viernes, 26 de marzo de 2010

Revista VERBO: Las murallas sólidas de la CIUDAD CATÓLICA frente a la devastación modernista.


Madrid, febrero/marzo 2010. La Fundación Speiro (que, como saben los lectores de FARO, organiza la XLVII Reunión de Amigos de la Ciudad Católica, "Catolicismo y liberalismo, hoy" el próximo 10 de abril en Madrid) ha distribuido ya el número 481-482 de VERBO, "revista de formación cívica y de acción cultural, según el derecho natural y cristiano", correspondiente a enero-febrero de 2010. Este es el sumario:

La justicia de Dios se ha manifestado por la Fe en Jesucristo (Mensaje de S.S. Benedicto XVI para la Cuaresma 2010, 30 de octubre de 2009)

Programa de la XLVII Reunión de Amigos de la Ciudad Católica: Catolicismo y liberalismo, hoy

In memoriam: Francisco de Gomis Casas, por Miguel Ayuso

Rebelión y revolución en la obra de Camus, por Rafael Gambra (+)

El problema de la laicidad en el ordenamiento jurídico, por Danilo Castellano

La crisis de la justicia política en la sociedad posliberal, por Juan Fernando Segovia

Filosofía clásica, amistad y concordia, por Bernardino Montejano

El patriotismo clásico en la actualidad, por José Miguel Gambra

Actualidad y vigencia de Donoso Cortés, por Miguel Ayuso

Futuro demográfico de España y de la Iglesia en España, por Antonio de Mendoza Casas

A propósito de la crisis financiera presente, por Silvano Borruso

Glosas complutenses (XI), por Agustín Arredondo S.J.

Crónicas:
Las mutaciones de la política (M.A.T.)
Anales, XV años (Juan Cayón)
Estado, ley y conciencia (Juan Cayón)

Información bibliográfica

Terminamos esta breve reseña con la cita del Papa San Pío X, de su Notre charge apostolique, sobre los errores de "Le Sillon", que siempre aparece al final del sumario de cada número de la revista:"... no se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado; ... no, la civilización no está por inventar, ni la nueva ciudad por construir en las nubes. Ha existido, existe: es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla, sin cesar, sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: 'omnia instaurare in Christo'."

Verbo. Serie XLVIII, núm. 481-482, enero-febrero 2010
ISSN 0210-4784. D.L. M-12.688-1960
Suscripciones y pedidos: Fundación Speiro. C/. José Abascal (ant. General Sanjurjo), 38. 28003 Madrid, España. Teléfono +34 914473231

jueves, 25 de marzo de 2010

La AUSTERIDAD virtud social y militante.

(…) Como quiera que la amenidad exagerada inclinaría a los hombres al apego de las delicias en detrimento de las virtudes ciudadanas, conviene que usen moderadamente de la amenidad. En primer lugar, porque se entorpece el ingenio de los hombres entregados a los deleites, pues la suavidad de los placeres sujeta el alma a los sentidos hasta el punto de incapacitar para juzgar libremente, pues, según sentencia de Aristóteles: el deleite corrompe la prudencia del juicio. En segundo lugar, los deleites superfluos apartan de la honestidad de la virtud, pues el deleite es la causa de todos los excesos que apartan por igual del justo medio que requiere la virtud. Esto se explica porque, siendo la naturaleza propensa al deleite, cuando se consigue dicho deleite aún moderado de alguna cosa honesta, pronto brota en el corazón el deseo de deleites torpes. Pues, como el deleite no sacia el apetito, agrava en el mismo la sed de nuevos placeres; y por este motivo la virtud exige de los hombres que se aparten de los deleites, aún los superfluos, para que, evitando los pequeños excesos, encuentren más fácilmente el término medio de la virtud; mientras que los pequeños excesos los colocan en la pendiente de suspirar solo por las cosas agradables, volviéndose flojos y pusilánimes para intentar empresas arduas y para afrontar trabajos sin temor a los peligros.

(…) las delicias son también muy perjudiciales para los asuntos militares, pues según sentencia de Vegencio: teme menos la muerte el que ha tenido menos deleites en la vida. Finalmente, los hombres delicados acaban por ser perezosos, pues, absorbidos por sus deleites, descuidan los deberes que les imponen sus negocios, y una vez que han consumido lo que otros acumularon, no resignándose a vivir pobremente y a despojarse de sus vicios, acaban por caer en hurtos y robos con que saciar sus apetitos desordenados. Por lo tanto es perjudicial a las sociedades el brindar a sus habitantes deleites superfluos (…)

Extracto de la obrade Regno” de Santo Tomás de Aquino libro II, c. 8

miércoles, 24 de marzo de 2010

Revista ÓRDAGO respuesta cultural frente a la postmodernidad decadente.

Con tan castizo nombre, arraigada en la cercania de la tierra vivida, en la nobleza del grandioso paisaje torisiano del Santo Reino de Jaén, en esa geografía sentimental de la que brotan afectos y arraigos verdaderos frente al caos odioso y feista de las grandes aglomeraciones, nace la revista cultural Órdago. Algún superficial la podría tachar frívolamente de "localista", pero no es Órdago una revista de hortizontes obtusos, sino que desde el mencionado arraigo a la historia de una tierra proyecta una visión hispánica y universal a los grandes temas e interrogantes de la historia y de la cultura. Y en ello reside precisamente su mayor virtud. Harian falta muchos "órdagos" en todos y cada uno de los pueblos de las Españas, pues casi todos atesoran historia de sobra para ello.

Pedidos: culturalcassia@terra.es

martes, 23 de marzo de 2010

Hilaire Belloc: El "mundo moderno" construído sobre el dinero y la herejía.

De conformidad con Cobbett (al que raramente citó y quién aparentemente tuvo poca influencia sobre él a pesar de que ambos convergen en sus puntos de vista en cuestiones de historia) Belloc veía la Reforma Protestante como “una sublevación de los ricos contra los pobres” y puso en evidencia una tras otra, las sucesivas capas de mentiras de la historia oficial hasta que quedó al descubierto su fundamento último: la Gran Mentira. En realidad lo que había ocurrido es que el celo religioso de un puñado de herejes fue puesto al servicio de la viejas clases terratenientes y mercantiles de Inglaterra, que, con la ayuda de la lujuria de Enrique VIII, se empeñaron en abolir el viejo orden católico. Si Belloc tuvo alguna vez enemigos en serio, estos eran los “Whigs”, los del Partido Liberal. Sobre el Marqués de Shaftesbury escribió que “probablemente esté en el infierno”. A Guillermo de Orange lo llamó “el pequeño perverso” y, claro está, ¡el hombre era exactamente eso! Aunque Belloc nunca citó el famoro diktat de Samuel Johnson “El diablo fue el primer Whig” el peso entero de sus escritos históricos conducen a esa conclusión. Y aunque Belloc odiaba a los Whigs tenía poco en común con los Tories. Católico populista y radical, un audaz republicano cuando promediaba su vida, pero luego obligado realista, habría salido a pelear en Escocia con el Príncipe Carlos Eduardo en el ’45.

No tengo espacio aquí para elaborar en detalle la cosa, pero lo cierto es que Belloc revolucionó los estudios históricos en Inglaterra. Baste con señalar y digo esto formalmente, mido mis palabras y no hay en la aseveración retórica alguna que un solo hombre, Hilaire Belloc, un solo revisionista, obligó a reexaminar por completo la Historia de Inglaterra. En efecto, a partir de Belloc, nadie puede salirse con la suya diciendo que la Reforma fue obra de almas generosas y bienintencionadas que sólo pretendían libertad y democracia, almas nobles que liberaron a Inglaterra de las tenebrosas supersticiones católicas y el oscurantismo medieval. Otros glosaron la obra de Belloc y se aprovecharon de su visión. E hicieron bien, pero la visión era de él tanto como la conspiración del silencio que se tejió en torno suyo y que acompañó toda su obra.

Si por los frutos los conoceremos, entonces los frutos de la Revuelta contra Roma han sido suficientemente documentados; más aún, conocer estos hechos tan sólidamente acreditados produce un íntimo dolor que nos ha convertido en rebeldes contra la Rebelión. Los hombres fueron rebajados en su dignidad. Los justificados eran unos pocos que sojuzgaban a la mayoría postrada calvinísticamente ante un Dios implacable y cruel que los condenaba al infierno por toda la eternidad. La majestad y belleza, incluso la languidez del antiguo orden de cosas cedió frente a nuevos modos y estilos severos y tétricos que ahogaban la natural respuesta del hombre ante la belleza de la Creación. Mas para Belloc eso era inaceptable y exhibió el fraude. Detrás de los fanáticos salmistas reposa el peso de aquello que llamó el Poder del Dinero, el nuevo Capitalismo y el Sistema Bancario que en su avaricia esclavizó a Europa. Belloc detalló minuciosamente el proceso en libro tras libro hacia el final de sus días se repetía a sí mismo. Si su prosa nunca aburrió, sus argumentos frecuentemente sí. El mundo moderno, construído sobre el dinero y la herejía tuvo y tiene como principal enemigo a la Iglesia Católica y al Orden que creó. Claramente, al Sr. Belloc, como se lo conocía cuando viejo, no le gustaba el mundo moderno gris, anónimo, desprovisto de belleza, una construcción innoble, un mundo indigno. Y sin embargo, como ya he notado, probablemente la Inglaterra de su tiempo fuera el único lugar del mundo en que él podría haber florecido como lo hizo. Ya viejo, cuando las bombas azotaban a Londres, Winston Churchill le ofreció en nombre del Rey un título de alta dignidad. Belloc cortésmente declinó el ofrecimiento.

Frederick D. Wilhelmsen. Hilaire Belloc: Defensor de la Fe

EL LIBERALISMO PROTESTANTE EN LA GÉNESIS DE LAS PLUTOCRACIAS ACTUALES.

viernes, 19 de marzo de 2010

Carlismo popular: Lihué-Calel, La Pampa. Mártires de la Tradición 2010


Declaración de monárquicos polacos contra Juan Carlos el usurpador e infanticida.


Lodz/Breslavia, marzo 2010, mes de San José. Hace unos días Faro informaba de algunas reacciones suscitadas ante la firma por parte del Jefe de Estado constitucional, Juan Carlos, de la nueva ley del aborto. Frente al intento de justificarlo por parte del portavoz de la Conferencia Episcopal Española, así como de ciertas organizaciones "pro vida" --bien por despistadas por las falacias episcopales, bien porque en realidad les importa más defender esta república coronada que las vidas de los no nacidos-- los juicios autorizados (por ejemplo, el de Human Life International/Vida Humana Internacional, desde su sede romana) constataban que el Usurpador había incurrido, una vez más, en excomunión.

En la misma línea de condena desde las filas verdaderamente monárquicas (y por lo mismo sin ninguna relación con Juan Carlos y los suyos), nos llega la traducción al español de la Declaración del Club Conservador de Lodz y la Organización de los Monárquicos de Polonia:

Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, quien en la "coronada" democracia atea se llama y es llamado "Juan Carlos Primero", como el Jefe de Estado constitucional, firmó el 5 de marzo del presente año (con fecha del 3 de marzo) una nueva ley del aborto promovida por el gobierno socialista, que aún más que hasta ahora amplía las posibilidades de matar los niños no nacidos en el seno materno.

Con esta decisión D. Juan Carlos (quien aún no intentó resistir ante esa terrible ley, aunque la Constitución de España no le obliga unívocamente a firmar cada ley aprobada por el parlamento) particularmente "adornó" una serie de traiciones, las que ha cometido desde cuando --tras la muerte del General Francisco Franco-- por su voluntad fue proclamado por las Cortes el Rey de España. Recordemos brevemente las más significativas:

- Violación del juramento de fidelidad (hecho como el Príncipe de España designado para tomar el poder) a Las Leyes Orgánicas del estado católico y los Principios del Movimiento Nacional, por el permiso a la transición hasta la monarquía parlamentaria y firma de la Constitución atea en 1978;
- Firma de la ley del divorcio;
- Firma de la primera ley del aborto;
- Firma de la ley de los "matrimonios" entre aberrosexuales;
- Firma de las leyes de educación que han convertido a los colegios e institutos españoles en antros de perversión.

A pesar de todos los delitos contra la Fe, contra la moral, contra el derecho natural, contra los intereses de España y de los españoles, el Jefe de Estado actual todavía utiliza, entre otros títulos que pertenecen a los reyes de España, el título de Rey Católico. En realidad mancha el trono de España y suprime el patrimonio de los reyes verdaderamente católicos, como Recaredo, Pelayo, Alfonso VII, Fernando III El Santo, Alfonso X El Sabio, Isabel la Católica, Carlos I y Felipe II. Con su permiso repetido al mal menosprecia en público la advertencia de la autoridad más grande de la tradición cristiana monárquica, del Doctor de la Iglesia Santo Tomás de Aquino: Hoc igitur officium rex suscepisse cognoscat, ut sit in regno sicut in corpore anima et sicut Deus in mundo, y dum considerat ad hoc se positum ut loco Dei iudicium regno exerceat (De regno, 13.4).

Mientras que a él, quien no se dirige por el derecho divino y la justicia, no se le debe llamar "el rey", sino "el tirano". Ya que los reyes (reges) --como esribió San Isidoro de Sevilla-- "toman su nombre del buen comportamiento (recte agendo), entonces el título de los reyes pertenece a los que hacen bien y no a los pecadores" (Sententiae, III, XLVIII, 7); y el tirano --dice el Aquinate-- es como una bestia, quia homo absque ratione secundum animae suae libidinem praesidens nihil differt a bestia (De regno, 4.12).

Los tiranos anteriores, como el asesino de los Inocentes Herodes o Nerón, se distinguen de los modernos, como Juan Carlos Infanticida, por una cosa: la tiranía de aquellos, los que gobernaron verdaderamente, resultaba de su vanidad; la tiranía de "los reyes títeres" en la democracia resulta de su cobardía. El impulso a las indignidades que aceptan es el miedo, que la oligarquía partidista que gobierna en el nombre del "pueblo soberano" no les quite de los restos de su función simbólica y representativa, que hasta ahora benévolamente les deja.

Tampoco podemos no expresar nuestra extrañeza por la actitud de la Conferencia Episcopal Española, que --por boca de su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino-- se apresuró con garantías, que D. Juan Carlos, al contrario de los políticos que votaron a favor de la ley del aborto, no está excomulgado, ya que los reyes no están sometidos a las mismas valoraciones morales. Hay que decir claramente, que la opinión, que expresó el obispo Martínez, no es cristiana, sino que es una visión enteramente pagana de un "rey-dios", quien está presuntamente por encima del bien y del mal. En realidad es totalmente al revés: los reyes no sólo están sometidos, como todos los mortales, a las mismas normas morales y los mismos códigos de derecho canónico, sino que llevan aún una responsabilidad más grande, por causa de su dignidad. "A quien se le encomienda más, más se le exige" (San Isidoro, Sententiae, III, L, 5); ya que la Sagrada Escritura dice: "A los fuertes espera un castigo fuerte" (Sabiduría 6, 6). Firmando la ley que permite matar a sus inocentes, potenciales súbditos, el Jefe de Estado constitucional indubitablemente ha incurrido en una excomunión latae sententiae, y su recepción de la comunión sería un sacrilegio y depravación horrible.

En el mismo orden de la legitimidad de origen dinástica, los derechos de D. Juan Carlos al trono no fueron demasiado fuertes; su entronización agradeció más a la voluntad del General Franco y su equivocación trágica, que el designado no se manifestaría como liberal. Ahora, tras la mencionada serie de traiciones contra las obligaciones del Rey Católico, especialmente en la última participación en el crimen legislativo del infanticidio, debe ser claro, que no tiene moral derecho en el orden de la legitimidad de ejercicio. El único socorro para España sería la concentración de todos los españoles honestos en torno al Príncipe, que no es sólo el depositario del legitimismo monárquico y el Abanderado de la Tradición, sino que continuamente demuestra por su vida, que es el verdadero Príncipe Católico, que seguro no promulgaría la ley infanticida: Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón Busset, Duque de Aranjuez, Infante de España, el Regente de la Comunión Tradicionalista.

¡Abajo el Usurpador, Juan Carlos!¡Viva el Rey legítimo, Sixto Enrique!

El Presidente del Club Conservador de Lodz, Dr. hab. Jacek Bartyzel
El Presidente de la Organización de los Monárquicos de Polonia, Adrian Nikiel

Lodz - Breslavia, el 6 de marzo A.D. 2010

jueves, 18 de marzo de 2010

El Príncipe Sixto Enrique de Borbón asistirá al "Montejurra napolitano" de Civitella de Tronto 2010.

Roma, 3 de Octubre- 2004. Don Sixto Enrique de Borbón rodeado de tradicionalistas
napolitanos, tras la beatificación del Emperador Carlos de Habsburgo

La bandera del Reino de Nápoles y la de la Monarquía hispánica

Civitella del Tronto 2008

Civitella del Tronto, Reino de Nápoles, marzo 2010. Los días 20 y 21 de marzo, D.m., tendrá lugar el XL Incontro Tradizionalista di Civitella del Tronto. Copiamos del programa que nos envía, por el comité organizador, Francesco Maurizio de Giovine, caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita (traducción de FARO):

Vamos a subir por cuadragésimo año consecutivo el peñón de Civitella del Tronto, queriendo así reunirnos en una tierra para nosotros sagrada, porque está bañada de la sangre de los hombres, mujeres, niños y soldados que en el asedio de 1860-1861 defendieron a Dios, a la Patria invadida y al Rey legítimo.

Este año nos honrará con su presencia S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado del Tradicionalismo, quien dará inicio con nosotros al período que recordará los ciento cincuenta años del fin de los reinos legítimos en la península italiana.

La cita de este año se dedica a una profunda reflexión sobre la actividad intelectual que hemos llevado a cabo en el curso de cuarenta encuentros. Nos fijaremos en los hombres que han sido protagonistas de los Encuentros Tradicionalistas de Civitella del Tronto y sobre las ideas que hemos desarrollado.

El 40º Encuentro Tradicionalista de Civitella del Tronto quiere reunir en el lugar que es para nosotros el símbolo por excelencia del Tradicionalismo católico a todas las personas de buena voluntad que, aparte de las particularidades asociativas, se identifican con los ideales que propugnamos.

Por tal motivo, con el más profundo espíritu de humildad, hacemos un llamamiento a cuantos comparten el amor por la Tradición, a fin de que estén presentes en nuestra cita.

Poniendo nuestro Encuentro bajo la protección de San Alfonso María de Ligorio, apóstol del catolicismo napolitano, tenemos el placer de invitar al XL Encuentro Tradicionalista de Civitella del Tronto, que tendrá lugar los días 20 y 21 de marzo, para desarrollar el tema

La Tradición a través de cuarenta Encuentros en Civitella del Tronto

En el curso del Encuentro serán recordados los Mártires de la Tradición y se celebrará el Día en memoria del Soldado Napolitano.

La rendición ante el "mundo moderno" exige el falseamiento de la historia.


Falsificación de la historia cristiana

El paso del Evangelio a la Ilustración, de la fe a la mera razón, se cumple en los incrédulos calumniando los tiempos anteriores de Cristiandad. En efecto, los que pretenden hacer sin Cristo un mundo nuevo, lógicamente necesitan desacreditar el mundo que venía realizándose con Cristo: «Ahora es cuando pasamos del oscurantismo al siglo de las luces»... Y también los católicos mundanizados, poco a poco, interiorizan ese mismo planteamiento universal. Esto ha exigido, por supuesto, una enorme y sistemática falsificación de la historia cristiana.

Pues bien, aquí nos interesa especialmente conocer la actitud de estos católicos mundanos, que se suman con fervor de neófitos a esa siniestra descalificación de la Cristiandad.

La condena del pasado (del pasado cristiano)

«Cualquier tiempo pasado fue peor». El cristiano mundanizado, que ve la paja en el ojo del cristianismo antiguo y no ve la viga del actual, deseoso de integrarse a fondo en el mundo moderno, está constreñido a la necesidad de repudiar el pasado, de cortar, en todo lo que venga exigido, con la tradición de la Iglesia. Y en el mejor de los casos, decide simplemente ignorar, o si se quiere, olvidar la miserable historia del pueblo cristiano, desentendiéndose de ella. Borrón y cuenta nueva. No tenemos por qué cargar con la vergonzosa historia de la Iglesia. Vivamos el cristianismo, pero sin lastres de tradición, partiendo de un Evangelio entendido a la luz del mundo moderno, no de los Padres antiguos, y menos aún del Magisterio apostólico.

Se da en esto una paradoja muy curiosa. Muchos que prestan apasionado interés a la historia sagrada de Israel, y ven continuamente en ella las intervenciones del «fuerte brazo de Yavé», consideran, por el contrario, con una visión secularizada la historia sagrada de la Iglesia, dirigida continuamente por el Cristo glorioso, Señor de la historia, a quien ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Es decir, no quieren en modo alguno entender la historia de la Iglesia como historia de Cristo, porque ello les enfrentaría con el mundo. Y, por lo demás, suelen mostrarse convencidos de que, si queremos proceder seriamente, debemos prescindir de toda intervención histórica de la Providencia divina, y explicarlo todo en términos culturales, ideológicos o economicistas. En pocas palabras: «debe negarse toda acción de Dios sobre los hombres y sobre el mundo» (Pío IX, 1864, Syllabus 2).

La condena del pasado -la condena, se entiende, del pasado cristiano-: éste es el pasaporte que a los cristianos hoy se les exige para circular libremente por el mundo. Sin él quedan hundidos en la masa irrecuperable de los retrógrados, es decir, de los nostálgicos del pasado. Por tanto, para adquirirlo están dispuestos a pasar por todos los trámites que se les exijan. He aquí algunos:
-Ignorar o devaluar la obra de Cristo en la historia de los pueblos de Occidente. Ésta es una exigencia sistemática de los modernos incrédulos, que con fervor asumen los cristianos mundanizados -liberales, socialistas, liberacionistas, etc.-. Y así, por ejemplo, podemos ver cómo hacen éstos la historia de España o de Europa o de Hispanoamérica, bajo la secreta censura de aquella exigencia sistemática. Siendo la verdad que en esa historia todo lo mejor viene directamente de la Iglesia, prescinden de ésta, o le dedican un capítulo aparte, bastante hostil. Resulta patético, pues la verdad es que escribir así la historia de esos pueblos viene a ser como escribir la biografía de Beethoven olvidando decir que era músico, o diciéndolo en una nota a pie de página. Es un fraude, es una falsificación total. Eso explica, por ejemplo, que haya autores sinceramente católicos que al propugnar hoy la unidad de los países de Iberoamérica se remiten no a los tres siglos confesionales hispánicos, XVI, XVII y XVIII, en que estuvo efectivamente unida en un sólo espíritu católico, ¡sino a los sueños del general Bolívar, el que con otros partió el mapa de América en más de veinte trozos!...

-No es bastante, sin embargo, ignorar o devaluar el pasado histórico cristiano, es preciso pisotearlo, calumniarlo. He aquí un ejemplo. Un periodista católico, corresponsal en Roma de un gran diario nacional, dando la noticia de una venganza odiosa sucedida en Palermo, se despacha así sobre la Edad Media: «Un gesto de bárbaros. Algo indigno de una sociedad civilizada. Un acto medieval, propio de cierta cultura retrógrada, basada en conceptos absurdos... Una cosa medieval, salvaje, cruel» (17-11-1992). El milenio europeo cristiano -el de las catedrales y las Summas, el del ideal caballeresco, el que eliminó la esclavitud y suavizó las costumbres de romanos y bárbaros, el que produjo la unidad europea en una fe, una lengua y una cultura- es un tiempo oscuro y bárbaro, indigno y cruel, salvaje y basado en fundamentos absurdos...

JOSE MARIA IRABURU De Cristo o del mundo