
lunes, 26 de marzo de 2012
El primer objetivo: Restaurar la Monarquía, para restaurar la sociedad

jueves, 15 de marzo de 2012
Rubén Calderón Bouchet: Iluminismo y Política

La formación y desarrollo del pensamiento moderno con el consiguiente abandono de los valores tradicionales constitutivos del Occidente, para la consolidación de la sociedad materialista que vivimos. Desde Galileo Galilei hasta la fecha, otra obra imprescindible del maestro del tradicionalismo argentino.
"Cualquiera que haya seguido con cierta atención el nacimiento y el desarrollo de esa época que llamamos Edad Moderna habrá tenido la oportunidad, en más de una ocasión, de advertir el rumbo axiológico tomado por los estamentos burgueses a partir del siglo XVI. Habrá observado también el sello con que la moderna espiritualidad marca todas las otras actividades del hombre y les va imponiendo, poco a poco, el sesgo decididamente económico de sus preferencias. En algunos países con más celeridad y precocidad que otros, la política toma el tinte de una empresa capitalista; las ciencias buscan un conocimiento orientado a la posesión técnica del mundo físico; el arte se industrializa y da nacimiento al artista que hace de sus facultades un modo de vivir de acuerdo con el ritmo de su producción; la idea que el hombre tiene de su propia realidad cede también al influjo de esta disposición y surge la concepción del «homo faber» como si el único fin de la razón fuera la producción de cosas útiles."
(Rubén Calderón Bouchet)
Más información y pedidos en: Ediciones Nueva Hispanidad
jueves, 7 de abril de 2011
Charles Maurras: camino intelectual hacia la monarquía
En Francia la república fue un poder disolvente. No solamente no conservaba nada sino que malgastaba, dilapidaba sin ningún cuidado ni respeto la larga herencia física y espiritual del país. Maurras, por un momento entusiasmado con el boulangisme no pudo soportar mucho tiempo el ente demagógico que salía de esa confusa amalgama de jacobinismo, bonapartismo y chauvinismo de escarapela tricolor.miércoles, 9 de marzo de 2011
Resistencia cultural a la modernidad
Mientras exista en Europa una catedral, un castillo, una costumbre que recuerde el mundo de la cristiandad medieval y suscite la nostalgia de su disciplina espiritual, habrá una derecha. La habrá también en la medida en que la antiguedad pagana descubra sus viejos encantos y haga soñar a los jóvenes poetas con un retorno juvenil de los dioses olímpicos. Todo esto que en Norteamérica es lejano y definitivamente libresco, en Europa goza de una presencia turbadora que no puede sino influir en el alma de sus hijos más sensibles o menos ganados por la amnesia democrática inspirándoles una actitud de disconformidad que los llevará, inevitablemente, a una crítica implacable de las consignas revolucionarias.Rubén Calderón Bouchet. La luz que viene del Norte
sábado, 26 de febrero de 2011
Fortaleza y coraje en el militante católico
Se dirá que el coraje, el valor o la fortaleza es una virtud moral que nada podrá desmedrar mientras inspire una actitud firme frente a los obstáculos que la variada suerte de cada hombre opone a sus proyectos. El burgués no es más cobarde que cualquier otro tipo humano y aunque su apego a los bienes terrenos no haga mucho por desarrollar en él un sentido heroico de la vida, su indudable disposición hacia el dominio de las cosas le lleva a enfrentar con decisión todas las dificultades que surgen en el camino del éxito. Esto es también fortaleza y aunque muy limitada a los peligros físicos y totalmente desprovista de aquella magnanimidad y magnificencia que da a la pasión de los héroes y los santos su proyección trascendente.Se ha dicho, con gran exactitud, que el objeto principal de la fortaleza es el más grande peligro que el hombre puede correr. Esto se ve claro frente a la posibilidad de la muerte. La fortaleza consiste en la aptitud para enfrentar tales peligros: "propter aliquod bonum consequendum" (A causa de algún bien que debe conseguirse) como afirma Santo Tomás. Para esto, añade el Santo Doctor, debemos prepararnos mediante una larga meditación previa, a sacrificar todos los bienes particulares y, en primer lugar, la propia vida, en orden a la consecución de un bien más noble(Summa Theologica II, IIae Q. 123).
En esta perspectiva teológica, la fortaleza no es solamente capacidad para enfrentar eventuales peligros, sino la lúcida aceptación del sacrificio supremo, en la serena integridad de quien ha elegido el bien mejor y esto no puede suceder si no va acompañado de un profundo saber sobre el sentido último de la vida. Un coraje sin sabiduría, propio del temperamento bravío, no es fortaleza en sentido estricto y la ignorancia de los fines convierte el coraje en su deformación más vil que es la violencia. Violencia y poltronería son los vicios que conforman el ánimo de la irascibilidad burguesa.
Rubén Calderón Bouchet. El espíritu del Capitalismo
La AUSTERIDAD virtud social y militante.