miércoles, 25 de septiembre de 2013

Plan de la Obra Nacional Corporativa carlista

Durante la Cruzada de Liberación Nacional la Delegación de Gremios y Corporaciones dependiente de la Junta Nacional Carlista de Guerra, elaboró un proyecto de organización sindical y económica para dar respuesta a la urgente problemática económica y social en que se había visto sumida España desde el triunfo del capitalismo liberal. Fruto de ello fue la creación de la Obra Nacional Corporativa, con el incipiente establecimiento de modos de producción basados en los principios propuestos por la misma y que a continuación reproducimos. Como es sabido los carlistas se unieron al alzamiento para “salvar a la religión y a la Patria”, sin embargo pronto demostraron ser la fuerza política más popular y con mayor fondo doctrinal del conjunto un tanto heterogéneo de cuantos concurrieron al bando nacional. Los carlistas estaban en la vanguardia de la primera línea de fuego, pero conforme se avanzaban posiciones también estaban en condiciones de dirigir la política de la nueva España con más legitimidad que ninguna opción política. La cosmovisión carlista es global, y posee una sensibilidad social muy acendrada. En otras ocasiones nos hemos referido en este blog a la experiencia obrerista carlista. Sin embargo el Carlismo estaba muy lejos de ser un mero movimiento clasista. Cuando se dice que el carlismo ha tenido durante la mayor parte de su historia un carácter popular no se está haciendo una consideración determinista ni se está aplicando una interpretación materialista de la misma. Es carlismo ha sido popular porque concitó la adhesión en un primer momento de la mayoría de los españoles para después no perder una honda influencia en la vida política, social y cultural española. En el carlismo convivieron siempre en armonía gentes de toda extracción social, es un movimiento interclasista pero nada igualitarista. Cuando era popular representaba una ejemplificación de la armonía en la que las jerarquías sociales convivían, cada una con las responsabilidades que su posición determinaba. Profesionales, campesinos, artesanos, funcionarios, obreros, patronos, nobles, etc. en el carlismo jamás se miró la cartera sino la rectitud del alma, la pureza del corazón y el criterio sano en el entendimiento.

Desde esta perspectiva es donde nace la propuesta social y económica de la Obra Nacional Corporativa, ofreciendo un programa para la recta justicia social (que es todo lo contrario del igualitarismo), proponiendo un modelo original y actual para su tiempo. Lamentablemente sus principios sólo se aplicaron muy levemente; los falangistas y su Central Nacional Sindicalista (CNS) se convirtieron en la columna vertebral de la política social del régimen.

PLAN DE LA OBRA NACIONAL CORPORATIVA

I. Espiritualidad

Ante todo afirmamos la necesidad de una fuerte espiritualidad, sin la cual, ni la vida tiene sentido, ni los mismos problemas económicos y sociales, solución. Mantenemos el principio de volver, en las jerarquías y en las relaciones sociales, al imperio de los valores morales eternos: el honor, el deber, la disciplina, el control de una conciencia recta, sobre todos los actos. El materialismo engendra la esclavitud y la tiranía, porque los medios económicos están siempre en pocas manos y cuando todo gira en torno a su posesión, no hay unión ni solidaridad posibles; no hay más que egoísmo y ambición en los que poseen y desesperación y odio en los desposeídos. Los bienes espirituales, -la inteligencia, el valor, la virtud- distribuidos por Dios sin consideración a las categorías económicas y sociales, cuando influyen decididamente, en la vida y jerarquías de los pueblos corrigen las injusticias de aquella y restablecen la armonía en la justicia. Por eso, frente al materialismo liberal o marxista, nuestro movimiento, es ante todo espiritualidad, condenación implacable del egoísmo y del odio, sentimientos únicos de aquel; exaltación, no de una clase, ni de unos intereses, sino del espíritu y sus valores, que son patrimonio de todos. Y nuestra espiritualidad, no tendrá base ni consistencia, si no fuera religiosa. Por eso se fundamenta en la Fe católica, que de una u otra forma se encuentra firmemente arraigada en todas las almas españolas.

II. Nacionalismo

Además de la de hijos de Dios, una condición nos une a todos, pobres y ricos, altos y bajos: la de ser españoles. El orgullo de serlo, ha de llenar nuestra vida. A la gloria de España, han de supeditarse todos los intereses temporales. A España han de servirla todos: los capitalistas, los patronos, los técnicos, los obreros. Toda la producción, todas las actividades económicas y todos los esfuerzos, han de montar en adelante, un servicio nacional permanente, con estas consignas: nuestros productos los mejores; nuestro trabajo el mejor y el de mayor rendimiento; nuestros técnicos los primeros; nuestras tareas, hasta las más humildes, llenas de ilusión nacional de inspiración y de arte. Toda la vida española en la paz habrá de ser una creación constante. Todos para España. Pero también, España para todos dentro de un orden riguroso: sus campos, sus fábricas, sus productos, su cultura, sus tesoros. Ni paro, ni miserias ni abandonos. Nadie que cumpla sus obligaciones para con España deberá carecer en España de lo necesario para la vida. El Estado nuevo, tradicionalista, toma la responsabilidad de hacer efectivos estos postulados.

III. Política

Todos los movimientos sociales y económicos, están condenados al fracaso si no van incorporados a una concepción política completa. El Resurgimiento, o lo es en todas las actividades o no es Resurgimiento. Cuando un pueblo se levanta, se levanta todo él, todos sus componentes, las artes, las ciencias, el comercio, el trabajo, la industria, las milicias .-Cuando un pueblo se hunde políticamente, todas sus actividades padecen. El apoliticismo sindical y económico es una estupidez agotada en su concepción. Los trabajadores y productores no pueden seguir ajenos a la dirección general del pueblo constituido por ellos mismos; no pueden seguir construyendo para que unos políticos pestilentes destruyen su obra. El apoliticismo, cuando el ser político era estar con uno u otro partido, podía tener una dignidad y un sentido nacional. Cuando este sentido nacional se impone en la gobernación y dirección del país, el desentenderse de la labor política tiene todo el aspecto de una deserción cobarde y egoísta. En la concepción tradicionalista, esto es, netamente española, los partidos desaparecen y el Estado se funda sobre las fuerzas vitales organizadas. Todas sin excepción deben ponerse en pié; el trabajo, la producción, la cultura, etc. El tradicionalismo reivindica y garantiza sus derechos frente a la ruin política con todo el vigor de sus requetés que están para eso; para rehacer una España nueva, orgánica, fecunda, jerárquica, imperial y sincera, sin máscaras partidistas. Ser tradicionalista no es meterse en un bando más, es trabajar sinceramente cada uno en su puesto y servir desde él a España. La Obra nacional-corporativa es una de las magnas concepciones del Resurgimiento español tradicionalista.

IV. Trabajo

Con los trabajadores se han cometido y se pueden seguir cometiendo las más inicuas explotaciones si se persiste en el error de seguirles considerando como elementos de una clase inferior y horizontal: el proletariado. Todos los vividores políticos parlamentarios de izquierda o de derecha, se han envilecido, halagándole porque era numeroso; por egoísmo y por miedo. Pero nadie ha pensado en remediar de raíz su condición desesperada de parias. Porque nadie, más que la concepción orgánica tradicionalista, podía hacerlo. Se pedían para ellos mayores jornales, pero sin sacarles jamás de su condición de proletarios; se les proporcionaba ventajas y viviendas, pero de proletarios; derechos, pero de proletarios. Y al llegar a la meta de sus reivindicaciones, al marxismo integral, se encontraban con esta condición desesperada de proletarios extendida a todos. Todos proletarios, bajo un amo único; el Estado. Este era el final. -Nosotros decimos, que el proletariado, esa masa inmensa sin propiedad, sin hogar, sin amigo, sin taller, sin trabajo constante, sin oficio fijo, abandonada a la contratación de un jornal eventual, es un producto de la destrucción liberal de las propiedades comunales, de los cuadros gremiales, de las organizaciones corporativas, de toda la idea orgánica cristiana; que mientras se acepte como un hecho normal la existencia de esta clase proletaria, es fatal la agrupación sindical de la misma con un sentido de odio y de revancha; que la única solución radical es la organización de! proletariado en las organizaciones restauradas del Trabajo. La Obra Nacional-Corporativa, no seguirá considerando la existencia del proletariado, sino una anormalidad peligrosa, cuya desaparición, por su reincorporación a las distintas actividades y oficios de todos sus componentes, será la primera tarea de la sociedad nueva.

V. Táctica sindical

Sindicarse los trabajadores, incluso los de varios oficios, para luchar contra el capital y los patronos, para pedir más jornal y trabajar menos, es una táctica agotada que no da más de sí. Sea cualquiera la fórmula con que se produzca, está llamada a fracasar. En este camino, característicamente marxista, todo está ensayado y desacreditado.Los sindicatos de obreros incorporados a la Obra nacional-corporativa, tendrán como fines y consignas esenciales:a) No abandonar a los trabajadores aislados, a la contratación libre y sin defensa de su trabajo, y, establecer y vigilar en cada industria u oficio las condiciones en que ha de prestarse teniendo en cuenta las exigencias de la vida, las posibilidades de la producción y el rendimiento y calidad del trabajo.b) Crear o contratar, los seguros necesarios para evitar el paro y remediar los accidentes de inutilidad o muerte.e) Convertir a los trabajadores en productores; esta trasformación característica de nuestro movimiento, porque es la que incorpora a los sindicatos el carácter gremial esencial al mismo, se ha de conseguir: con la contratación colectiva del trabajo o labor de cada gremio u oficio en cada obra o industria; con la responsabilidad del sindicato o gremio en su ejecución, facilitando a éstos los capitales necesarios para el desarrollo de sus iniciativas debidamente controladas; creando en el seno de las organizaciones, una jerarquía del trabajo, que haga efectiva la labor y la responsabilidad; fundando el crédito de cada organización en e! rendimiento y calidad de su trabajo; capacitando a los trabajadores organizados para ascender al papel directivo de las empresas; facilitando la colocación de los productos del gremio o sindicato y protegiendo sus especialidades; restableciendo la propiedad colectiva de estos muebles e inmuebles, de instrumentos e industrias, y la libre disposición de los mismos a los fines sociales.d) Suprimir en la medida de lo posible, los intermediarios entre el trabajo y la producción o empresa, y, consiguientemente, los contratantes globales, reduciendo esta misión a los sindicatos o gremios y dando vida y estímulo, según queda dicho, a los contratos colectivos de trabajo divididos por oficios y profesiones y suscritos por aquéllos como primer paso y postulado esencial del nuevo orden de cosas.e) Regular las condiciones del trabajo según las circunstancias y posibilidades de cada región, comarca o localidad y resolver todos los problemas de la asistencia social dentro de éstos y de cada actividad industrial o comercial a ser posible.f) Implantar la participación del trabajo en los beneficios de la empresa, pero a base de las organizaciones y aplicable con preferencia a mejoras colectivas y fines profesionales que la hagan eficaz y verdaderamente útil.g) Reorganizar los oficios, artes y profesiones estableciendo formalmente su enseñanza y aprendizaje, restableciendo sus jerarquías y condicionando y garantizando su ejercicio, de tal modo, que se eleve el nivel medio de su calidad y rendimiento y se consiga que nadie que carezca de preparación y condiciones ejerza un oficio y nadie de los que lo ejerzan deje de tener asegurada siempre su colocación por el sindicato o gremio:h) Acabar con el aislamiento entre patronos o empleados y obreros, restablecer el trato y conocimiento entre éstos y los demás elementos integrantes de la producción y restaurar en fin, la conciencia de la solidaridad de todos ellos en las tareas y la responsabilidad de la producción.

VI. La consideración de la vida humana en la economía

En la concepción materialista liberal, la preocupación predominante ha sido la producción y el beneficio. A producir mucho y a ganar mucho, se ha sacrificado todo. El esfuerzo y la vida humana, pasaron a la condición de mercancías y la respuesta a esto, ha sido la revolución de las masas. Para nosotros, la producción y la economía nacional, tienen como misiones primarias mantener y subvenir a la vida de lo nacionales, garantizando a la misma condiciones mínimas de bienestar y satisfacción que al interés nacional importan sean las más elevadas posibles, dejando al juego de las diferentes actitudes naturales y a los insustituibles estímulos del interés privado, las mejoras de las mismas y la creación de las categorías económicas necesarias que así lo serían del trabajo de la virtud y de los valores morales básicos.En consonancia con este principio, y dentro del sistema general económico y social que propugnamos la Obra nacional corporativa, establecerá como reivindicaciones esenciales a las que se habrá de ajustar toda contratación sobre trabajo, las siguientes:a) El jornal normal vital, suficiente para cubrir las necesidades de un nivel mínimo de vida, establecido para cada región, comarca o localidad por los organismos corporativos de la misma, en vista de sus condiciones y de las posibilidades de su economía;b) El salario familiar que modificará el anterior y cuyo establecimiento es de interés público básico, porque constituye la garantía económica de la permanencia, crecimiento y poderío nacionales, imposible de establecer eficazmente y con generosidad, como tantas otras mejoras sin organización corporativa completa;c) Seguros de accidentes, muerte y paro, que deberán ser atendidos y resueltos por la propia organización corporativa de cada localidad o región, y, en caso necesario, por la nacional, procurando evitar la interposición de las Compañías de Seguros, teniendo en cuenta que cada actividad nacional debe mantener a los comprendidos en ella. Las organizaciones corporativas, constituirán necesidades de cualquier paro eventual y transitorio; responderán siempre a sus obreros de una parte mínima de su jornal, para este caso de paro; y tendrán derecho a exigirles por el mismo una cantidad también mínima de trabajo en obras de interés para la colectividad, la región, la localidad, la industria o la nación, de tal modo, que el jornal no falte nunca, que no se dé en balde y que este deber de seguridad y asistencia se traduzca siempre en obras útiles a la comunidad de que forma parte.

VII. Movilización del Trabajo

Para lograr hoy la reconstrucción nacional en todos los órdenes y para conseguir mañana la realización de las obras y empresas colectivas en las que se cifre el espíritu y la capacidad nacional de los pueblos, procede movilizar por el Estado o con su aprobación, aquellos trabajadores sin ocupación y .las máquinas o utensilios de las empresas o patronos sin empleo, dando a unos y a otros lo indispensable para el mantenimiento de aquéllos y el entretenimiento y amortización de las máquinas y útiles de trabajo. Con el jornal de mantenimiento se tendrán siempre en cuenta las necesidades familiares del obrero. Si éste pertenece a un sindicato o gremio y percibe del mismo los auxilios a que se refiere el número anterior, la movilización, no le dará derecho a otras percepciones y si éstos se entregan por el Estado o la entidad pública que movilice quedarán en beneficio de la organización.

VIII. Limitación y reorganización de los oficios y profesiones

El principio ya enunciado, de que todos los que poseen un oficio o profesión tengan asegurado su trabajo y colocación en la actividad correspondiente, supone el de que los oficios y profesiones no se ejerzan sino por aquellos a quienes prepare y autorice con el título correspondiente la organización gremial o corporativa a que el mismo pertenezca en cada localidad, comarca o región. Esto equivale a la reorganización de los oficios, artes y profesiones que se ha señalado como una de las finalidades de nuestra táctica sindical. El perfeccionamiento y eficacia del trabajo, estriba principalmente en esta reglamentación, que creará la verdadera solidaridad entre los trabajadores e irá reduciendo el tipo de jornalero anónimo sin oficio abandonado a una contratación eventual de su esfuerzo. La dignificación del trabajo y su elevación por la incorporación al mismo de una inspiración moral y artística, sólo así podrá conseguirse. Trabajar más y rendir más, es para nuestra espiritualidad, un imperativo de conciencia para España, una necesidad y el más grave y permanente de los servicios nacionales. El asegurar este trabajo en todos los aspectos y derechos del mismo, constituye la primera de las obligaciones de justicia. Los sindicatos y organizaciones de la Obra nacional-corporativa, consumarán la gran tarea de reorganizar y reivindicar los oficios, artes y profesiones de todo orden, con estadísticas y estudios sobre su situación, establecimiento regular y eficiente de sus enseñanzas en el seno de los mismos, con el auxilio del Estado, clasificación y restablecimiento de jerarquías, organización garantizada de las colocaciones en las empresas o centros de ramo y con cuantos medios indique su celo.

IX. Nuestra concepción corporativa en las ciudades

Para nosotros, las ciudades y concentraciones urbanas, no pueden seguir siendo lugares de lujo y miseria, de holganza y desamparo, de burocracia estéril y de hacinamientos anónimos. Reivindicamos los centros urbanos para los organismos superiores de la cultura y de la vida colectiva, para centralizar los resortes de dirección y mando y para restablecer en la paz las organizaciones de la producción y del trabajo. A la representación auténtica de estos organismos, vitales y fecundos, debe corresponder el gobierno y administración de la ciudad nueva, pletórica de fiebre creadora, todo lo genuinamente urbano, desde los nombres de las calles a los servicios municipales, deben volver en su mayor parte a las organizaciones del trabajo y de la producción, gremios, sindicatos y cooperativas, que constituyan su base sin perjuicio del lugar y el derecho de los valores espirituales nacionales e históricos que tienen en los centros de población su natural emplazamiento. Rechazamos la idea de la ciudad dividida en barrios pobres y ricos, burgueses y proletarios, de lujo y miseria. La hermandad nacional aconseja la proximidad y vecindad de los hogares, que permita el trato y el conocimiento. Nosotros no mantenemos la mejora de las viviendas obreras, con un carácter proletario, sino hasta donde permitan las posibilidades económicas del país. Las organizaciones sindicales y gremiales de la Obra nacional-corporativa resolverán estos problemas directamente, con el auxilio y apoyo de las administraciones municipales y del Estado y concluyendo de una vez con la especulación montada sobre este asunto por los intermediarios.

X. Contra las actividades de pura especulación

De todas las actividades económicas, la Obra nacional corporativa, tanto como protegerá las de producción en cualquiera de sus aspectos, tratará de ir eliminando las puramente especulativas y de mediación y de reducir las de cambio a sus límites indispensables, especialmente en aquellas cuestiones que como las de seguros obreros, casas baratas, etc., se refieren a necesidades de los trabajadores. En este sentido y a este fin, fomentaremos el cooperativismo y serán encomendadas a las organizaciones sindicales o gremiales y más adelante a las cooperaciones, todos los cuidados de este orden.

XI. Arbitrajes

Dentro de nuestras confecciones, eliminada la lucha social y las posibilidades de que se produzca, el arbitraje y sus órganos pierden la importancia decisiva que hasta hoy han tenido en la vida social y de la producción económica. Los Comités paritarios y Jurados mixtos dejan de ser instrumentos de esa lucha y se ven sustituidos por organismos cooperativos, no burocráticos, nacidos en el seno de las mismas organizaciones y encargados del impulso, regulación y mantenimiento de la actividad económica productora. Las leyes sociales y bases de trabajo, ya no son dictadas por un designio político y negativo, ajeno a la preocupación del trabajo y de la producción, sino que surgen de los organismos de ésta. Los casos de conflicto, cuando por excepción se produzcan, tienen una solución fácil y rápida en el seno de la misma organización corporativa, local o regional y en todo caso, hay la garantía suprema de la justicia impuesta por un estado plenamente nacional, cuyas bases orgánicas son las corporaciones o los organismos previos a las mismas.

XII. Seguridad en los derechos

Sin el mantenimiento inexorable de este principio, no hay vida económica ni social posible. Y este mantenimiento exige, que los derechos básicos, como los de propiedad y trabajo, no estén a merced de cambios políticos en el gobierno. Por ello, la estabilidad y firmeza del orden interno de los pueblos es incompatible con el régimen de partidos. La Obra nacional-corporativa, podrá imponer a los derechos cuantas limitaciones sean procedentes, pero se desarrolla sobre el reconocimiento pleno de los mismos y aspira a levantar sobre éste, todo el magnífico e insustituible estímulo de la iniciativa privada. Seguridad plena en el derecho a la propiedad, al jornal, al instrumento de trabajo, a los frutos del propio esfuerzo: he aquí, la primera necesidad del resurgimiento social y económico.

XIII. Regulación de la producción y de los precios

El solo estímulo de producir más, como el acicate de ganar, no son bastantes para promover, mantener y desarrollar la vida económica. La amarga experiencia de los últimos años, ha demostrado que la abundancia excesiva de productos, puede aniquilar a la producción misma y que la venta de éstos, en libre concurrencia, puede hacerse imposible por la desvalorización de los mismos. El nuevo orden encarnado por la Obra nacional-corporativa, atribuye a las organizaciones de este orden, en las que están agrupados todos los interesados en cada producción bajo postulados de interés nacional y público, la regulación de la producción y de los precios, para lo cual organizarán ferias y mercados reguladores, sin perjuicio de la vigilancia e intervención del Estado para el caso de conflicto entre las decisiones de este orden y el interés general, que quedará siempre garantizado. Ni una industria o explotación más de lo que permita la capacidad de la localidad, la región o el país; ni una sola cuya normal desenvolvimiento no esté garantizado en las condiciones generales del mismo; ni productos desvalorizados ni inasequibles; ni producciones.

XIV. Inspiración anti-marxista

Los movimientos obreros, hasta hoy, han estado inspirados por resentimientos característicamente marxistas: el odio y la revancha de clase. Ningún otro que se sienta empujado en lo íntimo por iguales móviles y acepte igual planteamiento de oposición y lucha en la restauración de la vida social y económica, es compatible con el orden nuevo y el nuevo espíritu.La Obra nacional-corporativa, restablecer, desde sus primeros pasos, la conciencia y el hábito de solidaridad en cuantos concurren a una actividad productora, como postulado esencial para el establecimiento de un régimen corporativo; incorporar a dichas, actividades un vivo sentimiento nacional y alumbrar en los trabajadores la ilusionada convicción de la posibilidad de su mejoramiento, de su redención como clase proletaria, de su ascensión posible a las categorías superiores de la producción y de su incorporación a las tareas que mantienen la vida de los pueblos.

XV. La Obra Nacional-Corporativa ha de ser necesariamente única

Cuando la Corporación y la idea orgánica, que partiendo de las actividades vitales de los pueblos que ella supone, viene a restablecer la unidad interna deshecha por los partidos, hacer de las organizaciones corporativas cuestión de bandos, envenenarlas con el espíritu partidista convirtiéndolas en modo de ensanchar particulares tendencias, sería el más monstruoso de los contrasentidos. La idea corporativa es por esencia, nacionalmente, una y única. Las Corporaciones no pueden ser varias y en lucha en cada actividad y ramo, sino aquellas que el Estado nacional, organizado sobre las mismas, reconozca y autorice. La creación oficial y legislativa, no es sin embargo suficiente; se necesita que la preceda un movimiento popular que forme esta nueva conciencia de unión y solidaridad entre las masas y esto es la finalidad esencial de la Obra nacional-corporativa.

Por estas mismas consideraciones, la idea orgánica corporativa, no admite en la dirección y representación suprema del Estado, sucesión de bandos y tendencias, ni la improvisación de caudillajes, necesariamente transitorios y efímeros, sino la permanencia de una institución nacida del seno nacional y tradicional de los pueblos, la dignidad de la máxima responsabilidad y la garantía de la continuidad y conocimiento de este primer oficio de conducción; o sea, cuanto es y representa el principio monárquico. Pensar y .decir otra cosa es señal de no haberse librado de los prejuicios y de la miseria intelectual y moral de las concepciones marxistas, democráticas y parlamentarias.

1 comentario:

  1. «Disminuyendo al máximo la propiedad individual y la estatal, el Carlismo conoce primordialmente las formas de propiedad social, cuyos sujetos sean la familia, el municipio, las agrupaciones profesionales y las sociedades básicas restantes. Y de acuerdo con ello, el Carlismo condena expresamente la desamortización de los bienes de las comunidades en el expolio con que la dinastía usurpadora fraguó artificialmente una clase burguesa de enriquecidos por méritos de favor político, a fin de sostenerse en el trono usurpado, exigiendo la reconstitución inmediata de los patrimonios sociales, especialmente de los municipales, previa indemnización a los poseedores de buena fe».

    Centro de Estudios Históricos y Políticos “General Zumalacárregui”, ¿Qué es el Carlismo?, ESCELICER, Madrid, 1971

    ResponderEliminar