lunes, 17 de octubre de 2011

¿Qué es una política popular? Aquella en que se gobierna CON el pueblo

Paréceme interesante traer a esta encuesta la palabra de la Tradición de las Españas, ya que es una de las voces cuyo resonar compuso la alegría limpia y española del 18 de julio.

Para la Tradición de las Españas es "Popular" aquella política en que se gobierna CON el pueblo.

Porque hay tres posturas:

A- El liberalismo democrático. Sostiene que el Poder viene del pueblo y que todo orden político está establecido ahistóricamente, abstracta y racionalisticamente POR la voluntad en un arranque incoherente y momentáneo, sea através de plesbiscitos generales o de elecciones específicas. Es la actitud que en realidad desconoce qué sea el pueblo, por que lo reduce a la noción amorfa y pulverizada de lo que Francisco Suárez llamaría "multitud", coexistencia inorgánica que nada tiene de común con la sociedad independiente y membrada, integrada por comunidades autárquicas y libremente constituidas que es la verdadera calidad del pueblo.

B-El totalitarismo, desde los absolutismos de cuño protestante basados en la secularización de la idea del carisma a los totalitarismos del siglo XX, tanto en las oligarquías fascistas cuanto a las comunistas. Sustentan que el Poder viene irracionalmente, caprichosa y oscuramente desde un plano ajeno al común de la sociedad, gobernándose PARA el pueblo pero SIN el pueblo, niño torpón carente de educación política y de tino para saber qué le conviene. Esta actitud suprime lisa y llanamente todo lo que no sea el agente que de hecho manda, no estimando al pueblo ni en su acepción verdadera ni en la falsa acepción liberal de la multitud desorganizada.

C-El pensamiento tradicional de las Españas. Defiende que el Poder viene de Dios A TRAVÉS del pueblo y que su ejercicio ha de tener lugar CON el concurso del pueblo.

Es la teoría de las dos representaciones políticas, con arreglo a la cual todo Poder viene de Dios; por derecho natural, el Poder encarna en la comunidad por el mero hecho de existir ésta, cediéndole ésta en un acto de derecho positivo e histórico a una institución de uno, de pocos o de muchos (legitimidad de origen), la cual será legítima mientras gobierne dentro de los principios del derecho natural (legitimidad de ejercicio). Ahora bien, la comunidad que así cedio permanentemente su poder de gobierno a una institución, resérvase el frenar y tomar cuentas de su ejercicio a través de otras instituciones que representen los intereses del hoy frente al Poder encarnado en la institución que gobierna.

Tal fúe en la monarquía tradicional de las Españas la doble representación: del Rey cuyo Poder no viene del pueblo de hoy, porque representa la voz de los muertos y de los que nacerán, o sea, la permanencia misma de la Patria; y de las Cortes, que representan la regulación del ejercicio de aquel Poder real, independiente de ellas, desde el punto de los intereses de la coyuntura histórica. Por eso las leyes las hacía el Rey, siendo redondamente falso cuanto especuló el canovismo decimonónico y sus secuaces actuales sobre una participación de las Cortes en la potestad legislativa; lo que las Cortes hacían era exigir buenas leyes y procurar que fuesen cumplidas, pero desde fuera de la potestad legislativa, manejando el arma de su potestad de conceder o denegar dineros; poseían una potestad económica capaz de influir en la legislativa, pero jamás potestad legislativa propiamente dicha, que estuvo reservada exclusivamente al Rey.

La cumbre del pensamiento político hispánico es el riquísimo de la Cataluña clásica y dentró de él la ocasión de Caspe. Allí se ve al Poder real cosa distinta de las Cortes, que son la voz del pueblo. Cuando los reinos de la corona aragonesa vierónse huérfanos de monarca, transformándose sus Cortes en Parlamentos, jamás pensaron que fuese facultad del pueblo elegir rey, tal como resultaría de aplicar la regia liberal de que el poder se establece POR el pueblo en Cortes, sino que plantearon certeramente la cuestión como problema jurídico y no político de RECONOCER el sujeto concreto de aquel Poder real que de las Cortes no emanaba; y una vez resuelta la cuestión, cuando hubo un Rey RECONOCIDO por los compromisarios jueces y no CREADO políticamente POR elección del pueblo, reasumieron por entero su función propia: procurar que Fernando I legislase y gobernase rectamente.

En el fondo, la entera cuestión redúcese a tres posturas antropológicas; el liberalismo parte del optimismo, niega la sociedad organizada, prescinde de la Historia y juzga ser Popular el gobierno POR la multitud que los demócratas apellidan arbitrariamente pueblo; el totalitarismo arranca del pesimismo antropológico y cree son los humanos tan necios que lo oportuno será gobernar PARA ellos pero SIN ellos, desde el funesto Carlos III a las dictaduras del proletariado que preparen la "felicidad" marxista; el tradicionalismo de las Españas estima que el hombre es un ser falleciente y en consecuencia defiende haya un Poder que por encarnar en una institución no está sujeto a las avalanchas contradictorias de cada huracán pasional de las gentes, pero que sin perder su independencia institucional gobierna CON el concurso de los representantes del pueblo verdadero, esto es, de la sociedad organizada y libre: organizada frente al liberalismo, libre frente al totalitarismo.

Respuesta de Francisco Elías de Tejada. Pueblo, Encuesta de tercera página, 21 de Febrero 1961.

La Comunidad orgánica frente al "hormiguero" individualista liberal

sábado, 15 de octubre de 2011

Fuego y Raya Nº 3: Hispanidad y Tradición

SUMARIO (302 páginas)
  • In Memoriam José Manuel González
  • ARTÍCULOS
    • Carlismo y carlistas en el Río de la Plata. José Manuel González
    • La defensa realista del Alto Perú. Juan Ignacio Vargas Ezquerra
    • Notas sobre la obra de Fray Melchor Martínez, un defensor de la causa del Rey en Chile. Eduardo Andrades Rivas
  • DOSSIER
    • Introducción, La Redacción
    • El huaso, caballero cristiano y chileno. Cristián Garay Vera
    • El charro, caballero con esencia y tradición de México. José Luis Arreguín
    • El llano. Antonio Bordas
  • DOCUMENTO
    • Presentación, Andrés Lagalaye
    • Simbolismos del Martín Fierro. Leopoldo Marechal
  • TEXTO TRADICIONALISTA
    • Pablo Antonio Cuadra: hispanidad e inconformismo, José Díaz Nieva
    • Entre la Cruz y la Espada. Pablo Antonio Cuadra
  • RESEÑAS
La portada, que reproduce el cuadro de Rubens "Felipe II a caballo" (1628; Museo del Prado, Madrid)
Correo electrónico de contacto y pedidos

jueves, 13 de octubre de 2011

Ofensiva trascendente del carlismo

BOINAS ROJAS A JERUSALÉN (2008)
El libro fue escrito con motivo de los 175 años del Carlismo, para el congreso "Una revisión de la tradición política hispánica". Está dedicado a Su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón:

A Su Alteza Real
Don Sixto Enrique de Borbón
Infante de España, Príncipe de Parma, Duque de Aranjuez
Abanderado de la Tradición
y
A la Comunión Tradicionalista
para servir a su grandeza,
a su fuerza y a su destino

OFENSIVA TRASCENDENTE DEL CARLISMO

Porque el carlismo sale de las rocas divinas
como una Jerusalén en un solo relámpago
de pétreas doraciones e imperantes clarines
y las contemplaciones sempiternas inspiran
al ejército espejo de las tropas celestes;

porque los Boinas Rojas son los ecos sedientos
del abra de la ira de la viva memoria
y sus pasos arrastran las eternas miradas
y sus ojos avanzan como lluvia de estrellas
sobre el campo de honor desde el fuego celeste;

porque los Boinas Rojas son las lenguas de fuego
que eternamente esperan su venida pluviosa
para elevar las aguas a reflejos del cielo
y amar las ofensivas que iluminan España
con olas similares a las del mar celeste;

porque el Carlismo viene con la tormenta eterna
del gran legitimismo que une el cielo a la tierra
y sus filas ya llegan como llegan los rayos
antes que los rumores se escuchen de los truenos
y se rocíe España de la lluvia celeste;

porque el carlista ungido es soldado de Cristo
y el rosario rezado lo lleva de la mano
por Tercio intransigente de gigantes arcángeles
y la Hostia cantada lo llena de los cielos
y desde ya lo encuentras en el cuartel celeste;

porque los Boinas Rojas van y vienen del cielo,
atendiendo a los Kyries como a una trinchera
o dando cincuenta fuegos en sus cuentas de plomo,
y la tierra y el cielo, y la muerte y la vida
sólo son campamentos de su guerra celeste;

porque el Carlista bebe del cáliz más sereno
asumiendo en su alma lo más áureo del tiempo
por ello es un castillo de ascendiente esperanza
y un león elanzado, y un fruto generoso,
y tres orantes lirios, y un corazón celeste;

porque el Carlismo mira como águila bicéfala
con dos ojos en guerra sobre la faz terrestre
y dos ojos brillando de adorar a la gloria,
y vuela por España, con su guerra y su cielo,
con la espada de acero, con el globo celeste;

porque el Carlismo encumbra la bandera ardorosa
en que dos rayos rojos entrecruzan sus ramos
desde el cielo a la tierra y de la tierra al cielo
culminando la Historia con el rayo esperado
que llena los milenios de alegría celeste.

Otros textos AQUÍ
Magnanimidad y pasión: Conversación con el poeta José Pancorvo

lunes, 10 de octubre de 2011

Un café (y trago) con Miguel Ayuso Torres

La redacción de El Matiner ha compartido recientemente una breve pero interesantísima sobremesa con el profesor Miguel Ayuso. En un café del Madrid de los Austrias le hemos interpelado sobre diversos temas de actualidad política, religiosa y cultural que resumimos a modo de entrevista para los seguidores de este blog.

La presencia regular de los tradicionalistas en el programa de televisión “Lágrimas en la Lluvia” ha sido uno de los grandes acontecimientos culturales del curso pasado, pese a las cautelas y el rechazo que nos supone el medio televisivo. Habiendo sido uno de los principales contertulios de dicho programa ¿cómo valoras tu participación?

En efecto, me parece que “Lágrimas en la lluvia” ha sido un acontecimiento cultural relevante del pasado curso y confío en que pueda seguir –como de hecho ya ha empezado– en éste.

Se trata de un programa honrado intelectualmente, dirigido por un escritor de extraordinaria cultura y sanos criterios como es Juan Manuel de Prada. Aunque lo conocía de hace algunos años, el trato frecuente durante el pasado me ha llevado a la amistad. De manera que las cosas las veo hoy inevitablemente tamizadas por este afecto. En cuanto a mi participación, la verdad, no sabría qué decir. No es la televisión un medio fácil, menos aún para posiciones como las mías, quizá demasiado netas y a contracorriente como para atraer al auditorio. He contado, eso sí, con la benevolencia del director, aunque no comparta (como es lógico) todo lo que yo haya dicho. En líneas generales, de todos modos, estoy razonablemente satisfecho, pues me ha permitido recordar tesis centrales de la tradición política y religiosa española y católica, respectivamente, que antes estaba acantonadas en medios para nuestra desgracia marginales (aunque no poco importantes o despreciables por ello). Pero no olvidemos que no he sido el único en acceder a ese medio, pues no son pocos los amigos y correligionarios que han gozado igualmente de tal oportunidad.

El Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II es otra gran realidad surgida de los equipos de trabajo de la Comunión Tradicionalista que está dando mucho que hablar tanto por la calidad de los actos que ha organizado y como por los materiales que ha editado. ¿Nos puedes resumir la génesis del proyecto?

El Consejo resulta de la continuidad de la Asociación de Iusnaturalistas Hispánicos Felipe II, fundada en 1972 por el profesor Francisco Elías de Tejada al término de las I Jornadas Hispánicas de Derecho Natural. Su actividad fue intensa y fecunda hasta la prematura muerte de su fundador en 1978. La Fundación Elías de Tejada trató de volver a levantar la importante red internacional de que dispuso en su día. Puedo decir con orgullo que, aunque el trabajo ha sido arduo, los frutos están a la vista. Los Anales de la Fundación, con dieciséis volúmenes aparecidos y uno en preparación, constituyen una publicación de historia y filosofía jurídico-políticas de envergadura. Como la edición de las “Narraciones históricas”, de Castellví, constituyen un hito.

Hace algunos años nos pareció que la Fundación podía relanzar el empeño de la Felipe II, pero ampliado del ámbito del derecho natural a otros como el de la revisión de la historia contemporánea y la profundización de la tradición política, una y otra referidas en especial al mundo hispánico. Se trata, pues, de un perfeccionamiento del quehacer de Elías de Tejada. Tiene tres secciones, al frente de cada una de las cuales figura un profesor de gran prestigio y probada ortodoxia: Danilo Castellano (de Udine) para la de estudios políticos, Juan Fernando Segovia (de Mendoza) para la de estudios históricos y Ricardo Dip (de Sao Paulo) para la de estudios de derecho natural. Es presidente del Consejo el de la Fundación Elías de Tejada y está situado bajo el alto patronato de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, de manera que constituye una suerte de Real Academia de la Hispanidad.

Cada sección tiene sus proyectos, algunos compartidos por dos o incluso las tres. La de derecho natural continúa las jornadas hispánicas: las II se desarrollaron en Córdoba en 1988, las III en Guadalajara en la Nueva España en 2008. Coordina también la colección de libros “Prudentia iuris”, de Marcial Pons, y el seminario de derecho natural de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. La de estudios políticos trabaja conjuntamente con la revista “Verbo” y las reuniones de amigos de la Ciudad Católica, así como organiza regularmente diversas iniciativas en Méjico, Colombia, Perú, Chile y Argentina. Depende de ella la colección “De Regno”, que hasta ahora ha salido en Barcelona con Scire, y que va a cambiar de sello el presente curso. La de estudios históricos, finalmente, ha dado lugar a los trabajos de lo que hemos llamado “El ‘otro’ bicentenario”, con congresos internacionales en Madrid, Concepción (Chile), Córdoba (de Tucumán) y Santiago de Chile. Algunas reuniones fueron acogidas por la Casa de América, en Madrid, o por la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Una colección de libros, que lleva ese mismo título, se concentra sobre todo –aunque no exclusivamente– en Buenos Aires (con los amigos de Nueva Hispanidad). Y la revista “Fuego y Raya” recoge otra parte importante de su actividad.

¿Nos puedes adelantar los próximos proyectos del Consejo?

Para este curso pensamos, con la ayuda de Dios, en el cuarenta aniversario de las I jornadas hispánicas de derecho natural, celebrar las IV en Madrid. También, en el bicentenario de la Constitución de Cádiz, celebraremos un congreso internacional bajo la rúbrica de “El ‘otro’ Cádiz”. Finalmente, en Santa Fé de Bogotá, discutiremos el problema del “personalismo”. Pero esto es sólo lo más saliente. Habrá muchas más cosas. Y, claro, empezaremos la temporada presentando el sábado día 5 de noviembre, dentro de la octava de la fiesta de Cristo Rey y al día siguiente de la de San Carlos Borromeo, las actas del Congreso internacional reunido en 2008 en el 175 aniversario del Carlismo. Son seiscientas páginas de gran interés. Tendremos un seminario, seguido de la cena de Cristo Rey, con asistencia de personalidades relevantes.

Recientemente has estado en Roma participando en reuniones de alto nivel. Asimismo presides la Unión Internacional de Juristas Católicos. ¿Percibes que se están poniendo las bases para una cierta restauración de las premisas doctrinales que permitan la defensa de un orden social católico, de la Unidad Católica en España?

No puede negarse que el panorama eclesiástico ha visto cambios notables en los últimos años, propiciados en buena medida por el actual pontificado. La situación dista de haber mejorado sustancialmente, pero se han abierto espacios que antes permanecían clausurados a cal y canto. También nosotros, por decirlo todo, hemos aprendido que “el ausente siempre se equivoca”, y estamos aprovechando esos espacios como antes (al margen de las mayores dificultades) quizá no hacíamos. Hoy se empieza a poder problematizar lo que… es problemático y nunca ha dejado de serlo, salvo para un clericalismo quizá bien intencionado pero poco inteligente y finalmente poco católico. Sin embargo, lamentablemente, no veo que se hayan restituido esas premisas doctrinales que permiten defender un orden social católico. Más aún, es en ese ámbito donde veo más dificultades para la imprescindible rectificación. Eso, claro está, lejos de llevarnos a bajar la guardia, es sólo un acicate para proseguir la lucha. En puridad, la nueva situación, junto con las ventajas, tiene riesgos para los defensores de la tradición católica. Debemos, pues, reforzar con rectitud de intención y amplitud de miras el servicio a la Causa.

Vemos como la Comunión Tradicionalista va asentado sus proyectos y su presencia. Sin embargo es evidente que no se puede influir todo lo que se quisiera. ¿Cómo ves el futuro del Carlismo?

Por diversas razones no me puedo ocupar del frente político, que dirigen con gran competencia otros respetados colegas y correligionarios como el profesor José Miguel Gambra. En todo caso, de una parte, la actividad social ha ido alcanzando modestos aunque firmes avances; pero, sobre todo, se han aclarado y fortalecido posiciones y estrategias que, tras las vicisitudes del último tercio del siglo pasado, se hallaban en la mayor de las confusiones. Creo que la multiplicación de los equipos de trabajo, algunos de nivel más que notable, ha llevado la voz y la presencia del Carlismo a donde (desde hacía muchos años) no llegaba. Siempre he dicho que el lema del Carlismo –Dios, Patria, Fueros y Rey Legítimo–, que a algunos pudiera parecer antiguo o superado, sigue siendo en cambio la única Bandera de esperanza para un mundo que se desmorona. Tanto para la situación actual de la España peninsular como para el continente americano el tradicionalismo hispánico presenta potencialidades extraordinarias, aunque hasta ahora por desgracia no se han dado las circunstancias para que pueda ocupar un plano relevante políticamente.

Por último, a raíz de los dispersos movimientos sociales que están tomando forma en España y la gran crisis de índole institucional, social, económico y político que azota a España ¿piensas que estamos llegando a la fase terminal del sistema constitucional del 78?

Me resulta claro que estamos en un fin de ciclo. Está por verse si viene referido en exclusiva al sistema constitucional vigente o incluso, más amplia o profundamente, a todo el Estado constitucional. El sistema del 78 se basó en la mentira, por lo que más antes que después tenía que desmoronarse. El empujoncito externo de la crisis financiera (en puridad, total) puede, sin embargo, acelerarlo. El desfondamiento institucional, moral y religioso hace, sin embargo, que no podamos celebrar en exceso el fiasco. Pero la historia está en las manos de Dios y no es cíclica sino lineal: comienza con la Creación, llega al centro con la Encarnación del Verbo (y nuestra Redención) y se encamina al completamiento de los elegidos y a la segunda venida en gloria y majestad de Nuestro Señor. A nosotros compete, sí, escrutar los signos de los tiempos, y procurar hacer realidad el reino de Dios, que está incoado. Eso nos debe llevar a alejarnos de cualquier escapismo y a trabajar con más ahínco y, en la medida en que sea dable, con más eficacia.

Último libro editado de Miguel Ayuso: El Estado en su laberinto

lunes, 3 de octubre de 2011

Novedades en La Librería Católica: El Camino de Roma, de Hilaire Belloc

Por empeño de la editorial Gaudete se pone por primera vez a disposición de los lectores de lengua española la traducción completa de The Path to Rome, libro que el propio Belloc y la mayoría de sus críticos consideraron su mejor obra.

Este clásico de la literatura de viajes es la historia encantadora de una peregrinación que el autor hizo a pie hasta la ciudad eterna, en cumplimiento de un voto.

Las palabras de Belloc, musculosas y llenas de exuberancia juvenil, fluyen mágicas y juguetonas para construir una descripción de un viaje, de un tiempo pasado, de gentes que todavía saben vivir la vida, de un mundo cargado de tesoros, de una fe antigua y sorprendente.

La prosa de Belloc traza un mosaico de placeres sencillos que nos devuelve a la vida ancestral y heroica a la vez que sus guiños y anécdotas nos siguen arrancando incesantes sonrisas y profundas y enjundiosas meditaciones.

La obra maestra de un consumado contador de historias, desbordante de un contagioso entusiasmo y de una vitalidad reconfortante.

Robert Speaight: “[De los de Belloc] éste es el libro que ha sido más amorosamente hojeado y que ha proporcionado más material para la meditación... Es un clásico, nacido de algo mucho más profundo que la experiencia física que narra”.

G.K. Chesterton: “Afortunado el hombre que pueda escapar de ese mundo de gélida locura a la resplandeciente y estruendosa locura de El Camino de Roma

Lecturas para comenzar el curso, en La Librería Católica: Guerra sin cuartel

Destacamos hoy en primer lugar la nueva edición de un libro largo tiempo ya agotado (la última hasta ahora, que sepamos, era la de 1946 de la "Colección Selecta" del Apostolado de la Prensa): Guerra sin cuartel, de Ceferino Suárez Bravo (...)

Suárez Bravo presentó la novela Guerra sin cuartel a un certamen convocado por la Real Academia de la Lengua en 1885. La Academia le concedió el premio y fue ferozmente criticada por los periódicos liberales de la época, con Leopoldo Alas Clarín (amigo, sin embargo, de otros carlistas, como el también ovetense Guillermo Estrada; pero crítico despiadado del romanticismo literario) a la cabeza. Las publicaciones carlistas, por su parte, ensalzaron la novela, que fue publicada en folletón por varios periódicos de la Comunión Tradicionalista; y el autor salió al paso y defendió su obra --que no compartía el naturalismo de otros libros del momento-- explicando: "No busqué los materiales en el lodazal de las pasiones humanas, que tanto beneficia la moderna novela. Mi libro puede entrar en todas partes sin que haya que alejar a los niños y a las doncellas [...] Lo que es moralmente feo nunca llegará a ser artísticamente bello".

Combinando "un cuento que pudo suceder con hechos que sucedieron", Suárez Bravo redactó la obra sobre la I Guerra Carlista "con el deseo de divertir miserias nerviosas, habituales en mi mal asentado temperamento, y reposar de áspera y larga campaña de periódico, después de haber pasado mucho tiempo entumecido en una prisión", explica en el prólogo del libro. Un desaire, una ofensa, el orgullo herido, el honor perjudicado, un duelo a muerte y, por supuesto, una mujer, son los principios motores de esta apasionante novela. Fernando y Luis, ambos oficiales del Ejército, verán sus vidas enfrentadas desde el momento en el que este último, nada más llegar a la capital, se ve obligado a defender a su madre de las burlas de un grupo de soldados cristinos. A partir de aquí, con un juramento de por medio y la acción ya trasladada al frente de la guerra, lo que comenzó como una broma pesada ha de continuar en un inevitable cruce de espadas. (Agencia Faro)

En la Librería Católica

domingo, 2 de octubre de 2011

A los 178 años de una Lealtad

El mes de octubre es el mes de la insurrección carlista de 1833, en toda España, con la que dio comienzo la primera guerra carlista o de los siete años, que terminó prácticamente con el abrazo de Vergara entre Espartero y el general carlista traidor Maroto, aunque Cabrera aun resistió heroicamante unos meses en el levante español.

Los hechos son sabidos. El 29 de septiembre de 1833 murió el rey Fernando VII y, en un ambiente de gran tensión política, acumulada durante los últimos años, cuatro días más tarde, el 3 de octubre, don Manuel González, administrador de correos, dio en Talavera el grito de "Viva Carlos V". Los primeros voluntarios de arremolinaron en torno suyo, pero antes de que se organizaran eficazmente fueron hechos prisioneros y fusilados. La hoguera, sin embargo, ya estaba encendida, y se había de propagar pronto a toda España, y no sólo a los territorios del Norte, como tantas veces se ha dicho tendenciosamente.

El Infante Don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, había sido el único de los miembros de la familia de Carlos IV que se había negado a la pretensión de Napoleón de que abdicaran de sus derechos en el Acta de Bayona. Luego, en marzo de 1833, a la vista de que las ideas revolucionarias arrasaban en la Corte, se marchó voluntariamente a vivir a Portugal. Al enterarse de la muerte de su hermano el Rey, el 1º de octubre lanzó el manifiesto de Abrantes, titulándose Rey de España, y acto seguido emitió los Decretos de Santarem por los que comenzaba a ejercer su real oficio. Al terminar aquel mes de octubre, toda España se había puesto en pie para seguirle, así como igualmente se alzaron muchas simpatías en su torno por toda la Hispanidad y la vieja Cristiandad.

El carlismo y sus guerras no fueron sólo una cuestión personal por unos derechos dinásticos, sino la reacción defensiva del orden tradicional católico frente a las ideas y los hechos revolucionarios. Si España hoy todavía existe quizá se deba a la secular resistencia de unos hombres que lo sacrificaron todo a una lealtad que no fue sino la obediencia evangélica a Dios antes que a los hombres. Hoy a los 178 años del manifiesto de Abrantes y del grito de don Manuel González, el carlismo continúa fiel a su divisa Dios, Patria, Fueros y Rey, cerrando filas en torno de su Abanderado, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón.

sábado, 1 de octubre de 2011

El Carlismo siempre en defensa y servicio a España

Carta de S.M.C Carlos VII a su primo el usurpador Alfonso llamado el XII, durante la crisis de Cuba promovida por la rapiña criminal de los Estados Unidos (como se puede comprobar las cosas no han cambiado mucho desde entonces en el actuar de los EEUU) y que acabaría en el desastre de 1898 al que nos abocó los gobiernos liberales de la usurpación.

A mi primo Alfonso:

La actitud del presidente de la República de los Estados Unidos puede estimarse como preludio de una guerra si no reconoces la independencia de Cuba.

De que España haya llegado a tal ignominia responde la Revolución que representas: sin ella no hubiera nacido esa rebelión parricida.

Reinando yo jamás alcanzará fuerzas: y que el legítimo derecho del que manda es el único que puede reformar sin imposiciones, ceder sin mengua, refrenar sin ira, gobernar sin pasión.

Pero se trata de la integridad de la Patria, y todos sus hijos deben defenderla: que cuando la Patria peligra desaparecen los partidos: sólo quedan españoles.

Si la guerra llega a estallar, te ofrezco una tregua por el tiempo que dure la lucha contra los Estados Unidos. Pero entiéndase bien que la única causa de la tregua que te propongo es la guerra extranjera y que mantengo incólumes mis derechos a la Corona, como la seguridad de ceñirla.

Más allá de los mares carezco de territorio que dominen mis armas, y no puedo mandar a Cuba mis leales voluntarios; pero defenderé estas provincias y el litoral cantábrico; armaré en corso a los indómitos hijos de estas costas, donde nacieron Elcano, Legazpi y Churruca; perseguiré el comercio marítimo de nuestros enemigos, buscándoles quizá hasta en sus mismos puertos.

En el caso de guerra extranjera: ¿aceptas la tregua que te ofrezco? Nombremos entonces nuestros representantes que la regularicen. ¿La desechas? Será testigo el mundo de que la España católica ha cumplido hidalgamente con su deber.

¿Prefieres demandarla al enemigo que te amenaza? Humíllate en buena hora; quizá alcances respiro momentáneo, pero en breve te suscitará buscados conflictos y se perderá Cuba para la Patria, quedándote la deshonra de haberte humillado y la vergüenza de haberte humillado inútilmente.

Tu primo
Carlos
Durango, 9 de noviembre de 1875.

S.M.C. Carlos VII escribiría posteriormente al desastre a su ayudante el General Sacanell (tío abuelo del General Sanjurjo) a propósito del hundimiento de la flota en Cavite:

“Las llamas que consumían nuestros barcos, irrisoriamente protegidos en aquella bahía indefensa que tan a poca costa podía haberse hecho inexpugnable, han iluminado con siniestros resplandores la criminal imprevisión de los Gobiernos de la regencia, enseñando al mundo entero la ineptitud de los que explotan a España más que la gobiernan. ¡Que cadena de crímenes de leso patriotismo es la cuestión colonial!”.