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sábado, 12 de mayo de 2018

El Tradicionalismo español del siglo XIX (I)

En varias entradas extractaremos parte del prólogo del escritor grancanario Vicente Marrero Suárez a la selección de textos que él mismo hizo en "El Tradicionalismo español del siglo XIX", para la colección de Textos de Doctrina Política de Publicaciones Españolas. Dicho prólogo constituye una  síntesis bastante certera sobre la génesis y desarrollo del carlismo, con conclusiones que llegan hasta el siglo XX.

1. Las dos corrientes del siglo XIX: la liberal y la carlista.

Dos grandes corrientes actúan con toda claridad desde los comienzos del siglo XIX en la Historia de España: la liberal y, frente a ésta, lo que se ha llamado primero realismo y más tarde carlismo y tradicionalismo. En toda Europa, aunque el problema no se plantea de un modo tan radical como en España, sucede otro tanto. Tan es así, que historiadores de la talla de Leopoldo Van Ranke y Schnabel ven en la lucha entre monarquía y democracia el nervio central del siglo XIX. Democracia se entiende tal como fue acuñada en la baja Ilustración.
En España estas dos grandes corrientes suelen considerarse como una pugna entre absolutismo y liberalismo, como una lucha entre nuevos sistemas y viejo régimen, lo que fácilmente puede conducir al error. En y en otro bandos la mayoría de los diputados estaban de acuerdo en que debía hacerse una reforma, distinguiendo entre sí en el modo de proponerla.
Así, por un lado, se fue formando el bando liberal, y por el otro, primero, los realistas, con sus posiciones y manifiestos; después, en 1833, Don Carlos declarando la guerra, hasta que llegamos al año 1868, fecha memorable para el sector carlista, al engrosarse con grandes figuras del campo moderado, al mismo tiempo que toma más cuerpo la doctrina y gran pujanza en todo el país. Desde entonces se perfilaron las líneas y directrices que se han mantenido hasta el presente.

2. Realismo, carlismo, tradicionalismo.

La palabra realismo en las fuentes históricas, como dice Suárez Verdaguer, se emplea para designar a la corriente ideológica que desde las Cortes de Cádiz de 1812 hasta la guerra de los agraviados, en 1827, combate el liberalismo en todos los terrenos. La palabra carlismo se usa para ratificar las mismas ideas y los mismos nombres desde el momento en que Don Carlos se constituye en cabeza de esas ideas. La palabra tradicionalismo en muy tardía, y aparece en la segunda mitad del siglo, alcanzando vigencia en los años anteriores a la Revolución de 1868. A partir de esta fecha, los españoles comenzaron a alarmarse ante el auge de la revolución y el presentimiento de la quiebra de la monarquía de Isabel II.
Estas tres palabras, habitualmente se utilizan para designar el mismo hecho, significando confusamente, en el ánimo de la gente, lo mismo. La denominación de realismo cayó en desuso a partir de 1833. (...)
3, La dinastía y las ideas.

Por encima de un sistema, lo que caracteriza en España al campo carlista, si se le compara con otras tendencias tradicionales, fue su sometimiento leal a una dinastía que se consideró legítima desde su principio, que no claudicó, pese a sus muchas dificultades, en el ostracismo y que combatió sañuda y doctrinalmente todo lo que tuviera sabor liberal. Este es el secreto de la suprema madurez política de los carlistas frente a toda otra clase de tradicionalismo: el tener una dinastía que les unía ante las masas. El carlismo representa en el siglo pasado español [se refiere al siglo XIX, nota del transcriptor] a la ortodoxia monárquica, que reúne a los hombres en masas compactas y activas, y a la más estricta ortodoxia católica. Por el contrario, la monarquía liberal parlamentaria, aunque intente cubrírsele con salmodias religiosas, representa un principio, que hunde sus raíces en la honda intranquilidad social que conoció el mundo desde que el protestantismo hizo su erupción en la historia del espíritu de Occidente. María Cristina, como es sabido, se encontró con el dilema de conservar el régimen tradicional, reconociendo a Don Carlos, o de conservar la corona a cambio a cambio de reconocer el sistema liberal. (...)
La monarquía liberal, como la carlista, comenzaba en el trono, pero si la primera terminaba en la puerta del Palacio, la segunda llegaba al interior de los hogares españoles. La dinastía liberal no tenía pueblo; a lo largo de los siglos XIX y XX salió solitaria varias veces de España. El pueblo, en cambio, fue fiel a la dinastía carlista, batiéndose siempre que fue necesario por sus reyes y emigrando con ellos en grandes núcleos.


lunes, 26 de agosto de 2013

La Monarquía Social en el tradicionalismo político


LA MONARQUÍA TRADICIONAL ES SOCIAL

EL término fué empleado primeramente por la Tour du Pin.

Después se ha venido usando, aunque sin definirlo. Unos han entendido una democracia cristiana que si nos atenemos a sus orígenes sillonistas no son de carácter tradicional. Otros lo convierten en una nueva edición del despotismo ilustrado de los filosofistas del siglo XVIII. Otros, en fin, pretenden, al amparo de la Monarquía una demagogia reñida con la tradición, donde todo es orden y armonía. Sin embargo, La Tour du Pin había sido claro y contundente. «El Rey presidente hereditario de las Repúblicas Corporativas»
.
No es pues la Monarquía Tradicional en su carácter social lo que nuestros adversarios y los no tradicionalistas entienden. Nosotros entendemos por Monarquía social la organización de las fuerzas sociales en grandes Corporaciones, libres e independientes en su esfera interna, pero están sujetas a la autoridad real en el bien común y en la defensa propia. En la Monarquía social hay corporaciones de Trabajo y hay corporaciones que podríamos llamar Intelectuales. Corporaciones de Trabajo que tienden en su actividad a que sus incorporados gocen de beneficios morales y materiales. No son los Gremios antiguos, pero tampoco los Sindicatos modernos, aunque en ciertos aspectos los Anarco-Sindicalistas tuvieron un concepto de la Confederación de Corporaciones mucho más aproximado al tradicionalista que los partidarios de los modernismos totalitarios. Se comprende: En muchos autores anarquistas hay un claro reconocimiento de la tradición corporativa. Y hasta el mismo Karl Marx tuvo que reconocer que el capitalismo es obra de la sociedad posterior a la Tradición.

LA Monarquía social no es pues la que levanta Universidades Laborales, ni la que crea Escuelas Profesionales, ni edifica viviendas. Esto depende de las mismas Corporaciones que sabrán hacerlo mejor y más barato, sin parásitos y sin burocracia, porque son sus intereses los que se juegan. La Monarquía tradicional en el orden social crea, protege, ampara y defiende las corporaciones, y estas actúan coordinando sus esfuerzos uniendo sus recursos y defendiendo sus prerrogativas. Ellas se gobiernan, se administran y se desenvuelven independientes y en su esfera soberanas. Organizan su beneficencia, su formación profesional, sus actividades culturales, sus normas de trabajo, etc, es decir, todo lo que tiene un elemento vivo dentro de un Estado Moderno. Pero el Estado, por el Rey, que es el representante, defiende derechos, evita abusos que lesionan el bien común, es arbitro en las disputas cuando hay dos distintos intereses en pugna o con dificultades, y como que el Rey no depende de ningún litigante, como que el Rey es por sí mismo dispensador de justicia, da la razón al más débil, no por ser más débil, sino porque tenga razón, y sentencia contra el más fuerte, no por ser el más fuerte, sino cuando su pretensión es injusta.

No hay necesidad de Ministros de Trabajo, no otras alharacas. A lo más podrá crear el Rey el Consejo de Corporaciones, ya que un fuero nuevo se ha creado; el fuero de la Corporación. Y el Rey dispensa sólo Justicia. Brazo de Justicia para todo, encima de todos, al servicio de Dios y de la Patria.
(FERRER)

jueves, 4 de octubre de 2012

El legitimismo en la esencia del carlismo: Aviso a navegantes

"Bajo el título de tradicionalismo hay mucho turbio y equívoco, hasta el extremo de cobijar los que, si en su día fueron secuaces de la buena Causa, hoy andan perdidos por laberintos de liberalismo.

Sobre todo por haber olvidado que la legitimidad es la garantía del contenido ideal, algo así como el tapón precintado del vino de marca. Ya se sabe: salta el tapón y no hay quien responda del vino. Lo más natural  es que se corrompa. Carlismo, pues, de pura legitimidad, pues sin ella las ideas se corrompen. Por algo el posibilismo, que cierra los ojos a las exigencias de la legitimidad, suele ser el peor enemigo de la Causa"

(Álvaro d' Ors. Revista Montejurra nº22)

“La monarquía, como una esperanza remota, porque antes hará falta un gobierno fuerte, provisional, que reconstruya el país y que establezca una constitución para que pueda venir el rey”. Es decir, que la monarquía no es salvación, sino náufrago al que se ha de salvar. Los salvadores son ellos, un gobierno cualquiera, los más acreditados del demos, una república, el mando de muchos para restablecer la vida pública. Luego, esperanza remota…, cuando ya todo está construido, se pone como remate el adorno de un rey. ¡No sirve para otra cosa! Ese es el rey del régimen democrático constitucional y los que así piensan son revolucionarios hasta la médula aunque no lo sepan"

(Luis Hernando de Larramendi  ‘Cristiandad, Tradición, Realeza’)

"El carlismo tuvo arraigo popular gracias a su legitimismo dinástico, de tal modo que sin este hecho difícilmente hubiera aparecido en la historia española un movimiento político semejante, aunque su principal y más profunda motivación fuera religiosa. Podríamos encontrar semejanzas con otros movimientos antirrevolucionarios como la Vendée, los tiroleses de Austria o los cristeros de México. Pero estos casos, después de haber fracasado su levantamiento militar desaparecen como movimientos políticos. El carlismo, por el contrario, reaparece en la vida política española tras varias derrotas militares y largos períodos de paz en que se afirma que ha perdido toda su virtualidad. Se explica esta diferencia por el hecho de que la defensa de los principios político y religioso está íntimamente unida con la causa dinástica. Por ello Cuadrado puede afirmar que si ésta desapareciera su presencia se refugiaría “en las regiones inofensivas del pensamiento”.

Si se tratara de encontrar el medio para que desapareciera definitivamente el carlismo de la escena política española, habría que seguir aquella política que se propone desde El Conciliador. Hacer que desaparezcan las motivaciones dinásticas y de este modo se habrá conseguido que el carlismo no represente un permanente peligro de desestabilización política”.

(José Mª Alsina Roca. El Tradicionalismo Filosófico en España)



"Tal fue el caso de la tradicional monarquía española, por más que se haya querido ver en su historia una evolución constante y uniforme hacia la desaparición de las libertades y autonomías locales y sociales. Como dijimos, en poco o nada había variado de hecho nuestra organización municipal y gremial desde los primeros Austrias hasta Carlos IV, al paso que, desde la instauración del régimen constitucional, varía el panorama en pocos años hasta resultar hoy casi desconocida para el español medio la antigua autonomía foral y municipal.

La monarquía viene a ser así la condición necesaria de esa restauración social y política. Si todas las sociedades e instituciones que integraban el cuerpo social eran hijas del tiempo y de la tradición, en el tiempo y en la tradición deberán resurgir. Su restauración debe ser, necesariamente, un largo proceso. Para que se realice, se necesita de un poder condicionante que se lo permita y que las encauce y armonice en un orden jurídico. La Monarquía es la única de las instituciones patrias que puede restaurarse por un hecho político, inmediato; y ella es, precisamente, ese poder acondicionador y previo. En frase de Mella,

la primera de las instituciones, que se nutre de la tradición, y el canal por donde corren las demás, que parecen verse en ella coronada"

(Rafael Gambra. La monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional)

“Si esto es así, las exigencias de la restauración recorrerían un proceso inverso al que impuso la historia, y esta inversión del proceso parece imponerse en vista de la necesidad de romper, en primer lugar, las estructuras político-financieras de los poderes que dirigen la revolución y que hacen prácticamente imposible la restauración desde abajo. El poder estatal creado por la revolución es tan exclusivo, tan absoluto, que no se puede soñar con restaurar el orden social si no se comienza por poner los resortes de ese poder en las manos encargadas de la misión restauradora”.

(Rubén Calderón Bouchet)

jueves, 30 de agosto de 2012

La Monarquía social; única solución frente a la crisis "sistémica" actual

 (Don Sixto Enrique de Borbón con su pueblo. Pasto-Nueva Granada-Las Españas)

"España fue una federación de repúblicas democráticas en los municipios y aristocrática, con aristocracia social, en las regiones; levantada sobre la monarquía natural de la familia y dirigida por la monarquía política del Estado"

(Juan Vázquez de Mella)

"Y aquí como en tantos momentos surge la diferencia esencial entre la Monarquía tradicional y todos los demás regímenes de sello revolucionario, que son de opinión o de partido. La Monarquía, precisamente por estar vinculada al tiempo y a las generaciones, por situarse sobre los grupos e intereses y no deberles nada, procura apoyarse en las más viejas y estables instituciones y en las más nobles autonomías que, como ella misma, hunden su prestigio en la Historia. Sólo la Monarquía no entra en rivalidad con la sociedad, porque es, cabalmente, el único régimen social en el puro y profundo sentido de la palabra"

viernes, 20 de abril de 2012

La Monarquía contra la Revolución: Las formas nunca son accidentales en política


La Monarquía como estructura jerárquica social cuyo remate es la Corona con Cruz

La lucha secular entre la Monarquía y la Revolución encarnada como mecanismo político de la Democracia, ha dado como resultado que estos dos sistemas no sólo se diferencien por su estructura, sino por un contenido moral y doctrinal que como realidad histórica han adquirido y representan.

De aquí la ingenuidad de los teóricos accidentalistas de la forma de gobierno. Las formas no son nunca accidentales ni en filosofía, ni en arte y mucho menos en política, que es el arte de realizar en formas históricas, en cada pueblo, y en cada momento (hic et nunc) una doctrina y un contenido teóricos.

En España hay que raer de las mentes estos tópicos comodones. Ni la Monarquía es, teóricamente, la sola presencia del Rey en el trono, si no va acompañada de un sistema político y de un contenido moral del Estado, ni la República es la simple ausencia del monarca. La Revolución requiere la previa ausencia del Rey porque, fundadamente, le impone un obstáculo para la realización de su programa. Cuando en España nos declaramos monárquicos, no decimos únicamente que queremos un Rey a la cabeza del Estado, sino que esto es una consecuencia lógica y fatal de un sistema político, que implica también un determinado contenido moral y una estructura jerárquica social cuyo remate es la Corona con Cruz.

La Democracia, y su expresión política la República, es la forma normal en España de toda la doctrina contraria. Se engañan, y la experiencia nos está dando la razón, los que creen que la República es a modo de un vaso vacio que la voluntad de la mayoría—la democracia—va llenando en cada momento de un contenido diferente. Y no es así. La Monarquía afirma un contenido dogmático permanente que está por encima de las votaciones. El reflejo de esto es lo que llaman los demócratas obstáculos tradicionales. Pero la República también tiene sus dogmas y sus obstáculos tradicionales. Cuando la voluntad de la mayoría es contraria a los dogmas permanentes de la República, entonces los republicanos dicen que se les desvirtúa la República, que desaparece la esencia republicana del Estado. En la realidad histórica son dos cosas distintas democracia y República.

La República española ha nacido con la impronta de unos dogmas que por mucho que logremos triunfar, con los mecanismos democráticos. Jamás le lograremos arrebatar.

¿Cuál es, históricamente, el régimen conveniente para cada pueblo en cada momento de su vida? Muy largamente se podría disertar sobre este punto, pero una norma sencilla puede darnos la respuesta. Los regímenes son para los pueblos y no los pueblos para los regímenes. Cuando en una nación se han de poner a contribución todos los elementos vitales del país para sostener el régimen, cuando en cada crisis grave del país no se piensa más que en la necesidad de salvar el régimen, cuando la mayor parte de los conflictos públicos son provocados para sostener dogmas del régimen, entonces se puede afirmar que ese sistema es artificioso en aquel país y, desde luego, evidentemente nocivo.

Pedro Sainz Rodríguez, “La tradición nacional y el Estado futuro”. Acción Española, I, pág. 182, t. X.

lunes, 16 de abril de 2012

África marca la diferencia

(Pulsa en la imagen y medita la profunda diferencia entre la usurpación liberal y la auténtica monarquía tradicional)

"La monarquía cristiana, responsable y profundamente arraigada en los corazones, ofrece el contraste más brutal con el engendro nacido del liberalismo, el rey constitucional. En él se quita el rey lo que constituye la dignidad de los hombres: la responsabilidad de sus actos. Y se convierte en un fantasma, un juguete de los partidos, el sello en manos de un ministerio de mayoría, la burla del pueblo"

Vogelsang. Politique sociale

"El monarca conserva los honores, las apariencias y oficialmente el rango social de la antigua realeza; pero, en realidad, no es más que el remate heráldico de la nueva oligarquía. De modo que, sintetizando, podría decirse que el poder constituido en España es, no una monarquía, sino una poliarquía oligárquica y alternativa, exornada con las apariencias heráldicas de la realeza antigua"

Juan Vázquez de Mella. "La Iglesia independiente del Estado ateo"

Mientras Juan Carlos , el usurpador, caza en safaris de lujo en plena crisis económica, S.A.R Don Sixto Enrique se implica en todas las causas justas en defensa de los principios de nuestra civilización: PULSA AQUÍ

lunes, 26 de marzo de 2012

El primer objetivo: Restaurar la Monarquía, para restaurar la sociedad


"Tal fue el caso de la tradicional monarquía española, por más que se haya querido ver en su historia una evolución constante y uniforme hacia la desaparición de las libertades y autonomías locales y sociales. Como dijimos, en poco o nada había variado de hecho nuestra organización municipal y gremial desde los primeros Austrias hasta Carlos IV, al paso que, desde la instauración del régimen constitucional, varía el panorama en pocos años hasta resultar hoy casi desconocida para el español medio la antigua autonomía foral y municipal.

La monarquía viene a ser así la condición necesaria de esa restauración social y política. Si todas las sociedades e instituciones que integraban el cuerpo social eran hijas del tiempo y de la tradición, en el tiempo y en la tradición deberán resurgir. Su restauración debe ser, necesariamente, un largo proceso. Para que se realice, se necesita de un poder condicionante que se lo permita y que las encauce y armonice en un orden jurídico. La Monarquía es la única de las instituciones patrias que puede restaurarse por un hecho político, inmediato; y ella es, precisamente, ese poder acondicionador y previo. En frase de Mella,

"...la primera de las instituciones, que se nutre de la tradición, y el canal por donde corren las demás, que parecen verse en ella coronada"


“Si esto es así, las exigencias de la restauración recorrerían un proceso inverso al que impuso la historia, y esta inversión del proceso parece imponerse en vista de la necesidad de romper, en primer lugar, las estructuras político-financieras de los poderes que dirigen la revolución y que hacen prácticamente imposible la restauración desde abajo. El poder estatal creado por la revolución es tan exclusivo, tan absoluto, que no se puede soñar con restaurar el orden social si no se comienza por poner los resortes de ese poder en las manos encargadas de la misión restauradora”.

Rubén Calderón Bouchet

viernes, 2 de marzo de 2012

Monarquía popular y social contra plutocracia

"El poder del dinero es muy grande en el mundo de hoy. Un sacerdote conocido mío me dijo que ha leído un libro de un autor escocés La historia del dinero, en que prueba que el dinero, el capital, el dinero amontonado, ha vencido siempre en el mundo. Eso es históricamente falso: este sacerdote está al servicio del capitalismo y se consuela diciendo: "Siempre ha sido así en el mundo". Lo que es verdad es que el poder del dinero ha vencido siempre a los gobiernos débiles. El poder político de un gobierno fuerte lo puede al poder del dinero; pero gobierno fuerte no significa precisamente, entiéndase bien, ni tiranía, ni cesarismo, ni bonapartismo ni siquiera poder absoluto, significa simplemente gobierno bueno. Los gobiernos fuertes son los buenos gobiernos. El poder del dinero no puede contra un gobierno bueno; pero ese gobierno bueno tiene que luchar como un león si quiere dominar al dinero, es decir, si quiere ser bueno; tiene que luchar a veces hasta el martirio".

Padre Leonardo Castellani. "San Agustín y nosotros"

"Mi pensamiento fijo, mi deseo constante, es dar cabalmente a España lo que no tiene, a pesar de las mentiras vociferadas de algunos ilusos: es dar a España libertad, que sólo conoce de nombre; la libertad que es hija del Evangelio, no del liberalismo, que es hijo de la protesta. La libertad que es al fin, el reinado de las leyes, cuando las leyes son justas, esto es, conformes al derecho de la naturaleza, al derecho de Dios"

S.M.C Carlos VII

viernes, 10 de febrero de 2012

Charles Maurras y la monarquía


La monarquía es un sistema que hunde sus fundamentos en la estructura sacral y familiar de toda comunidad humana, y que está radicada en la historia y en la tradición de los pueblos; pero es muy interesante también esta prespectiva como remedio a la plutocracia, que tan genialmente desarrolló Charles Maurras. Proceso de conversión monárquica de Charles Maurras utilizando un metodo puramente "Positivista", se hizo monárquico porque era un bien para la nación francesa. Así de sencillo.

"Maurras preconizaba una alianza entre la inteligencia y la sangre: la dinastía, los elementos más antiguos de la nación, la tradición filosófica y religiosa combinadas. Quien reinará, en efecto, en los tiempos futuros? ¿La fuerza ciega del poder financiero? ¿El proletariado? ¿La técnica? ¿O bien "Otras fuerzas pero éstas personales, nominales y responsables"? ¿Y porque no el protector de las Letras, de las Armas y de las Leyes?. Abría que desarrollar aquí el pensamiento de Maurras sobre el dinero, en particular sobre el tipo de régimen, reflexión que tanto debe a Arístoteles como a La Fontaine y a la tradición católica. Aparte de sustentarse en la historia de Francia, su solución descansa sobre la hipótesis de una afinidad natural entre monarquía e inteligencia, cuyas propias dinámicas se oponen, a modo de frenos, a las fuerzas de la contestación y la destrucción."


sábado, 10 de septiembre de 2011

La Monarquía tradicional de Las Españas

Rey y Reinos

El ápice de la Hispanidad se puede decir que está en el reinado de Felipe II de España y I de Portugal. Congregando varios pueblos bajo su corona, Felipe sin embargo tenía la obligación de respetar las idiosincrasias, las tradiciones, privilegios y derechos de cada uno de sus reinos. A eso el historiador británico Sir John Elliott llamó monarquía compuesta [10], expresando así que lo que inspiraba este Imperio no era la centralización administrativa y la dominación de un pueblo sobre otro, sino la concepción de la hermandad entre todos los hombres y la cooperación entre ellos viviendo en una comunidad en que, resguardando sus legítimas libertades y tradiciones, se albergaban bajo un mismo rey, que era a su manera padre, juez y señor, protector, pastor de todos. Este rey no era absoluto, sino que estaba limitado por el derecho natural y por los pactos que expresaban las libertades de cada reino. De hecho, el Imperio portugués puede ser analizado como una federación de municipios, si tomamos en cuenta el poder de las Cámaras municipales y su autonomía. [...].

La idea de un rey que no es un dios ni divino, un rey limitado por la naturaleza de las cosas, limitado por el derecho natural y la justicia, limitado por las tradiciones y libertades establecidos por los pueblos: ese es el rey de la monarquía tradicional ibérica, ese es el rey portugués, ese es el rey de Las Españas. Ese es un rey que se adecuará a las idiosincrasias locales, posibilitando un Imperio en que conviven culturas de todo el mundo. Se trata de un régimen político radicalmente distinto tanto del absolutismo cuanto del liberalismo, se trata del régimen político que organiza la Hispanidad.

Nota: [10] Eliott, John. Una Europa de Monarquías Compuestas. En: España en Europa. València: Universitat de València,

Fuente: Alencar, F.L., Ruiz González, R. "¿Puede el cristianismo inspirar una cultura global? Una aproximación hacia la lusitanidad", [6. Rey y Reinos]. En: UNIV Forum Scientific Committee, Can Christianity Inspire a Global Culture? UNIV Forum 2010 Presentations / ¿Puede el cristianismo inspirar una cultura global? Comunicaciones Forum UNIV 2010, Universidad de Navarra, 2010. Pág. 43.

miércoles, 13 de julio de 2011

Usurpación monárquica: "decoraciones heráldicas de la revolución que usurpan su nombre"

"El monarca conserva los honores, las apariencias y oficialmente el rango social de la antigua realeza; pero, en realidad, no es más que el remate heráldico de la nueva oligarquía. De modo que, sintetizando, podría decirse que el poder constituido en España es, no una monarquía, sino una poliarquía oligárquica y alternativa, exornada con las apariencias heráldicas de la realeza antigua"

Juan Vázquez de Mella. "La Iglesia independiente del Estado ateo" discurso pronunciado en el Teatro de Santiago. el día 29 de Julio de 1902

La Monarquía representativa tradicional frente a la falsaria "república coronada" actual

lunes, 13 de junio de 2011

El objetivo del carlismo: la Monarquía social y representativa

Buenos Aires, 12 junio 2011, Domingo de Pentecostés. Ediciones Nueva Hispanidad nos ha facilitado una lista de sus novedades, de entre las cuales destacamos:

La Monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional, nueva edición de la clásica obra de Rafael Gambra Ciudad, con el patrocinio de la Fundación Francisco Elías de Tejada y un nuevo prólogo a cargo de José Antonio Ullate Fabo, en la colección "El 'otro' bicentenario". "En este escrito, que recorre las principales definiciones políticas de Vázquez de Mella, el autor, en síntesis original y superadora, realiza un memorable aporte al pensamiento tradicional". Fue don Rafael Gambra quien acuñó la expresión "Monarquía social y representativa", que hasta llegó a utilizar el franquismo para etiquetar la supuesta monarquía que iba a "instaurar"; bien que desprovista de los contenidos que se explican en este libro, y al margen y en contra de la legitimidad dinástica que le es inseparable. Una lectura imprescindible, un libro que no puede faltar en ninguna biblioteca tradicionalista.

martes, 7 de junio de 2011

La vocación universal (católica) de la monarquía carlista (hispánica).

Carlos I, monarca y legislador universal. Retrato de Rubens

Siempre los Reyes carlistas han ejercido como dignos herederos de la monarquía hispánica, no faltando a los deberes universales de la vocación católica y misionera que son la esencia de la misma. La monarquía que fue Espada de la Cristiandad, Corona de unos pueblos devotos y aventureros (con todas las contradicciones y debilidades intrínsecas a la herida naturaleza humana) se esforzó hasta la extenuación por la extensión de la Verdad y de la justicia y la libertad que iban unidas a la Santa Fe Católica, acabando con las bárbaras tiranías antropofágicas y respetando y preservando siempre la identidad de los pueblos evangelizados. Imponiendo asimismo la justicia social, estableciendo las firmes bases legales (Leyes de Indias) que dignificaron auténticamente el trabajo por encima del interés económico. Esa magna epopeya, seguramente la más importante de la historia de la humanidad tanto por la gesta descubridora y conquistadora como por la labor evangelizadora y civilizadora, fue capitaneada por una monarquía que con el tiempo fue usurpada por otra fundamentada en la antítesis de la original. Frente al catolicismo de la monarquía hispánica se impuso la impiedad liberal de los usurpadores, frente a la labor evangelizadora y desarrollista se abrazó el lucro capitalista, la usura y la sumisión a la sinarquía monetarista. Sin embargo los Reyes carlistas levantaron la bandera de la legitimidad preservando la auténtica esencia de la monarquía hispánica y ejerciendo de hecho de acuerdo a esa vocación universal, católica. Los Reyes carlistas tenían su prioridad en el frente de batalla, pero cuando las circunstancias aconsejaban una tregua temporal de las armas, los Reyes carlistas multiplicaban su implicación en todos los asuntos que importaban a la Cristiandad, sin descuidar sus deberes de Estado. Así se implicaban en la lucha contra la masonería; en los grandes conflictos continentales y mundiales, ejerciendo unas veces una importante labor diplomática al servicio de la Santa Sede, tomando en otras ocasiones directamente las armas en unos de los bandos contendientes; y en los problemas de la América y el Asia españolas, visitando directamente los continentes (algo que la monarquía usurpadora jamás hizo hasta muy reciente tiempo) que fueron España, atendiendo a los muchos carlistas exiliados en aquella parte del mundo, implicándose en las luchas políticas y en fin adelantándose con su labor a lo que seria la magnífica enunciación doctrinal de la Hispanidad.

En la actualidad, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, legítimo heredero de origen y ejercicio de la monarquía carlista, ha mantenido esta vocación universal, actuando como un auténtico Príncipe de la Cristiandad, vinculándose a la defensa de las causas políticas y sociales más justas, así como por mor de la devastación modernista que asola a la Iglesia Católica significándose como un reconocido e inflexible defensor de la Tradición Católica. Vocación universal heredada y inculcada desde su mocedad por su Augusto padre el Rey Javier I, quién lo envió a completar sus estudios y formación a Portugal, el último de los pueblos hispánicos con una significativa presencia civilizadora en África, llegando a participar en la guerra de Angola. Después esta implicación siempre ha sido audaz y esforzada. Desde su alistamiento como voluntario para la guerra de Las Malvinas a su denuncia del sionismo y del islamismo en El Libano, lo que le costó sufrir en persona el zarpazo de los terroristas con un atentado casi mortal, así como perder a su sobrino Don Eduardo Javier en otro atentado terrorista, pasando por la vicepresidencia de la asociación humanitaria S.O.S. Enfants d´Irak, que llevó una misión humanitaria presidida por S.A.R. hasta el mismo Bagdag pocos días antes del inicio de la agresión gringa contra Iraq, hasta el más reciente Alto Patronazgo de la ONG española Ntra. Sra. de África con la que recientemente ha visitado Libia. Todo ello junto a la constante presencia en los círculos políticos, militares e intelectuales más importantes de Rusia y de su constante dedicación al ámbito americano de la Hispanidad.

Esta vocación ha otorgado al Carlismo una posición privilegiada para la observación y el análisis de la conflictos y las relaciones internacionales. La última misión en la que ha participado Don Sixto en Libia sirve para poner de manifiesto la permanente dedicación de la monarquía carlista en la defensa del legado universalista de la monarquía hispánica. No cuenta hoy la monarquía con los medios necesarios para el establecimiento de la Verdad, la justicia y la civilización, pero su implicación en los grandes problemas políticos de índole mundial sobre las bases del derecho natural y de gentes sigue intacta.

Regresa de Libia Don Sixto Enrique de Borbón

Asociación Santa María de África Bajo el alto patronato de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Alliance France-Europe Russie Bajo el alto patronazgo de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
MAIC Medical Aid for Iraqui Children. S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón es miembro honorario

jueves, 7 de abril de 2011

Charles Maurras: camino intelectual hacia la monarquía

En Francia la república fue un poder disolvente. No solamente no conservaba nada sino que malgastaba, dilapidaba sin ningún cuidado ni respeto la larga herencia física y espiritual del país. Maurras, por un momento entusiasmado con el boulangisme no pudo soportar mucho tiempo el ente demagógico que salía de esa confusa amalgama de jacobinismo, bonapartismo y chauvinismo de escarapela tricolor.

No, indudablemente, la sola dictadura no era bastante. Carecía de continuidad y uno de los peores males atribuibles al sufragio y a los golpes de estado es que cada gobierno deshace lo que el otro hizo, convirtiendo la administración de la sociedad civil en una sucesión de actos convulsivos de donde desaparece la obra de los siglos. La monarquía hereditaria y legítima, conforme a la ley de sucesión establecida definitivamente por las costumbres francesas, le pareció a Maurras que era el único régimen que podía garantizar la continuidad de Francia (…)

El Rey era lo único que podía salvar a Francia de esta sumisión al poder apátrida del dinero. Por supuesto que Maurras no pensaba en una cándida personalidad milagrosamente sustraída a la presión de los sobornos, pensaba en una magistratura a la que no podía alcanzar, por su situación y su carácter hereditario, el asedio de la publicidad. Constituía parte de la naturaleza de la monarquía defenderse de los otros poderes sociales y muy especialmente de la agresión de las finanzas so pena de desaparecer miserablemente fagocitada por ellos. Maurras confiaba en que el Rey podría actuar sobre estos grupos, como lo confirmaban repetidos hechos de la historia. Una política sometida a las fuerzas internacionales del dinero ha dejado de ser francesa. Más, ha dejado de ser política, en el sentido restaurador y medical al que se refería Maurras en seguimiento de Aristóteles. El interés fundamental de las potestades financieras es destruir todo lo que no pueden comprar y aquello que no se puede comprar es todo cuanto hace a la nobleza, la perfección y la santidad de la vida. Lo que distingue, lo que califica, lo que hace del hombre genérico un francés, un inglés, un español, un italiano, etc. Todo cuando se inscribe en un proceso de perfección cultural debe desaparecer en beneficio de una masa homogénea, reiterable y sumisa a las consignas publicitarias propaladas por los medios de comunicación (…)

La influencia destructora que puede tener el dinero sobre la inteligencia se hace más constante a partir de la Revolución Francesa en que algunos centenares de familias se han adueñado de la banca (…) El oro es, sin duda, una representación de la fuerza, pero desprovisto de la firma del fuerte. Se puede asesinar al poderoso que abusa. El oro escapa a la designación y a la venganza (…)

La monarquía parecía imponerse en primer lugar como una restitución de la fuerza del poder ejecutivo que la permanente digresión de los parlamentos convertía en una potestad ilusoria y sin ninguna influencia eficaz para contener la decadencia de la nación sometida a una plutocracia meteca (…)

El dinero no podía ser un jefe de Estado, puesto que era el nacimiento y no la opinión quien le creaba. Cualquiera fueran las influencias financieras, hete aquí un círculo clauso y fuerte donde no podían entrar. Este círculo tiene su ley propia, irreductible a la fuerza del dinero, inaccesible a los movimientos de la opinión: la ley natural de la sangre. La diferencia de origen es radical, los poderes así nacidos funcionan paralelamente a los poderes del dinero, pueden tratar y componer con ellos, pero también pueden resistirle (…)

Tratemos de observar con un poco de agudeza los ingredientes políticos que Maurras pensaba oponer a la influencia demoledora del dinero. En primer lugar el monarca hereditario, en quien reconocía un interés particular, definitivamente adscrito a su magistratura, para defenderse del influjo financiero. Pero junto a esta magistratura, componiendo con ella una unidad que la tradición francesa hacía inevitable, estaba la Iglesia Católica Romana. Es ella la que instala su potestad en el fuero íntimo de cada creyente y, a partir de ahí, influye en las instituciones, se impone en el sistema valorativo tanto de los pobres como de los ricos y determina desde allí una relación con los bienes materiales inmunes a la corrupción financiera (…)

Francia, enferma de revolución y democratismo progresista, guardaba en su seno el recuerdo de la monarquía que a través de los siglos la había hecho lo que era y le había dado, políticamente hablando, el siglo de oro de su hegemonía europea. Para Maurras el trabajo principal de una política restauradora consistía en sacar a la luz este recuerdo y proyectarlo sobre la inteligencia y la voluntad de los mejores franceses, para que retomaran la tradición perdida (…) La prueba de que la monarquía era el mejor régimen que se podían dar los franceses estaba en su historia. Hacer política sin tomar en consideración la lección del pasado era una imbecilidad casi absoluta y que sólo los padres de la Revolución Francesa, inspirados por el miserable Rousseau, pudieron aceptar: “nosotros concebimos la monarquía como el régimen del orden y concebimos ese orden de acuerdo con la naturaleza de la nación francesa y con las reglas de la razón universal”

Pero el Rey es el soberano político, el punto culminante de una pirámide social constituida por una serie escalonada de asociaciones intermedias y no por individuos atomizados y desprovistos de todas sus solidaridades orgánicas. Maurras, con la atención puesta en el sistema familiar de la vieja Francia, consideraba que la base fundamental de semejante sistema reposaba sobre el derecho sucesorio.

Quien curara los dos plagas políticas que nos destruyen desde hace cien años: anarquía administrativa, anarquía estatal, Estado sin autoridad y administración dueña de todo, curará también el principio de nuestras miserias. Somos monárquicos porque consideramos que la monarquía es la única capaz de operar una y otra medicación” (Charles Maurras)

miércoles, 9 de marzo de 2011

Rafael Gambra: La Monarquia Social y Representativa en el pensamiento tradicional

UN LIBRO IMPORTANTE

"En este escrito, que recorre las principales definiciones políticas de Vázquez de Mella, el autor, en síntesis original y superadora, realiza un memorable aporte al pensamiento tradicional"

Índice:

Prólogo para el lector de 1973
Introducción.

I. «Lo social» y sus dos sentidos
II. La idea de soberanía social
III. La soberanía tradicional y el concepto de tradición
IV. Un régimen natural e histórico
V. El espíritu vivificador
VI. La Monarquía y sus determinaciones
Tradicional
Hereditaria
Federal
Representativa
VII. El proceso federativo
VIII. Necesidad y viabilidad del sistema
IX. Continuidad y ortodoxia

Información en la editorial Nueva Hispanidad

viernes, 3 de diciembre de 2010

Leonardo Castellani: El Rey, remedio a la Plutocracia.

El poder del Dinero (ése sí que es hereje) le tiene un miedo grandísimo a la Monarquía, como que es la única fuerza capaz de meterlo en petrina; por lo cual se aplica hoy con perseverancia a pintarla como un cuco , y a echarle agua bendita , conjuros y maldiciones . Pero la Monarquía , en su sentido amplio, es una cosa que está en la naturaleza y por lo tanto echada por la puerta vuelve por la ventana, disfrazada si es preciso : "una fuerza patente para meter en petrina a las fuerzas secretas"(...)

Para poder defenderse de la opresión de los poderosos inmediatos (de los cuales ninguno más peligroso y universal que el Hombre de Dinero) las mayorías tienen la tendencia de elevar a un hombre tan alto (y de esto es símbolo el Trono) que frente a él desaparezcan las otras desigualdades y en cierto modo "todos sean iguales"-frente a la Justicia del Rey. ¡Paso a la Justicia del Rey! decían en España. Mas los ricos necesitan un Rey que no los "pueda" a los ricos; o sea, que no lo sea: el Rey Constitucional , y el Presidente Coty.

Y esté es el fundamento filosófico de la Monarquía, fenómeno indestructible. Para obtener la Justicia, que es uno de los nombres de Dios, parece no haber más remedio que fabricar un hombre casi-como-Dios y hacerlo gobernar en nombre de Dios. Si sale malo, eso es lo malo; pero si sale malo los antiguos siglos cristianos lo derrocaban o lo mataban...

Leonardo Castellani. Pluma en ristre. pp 52-53. Ed LibrosLibres.

Novedad: El APOKALIPSIS DE SAN JUAN de Leonardo Castellani

lunes, 11 de octubre de 2010

Isabel la Católica. Sierva de Dios, Reina de la Hispanidad



Cetro y Corona de Isabel la Católica

ORACIÓN (uso privado)

Por intercesión de la sierva de Dios Isabel la Católica.

DIOS, Señor y Padre nuestro, que nos has manifestado tu providencia en la elección de tu sierva Isabel como instrumento de tu gloria en la dignificación cristiana del hombre, en la exaltación de la fe y su extensión al Nuevo Mundo. Te damos las gracias por este don sobrenatural de sus virtudes y de su ejemplo permanente desde las cimas del gobierno de los pueblos para la redención y la salvación de todos. Te rogamos te dignes perpetuar su intercesión en el Cielo para continuar su obra comenzada en la Tierra; y para obtener ahora las gracias especiales y favores que por su medio te pedimos, en unión con Cristo nuestro Señor y Mediador, que contigo y el espíritu Santo vive y reina y es Dios por todos los siglos. Amén.


Excelentísimos señores, queridos amigos:

Es para mí una gran satisfacción poder acompañarles en este simposio que, con motivo del Quinto Centenario de la muerte de la Reina Isabel de Castilla, la Católica, organiza la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Debo comenzar por expresar mi agradecimiento a la Universidad, que ha querido asociarme a la celebración. Conozco la Universidad desde hace decenios, pues goza de merecida fama, y me honro con la amistad de algunos de sus fundadores, singularmente la ejemplar familia Leaño, que hoy tengo ocasión también de renovar.

Como Infante de España y descendiente de la Reina Católica, son muchos los sentimientos que se me agolpan:

En primer lugar, una gran emoción de que este acto se celebre no en la vieja Península Ibérica, sino en la pujante Nueva España. Y en una Nueva España nacida al calor del amor a la Virgen María, en Guadalupe y aquí, más cerca, en Zapopan.

En segundo lugar que, dentro de la Nueva España, nos encontremos en Jalisco. ¡Cómo dejar de evocar la epopeya cristera, que en estas tierras se desarrolló con especial intensidad! Depositario de la legitimidad carlista española, no puedo dejar de recordar que aquellas guerras dinásticas del XIX se hicieron al grito de “por Dios, por la Patria y el Rey”, afirmación de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo que los mártires cristeros rubricaron con su grito “¡Viva Cristo Rey!”, y que los voluntarios carlistas todavía volvieron a hacer sonar en la cruzada de 1936-1939.

Finalmente no podría dejar de decir algunas palabras sobre la Reina Isabel, que quisiéramos ver pronto en los altares, una vez que los dictados de la “corrección política” (y eclesiástica) sean de una vez, y esperemos que definitivamente, dejados a un lado.

La meditación de su testamento debiera estar siempre presente en la mente de los gobernantes. Por las virtudes humanas y cristianas que exhibe. Por el temple de Reina que lo llena. Por el amor a la Hispanidad, aunque la palabra aún no se usara, que lo preside.

Pero son toda su vida y su obra las que deben ser objeto de meditación. Al reformar la Iglesia alejó el peligro de la “reforma” luterana, que habría de llegar más tarde a Europa, pero de la que el mundo hispánico se vio libre. Al llevar adelante la Reconquista, hasta el reino de Granada, último reducto moro, completó la recuperación de España, y hasta el final con la expulsión de los judíos no convertidos. Al afirmar la presencia castellana en el Norte de África, en la llamada Hispania Tingitana, demostró otra vez su celo apostólico y su aguda visión geopolítica. Y, sobre todo, al impulsar la gesta americana, sentó las bases de la Hispanidad, de las Españas grandes. Que sus sucesores consolidaron en la senda de su espíritu: Carlos I en la “Controversia de Valladolid” y en la legislación de Indias, completada luego por los Felipes.

La gesta americana no se puede comprender sin la acción de los Reyes y todo un pueblo en misión. Solórsano Pereyra, en su Política indiana resume que “la conservación y el aumento de la fe es el fundamento de la Monarquía”. Así fue la obra de la Reina Católica, que tantos frutos esperamos siga dando. Quiera Dios que este simposio sirva para que la Reina Isabel esté pronto en los altares.

Muchas gracias.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Guadalajara, Jalisco (Nueva España) 22 de mayo de 2004. Mensaje inaugural del "Seminario Internacional sobre la Sierva de Dios Isabel la Católica".


Isabel la Católica forma parte esencial de la Tradición Hispánica, pues toda su acción social y política viene guiada por el tetralema de Dios, Patria, Fueros, Rey legítimo. Así pone en el centro de su empeño político la consecución de la unidad católica de España con la derrota militar de los últimos reductos mahometanos (derrota para la cual empeña las arcas de la Corona y sus propias posesiones personales) y la expulsión de los judíos; emprende labores de reforma de órdenes religiosas en una época de relajación de costumbres en los monasterios; conduce toda la empresa del descubrimiento americano al bautismo de los indios. Ama a España profundamente, a la que quiere ver reunificada y libre del yugo invasor, dando un impulso a una Reconquista adormecida por la anteposición de intereses materiales por parte de algunos reyes cristianos anteriores. Entiende que el poder Real ha de ejercitarse con respeto de las leyes y las Cortes territoriales y concede nuevos Fueros a los territorios reconquistados, recorriendo y gobernando las Españas según sus tradiciones políticas y respetando el derecho consuetudinario; viviendo la variedad de las Españas también en lo cultural, vistiendo el traje tradicional de los territorios que visitaba e incluso expresándose e imprimiendo documentos oficiales en las lenguas particulares de cada uno de ellos (sin detrimento de la consolidación desde siglos atrás del castellano como lengua común, o española por antonomasia). Impuso un sistema de justicia social y redistributiva, sobre todo en las Leyes de Indias, tomadas como modelo de muchas reivindicaciones laborales posteriores. Y su sentido legitimista la llevó a reclamar sus derechos al trono de Castilla contra las intrigas palaciegas, fortaleciendo la monarquía y ejerciendo con rectitud cristiana el poder y el mando. Su vida y su actuación religiosa y política son la antítesis del liberalismo, por lo que es una infamia que su nombre y su Trono se vea usurpado por las antirreinas de la revolución.

Presentación del acto "Isabel la Católica y la Tradición Hispánica". Organizado por las Juventudes Tradicionalistas de España en Albacete el 15 de mayo de 2002.


[Agencia FARO] Madrid, 10 octubre 2010, mes del Santo Rosario. El próximo martes 12 de octubre se celebra, como es sabido, la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de Aragón, día de la Hispanidad y de la Raza (por más que en Argentina, donde apareció por primera vez esta denominación, pretenda suprimirla el tándem Kichner-Fernández, como FARO informaba recientemente). No se trata, sin embargo, de una supuesta "fiesta nacional", invento del Gobierno socialista de Felipe González en 1986. Por eso resultan lamentables los llamamientos de muchos supuestos patriotas para celebrarla como tal.

Los días oficiales de "fiesta nacional" son propios de los nuevos estados-nación surgidos de la Revolución. Una patria tan antigua como España no celebra semejantes cursilerías. A menos que se sostenga --como lo hacen Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y el PP, o el arrupita Fernando García de Cortázar-- que España nació de las falsas Cortes de Cádiz y la nefasta Constitución de 1812. En cuyo caso deberían poner la "fiesta nacional" el 19 de marzo. Porque lo que celebramos el 12 de octubre en la Península es la ocasión memorable en que nuestra tierra fue hollada por los pies venerables de la Santísima Madre de Dios; catolicidad a la que debemos, ciertamente, nuestra identidad nacional, y por consiguiente la empresa descubridora que extendió la Hispanidad por todos los continentes. Pero la Patrona Mayor de las Españas es la Inmaculada Concepción, cuya fiesta se celebra el 8 de diciembre.

LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN
Haz cuanto puedas por rezar el Rosario cada día, y si es junto con otros multiplicas el valor de tu oración y de tu filial amor a la Madre de Dios. Lleva su escapulario y una medalla. Sea cual fuere su advocación, la Virgen te acompaña. Pero en especial invócala en la del Pilar de Zaragoza.

Devocionario del Requeté

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La futura "reina" de España...un futurible políticamente correcto.

"El monarca conserva los honores, las apariencias y oficialmente el rango social de la antigua realeza; pero, en realidad, no es más que el remate heráldico de la nueva oligarquía. De modo que, sintetizando, podría decirse que el poder constituído en España es, no una monarquía, sino una poliarquía oligárquica y alternativa, exornada con las apariencias heráldicas de la realeza antigua".

“los hombres han de ser leales al Príncipe si el Príncipe es leal a los principios que encarna y si no, no"; “una Monarquía que sólo quiere tener derechos y ninguna responsabilidad, es una Monarquía parásita"
Acaba de publicarse un libro titulado "Letizia Ortíz: una republicana en la corte de Juan Carlos I", escrito por Isidre Cunill, un periodista catalán especializado en periodismo de investigación. Se relata en el libro un presunto pasado republicano y agnóstico de Letizia Ortíz, escándalos donde se incluyen presuntas detenciones por cuestiones de drogas, polémicas de tono sexual y un presunto aborto cometido en 1996.

El Matiner, no entra a valorar el contenido de este libro, ni su veracidad. Aprovechamos sin embargo la ocasión para recordar un antiguo texto del profesor Rafael Gambra, que narra simplemente un futurible..."políticamente correcto".

LA FUTURA "REINA" DE ESPAÑA...

Aquí tratamos el tema de la futura Reina de España sólo en hipótesis o posibilidad –futuribles que dicen los filósofos–, pero siempre dentro del marco constitucional vigente.

Esto sentado, pensamos que la futura Reina de España puede ser un negro homosexual, compañero sentimental o pareja de hecho del Rey, de religión musulmana o sin religión.

¿Por qué no? Se pensaría espontáneamente que debe ser una mujer. Pero esto sería con mentalidad preconstitucional y antidemocrática. La Constitución se basa en la igualdad y la no discriminación. Si las mujeres pueden ser militares o guardias civiles, ¿por qué un hombre no podrá ser reina o consorte o pareja del rey? Esta discriminación sexual está políticamente abolida.

¿Y por qué ha de ser heterosexual? Eso dependerá de la libre orientación sexual del monarca. Otra discriminación del pasado.
¿Y por qué de raza blanca? Discriminar razas es la más odiosa discriminación para una mente democrática. Racismo puro.
¿Y por qué católica? Esta discriminación sería hoy odiosa hasta para el Vaticano progresista.

Así pues, una Reina varón, negro, homosexual y musulmán sería una opción políticamente correcta. Y objetar algo, fascismo puro.

lunes, 23 de agosto de 2010

La Monarquía representativa tradicional frente a la falsaria "república coronada" actual.

(S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón en Madrid , el 27 de Septiembre del 2.008)

La Monarquía tradicional, nacida al amparo de la Iglesia y arraigada en la historia, es magistratura tan magnífica y se presenta de tal manera rodeada de majestad y grandeza a la mente del filósofo y al corazón del poeta, que ninguno que se llame monárquico, aunque sea de las monarquías falsificadas que ahora se estilan, si poseen alguna ilustración y entendimiento, puede dejar de rendirse ante ella y cantar sus glorias y ponderar sus maravillas, si forzado por las circunstancias, tiene que luchar contra los secuaces de la forma republicana.

Porque defender el parlamentarismo monárquico contra el parlamentarismo republicano sin apelar para nada a la Momarquía representativa tradicional es tarea imposible, como lo demuestran evidentemente los doctores constitucionales cuando, por medio de un vulgar sofisma, procuaran hacer de la Monarquía histórica y la revolucionaria una misma institución, con el propósito de atribuir a la segunda las glorias y prestigios de la primera.

Pueden conseguir así efectos de momento entre la indocta masa liberal; pero la verdad no tarda en abrirse paso a través de las argucias y sutilezas, y concluye por ser objeto de mofa o desprecio el sofisma si lleva su temeridad hasta el punto de confundir en uno, según lo exigen y lo piden las necesidades de la polémica, el principio y el ser de la Monarquía cristiana y de la parlamentaria liberal. Un abismo las separa. Porque, mientras una reconoce y expresa de la manera más adecuada todos los atributos de la soberanía, la otra los mutila y divide, dándoles sujetos diferentes y sustituyendo la unidad, que los reduce al orden, con equilibrios y combinaciones que la convierten en máquina artificiosa y complicada, incapaz de excitar afectos ni de engendrar convicciones.

En el suelo feraz del derecho cristiano brotó el árbol de la Monarquía representativa e histórica; y cuando se desarrollo fecundando por la savía popular, bajo sus ramas frondosas comenzó a levantarse la nación, que de él recibió el ser; y de tal manera se confundieron en una de sus vidas, que la robustez y lozanía de la institución monárquica coincidió siempre con la grandeza nacional, y la ventura y prosperidad de la Patria fueron siempre en España florecimiento de la Monarquía y acrecentamiento del amor a la realeza.

Por eso la Monarquía española es sinónimo de Nación española. Y por modo tan maravilloso se identifican en un mismo ser social, que no se puede suprimir la Monarquía sin suprimir la historia nacional, y, por lo tanto, a la nación misma. Elemento esencial de la Patria son las tradiciones fundamentales; y siendo la Monarquía la primera tradición política, claramente se deduce que es parte esencial de la Patria, y que, por la fuerza de la lógica, los que se levantan contra la primera tienen que aborrecer la segunda.

(Juan Vázquez de Mella)

Artículo recomendado: Lignières, Eriador

miércoles, 16 de junio de 2010

La Monarquía hereditaria: Los Reyes al servicio de la Tradición de las Españas.

-->Pero, en la verdadera monarquía, casi todos los ataques que se dirigen están fundados principalmente sobre un gran sofisma: el sofisma es no ver aquello que apuntaba ya Julio Feriol en un libro desgraciadamente incompleto y en el prólogo, que dedicó a Felipe II: los reyes no son una persona sola, son dos. En los Monarcas hay dos personalidades, y, cuando se les ataca, se suele no ver más que una sola, la que vale menos, la persona física. Un Monarca, es una persona física y una persona moral e histórica. La persona física puede valer muy poco, puede ser inferior a la mayoría de sus súbditos, pero la moral y la histórica valen mucho; ésa es de tal naturaleza, que suple lo que a la otra la falta, y lo suple muchas veces con exceso.

Separad en un Rey esas dos personalidades; que las separe él mismo, y la revolución no necesitará asaltar el Alcázar; ya él le habrá tomado la delantera; encontrará allí a un revolucionario coronado. Pero ponedle enfrente de un hombre superior a la persona física del Rey, como muchas veces se han encontrado frente a frente en la historia. Suponed un Rey de escasa capacidad, de menos cultura, de carácter no acentuado, que tiene muchos súbditos que le son superiores por completo en entendimiento, en voluntad, en carácter. ¿Queréis más? Poned frente a él a un hombre que reúna en grado superior ese entendimiento, esa voluntad, ese carácter, hacedlos que choquen, para ver quién vence. ¿Qué le faltará? ¿Ambición? Suponed que la tiene, ¿Riquezas? Suponed que tenga más que el Monarca. ¿Una espada? Que tenga detrás un ejército y una sociedad electrizada. Decidle que se ponga en movimiento y derribe una Monarquía; si lo hace, el Monarca cae, y él ocupa su puesto. Pues bien, es un dictador. ¿Qué es un dictador? Yo lo he dicho alguna vez, un dictador es un Rey sin corona; pero que la anda buscando.

Pues bien, señores, decidle a ese dictador que se ponga la corona. Si es un genio, no se la ciñe. ¿Por qué si él era superior en entendimiento, en voluntad, en fuerza, si ha derribado la Monarquía? Es que no ha visto más que la persona física del Rey, y ahora echa de menos la personal e histórica; es que no tiene genealogía; es que no tiene estirpe, una tradición, una historia, es que entonces comprende qué él ha sido súbdito y a estado mezclado entre los súbditos y ha vivido con ellos en la misma clase; no puede ser aquel poder arbitro imparcial, colocado en una región más pura, donde no llegan los intereses de clases ni las pasiones de partido; es porque se subleva contra él el orgullo y la vanidad humana que no quieren ser mandados por un igual suyo y que, para reclamar la igualdad de unos con los otros, quieren que haya uno desigual sobre todos, y quieren obedecer a un hombre, obedecen a una tradición, obedecen a una serie de generaciones que han sido como arcos en un vasto acueducto por donde ha corrido el río del espíritu nacional, saliendo las aguas por el arco de una corona para caer sobre nosotros, no como un mandato que humilla, sino como una ley y una autoridad que ennoblece y exalta.

Esa es la Monarquía, esa es la persona moral y histórica del Rey, que cubre y hace que desaparezcan las deficiencias de la persona física. Y nadie, nadie puede ejercer el poder personal supremo, como lo puede ejercer un Rey; y por eso yo pido que el Rey tenga iniciativas que deba tener y al mismo tiempo las ejerza por sí mismo, y que responda de ellas, y aquí está la dificultad y aquí está el fondo de la cuestión.