o no-empleo. Eso no cambia nada a la esencia de la operación: prestar a interés consiste en vender el tiempo, y el tiempo no es una mercancía. El capitalismo, régimen económico que funda su estructura en el préstamo a interés, cambia por tiempo una fracción del producto fabricado, vale decir del producto del trabajo. Cuando un capitalista "presta" cien mil pesos a un industrial para recibir un año más tarde ciento diez mil, consume el diez por ciento del trabajo de los productores sin dar nada en contrapartida, ya que el capital (no hablamos de los periodos anormales de inflacción) no se ha deteriorado.Ese interés es exactamente lo que Marx llama plusvalía: una parte del producto del trabajo que sirve para hacer vivir sin trabajar al capitalista. Así los productores mantienen una clase de inútiles improductivos, inútiles e improductivos por lo menos en el orden económico.

Ante tal comprobación los liberales suelen contestar que el capital es uno de los dos factores indispensables de la producción y es, además “trabajo acumulado”. Es inexacto, dice La Tour du Pin: “No es el arado el que trabaja, sino el labrador…No hay sino un agente de la producción, el trabajo, que produce con la ayuda de los agentes naturales que encuentra y los agentes artificiales que él mismo ha creado. Dicho de otro modo, el producto es trabajo multiplicado por trabajo…El capital es el producto de un trabajo anterior al que se considera en forma de mano de obra, nada más. No es “trabajo acumulado”. No es fuerza viva sino materia inerte”. De esto dinama que no se puede con derecho hablar del “salario del capital”. Este supuesto salario no es sino usura.

La situación es idéntica si se trata ya no de un préstamo en dinero sino de una asociación del capital y el trabajo bajo la forma de un préstamo de máquinas. El único "salario" legítimo de la máquina es su amortización, es decir la parte deducida del beneficio de la producción para mantener la máquina en buen estado y reemplazarla cuando esté desgastada; pero, en la realidad del sistema capitalista, no es el trabajador el que mantiene la máquina, sino la máquina la que mantiene al trabajador. Su dueño se apropia del producto del trabajo, paga al obrero un salario que ni siquiera, por lo general, le basta para mantenerse en buen estado y proveer a su propio reemplazo alimentando a sus hijos. La situación es, por consiguiente, al revés de lo normal. Es el trabajador quien se ha vuelto instrumento y es la máquina la que cobra el fruto de la producción. No hay asociación verdadera del capital y del trabajo, sino asociación de capitales que utilizan gratuitamente el trabajo de los obreros: gratuitamente, ya que, en el mejor de los casos, no se reconoce al proletario sino el mínimo vital que sólo le permite conservar su fuerza de producción.

Jaime María de Mahieu. Maurras y Sorel

domingo, 12 de agosto de 2012

La usura, en el corazón de la modernidad

Pero la raíz de toda la falacia capitalista está en el principio de que el dinero está destinado a reproducirse: la usura. Con toda consecuencia, Aristóteles condena toda usura (obolostatiké) como contraria a la naturaleza de las cosas, concretamente, a la del mismo dinero. Porque el dinero tiene como fin el servir para el intercambio de bienes y no el de reproducirse, como parto (Jtókos) de sí mismo; los intereses del dinero son, pues, "hijos del dinero"(nómisma nomísmatos). Son, por lo tanto, el modo de adquisición más contrario a la naturaleza, y, por ello, justamente odiado.

A esta misma conclusión debe llegar la teoría jurídica no perturbada por la influencia crematística. Porque, siendo el dinero una cosa consumible, cuyo fin es su consumición jurídica, el "gastarse", y no siendo posible que las cosas destinadas al consumo se reproduzcan en forma de frutos, se concluye que el dinero no puede producir más dinero, a modo de fruto civil, es decir, de "renta".

No se trata aquí de poner un límite al préstamo de interés, como ha hecho la doctrina tradicional, sino de negar que el interés sea fruto del dinero prestado; la consecuencia principal de esto está en negar que el inversionista aporte a la sociedad un bien productivo que le pueda justificar como "socio"; siendo así que sólo es un prestamista, un acreedor que queda fuera de la sociedad empresarial.

Si el préstamo va acompañado de una obligación de intereses, tenemos una promesa que aumenta la cantidad prestada en razón del aplazamiento de su devolución, casi como una pena, aunque convencional, por el retraso; es la misma razón que justifica los intereses moratorios que puede fijar un juez, o el aumento del precio de una compraventa por el convenio de su pago "a plazos", porque también el precio aplazado es dinero acreditado, es decir, prestado.

Lo que aquí importa dejar aclarado es que el dinero, por su misma naturaleza de bien consumible, no puede, en buena medida, rentar intereses.

El fraude doctrinal a esta evidencia jurídica puede atribuirse a la Ética calvinista y, concretamente, a Demoulin, que llegó a negar el carácter consumible del dinero por la engañosa razón de que las monedas no se consumen físicamente por su uso, sin distinguir que la consumibilidad puede ser, no sólo física, sino también jurídica. Pero su doctrina ha sido fundamental para toda la Ética económica de la modernidad.

La palabra latina reddere significa "dar algo en propiedad a alguien". La lengua española deriva de ella dos verbos distintos: "rendir" y "rentar". El objeto propio de "rendir" son los "servicios"; el de "rentar", el "dinero". Tenemos en esta distinción la misma que debe hacerse entre los "servicios" de la Economía y las "rentas" de la Crematística, e, indirectamente, entre la felicidad y el placer: un gran reto para el hombre de nuestro tiempo.

El Capitalismo, partiendo de que el dinero ha de rentar, no sólo ha erigido al dinero —un dinero ya abstracto, no corporal— en patrón y medida del valor de todas las cosas, sino en estímulo y fin de toda la actividad humana. De este modo, el hombre ha dejado de ser considerado por sus "virtudes", para serlo por la rentabilidad de sus "valores". Consecuentemente, la "filosofía de los valores" debe ser entendida como la propia del Capitalismo. Cuando hoy se habla tanto de "valores", no conviene olvidar la genealogía y la malicia de este concepto, incluso, para seguir la expresión de Carl Schmitt, su "tiranía".

Álvaro D´Ors. La Crematística,(revista Verbo). Para leer todo el texto PULSA AQUÍ